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La Filosofía a través de
los tiempos Historia de la Filosofía es una exposición de la vida,
pensamiento y obra de los filósofos de todos los tiempos, así como el
estudio de las tendencias dominantes en el campo del pensamiento a lo largo
de la historia. No debe confundirse con Filosofía de la Historia, moderna
disciplina que trata de investigar las causas de los hechos históricos. Por
ejemplo: a qué se debe el florecimiento, auge y decadencia de ciertas
civilizaciones; cuál es el origen de los grandes movimientos artísticos,
científicos y filosóficos; por que se dan en determinadas épocas y en
ciertas áreas geográficas, etc. En una palabra, Historia de la Filosofía es
la exposición del pensamiento filosófico a través del tiempo. Filosofía de
la Historia es la aplicación del filosofar, del pensar profundo, a la
sucesión de los tiempos.
Es evidente que Historia de la Filosofía es también
Historia, pero si sólo fuera suscinta descripción de teorías o recuento de
los hallazgos de diversos filósofos, al advertir la enorme proliferación de
posturas y doctrinas incluso contradictorias, no cabría otra postura que la
escéptica. Interpretar la Filosofía como mera historia del pensamiento
filosófico nos llevaría a dudar de la capacidad de la mente humana para
hallar la verdad, porque si, a través de los años los hombres sólo hubiesen
sido capaces de inventar teorías opuestas, si no se hubiese llegado al
descubrimiento de una verdad filosófica universal, sería lógico pensar que
la mente humana no es capaz de descubrir verdades permanentes. El constante
adelanto de las ciencias prueba la posibilidad de descubrir algunas verdades
filosóficas por encima de las opiniones personales de cada pensador. La
ciencia que trata del estudio de estas verdades (Filosofía) es una cosa, y
la historia de su evolución es otra bien distinta.
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EL CRISTIANISMO. |
La
idea de un Ser supremo ordenador estaba presente en la filosofía de
Sócrates, Platón y Aristóteles. Pero esta idea no implicaba una nueva manera
de ver y considerar las cosas, no repercutía en la vida corriente. El
cristianismo, sin embargo, era una moral, un completo sistema de Ética, pero
no una filosofía, en el sentido de saber de las cosas. Por eso, los
primitivos pensadores cristianos se esforzaron en adaptar la filosofía
griega a la nueva doctrina, mientras otros pensadores, también cristianos,
la combatían.
Así surgieron una serie de filósofos menores en la época de
los Padres de la Iglesia (Tertuliano, Orígenes, San Gregorio, San Ambrosio,
etc.), hasta llegar a dos hombres que pueden considerarse como los
verdaderos creadores de una filosofía cristiana: San Agustín y Santo Tomás,
los cuales no sólo compaginaron la filosofía clásica con el pensamiento
cristiano, sino que en realidad alumbraron una nueva filosofía. San Agustín
adoptó la doctrina de Platón, mientras que Santo Tomás siguió la de
Aristóteles: dos orientaciones diferentes aunque, en su base, alimenten el
mismo cristianismo.
San Agustín, que murió en el año 430 a los 76 de edad,
predicó un neoplatonismo cristiano que centraba su interés en el
conocimiento de la realidad espiritual. Hasta su conversión al cristianismo
llevó una vida azarosa y contradictoria, procurando siempre por el
conocimiento de la verdad. Luego, los temas capitales de su especulación
fueron el alma y Dios. Concibió el desarrollo de la humanidad como un
proceso unitario presidido por una acción divina providencial. Su obra
capital es La ciudad de Dios. El intenso predominio de la fe sobre la razón
dio paso a la Escolástica, que centró la vida intelectual de la Edad Media.
Durante 600 años (del siglo IX al XV, aproximadamente) la Escolástica fue el
único pensamiento ortodoxo admitido en Filosofía. En aquellos tiempos
bárbaros, el saber se hallaba en manos de eclesiásticos y monjes. Los
nombres de Escoto, Abelardo y San Alberto Magno prepararon la venida de
Santo Tomás de Aquino, la mente más clara de la Edad Media, verdadero
compilador y estructurador de una filosofía que hizo compatibles las
enseñanzas de la fe y los descubrimientos de la razón. El pensamiento
tomista es el que informa la filosofía cristiana actual.
