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El lenguaje
Si conseguimos grabar en cinta magnetofónica la charla de unos amigos o de
una familia durante la hora amable del café y luego la reproducimos, es de
advertir la cantidad de repeticiones, lugares comunes y errores fonéticos y
lingüísticos que se han cometido. Al analizar esta charla desde un punto de
vista gramatical se descubre una pobreza lamentable de lenguaje, el uso de
un lote muy reducido de palabras y la reiteración incluso molesta de
términos. Añádase a este resultado que la charla vulgar está salpicada de
exclamaciones, interjecciones, gritos y rumores con auténtico valor
lingüístico, pero de imposible trascripción. Si el literato escribe una
charla de café para un capítulo de su novela o para una escena teatral,
observamos que es mucho más fluida, más "natural" y más expresiva que la
auténtica charla recogida por la cinta magnetofónica.
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CUANDO SE
ESCRIBE. |
Es decir, cuando
se representa la idea mental, el concepto o el juicio por medio de signos
gráficos, esta idea mental ha de transformarse no sólo en la imagen de la
palabra, sino que el cerebro, el centro motor del lenguaje, ha de ordenar a
la mano los movimientos necesarios para que ésta impulse a la pluma, al
pincel o a la máquina de escribir a trazar unos movimientos determinados.
Quien haya observado a un niño que aprende a escribir, habrá podido ver que
el pequeño no escribe, sino que "dibuja" las letras, imita los trazos con el
mismo esfuerzo e idéntica dificultad que se le ofrecería al copiar un
dibujo. Es como si nosotros quisiéramos reproducir una carta redactada en
chino; la dibujaríamos. Con el tiempo y tras largas horas de aprendizaje
(los famosos cuadernos de caligrafía), se crea un hábito, una ordenada
seriación de movimientos que de conscientes han pasado a subconscientes, y
cuando el cerebro da la orden de escribir determinada palabra, se pone en
marcha un mecanismo automático de impulsos musculares que mueven la mano.
Cualquier
enfermedad, intoxicación, emoción intensa o fatiga, dificultan la escritura
correcta, nos obliga a excusarnos de "hacer mala letra". En algunos casos
más graves, el enfermo puede haber "olvidado" el arte de escribir por lesión
de centros cerebrales o nervios motores. Se han dado casos, tanto en el
lenguaje hablado como en el escrito, en que ha sido preciso volver a
comenzar el aprendizaje, es decir, la transformación de los movimientos
conscientes (dibujo de la letra) en automáticos (escritura corriente).
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AL ARTE DE
TRADUCIR. |
Cervantes decía que un idioma traducido es como un
tapiz vuelto al revés, que se le ven los nudos y la trama. Para traducir con
perfección y desmentir el aforismo italiano que dice tradutore, traditore
(traidor), es preciso conocer perfectamente el idioma propio y el que se va
a traducir. Es frecuente solicitar un profesor alemán para traducir un libro
de este idioma al castellano. Es evidente que aquél conocerá el alemán, pero
¿cómo podrá llevar a cabo el trabajo si no conoce a la perfección el
castellano? Esta comparación vale igual en el caso del que busca un
"profesor nativo" para aprender un idioma.
No basta saber vocabulario y
gramática para hablar y dominar un idioma, es preciso haber vivido en el
país o estar muy familiarizado con la prensa y la literatura. ¿Cómo puede
traducirse, por ejemplo, literalmente la expresión panier de salade? El que
no sepa que se denomina así la furgoneta con que la policía recoge a los
maleantes, difícilmente comprenderá y podrá verter a otra lengua el
eufemismo galo. En la actualidad, los ingenieros especializados en
electrónica trabajan en el perfeccionamiento de una máquina de traducir que
en esencia ya existe. Se trata de un aparato capaz de verter un texto inglés
al ruso y viceversa, por ejemplo. La base de este robot es un diccionario
electrónico de palabras ordenadas.
