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El pensar
profundo EL hombre siente un ansia irrefrenable de saber, y para
satisfacerla, pregunta a personas autorizadas y lee. Cuando deseamos
enterarnos de una materia determinada, adquirimos un libro, un tratado, y la
simple lectura del índice nos orienta sobre qué trata e libro. Incluso las
personas poco cultivadas distinguen un texto de Geografía de otro que verse
sobre Geometría.
En cambio, la lectura del índice de una obra de Filosofía,
desorienta porque no acabamos de comprender de qué trata el libro. Leemos:
"el ser", "las causas", "el espacio", "los juicios a priori", etc. Y nos
preguntamos: ¿qué es Filosofía? En esencia no es otra cosa sino pensar, pero
un pensar profundo, que no se detiene en lo superficial, sino que pretende
llegar a las últimas causas, a la esencia de las cosas. Quien haya sentido
tristeza por algo, se habrá dado cuenta de este sentimiento íntimo, habrá
analizado las causas que pueden producirlo y buscado el modo de librarse de
él. Quizás haya pensado en cosas más trascendentales; por ejemplo, si hay
algo más allá de la triste realidad de la muerte.
Mientras pensaba estas
cosas, filosofaba. Pensar en lo que nos rodea, en nuestra intimidad, en el
mundo en los hombres, en la vida, es ya filosofar. Y esta acción no es
privativa de unos especialistas llamados filósofos, sino que es propia de
cualquier ser humano. Filosofar es un poco asombrarse del maravilloso mundo
que nos rodea y buscar la explicación de las cosas, las raíces, las razones
y las causas últimas de los hechos. Filosofar está reñido con la prisa y
para conseguirlo son imprescindibles la soledad y la calma, la paz y la
tranquilidad en el cuerpo y en el espíritu. Por eso la Filosofía nació del
ocio en las prósperas colonias griegas del Asia Menor cuando, libres de
guerras, estabilizada la sociedad y asegurada la subsistencia, los hombres
pudieron dedicarse a pensar. En el principio del filosofar, el hombre sólo
buscaba las causas de los fenómenos externos, inquiría y trataba de
explicarse el misterio del mundo, lo cual era totalmente imposible de lograr
por entero.
Más tarde volvió
la mirada hacia sí mismo y descubrió en su interior otro mundo parecido y
tan complicado como el que le rodeaba. Al mundo exterior lo llamó
"Macrocosmos" o gran mundo, y de él se ocuparon los primitivos filósofos
presocráticos. Al mundo interior lo llamó "microcosmos" o mundo en pequeño,
y fue Sócrates el primero que, de una manera sistemática, se interesó por
él.
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¿DE QUÉ TRATA LA
FILOSOFIA? |
A veces habremos oído decir: "Hay que tomarse las
cosas con filosofía" significando que debemos obrar sin excitarnos,
serenamente. Esta toma de posiciones o postura ante la vida es una
característica de la Filosofía. A nadie se le ocurre decir: "Voy a tomarme
este contratiempo con mucha geometría." Las ciencias ni el saber corriente
implican una postura, una manera de ser.
A las demás ciencias nos asomamos
sin prevención y aceptamos como buenas todas las leyes de la Física, no
discutimos los teoremas de las Matemáticas y creemos todo lo que nos enseña
la Astronomía. En cambio, al primer contacto con la Filosofía reaccionamos,
nos permitimos opinar, discutir y disentir. Dentro de nosotros hay algo que
nos da su conformidad o expresa su oposición.
La Filosofía es un saber muy
personal y crea un "modo de ser". Así como entre los geómetras se
encontrarían pocas opiniones distintas, entre los filósofos hallaremos el
que duda hasta de la existencia de sí mismo y el que, al contrario, opina
que sólo existe el Yo y no el mundo exterior. Cada filósofo crea su propia
escuela. El cometido de la Filosofía, sin embargo, presenta dos facetas: la
busca de la verdad, el por qué de las cosas y luego la adaptación de la
conducta a un sistema filosófico; proceder conforme el resultado de las
verdades encontradas.