Santo Tomás, que
nació en 1225 cerca de Monte Canino (Italia) y murió en 1274, realizó el
ideal de fundir el pensamiento cristiano con el saber clásico. Su vocación
religiosa y su pasión intelectual caracterizaron toda su obra, contenida en
dos tratados principales: la Suma Teológica y la Suma contra Gentiles.
Admitió una perfecta concordancia entre las verdades de la razón y las
verdades de la fe. Por lo demás puede afirmarse que Santo Tomás es la
versión cristiana de Aristóteles. Para él la fuerza principal del alma es la
inteligencia, merced a la cual todo puede llegar a comprenderse. Las
discusiones en la Escolástica se resolvían por medio del rígido juego de
silogismos. De ahí vino, entre otras razones, su decadencia porque se
produjeron una serie de discusiones bizantinas, puramente retóricas con la
famosa "cuestión de los universales" que pretendía averiguar si los
conceptos universales (hombre, justicia, mesa, estrella, etc.) tenían
existencia real o eran puramente flatus vocis, palabras, aire. Pero los más
nobles pensadores, cansados de discusiones, muchas veces estériles,
empezaron a criticar la Escolástica y lentamente se fue desmoronando la
síntesis que con tanto celo construyera Santo Tomás: la "ciencia de las
escuelas". Sin embargo, la pura filosofía tomista pervivió.
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EL RENACIMIENTO.
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En
los tiempos del llamado Renacimiento, en todos los órdenes se apreció un
ansia de renovación del espíritu humano. Los filósofos de esta época
dedicaron sus esfuerzos, unos a destruir el pensamiento escolástico y otros
a buscar las bases de una nueva filosofía en la que el hombre y la razón
ocupan un primerísimo lugar. La consigna fue el retorno al espíritu griego y
latino. entre todos los pensadores renacentistas destacaron tres que, si
bien no alumbraron teorías enteramente nuevas, al menos representan el
espíritu de la época: Luis Vives, Erasmo y Tomás Moro. Luis Vives nació en
el año del descubrimiento de América.
Más pedagogo que filósofo, su
principal aportación a la Filosofía fueron sus concepciones psicológicas
contenidas en su libro De Anima. Propuso la renovación del pensamiento
filosófico, en cuanto a su forma y en cuanto a su contenido. Fue el primer
pulsador moderno que emprendió el análisis y la descripción de las
actividades anímicas, y el primero en emplear la observación psicológica en
lugar de la deducción silogística. Francisco de Vitoria intentó la
restauración escolástica en España y contribuyó al pensamiento filosófico
con sus doctrinas escolásticas, a base de una disertación libre que le hace
apartarse en algunos puntos de las teorías de Santo Tomás. Erasmo de Rotterdam fue el precursor del racionalismo.
Escribió el Elogio de la
locura. Tomás Moro fue más estadista que filósofo. Escribió Utopía. Fue
decapitado por orden de Enrique VIII. En 1935 fue canonizado por la Iglesia.
Sin embargo, y a consecuencia del Renacimiento, había nacido la crítica de
la razón oponiéndose a veces a la fe. Son los tiempos de la Reforma
protestante que coincide con la formación de las grandes nacionalidades y el
advenimiento de la Edad Moderna.
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FILOSOFIA MODERNA.
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Pero un día, ya en el siglo XVIII, apareció Descartes, y con él la filosofía
moderna como algo enteramente nuevo. Ya no se miró al mundo exterior ni al
mundo interior, ya no causó preocupación la conducta humana, ni siquiera de
las verdades consideradas intocables por la Escolástica. Descartes
prescindió de todo lo anterior y quiso crear una nueva filosofía con el solo
recurso de su razón. "La mente que piensa es la que nos debe llevar al
descubrimiento de la verdad." Descartes, después de viajar mucho e
intervenir en varias guerras, escogió un retiro solitario y se dedicó a
pensar. Decidió prescindir de todo lo que había aprendido y de cuanto le
habían enseñado en el prestigioso colegio de los jesuitas de la Fleche.
Su
sistema de investigación fue la duda metódica universal, y "puesto que los
sentidos nos engañan con frecuencia, duda de todo hasta que la razón te lo
presente como verdadero". Pero necesitaba un punto de apoyo para construir
su nueva doctrina y lo encontró en la afirmación: "Pienso, luego existo."
Para llegar a las demás verdades construyó un método nuevo como el utilizado
en las matemáticas, pues era un gran matemático, y con él creyó llegar a la
evidencia como único criterio de verdad. Sus obras principales son el
Discurso del método y Meditaciones metafísicas. Estableció tres realidades:
Yo, Dios y el mundo.