Los ingenieros Booth y Richens tuvieron
la idea de separar las palabras-base de las flexiones. La máquina, que sólo
puede responder afirmativa o negativamente a cada cuestión, elimina la
desinencia y busca la base. El mecanismo es muy complicado y si bien da
resultado para traducir palabras o frases sencillas, no ha podido resolver
el problema de la sintaxis, y las distintas acepciones. A la máquina le
resulta dificilísimo saber con cuál de las acepciones se ha de quedar en el
caso del verbo get, uno de los que ofrece más variantes en inglés. Para que
se comprenda el problema en un caso sencillo, la palabra worked es captada
por la máquina y ésta elimina la desinencia tomando work, trabajo.
La
desinencia le da la significación de "trabajado", pero si antecede we
debería dar "nosotros trabajamos", pero si es "I" la palabra que antecede,
la traducción deberá entonces ser "Yo trabajaba". Se cuenta que al encontrar
"espíritu de salvación", la máquina tradujo "vino de salud". La inteligencia
humana se esfuerza en lograr que el frío mecanismo de una máquina logre
captar las infinitas sutilezas y variantes que el lenguaje ha sabido
elaborar a través de los tiempos como expresión de una inteligencia
espiritual y por demás complicada.
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EL LENGUAJE DEL
NIÑO. |
Es evidente que el niño es mudo al nacer. Pero no lo sería,
probablemente, al cabo de unos años aunque se le rodeara de un silencio
total por parte
de sus educadores. Si fuese posible reunir un hombre
salvaje, un niño de 5 años y un chimpancé, suponiendo que a los dos primeros
no se les hubiese enseñado a hablar, se advertiría cómo, en poco tiempo, el
niño adelanta al salvaje en el aprendizaje de la lengua de su madre, y cómo
el hombre primitivo también aprende sin que, naturalmente, a pesar de todos
los esfuerzos, el chimpancé logre articular la palabra más sencilla. El niño
emplea en los primeros momentos, poco después del año de edad, sonidos
onomatopéyicos para expresarse.
Las palabras "mamá", "papá", "nene" se deben
a que estas sílabas son las que pronuncia con mayor facilidad. Los
familiares suelen ayudarle nombrando al gato con el apelativo "miau", y
otras denominaciones por el estilo, casi todas onomatopéyicas. Pero llega el
momento en que el niño rompe a hablar, del mismo modo que se lanza a
caminar. Da la impresión de que se abre un capullo, y el proceso es parecido
a la aparición de los dientes. En pocas semanas el niño logra expresarse y
hace acopio de vocabulario, sobre todo sustantivos. Cuando alcanza los tres
años aproximadamente, el niño se convierte en la tortura de cuantos le
rodean con sus incesantes interrogaciones salpicadas de imperativos "¿por
qué?". Solamente en etapas superiores a la edad escolar el niño es capaz de
adentrarse en el lenguaje abstracto y comprender los términos elevados de
"justicia", "orden", "maldad", etc. Que el lenguaje infantil es un proceso
imitativo se observa en niños influidos por dos lenguas. Por ejemplo, el que
vive con su familia en país extranjero.
La lengua materna y familiar es la
propia, pero no tarda en verse suplantada por la lengua de la calle, de los
amigos y de la escuela. A pesar de los esfuerzos de los padres y quienes le
rodean, la "segunda lengua" pasa a ser la materna, siendo la primera o
principal la del ambiente social y extrafamiliar.
Un caso especial
es el del niño políglota porque sus padres hablan dos idiomas distintos y la
familia reside en un tercer país o bien viaja con frecuencia. Lo normal en
estos casos es que el niño posea un lenguaje deficiente, un verdadero
combinado de palabras procedentes de idiomas distintos, con modismos
diversos y, lo que es peor, sin que sepa desenvolverse ni escribir bien
ninguno de ellos. Los niños de ciudad poseen un lenguaje generalmente más
depurado que los niños del campo, hablan con más propiedad y su acento es
más culto.