Pero la filosofía no es un discutir y un opinar al
estilo de una tertulia literaria, sino un saber ordenado, metódico y firme,
que se apoya en principios y verdades suministradas por las otras ciencias.
En un principio la Filosofía abarcaba todo el saber humano y versaba sobre
todas las materias, pero cuando el volumen de conocimientos desbordó la
capacidad del hombre para comprenderlos todos, no hubo más remedio que
cultivar pequeñas parcelas. Así, primero fue el estudio del Cosmos, del
mundo en general, que dio origen a las Matemáticas, cuyo primer gran
cultivador fue Pitágoras; a la Geometría, que estudió Euclides; a la
Medicina, que practicó Hipócrates, etc. Pero estos cultivadores no eran sino
filósofos que se especializaban. Por esta razón, al hombre que abarcaba todo
el saber se le llamaba sabio y Pitágoras dijo que él no era "sofos", es
decir, sabio, sino "filo-sofos", o sea amante de la sabiduría.
Esta
tendencia de la Filosofía a abarcar todos los conocimientos aún prevaleció
durante la Edad Media en que aparecieron las Summas o compendios del saber.
Todavía en la Edad Moderna, Descartes y Leibniz eran grandes filósofos y, a
la vez, matemáticos y físicos. En pleno siglo XVII Newton aún expuso su
teoría de la gravitación universal como "Principios matemáticos de la
Filosofía natural". Pero llegó un momento en que las demás ciencias se
apropiaron gran parte de este saber universal. Unas entendieron sobre la
vida y sus manifestaciones, otras sobre los fenómenos de la materia, otras
sobre la cantidad y la forma, etc. A la Filosofía le quedó el saber
abstracto, la especulación fuera del alcance de los sentidos; por tanto la
forma más elevada del pensamiento, porque está por encima de todas las
ciencias y en último término las comprende y las explica todas.
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DIVISIONES DE LA
FILOSOFÍA. |
Cuando las ciencias se repartieron el campo del saber,
a la Filosofía le quedaron las propias del espíritu, y en especial la
Metafísica. Andrónico de Rhodas, un discípulo de Aristóteles, ordenó las
obras de su maestro y colocó todas las que trataban de cosas materiales en
primer lugar y las llamó "Física".
A continuación dispuso las que versaban
sobre cosas del espíritu y las denominó "Metafísica", es decir, "más allá"
de la Física. Una primera división la tenemos al comprender todo lo que se
refiere al puro saber (Filosofía natural), lo que es propio del conocimiento
(Filosofía racional) y lo que atañe a la conducta (Filosofía moral). No
existe una división rígida, universalmente aceptada de las partes en que
puede dividirse la Filosofía, porque cada pensador ha aparcelado este vasto
campo un poco a su gusto. Sin embargo, se admiten hoy las siguientes grandes
divisiones: El estudio del ser es propio de la Metafísica o Filosofía
natural.
En ella existen tres campos bien delimitados: el mundo, el alma
humana y Dios. Si estudiamos el ser en conjunto, haciendo abstracción de sus
cualidades concretas, tendremos la Ontología. Es la Metafísica general. Si
prestamos nuestra atención a todos los seres creados sin más distinción,
tendremos la Cosmología. El estudio del alma humana dará paso a la
Psicología, y la parte que abarque el problema del Supremo Hacedor, será la
Teodicea. Cuando se estudie el pensamiento, el mecanismo del conocimiento
del hombre en particular, tendremos la Filosofía racional. Esta materia
puede comprenderse o bien como las reglas del conocimiento, y en este caso
será la Lógica, o bien como los criterios de la verdad, el modo de
cerciorarnos de si un nuevo descubrimiento es o no verdadero, y esto dará
lugar a la Criteriología.