Según él, hay dos únicas clases de sustancias: las
materiales, cuyo atributo fundamental es la extensión, y las espirituales,
cuya característica es el pensamiento. Sólo los hombres tienen alma unida al
cuerpo y aquélla se encuentra en la glándula pineal. Los animales carecen de
ella y sólo son puros mecanismos. Como se ve, en algunos puntos Descartes
fue demasiado lejos. Casi a la vez que Descartes apareció Francisco Bacon.
Éste sólo admitió como verdadero aquello que confirma la experiencia. Su
obra esencial fue el Nuevo órgano. El ideal de la nueva ciencia era procurar
al hombre el dominio de la Naturaleza. La experiencia es la única fuente de
conocimiento, mas para aprovecharla es preciso derribar ciertos prejuicios
llamados "ídolos", que radican en la especial constitución de la mente
humana como la costumbre, la fuerza del lenguaje, el antropomorfismo y la
devoción por las teorías anteriores. Así, tenemos ya las dos nuevas
corrientes que han de alimentar la Filosofía de la Edad Moderna; el
racionalismo cartesiano (predominio de la razón) y el empirismo de Bacon
(predominio de la experiencia). La corriente racionalista se desarrollo en
Francia y Alemania, y surgieron los grandes filósofos seguidores de
Descartes, que son Malebranche, Espinoza y Leibniz. Malebranche pretendió
solucionar el problema de la comunicación de las sustancias materiales con
las espirituales por medio de la "teoría del ocasionalismo", en virtud de la
cual los seres, en su obra, son meros instrumentos de la Divinidad.
Espinoza, judío holandés de ascendencia española, fue el defensor del
"panteísmo", que identifica a Dios con la Naturaleza. El Creador según él,
está inmerso en el mundo y repartido entre todas las cosas. Leibniz,
matemático y físico eminente, quiso construir la ciencia única, para lo cual
inventó una escritura universal y quiso hallar un lenguaje nuevo que
sustituyera a todos los hablados. También pretendió restablecer la unidad
religiosa e Europa, dividida a causa del protestantismo. Para explicar la
diversidad cualitativa de los seres admitía la existencia de unas sustancias
simples, las "mónadas", cuyo atributo primario es la fuerza. Todos los seres
son para él mónadas o agregados de mónadas. Estudió también el problema del
alma y el cuerpo, que marchan al unísono como dos relojes sincronizados a la
vez, y descubrió la existencia del inconsciente psíquico.
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KANT.
Pero era necesaria una gran figura que diera unidad al pensamiento
disperso, y ésta fue el filósofo alemán |
Manuel Kant, muerto en 1804 a los 80 años de edad,
que estudió el problema de la crítica de la verdad. ¿Cuáles son los límites
y el valor de la razón? Kant comparó la filosofía de Leibniz con la de Hume,
y pensó que la razón y la experiencia debían coincidir en sus apreciaciones,
pues al no ser así, algo fallaba, mas como la experiencia es evidente, lo
que debía faltar era la razón, y entonces acometió su gran labor
eminentemente crítica, demostrando que la sola razón es incapaz del
descubrimiento de la verdad.
Kant fue el prototipo del moderno profesor
universitario. Pertenecía a la secta pietista y era tan ordenado que las
mujeres ponían en hora sus relojes cuando él pasaba por la calle. Por la
mañana en las calles de Koenisberg era fácil escuchar: "Son las nueve; ya
pasa el señor Kant hacia la Universidad." Fue educado en el racionalismo y
estudió la filosofía de Leibniz en los textos del profesor Wolff, pero,
según él confiesa, la lectura de las obras de Hume "le despertó del sueño
dogmático". En sus obras quiso hallar la base para un nuevo método de la
metafísica. La Crítica de la razón pura es un tratado sobre el entendimiento
y la razón. La Crítica de la razón práctica es una teoría sobre el proceder
y los actos del hombre.
La Crítica del juicio, es un estudio sobre la
percepción sensorial y la belleza artística. Con estas obras quiso señalar
los límites de nuestro entendimiento y de nuestra razón. A partir de este
momento podemos formular preguntas acerca de Dios, el mundo, la libertad y
la inmortalidad, porque antes habremos resuelto esta cuestión: ¿qué es la
verdad? Y luego, enfrentarnos con los grandes problemas: ¿qué esperar? Entre
sus hallazgos destacan la invención de los juicios sintéticos a priori,
gracias a los cuales es posible la ciencia, y la moral del imperativo
categórico, por la que el hombre debe obrar el bien por el bien mismo.