Sin embargo,
quien compare con alguna detención los conocimientos prácticos del niño de
una urbe populosa y los que posee un muchacho campesino, se asombrará de dos
cosas: el reducidísimo vocabulario y soltura de expresión del último, cuyo
laconismo llega a ser molesto y, en segundo lugar, de la cantidad de cosa
que sabe el campesino y que el ciudadano ignora a pesar de que hable con
mayor propiedad.
A pesar de
esta paradoja aparente, todas o casi todas las pruebas que se llevan a cabo
para determinar el nivel intelectual de los niños en edad escolar, son
pruebas de lenguaje, porque se ha comprobado que existe una correlación casi
absoluta entre el nivel de inteligencia y el desarrollo del lenguaje. La
riqueza de vocabulario, la facilidad en hallar sinónimos y antónimos, en
construir frases, etc., está en relación directa con el nivel mental.
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EL ORIGEN DE LA
ESCRITURA. |
Si el lenguaje hablado se pierde en el principio de
los tiempos, el lenguaje escrito, en cualquier lugar del mundo, señala la
frontera entre la Prehistoria y la Historia. El hombre de
Altamira pintaba
en las paredes de las cuevas para expresar por medio de pictogramas sus
ideas, y aunque tal manifestación no puede considerarse propiamente
lenguaje, sí eran los primeros balbuceos de expresión espiritual. La pintura
rupestre, que empezó siendo naturalista, plenamente figurativa, fue
estilizándose hasta dar paso a una especie de pintura abstracta. En otros
meridianos, los dibujos fueron el primer paso a la escritura. La china,
considerada como la más antigua del mundo, fue una escritura ideográfica en
sus principios y sólo por evolución ha dado paso a los grafismos casi
indescifrables del chino moderno. Una persona culta, conoce en China unos
10.000 ideogramas y se calcula que existen unos 40.000, cada uno de los
cuales corresponde a una idea independiente. La dificultad de retener en la
memoria los 4.000 signos que una persona corriente puede usar en la vida de
una ciudad, hace que este idioma sea uno de los más difíciles del mundo. Las
formas de escritura son innumerables.
En primer lugar tenemos el alfabeto
latino, que es propio de las lenguas más cultas del mundo. Cuando Kemal
Ataturk quiso modernizar Turquía, comprendió que no podía llevar a cabo su
intento si no modificaba la escritura y llevó a cabo una auténtica
revolución al dotar a la lengua turca del alfabeto latino. Aparte el latino,
las escrituras más usadas en la actualidad son el ruso, el árabe, el chino y
el japonés. En la segunda mitad del siglo XVIII se descubrieron ciertos
signos misteriosos en algunos monumentos de Mesopotamia. Parecían pequeños
triángulos o cuñas grabados en la roca. Pero hasta principios del siglo XIX
no se dio con la clave que permitiera descifrar esta escritura cuneiforme.
Henry Rawlinson, oficial inglés destacado en Persia, fue quien consiguió
leer el texto grabado en la roca de Bahistún, el cual estaba escrito en tres
idiomas (babilonio, meda y persa).
La base de su interpretación consistió en
lograr la traducción de la palabra correspondiente al nombre de Darío Istape, el rey de quien se contaban las hazañas. La escritura ideográfica
egipcia dio lugar a la jeroglífica y ésta, por simplificación, a la
hierática, propia de los sacerdotes. A pesar de conocerse desde muy antiguo
(pues los romanos habían tomado contacto con los egipcios hace 2.000 años),
no se había conseguido descifrar los jeroglíficos hasta que en 1800, el
egiptólogo francés Champollion, que acompañaba al emperador Napoleón en su
campaña de Egipto, encontró la piedra de Rosetta. Champollion advirtió que
la piedra constaba de tres zonas de grafismos correspondientes al lenguaje
jeroglífico, demótico y griego.