La Filosofía moral es eminentemente práctica y
tiende a regular la conducta del hombre y de la sociedad. Al estudiar si
existe una norma de conducta superior a las apetencias vulgares del hombre
se origina la Moral y al aplicar ésta a la vida, surge el Derecho como
relación del hombre y la sociedad. Finalmente, la Historia de la Filosofía
es la visión del pensamiento filosófico a través del tiempo.EL ESTUDIO DEL
SER EN GENERAL. Éste es el objeto de la Metafísica, que trata de todos los
seres, pero dejando a un lado los detalles, las notas particulares, los
accidentes que los caracterizan, pues de éstos se ocupan las demás ciencias.
Fue llamada por Aristóteles Filosofía primera, ya que realmente se trata de
la primera y más rica parcela de la Filosofía y la más elevada. Existen
distintos grados de conocimiento, que en Metafísica se conocen con el nombre
de "grados de abstracción". En un primer grado, las ciencias prescinden de
lo singular o individual para atenerse a lo común o general; así, el
naturalista describe los "tipos" de minerales, plantas y animales
prescindiendo de la cantidad, pues le interesa sólo la cualidad.
El físico
prescinde de los pormenores de los fenómenos y busca sólo la ley que los
explica. Éste es el primer grado de abstracción que caracteriza a las
ciencias físicas y naturales. Hay otro grupo de ciencias que prescinden, no
sólo de la individualidad de las cosas, sino también de las cualidades de
las mismas y le interesa la generalidad, pero sólo como cantidad; no los
detalles de composición, propiedades, ni leyes que regulen estas
propiedades, sino el número y las relaciones que pueda tener con otros
números o agrupaciones de cosas.
Este segundo
grado de abstracción es el que corresponde a las ciencias matemáticas. Pero
todavía hay un tercer grado de abstracción superior a los anteriores que
prescinde de la materia en todos sus aspectos, cualitativos y cuantitativos.
Ya no interesan aquí los fenómenos ni las leyes que los regulan, la forma,
el número o el color. Solamente el concepto de ser. Éste es el objeto de la
Ontología.
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LA BELLEZA. |
Así como
la Ética es una filosofía de la conducta humana, si consideramos esa
conducta en particular, ante el hecho artístico, respecto la belleza,
tendremos una moderna parte de la Filosofía que se denomina Estética.
Interesa a esta nueva ciencia el problema de la creación artística y el
análisis filosófico del juicio estético. Es digno de estudio el hecho de la
creación artística. ¿Por qué determinados hombres producen algo que causa
asombro a los demás y que hemos dado en llamar obras de arte? ¿Por qué no
todos los hombres pueden producir estas obras ni despertar en los demás
tales sentimientos?
Asimismo es
digna de estudio la particular emoción que se siente en la contemplación de
la obra de arte y el juicio universal que determinadas obras merecen. ¿Qué
es la belleza? El problema cumbre de la Estética es el de si todo se reduce
a consideraciones meramente subjetivas o si existe un valor objetivo fuera
de nosotros y cuyo contenido nos esforzamos en descubrir. Si este valor, al
ser creado por el hombre, presupone una intuición, un sentimiento, un juicio
y una creación estética y artística, a diferencia de la intuición,
sentimiento, juicio y creación en general. En definitiva, qué es lo bello,
cuáles son sus variantes, qué es el juicio estético y el por qué de los
gustos artísticos en las diversas épocas.
Santo Tomás
decía que "bello es el objeto que al contemplarlo produce un deleite, un
sentimiento de agrado". Por tanto, puede ser bello un paisaje, un canto, un
acto humano, un rostro. Para que se dé la belleza es necesario que el
objeto, el acto o el hecho ofrezcan unas proporciones, una armonía entre sus
partes; es decir, que de él emane un orden interno el cual le da cierto
esplendor y claridad. La historia del Arte nos muestra de qué modo los
distintos pueblos a través del espacio y el tiempo han sabido crear obras
bellas utilizando materiales y estilos tan diversos.