Su
máxima era: "Obra como si tu acción pudiera convertirse en ley universal."
Apareció entonces el estudio del conocimiento humano y la Filosofía tomó
nuevos rumbos, se intentó zanjar el conflicto entre el racionalismo
dogmático (nuestra razón y las doctrinas que aceptamos de los grandes
autores), y el empirismo escéptico (la duda de las opiniones de los grandes
maestros, hasta que no hayan sido comprobadas por la experiencia). Existe
gran distancia entre la cosas en sí y el sujeto, el hombre, que trata de
conocerla. Éste, el sujeto, goza de la máxima preponderancia en el
conocimiento, pero lo más importante no es el conocimiento de la realidad,
sino cómo podemos llegar a ese conocimiento; de qué modo conocemos.
Los
seguidores de Kant fueron los fundadores de la doctrina filosófica conocida
con el nombre de "idealismo alemán" y exageraron de tal modo la
preponderancia del sujeto en el conocimiento, que llegaron a prescindir por
completo del objeto y afirmaron que éste, las cosas y el mundo no son más
que proyecciones de nuestro pensamiento, de modo que la realidad no sólo
existe en el espíritu, sino que es formada por éste. Para los idealistas, el
mundo exterior no posee realidad alguna. Los filósofos idealistas más
conocidos son Fitche, y Hegel, pero más importancia que sus doctrinas en sí
la tuvo la proyección de las mismas en la sociedad de nuestro tiempo, pues
en el idealismo alemán se inspiraron las concepciones políticas más
modernas, como es el socialismo en sus dos aspectos extremos: fascismo y
comunismo. Fitche inició el método dialéctico para el desarrollo de sus
especulaciones y su personal interpretación de la filosofía kantiana
mediante la teoría del "yo" (el hombre) y el "no-yo" (el mundo).
Su obra
principal es Doctrina de la Ciencia, pero también merecen destacarse sus
Discursos a la nación alemana, que constituyen la levadura doctrinal del
nacionalismo alemán. Hegel comprendió la Filosofía como un suceso de la
Historia Universal. Examinó todos los conocimientos existentes hasta
entonces para encontrar en todo un sentido único. Dio forma definitiva al
método idealista conforme a un esquema de tres fases: Tesis, que representa
la afirmación primaria; antítesis, que es la negación, y síntesis,
superación de las dos anteriores en una afirmación definitiva. Su sistema se
desenvuelve en tres partes principales: la Lógica, la Filosofía de la
Naturaleza y la Filosofía del espíritu.
Exaltando, por otra parte, al Estado
por encima de los individuos, contribuyó también a dar vida a los sistemas
totalitaristas contemporáneos. Marx basó sus doctrinas en la afirmación de
que la materia es la única realidad existente. Pero se refería a una materia
viva, dinámica, capaz de originar el proceso evolutivo de la sociedad.
Aceptó la filosofía de Hegel, aunque señalando la materia como sujeto de la
evolución, en lugar de la idea hegeliana, que propone el espíritu. En su
obra El Capital, emprendió una crítica del régimen capitalista y preconizó
como remedio la lucha de clases, lo que dio origen al movimiento
revolucionario conocido vulgarmente con el nombre de "marxismo" del que se
derivaron el "socialismo" y el "comunismo".
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A CORRIENTE EMPIRISTA.
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Apareció con Francisco Bacon y se desarrolló en Inglaterra. No admite otra
fuente de conocimientos que la experiencia y el testimonio de los sentidos.
Con ella aparecen otra serie de grandes filósofos como Locke, Berkeley y
Hume. Locke, que vivió a finales del siglo XVII, en su obra Ensayo sobre el
conocimiento humano, rechazó el supuesto de las ideas innatas, y dijo que el
alma llegaba al mundo como un papel blanco en el que los sentidos van
escribiendo todos nuestros conocimientos, por lo que éstos se originan
gracias a la experiencia. La sensación y la reflexión son las únicas fuentes
de todo saber. Berkeley, autor del llamado Idealismo metafísico, redujo la
realidad a meras creaciones de nuestro yo.