Gracias a haber podido traducir esta última
parte, por analogía logró descifrar los tres textos. La primera palabra que
identificó fue la correspondiente al nombre de Cleopatra. El lenguaje
jeroglífico es propio de todos los pueblos primitivos en su primera fase
hacia una cultura más estable. En épocas recientes se ha conseguido
descifrar la escritura hitita y las complicadas grabaciones en tablillas de
madera de la Isla de Pascua. Constituyen aún un misterio la escritura de la
Isla de Creta y la ibérica. Las escrituras precolombinas, mayas, toltecas,
aztecas e incas atraen también el interés de los lingüistas.
En todas ellas
se observan idénticas formas evolutivas basadas en signos naturales o en
partes del cuerpo humano. Una de ellas es la mano que da origen a una forma
de peine, el ojo y el Sol, la cruz y el rayo, el zigzag, la espiral y el
meandro. Estas formas básicas se han mantenido incluso en nuestra cultura
actual, pues aparecen signos semejantes en heráldica, en las monedas y en
las placas que regulan la circulación por carretera, que constituyen uno de
los lenguajes más modernos, basados en signos muy sencillos y combinaciones
de colores. La invención del alfabeto, que se atribuye a los fenicios,
constituyó un gran paso en el arte de la escritura. En la actualidad, China
estudia la posibilidad de transformar su escritura en alfabética. ¡No es
posible el desarrollo de la vida cultural, comercial, industrial y militar
si cada escrito debe dibujarse a pincel! La escritura se inició en la
arcilla y la piedra, pero se desenvolvió en el papiro, obtenido con hojas
maceradas de una planta que se desarrolla en las orillas del Nilo. Los
egipcios comenzaron a escribir sobre papiro 5.000 años a. de J.C. Los
asirios y caldeos lo hacían sobre arcilla. Los caracteres cuneiformes se
prestaban a las incisiones rápidas y precisas en ladrillos blandos que luego
se secaban y cocían. Unos 100 años a. de J.C. los chinos descubrieron el
papel, que fue uno de los más grandes inventos logrados por el hombre. En el
Celeste Imperio se utilizó la tinta y el pincel.
A Europa el papel no llegó
hasta el siglo XII. Antes se usaba el pergamino, sobre todo para documentos
importantes. Hasta que Gutenberg no empezó a imprimir con caracteres
movibles, la escritura se realizaba a mano. Durante largos siglos, los
monjes principalmente, copiaron, con paciencia inagotable, libro tras libro,
para que el acervo cultural de los tiempos pasados no se perdiera. La
invención de la imprenta fue el paso más dicisivo en pro de la cultura y el
progreso. Pero la obtención del papel fue un trabajo de artesanía hasta el
siglo XVIII, en que Louis Robert montó la primera fábrica de papel. Ya en
fechas más próximas la evolución de la escritura ha sido notable con el
perfeccionamiento de la taquigrafía (ya conocida por los romanos) y la
aparición de la primera máquina de escribir, que data del año 1714, aunque
hasta 1867 no se fabricaron máquinas de escribir en series comerciales.
Hasta nuestros días no se ha conseguido fabricar una máquina de escribir en
idioma chino. Los primeros intentos implicaban un total de 90.000 teclas,
que en la actualidad se han reducido a 75. El mundo tiende a unificar su
cultura. Los esfuerzos de la Unesco en este sentido son considerables. No
importa que los hombres utilicen signos árabes, cirílicos, latinos, chinos,
japoneses, bengalíes, etc. No importa que grandes núcleos humanos utilicen
el pincel mientras otros emplean la pluma, la máquina de escribir o un
estilete. Lo verdaderamente interesante es que se escriba y se intercambien
pensamientos, emociones, deseos, opiniones, con afán de comprensión. La
imprenta de Gutengerg se ha transformado en la moderna linotipia que
alimenta las grandes rotativas, capaces de lanzar al mercado millones de
periódicos diariamente. Es un hecho importante que el hombre escribe cada
día más, lee cada vez más, y las ideas se difunden gracias a una intensa
comunicación sólo posible por la comprensión de los distintos lenguajes,
formas de expresión del espíritu humano.