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LA BUSCA DE LA
VERDAD. |
Cuando la cosa real coincide con el concepto mental, la
cosa es verdadera y el concepto también. No es lo mismo ignorancia (carencia
de conocimiento) que opinión (se admite la posibilidad de que sea cierto lo
contrario), que duda (nuestro juicio no se decide acerca de dónde está la
verdad) o de certeza (en este caso estamos seguros de la verdad). El deseo
de poseer la certeza ha dado origen a un aparte de la Filosofía cuyo fin es
la crítica del conocimiento. Fue impulsada por Kant y se denominó
diversamente: Crítica, Criteriología, Epistemología o Teoría del
conocimiento, y es la rama más reciente de la Filosofía.
El problema lo
suscitó Kant al dudar de la eficacia de nuestra mente para la adquisición de
conocimientos, al criticar las fuerzas de la razón humana y afirmar que hay
algo en las cosas que nuestra inteligencia es incapaz de conocer. El acto de
conocer se reduce a dos términos: un sujeto que conoce y un objeto que es
conocido. Parece que este acto de conocer dependiera principalmente del
sujeto, pero ¿es que el objeto no es también activo? ¿Podría darse
conocimiento sin unas impresiones sensoriales, sin un excitante visual,
acústico, táctil, etc., que no se originara en el objeto? Ya los griegos
aseguraban que "nada hay en el entendimiento que antes no haya estado en los
sentidos".
La
preponderancia del objeto o del sujeto en el conocimiento señala dos
escuelas filosóficas distintas. Incluso se ha llegado a afirmar que el Yo es
completamente pasivo o, al revés, que todo es elaboración de nuestro Yo. El
Yo y nuestro mundo interior están en contraposición al mundo exterior, y
como todo lo que conocemos del mundo exterior lo conocemos nosotros y por
nuestros propios medios, algunos pensadores llegan a afirmar que,
propiamente hablando, no existe el mundo exterior, sino que lo hemos formado
nosotros mismos, es obra de nuestro pensamiento, pura imaginación.
Fácilmente se comprende que de ser esto así, no existirían verdades
permanentes, pues habría tantos mundos y tantas verdades como pensamientos y
criterios personales, como personas existen. En contraposición a esta
posición, otros filósofos creen que existe un mundo exterior real, pero
totalmente inasequible a nuestro pensamiento por lo que la mente humana
nunca llegará al conocimiento de la verdad del mundo exterior.
Los objetivos
están frente a nosotros influyendo en nosotros, pero no los llegaremos a
conocer jamás tal como son, porque rodeamos las cosas con nuestra forma
peculiar de sentir, las disfrazamos con la marca de nuestra subjetividad. El
sentido común, por desgracia olvidado por muchos filósofos, nos aleja de las
posiciones extremas y nos hace admitir la existencia de un mundo real fuera
de nosotros y no preformado por nosotros, así como la existencia de una
actividad para conocer por parte del sujeto y de una actividad por parte de
los objetos para ser conocidos. De esta mutua relación surge el
conocimiento. Es cierto que no podemos llegar a saber toda la verdad, el
misterio del mundo, pero sí podemos conseguir la evidencia de un cierto
número de verdades universales y necesarias.
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LA
LÓGICA. |
"Seamos lógicos, razonemos con lógica", se oye en el curso de alguna
discusión, cuando los ánimos están exaltados. Entonces es difícil razonar
con lógica, porque el sentimiento oscurece el entendimiento y para pensar se
necesita serenidad, frialdad y un estado de ánimo imparcial y objetivo. La
Lógica tiene rango de ciencia preliminar y es como el vestíbulo de la
Filosofía, de tal modo que Aristóteles, el iniciador de la Lógica, ni
siquiera la incluyó en la Filosofía. Por esto la colección de sus escritos
lógicos fue llamada Órgano, o sea "instrumento del saber". La razón de esta
distinción es que la Lógica nos muestra cómo debe ser elaborada la Filosofía
para que ofrezca las garantías de un legítimo saber.