Las cosas exteriores no pasan de
ser simples suposiciones. "Lo real es lo que percibo ahora; lo que no
percibo es como si no existiera, pues para mí en este momento no existe; por
lo tanto, sólo existen las realidades". Hume llevó al empirismo a sus
extremas consecuencias. Según él, la realidad sólo es conocida en virtud de
las impresiones que causa en nuestros sentidos. Las ideas nada tienen que
ver con la realidad, por lo que negó la existencia del alma por no ser un
dato de experiencia. Sólo admitió los fenómenos o asociaciones de fenómenos
y cayó en un escepticismo demoledor.
La Revolución Francesa se hacía
inminente, se presentía. Rousseau, ya en el siglo XVII, convirtió la
Naturaleza en piedra angular de su filosofía. Propugnó volver al hombre
natural rechazando las complicaciones intelectuales y sociales a que ha
conducido la civilización. Propiamente hablando, su obra no puede llamarse
filosófica, `pero en su novela pedagógica El Emilio, y en su obra política
El contrato social, expuso sus doctrinas sobre el "naturalismo". El hombre,
según él, es bueno por naturaleza y la sociedad le corrompe. Por tanto, la
formación intelectual y moral del hombre debe dejarse a las solas fuerzas
naturales, con la menor intervención posible del maestro. Estableció la
soberanía popular como base de la concepción del Estado, y la libertad
individual como fin. Al llegar al siglo XVII, el pensamiento sufrió una
transformación radical.
La duda, la crítica y el análisis, prescindiendo de
la Revelación y de toda idea religiosa, dieron paso al culto de la moral
natural, al materialismo de Priestley, al sensualismo de Condillach y al
naturalismo de Rousseau. La figura irónica y cínica de Voltaire subrayó esta
fase de irreligiosidad. En Francia apareció la Enciclopedia. Un grupo de
pensadores, dirigidos por Diderot, concibió la idea de realizar una
recopilación del saber humano.
Suele
decirse que la Filosofía nació en Grecia, y esto es verdad sólo en parte,
porque también existe una filosofía egipcia, persa, china, etc., anterior a
la helénica. No obstante, es indudable que el pensamiento europeo se ha
impuesto, y es la Filosofía clásica europea la que ha llegado a mayor altura
en sus especulaciones, pues las filosofías orientales se confunden y se
pierden en consideraciones de tipo religioso y moral. La primera
preocupación del pensamiento griego fue el mundo exterior, y una serie de
filósofos anteriores a Sócrates dedicaron su vida a estudiar qué era y de
qué estaba hecho el mundo que veían.
Thales de Mileto, que vivió en el siglo
VI a. de J.C. fue considerado como uno de los siete sabios de Grecia (los
restantes fueron Cleóbalo de Lindos, Solón de Atenas, Chilón de Esparta,
Pittacos de Lesbos, Bías de Pirene y Beriandro de Corinto). Thales debió ser
un personaje extraordinario; astrónomo, geógrafo, físico y filósofo a la
vez. Fue el primero en plantarse el problema del auténtico ser de las cosas,
y que las cosas no eran lo que parecían ni tal como se presentaban a nuestra
vista. A su juicio el origen de todo era el agua.
Pitágoras, que fue
contemporáneo de Thales, era natural de Samos y fundó una religión con un
ideal de vida muy elevado. Sus seguidores vivían en comunidades entregadas
al estudio. Para él los números eran el principio de todas las cosas y
redujo a números las magnitudes, desde los fenómenos astronómicos a los
musicales, con lo que llegó a vislumbrar una armonía universal. Su doctrina
acerca del alma dice que ésta sobrevive después de la muerte y transmigra de
unos cuerpos a otros en premio o castigo a su vida anterior, por lo que es
preciso una vida austera y conforme con ciertas reglas morales.
Jenófanes,
que vivió 500 años a. de J.C., elaboró una idea racional de Dios, a quien
concibió como ser único, eterno, inmutable y simple. "Dios, decía, no tiene
manos ni pies ni oídos, y sin embargo ve, oye y, sobre todo, piensa." Entre
los filósofos anteriores a Sócrates está Heráclito, para quien el mundo está
cambiando continuamente ("nadie puede bañarse dos veces en el mismo río",
decía para dar una idea viva del cambio). Empédocles expuso su teoría de los
ciclos consecutivos en el Universo, cuyas destrucciones y reconstrucciones
sucesivas se realizan en virtud de las fuerzas opuestas: amor y odio.