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EL PROCESO DE
HABLAR. |
En la mente de una persona que ve un incendio surge la
imagen del "fuego". Es una imagen, un pensamiento puramente espiritual que
busca afanosamente el camino de una expresión material, para advertir un
peligro. En determinada circunvolución cerebral, en el centro del lenguaje
hablado, la memoria traduce esta imagen en sonidos. Los centros encargados
de la inervación de la lengua actúan de una forma determinada, ésta se
mueve, chocan los labios con los dientes, los pulmones expulsan aire y surge
la palabra deseada: "fuego". Para que este fenómeno físico se produzca es
preciso que el aparato de fonación actúe. La laringe se halla situada en la
parte superior de la tráquea, junto a la faringe. Cuando tragamos un
alimento, una membrana llamada "epiglotis" cierra el paso hacia la laringe y
la tráquea, y abre el camino del esófago. Si la "epiglotis" no cierra
rápidamente, nos atragantamos porque parte del alimento se introduce en la
tráquea y los pulmones reaccionan provocando la tos. La laringe es un
ensanchamiento de la tráquea. Su irritación provoca la laringitis, pero
además de esta enfermedad puede estar afectada por muchas otras, incluso por
el cáncer.
En la laringe hay cuatro cartílagos que forman un ensanchamiento
de la tráquea llamado "nuez de Adán", porque es muy visible en los varones.
En el interior de la laringe se hallan las cuerdas vocales. Su vibración, al
pasar el aire, produce sonidos puros, notas. Cuando una persona está afónica
o sufre laringitis, emite sonidos broncos porque las cuerdas vocales están
engrosadas, inflamadas. Los niños al llegar a la pubertad impostan la voz,
es decir, se les cambia la voz porque las cuerdas vocales y la laringe se
endurecen.
El sonido puro producido por las cuerdas vocales resuena en la
bóveda craneana, en la faringe, en la nariz, y sobre todo en la boca. La n
es una letra que vibra en la nariz, mientras la g lo hace en el fondo de la
garganta. Las vocales son sonidos puros, solamente modificados por la
posición de los labios. Desde la a hasta la u hay una graduación perfecta.
La a se produce cuando la boca se abre enteramente, y para pronunciar la u
no sólo ha de reducirse la abertura labial, sino que los labios se adelantan
y se prolongan en forma de tubo. Las distintas consonantes se producen por
frotación o vibración.
La f es labiodental, la r es fricativa por choque de
la lengua contra el paladar, la p es explosiva, la d es linguodental, la s
es silbante, la m es labial, etcétera. La palabra ha salido perfectamente
pronunciada de labios de la persona que quiere advertir a otra el peligro de
"fuego". La emisión de la idea se ha realizado y se ha cumplido la primera
parte del acto del entendimiento por medio del lenguaje. Si la persona que
ha hablado tuviese alguna interferencia entre el centro de lenguaje y los
músculos de la laringe o de la lengua, la palabra no se pronunciaría. Son
innumerables las causas de mudez, pero también es traumáticamente mudo el
hemipléjico a quien un ataque ha obnubilado el centro del lenguaje. Se
esfuerza, quiere hablar y no lo consigue. En otras ocasiones se da el caso
que el hombre habla, pero las palabras o sonidos que pronuncia no coinciden
con lo que su mente quiere expresar. Incluso en casos perfectamente
normales, el hombre no puede hablar porque "no encuentra la palabra exacta,
el dato, el nombre", la memoria es rebelde y el concepto no puede expresarse
por falta de medios materiales. Cuando la palabra, como un milagro
sorprendente brotó, y fue a impresionar el tímpano de la persona a quien iba
dirigido el aviso de "fuego", éste captó los sonidos.