Cuántas veces hemos
oído decir: "es lógico que así suceda", "era un depravado, luego
lógicamente, tenía que terminar en la cárcel". En estas frases usamos la
palabra lógico como manera de pensar ordenada. Si nos fijamos en el nombre
de muchas disciplinas veremos cómo la Lógica entra en muchas palabras
compuestas con un significado preciso: Psicología, Biología, Cronología,
etc., y si nos referimos a un hecho de estas ciencias, decimos psicológico.
Este elemento común de logía, logos, significa saber, ciencia, conocimiento.
La palabra Lógica tiene el valor de "ciencia de las ciencias" y no se
refiere al contenido de las mismas, sino a la forma como se llega a
descubrir la verdad, a estructurar los conocimientos.
En este mismo volumen
se ha estudiado, en la parte de Psicología, el mecanismo de la mente humana
en el proceso de encontrar la verdad, gracias al acto intelectual.
Resumiendo aquellos conceptos, tenemos que una idea es una elaboración
mental acerca de un ser. Los conceptos son las ideas elaboradas, hechas
firmes y expresadas generalmente por un término, una palabra. Las relaciones
entre conceptos permiten la formación de juicios, que se expresan por medio
de una frase. El razonamiento, cuya forma más pura es el silogismo, es el
análisis de dos juicios para encontrar uno nuevo. Así, la idea de ave como
ser dotado de plumas, y el único, precisamente, que las posee (concepto) se
une a la idea de gato entre cuyas notas se halla la de no poseer plumas
(otro concepto). De ambas se forman dos juicios: Todas las aves tienen
plumas.
Los gatos no tienen plumas. El hecho de poseer un término común
(tienen plumas) da origen a la conclusión del silogismo que origina esta
frase, en la cual hay una afirmación nueva: Los gatos no son aves. Allí se
explicó la actividad del entendimiento en el hallazgo de la verdad: el
razonamiento deductivo, por el cual de una verdad general se deducen
verdades particulares y el razonamiento inductivo, por el que se llega a una
verdad general del examen de muchas verdades particulares. Si todos los
metales son buenos conductores del calor, es evidente que este pedazo de
hierro será buen conductor del calor.
Esto es un razonamiento deductivo. Las
experiencias de laboratorio a lo largo de innumerables días, ensayos,
fracasos, etc., permiten llegar a la conclusión de que la generación
espontánea, por ejemplo (ley general), no existe. Es el camino del
razonamiento inductivo. Sin embargo, la Filosofía se plantea hoy un problema
muy interesante: ¿hasta qué punto estos razonamientos son verdaderos? En el
caso de la deducción, ¿una ley general será siempre así en todos los
momentos futuros? Y en el caso de la inducción, ¿estamos seguros de haber
examinado todos los casos particulares posibles, para que una ley general
sea valedera siempre? Es sabido que todos los metales se dilatan con el
calor, pero esto fue cierto hasta que se descubrió una anomalía que destruyó
la validez de la ley general.
El polonio con el calor en lugar de dilatarse
se contrae. No hubo suficiente examen en el momento de inducir la ley o bien
se generalizó demasiado en el proceso deductivo. Hoy la ciencia admite la
probabilidad, es decir, que las cosas pueden ocurrir de distintos modos,
pero los hechos se inclinan por el mayor número de probabilidades. Las que
tengo de sacar un seis al tirar un dado son de 1 sobre 6. Si pretendo sacar
un rey en la baraja española las probabilidades son de 1:12. Si en la
lotería espero ganar el gordo, las probabilidades son de 1:50.000 si éste es
el número de billetes y si espero alcanzar los 13 resultados del Prode, las
probabilidades son de 1 contra 531.441. Infinitas menos existen de que al
echar unas letras tipográficas al azar, me salga formando y ordenado un
versículo de la Biblia. Sin embargo, las leyes generales propias de las
ciencias físicas y naturales son verdades probables, ciertas en casi todos
los casos, pero que un día pueden caer ante la presentación de un hecho que
las contradiga.