Demócrito fundó la teoría atómica según la cual todos los cuerpos se
componen de átomos, y las cosas cambian por la fuerza de estos átomos en
choque. Protágoras fue el primer escéptico, fundador de la escuela
sofística, para quien el hombre es la medida de todas las cosas. Pero desde
Sócrates, los filósofos, cansados de contemplar el cosmos, o tal vez al
comprobar lo poco que habían logrado saber de sus misterios y estructura,
volvieron la mirada hacia sí mismos y se dieron cuenta de que su interior
era también un pequeño mundo, un microcosmos. Luego se dedicaron a estudiar
la vida interna, el pensar, el sentir y el querer, y descubrieron que lo más
importante era la conducta que ha de seguir el hombre para el logro de la
felicidad, única meta de la vida. Aparecen entonces los que pudiéramos
llamar los tres grandes de la Filosofía: Sócrates, Platón y Aristóteles.
Sócrates, el primer filósofo de quien poseemos noticias exactas, no escribió
nada o al menos no dejó libros escritos, pero por sus discípulos, sobre todo
por Platón, conocemos su vida y sus doctrinas. Vivió pobre y sin
pretensiones. En la plaza central de Atenas enseñaba por medio de hábiles
interrogatorios de modo que el propio discípulo llegara a descubrir la
verdad. Conversaba con sus amigos, irónico y burlón; daba sus enseñanzas sin
exigir nada a cambio. Es más, atacaba a los sofistas porque cobraban por
enseñar.
La imagen histórica de Sócrates se vio completada por su muerte,
ocurrida en el año 399 a. de J.C. Fue acusado de perturbador de la juventud
y se le obligó a beber la cicuta. El principio de su filosofía es el
reconocimiento de la propia ignorancia, y para alumbrar la verdad utilizaba
un método que constaba de dos fases: "Ironía" (fase destructiva) y
"Mayéutica" (fase constructiva). Su procedimiento didáctico era el diálogo.
Aconsejó que se viviera conforme a la razón, pues sólo el ignorante obra
mal: "Encontrarás la satisfacción interior por la vida moral." "El objeto de
la vida del hombre es buscar la sabiduría." "Conócete a ti mismo." "Sólo sé
que no sé nada", son frases de Sócrates. Platón, discípulo de Sócrates,
cifró el objeto de la vida del hombre en la busca de la justicia. Fundó su
escuela en un parque dedicado al héroe Academos, por lo que tomó el nombre
de Academia. Sus escritos relacionados con las enseñanzas de Sócrates, y
conservados en su mayoría, llevan el nombre de "Diálogos". Admitió una doble
realidad: la inteligible, que está dentro de nosotros, y la sensible, que
está fuera de nosotros, por lo que distinguió también un doble conocimiento:
el de la razón y el de los sentidos. Simbolizó la vida humana con el mito
del carro alado tirado por dos caballos y conducido por un auriga. El carro
representa el cuerpo de los dos corceles, uno es obediente y lleva el carro
por el buen camino, pero el otro se resiste a las riendas y empuja el carro
a la perdición.
El alma está representada por el cochero y los dos caballos,
o sea las tres fuerzas que la mueven: la "razón", que es el cochero; el
caballo obediente, que es el "ánimo", y el caballo díscolo, que es el
"apetito". Platón también elaboró una doctrina completa acerca del estado y
de los mejores medios para gobernar la sociedad, así como para conseguir una
eficaz enseñanza y educación de los ciudadanos. Aristóteles, que vivió en el
siglo IV a. de J.C., buscó las raíces de la Filosofía, el saber general en
su sentido más elevado. Es el fundador de la Lógica. Descubrió el silogismo
y la demostración, y es el verdadero estructurador de la Metafísica.
Pertenecía a una familia muy culta, pues su padre fue médico de los reyes de
Macedonia; y él maestro de Alejandro Magno. Permaneció veinte años al lado
de Platón, estudiando en la Academia. Es muy difícil resumir su doctrina,
pues abarcó todos los problemas suscitados hasta entonces por los filósofos
que le precedieron. Ante la posición del cambio constante que defendía
Heráclito, y del ser permanente que proponía Parménides, inventó la teoría
del acto y la potencia, en virtud de la cual en las cosas hay algo que nunca
cambia y algo que puede cambiar. La potencia es lo susceptible de cambio, y
el acto es lo que permanece en un momento dado, por ejemplo, un huevo es en
acto huevo, y en potencia, la gallina.