El nervio
acústico transmitió el impulso al centro auditivo y en el archivo de la
memoria se buscó la significación del sonido "fuego". Si la persona hubiese
sido sorda no hubiese reaccionado por falta de percepción sensorial, pero
muy bien puede ocurrir que sea normal y, sin embargo, no reaccione. ¿Qué
puede significar para un finlandés que no conoce el castellano, el sonido
"fuego"? Para que la comunión espiritual de hombre a hombre se produzca es
preciso que exista posibilidad por parte del que habla, de transformar el
pensamiento en sonido. Y por parte del que escucha, la capacidad de
convertir el sonido en pensamiento. Cabría pensar si muchas conferencias
políticas internacionales se desenvuelven con gran dificultad por la forzosa
traducción de intérpretes profesionales que no siempre pueden captar la
emoción, el tono, lo incisivo de un vocablo. En estos casos el proceso
resulta complicado: 1. De la mente del que habla a su sonido. 2. Del sonido
que percibe el traductor a su mente, en el idioma del que habló. 3.
Traducción mental de un concepto a otro concepto, en idioma distinto. 4. Del
concepto ya en el segundo idioma, al sonido adecuado en este lenguaje. 5.
Percepción de este sonido y comprensión de su significado por parte del
interlocutor del que habló en primer término. Y debe tenerse en cuenta que
este proceso se refiere solamente a la conversación, a la palabra hablada.
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GRUPOS
IDIOMATICOS ACTUALES. |
Hasta hace pocos años las lenguas se
clasificaban en tres grandes grupos: Monosilábicas, en las cuales cada
palabra tiene un valor y una significación. En ellas no existen géneros,
sufijos ni prefijos, declinaciones ni conjugaciones. Las uniones de unas
palabras con otras dan origen a expresiones nuevas. Por ejemplo, el chino.
Aglutinantes, en las que existen palabras-raíces y sufijos. Carecen de
conjugación y declinación, género. Por ejemplo, el árabe. Flexivas, todas
las que, como las europeas, poseen conjugación, declinación, géneros, etc.
Esta clasificación es hoy demasiado simple para intentar, con ella, agrupar
las 2.800 lenguas, aproximadamente, que existen en el mundo.
Sin embargo, de
ellas más de 1.800 corresponden a pueblos en estado primitivo de Africa,
Oceanía y América, y son lenguas poco estudiadas y difícilmente
clasificables. Para comprender lo relativamente recientes que son los
estudios lingüísticos, téngase en cuenta que hasta el siglo XVIII no se tuvo
conocimiento de la existencia de una lengua tan interesante como el
sánscrito, y que la Lingüística empezó a existir, como ciencia digna de tal
nombre, cuando a mediados del siglo XIX Jacob Grimm escribió su Gramática
Histórica.
En este tiempo surgió la ciencia comparativa de los idiomas a
base del estudio de las leyes fonéticas y los principios etimológicos y
sintácticos. Gracias a este esfuerzo, se pudo establecer el reconocimiento
de la unidad indogermánica o grupo idiomático indoeuropeo. El
establecimiento de la relación original entre las lenguas indias, persas,
griegas, latinas, celtas y germanas fue debido al inglés William Jones. En
el estudio comparativo de los idiomas surgen a veces relaciones que parecen
causales, como el hecho de que la palabra "malo" sea expresada por la misma
voz en inglés y en neopersa: bad.
Para el estudio de los grupos idiomáticos
existentes en la actualidad, se ha procedido a una clasificación previa en
tres grupos: 1. Idiomas que tienen un vocabulario doble y aún no equilibrado
del todo, como el inglés con vocabulario germano y latino; el neopersa, con
mezcla de iraniano y árabe; el turco, con voces turcas y neopersas, etc. A
la larga se impone uno de los dos orígenes y así, en el inglés acabará por
predominar el germánico, en el neopersa el iraniano y en el turco, el turco.
2. Idiomas que aceptan mucho del vocabulario ajeno, pero lo aceptan a su
modo. Así ha ocurrido en el armenio con respecto al iraniano, en el acadio
con el sumerio, y en el árabe con toda clase de extranjerismos modernos. 3.
Idiomas en los que los elementos extraños se muestran más que en el
vocabulario, en la fonética y la sintaxis.