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LA MORAL. |
El estudio de la actividad del hombre, su conducta, sus normas, sus derechos
y deberes respecto a la sociedad en que vive, constituye otra parcela de la
Filosofía: la Ética. La primera consideración estriba en si existen unas
leyes inamovibles, dictadas por un Ser supremo, e iguales para todos los
hombres, o si no existe ley ninguna permanente y lo que en una época, para
una generación, está considerado como bueno, en otra, y para otra
generación, aquellos mismos actos son considerados como malos.
La Filosofía
tradicional ha defendido siempre la existencia de un poder ordenador, que
dictó, desde el principio del mundo, unas leyes inamovibles que los hombres
no siempre cumplen, pero que han de tener en cuenta; leyes que están
impresas en la conciencia de todo ser humano. Los filósofos modernos,
siguiendo también a Kant, pretenden llegar a la conclusión de que no existe
ninguna ley universal, ni anterior al hombre, ni impuesta por ningún poder
extraterreno; sólo existe la ley individual que cada hombre se forja.
De admitir esto,
lo bueno para uno sería malo para otro y, en consecuencia, no podría existir
la sociedad humana, ya que la vida social implica el común reconocimiento de
ciertos principios iguales para todos, por los cuales unas acciones son
indiscutiblemente buenas y otras malas. Consecuencia de este problema de la
ley universal es el problema de la libertad, clave de la Ética. Si el hombre
es dueño de sus actos o si éstos están determinados por una fuerza superior
que obedece aunque crea ser libre. Este problema llegó a apasionar a los
filósofos del Renacimiento, pues va ligado a ciertas creencias religiosas.
En efecto, no es
posible admitir ningún credo religioso, sin afirmar antes el libre albedrío
humano. Porque si el hombre obedece ciegamente al destino, a la fatalidad,
¿cómo puede ser culpable o merecedor de recompensa? Cielo e infierno sólo
son posibles si el hombre es capaz de obrar con libertad. El Determinismo
afirma que el hombre se cree libre, pero, como en el mundo físico, y también
en la vida humana, todo está calculado, previsto y determinado. De ahí se
inferirá la carencia de responsabilidad de nuestros actos y, por tanto, la
injusticia de las leyes represivas, de los premios y de los castigos. La
suprema norma de moralidad es: "Haz el bien y evita el mal." Los actos no
son buenos porque una ley así lo disponga, ni son malos porque la misma ley
los prohíba, sino que los actos son en sí buenos o malos y la ley los ordena
porque son buenos y los prohíbe porque son malos. Existen, pues, una bondad
o maldad intrínsecas y absolutas. Ha de existir un valor universalmente
entendido como bien, y la carencia o ausencia de este bien es lo que se
considera como mal.
De otro modo
cada hombre o grupo de hombres consideraría determinados actos como buenos
mientras que otros tendrían aquellos mismos actos como malos. La distinta
interpretación del bien y del mal, de las normas de conducta, de la ley y
del destino del hombre, han tenido como consecuencia la aparición de
distintas escuelas. La moral hedonista dice que el bien es el placer y el
mal es el dolor. La moral estoica asegura que el bien es la virtud y el mal
la falta de virtud y, por tanto, la virtud debe buscarse despreciando todos
los afectos, deseos o dolores que nos causa la vida. La moral escéptica
afirma que no hay posibilidad de conocer ni distinguir el bien del mal y,
por tanto, el hombre sólo debe seguir sus propios impulsos.
La moral natural
aconseja que el hombre obre según su propia naturaleza racional y el fin
para que fue creado. Obrar así es el bien, y el obrar contra la Naturaleza
es el mal. La moral utilitarista enseña que sólo es bueno aquello que es
útil, y lo no útil es lo malo. Mas la Ética, en sí, que es el estudio de las
últimas razones de los actos humanos de lo moral, está por encima de todas
las teorías; no es sólo una disciplina normativa, en el sentido de dar
reglas de conducta, sino que estudia los fundamentos, origen y variantes de
la conducta humana.
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