Para Aristóteles el alma es el
principio vital, vegetativo en las plantas, sensitivo en los animales y
racional en el hombre. La moralidad debe conformarse con los dictámenes de
la razón. El hombre para él es un animal político y el Estado ha de tener
por base la familia y la propiedad privada. Durante toda la Edad Media fue
venerado como "el filósofo por excelencia", de tal manera que los demás se
consideraban sólo como sus "comentaristas". Séneca fue el primer filósofo
español. Nació en Córdoba, aunque desarrolló su labor en Roma y llegó a ser
preceptor de Nerón, del cual recibió más tarde la orden de suicidarse.
Siguió la doctrina estoica, según la cual el cuerpo es la cárcel del alma y
hay que renunciar a todo deseo sin afectarse por los contratiempos a fin de
conseguir la felicidad.
Su filosofía fue exclusivamente moral. Filón el
judío intentó una conciliación entre la filosofía griega y la religión
mosaica. Plotino fue un expositor genial de las doctrinas de Platón. Los
filósofos que se sucedieron después son ya de menor importancia, pues se
conforman con especulaciones sobre la conducta humana, abandonando el
estudio de muchos problemas, y enredándose en discusiones sobre aspectos
parciales, sin comprender el sentido de totalidad propio de la ciencia
filosófica.
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LOS PROBLEMAS DEL MOMENTO. |
Cada época, a lo largo de la Historia, ha planteado problemas distintos
cuyas notas esenciales estaban íntimamente ligadas a los intereses y a las
formas de vida presentes en aquel instante. El momento que hoy vivimos,
finales del siglo XX, se muestra extremadamente rico en hechos e inquietudes
de todas clases. En primer lugar, la Ciencia. Nunca se había dado un proceso
general, tan extenso e intenso al mismo tiempo, de investigación científica,
y en ninguna época anterior se había llegado al descubrimiento de tantas
verdades cuya aplicación a la vida corriente hubiesen transformado de tal
modo la existencia.
Noventa años atrás no se conocía la aviación y hoy el
hombre se dispone a conquistar el espacio extraterrestre con grandes
seguridades de triunfar. No es necesario detallar los progresos conseguidos
en el campo de la Biología, la Química, la Física, etc., para admitir el
hecho de que nuestro momento histórico es de carácter eminentemente
científico. Pero coincidiendo con este hecho de preponderancia, la Ciencia
moderna se muestra singularmente prudente y parca en disquisiciones de tipo
filosófico. Han sido tantas las afirmaciones tenidas como ciertas que en el
siglo presente se han venido abajo, que el hombre de ciencia se resiste a
admitir una verdad como una entidad permanente, absoluta. El determinismo
que caracterizó tiempos anteriores ha dado paso a un probabilismo. Es decir,
que los hechos sean como la Ciencia los describe e interpreta es sólo un
hecho probable aunque el porcentaje de probabilidad sea elevadísimo. Al
juntar pedacitos muy diminutos de granos amarillos y granos azules,
tendremos un montón de granos verdes al contemplarlo a distancia. ¿Es
posible que agitándolos nuevamente logremos separar los azules a un lado y
los amarillos a otro? Es posible, aunque la probabilidad de que esto ocurra
sea prácticamente nula. Así, Perrin calculó las probabilidades que existen
para que los casuales golpes de moléculas del aire empujaran un objeto hacia
lo alto contrarrestando la fuerza de la gravedad. El hecho podría suceder
cada diez elevado a diez mil millones de años.
Prácticamente, jamás. Cuando
se empezó a estudiar seriamente la estructura del átomo fue descrito como un
sistema planetario en el cual el núcleo equivalía al Sol y los electrones a
los planetas que giran a su alrededor. Hoy se admite que la composición de
la materia, lo que sea el núcleo, el átomo, etc., es irrepresentable, no
tiene cabida en la imaginación humana. La estructura atómica es
inimaginable. Al pensar en qué será "lo último" de la materia concreta, la
Física deja paso a la matemática y quedan sólo unas cifras, unas
determinantes o unas fórmulas que sólo poseen un valor explicativo para los
iniciados. El eterno mito de las puertas que se abren para mostrar nuevas
estancias con nuevas puertas cerradas es cierto cuando intentamos explicar
nuestro mundo natural. De ahí que la Ciencia, en el momento cumbre de su
esplendor, quiera limitarse a investigaciones concretas, rehuyendo la
Metafísica que ha vuelto a manos de los filósofos, los cuales han de dar una
interpretación de los hechos hasta hoy descubiertos sin que les importe la
posible caducidad de sus conclusiones.