Los kurdos iranianos emplean
voces semitas, los armenios del Cáucaso han adoptado sonidos chasqueantes
propios de los caucasianos, y los indios adoptaron sonidos cerebrales
propios de los pueblos drávidas. El cuadro de las lenguas habladas no está
ni mucho menos terminado. El descubrimiento e interpretación de la lengua
hitita, hablada antiguamente en el Asia Menor, es un hecho reciente. El
estudio de las relaciones entre las lenguas semitas y las camitas del
antiguo Egipto es otro caso.
Se dan grupos de lenguas bien determinados
dentro de los que es posible establecer una buena clasificación, pero no
resulta tan fácil cuando se trata de determinar las relaciones que existen
entre las lenguas del Africa central, o entre las que se hablan en ciertos
lugares de América, por ejemplo. El tronco indo-europeo es el más importante
porque dentro del mismo se hallan los idiomas de la civilización. Es muy
vasto y complejo. En el grupo indio está el sánscrito, que era la lengua de
la literatura clásica de la India en el siglo VI a. J.C., el indostaní, que
se habla en la parte occidental de la India, y el bengalí, en la oriental.
El grupo iránico con el persa. El arménico con el armenio. El albanés y el
griego forman grupo aparte.
El báltico comprende el lituano y el letón. El
eslavo, que se divide en el gran ruso, el pequeño ruso, polaco, servio,
checo, eslovaco, esloveno, servio-croata y búlgaro. La lengua germánica dio
origen al gótico, y por disgregación o ramificación nacieron el danés, el
sueco, el noruego, el islandés, el holandés, el frisón, el alemán y el
inglés. El grupo céltico, que un tiempo fue importante, se ha ido reduciendo
y hoy comprende el galés, el escocés y el gaélico de Irlanda, pero con
predominio inglés en el campo cultural y comercial, ya que las lenguas
célticas se conservan en el ámbito familiar solamente.
Del itálico antiguo
se derivó el latín, y al disgregarse el Imperio romano, éste dio origen a
las lenguas romances, que son el portugués, el castellano, el catalán, el
provenzal, el francés, el italiano, el retorromano, que se habla en Suiza,
el sardo de Cerdeña, el dálmata en las costas del Adriático, y el rumano.
Idioma inclasificable, peculiar y único en el mundo occidental es el
vascuence, de origen incierto y muy difícil, que aún se conserva en las
montañas vascas. El tronco uralo comprende las lenguas llamadas ugrofinesas
como el finlandés, el lapón, el estoniano y el húngaro, y las lenguas
samoyedas habladas en Siberia.
El tronco turco-mogol abarca las lenguas
turcas, el mogol, el calmuco y el manchú. El tronco camito-semita ofrece dos
grupos. El semita con el hebreo, el antiguo fenicio y arameo, el asirio y
babilonio propios de la parte norte de la zona de influencia semita, siendo
el árabe y el etíope los idiomas hablados en la parte sur. Éste es el grupo
semita. El grupo camita lo forman el egipcio y el copto. Las relaciones
entre ambos no están muy bien determinadas. Las lenguas negras del Africa,
como el sudanés, el bantú, el lenguaje de los negros de Guinea, etcétera,
forman otro tronco.
uego quedan numerosas lenguas de difícil agrupación
como son el chino, japonés, javanés, telugui, guzerati, etc. El grupo
indochino comprende el chino moderno, el cantonés, el birmano, el tailandés,
el tibetano y otros, con numerosos dialectos. El japonés, que es lengua
aglutinante, se clasifica aparte y se formó con ideogramas chinos y
coreanos. El grupo de las lenguas dravídicas son propias del Sur de la India
y Ceilán. Entre ellas se halla el telugui ya citado, el malayalam, el tamil,
el kota, el kanarés, etc. Las lenguas de la Polinesia son también numerosas:
el tagalo de Filipinas, el malayo, melanesio, hawaiano, etc. Se calcula que
existen más de 150 grupos de lenguas que no tienen relación con las
restantes. En América existen la maya del Yucatán, la guaraní del Paraguay,
el quechua y aymará de los Andes, las antiguas lenguas apaches, aztecas,
incas, araucanas, etc.
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