Otro aspecto de la inquietud
filosófica presente radica en el interés extraordinario de la investigación
sociológica. En este punto el filósofo y el economista han sucedido al
político. Ya no es posible lanzarse alegremente a especulaciones y
construcción de entelequias políticas o sociales. El mundo se rige por unas
leyes económicas muy severas y tan concretas como pueden serlo las leyes
físicas porque son leyes matemáticas. De un lado, el estudio de la economía,
la producción, las necesidades sociales, y de otro un intento de
interpretación histórico del fenómeno humano a base no sólo de profundizar
en la Filosofía de la Historia, sino en la investigación de las formas de
vida de los pueblos primitivos en un intento de sintetizar y abarcar el
proceso humano para determinar su probable marcha hacia el futuro. Los
problemas del hambre, de superpoblación, de razas, etc., de carácter
político y social atraen la atención de los filósofos para darles adecuada
solución al servicio de distintos ideales. Pero sin duda alguna, donde se ha
demostrado más intensa aunque más descorazonadora la acción de la vida
moderna en el campo del pensamiento ha sido en lo que se refiere a la
Psicología. Freud, a principio de siglo, dio a conocer el mundo turbio y
excitante, pero real, del subconsciente.
Las dos grandes contiendas sufridas
en menos de treinta años de intervalo han ocasionado una corriente de tono
francamente pesimista. Ya hemos dicho cómo el existencialismo ha sido la
tendencia dominante de las juventudes de posguerra. En Francia, Jean Paul
Sartre, novelista, dramaturgo y escritor famoso, exponía la náusea que la
existencia produce. Para él y sus seguidores el hecho de existir es
terriblemente desconsolador. Los hombres son lobos para los otros hombres y
no existe nada digno de ser vivido, excepto la experiencia de la muerte, a
la cual, por trágico destino, no podemos entregarnos. Incluso el amor es el
dominio de una persona sobre otra. La nada nos rodea. La Literatura ha dado
innumerables temas en los que el análisis de los hechos más morbosos o
crueles ha puesto de relieve la existencia de un pozo de angustia y de miedo
que acompaña nuestra vida. Se han analizado los casos de máxima perversión y
las conductas más ilógicas como muestra de hasta dónde puede llegar el
hombre en el vacío caminar que es su existir.
En España, estas tendencias se
han suavizado considerablemente por el temperamental optimismo de nuestra
raza. Ortega y Gasset (mucho antes que los existencialistas) sentaba su
teoría de la razón vital. La existencia para él era un quehacer constante,
más atractiva por cuanto es libre. Cada uno de nosotros crea nuestra propia
historia. No vivimos solos, sino rodeados de una circunstancia (hombre,
clima, población, trabajo, etc.) y ésta se extiende desde un lejanísimo
pasado hasta un futuro que se va haciendo según esta elaboración que viene
determinada por la frase "Yo soy yo y mi circunstancia". Ortega y Gasset no
era un pesimista, sino un hombre con los ojos abiertos a este maravilloso
espectáculo que es la vida. La conducta concreta del hombre se define por la
aceptación de un orden de valores. Max Scheler (1874-1928) dio a conocer su
axiología, es decir, la existencia de un orden sentimental, no determinado
exclusivamente por la razón ni la ciencia, alógico, en el que la carga
afectiva pesa en forma extraordinaria. Cada uno de nosotros escribe en su
interior una escala de prelaciones y sitúa en lo más alto un ideal y tras él
otro y otro. A esta valoración se atiene su conducta. Para llegar a esta
construcción interna, el hombre se deja llevar por la intuición. Estos
valores poseen una intencionalidad, mueven la conducta, pero no deben
confundirse con el deseo.
En la vida de una persona se produce precisamente
el choque entre el deseo y el deber porque aquél creó su escala de valores
ideales y el apetito solicitó algo que está en pugna con esta escala de
valoración. Yo puedo desear la muerte de mi enemigo, pero mi catalogación de
valores morales me censura este deseo. A cada valor positivo corresponde su
contrario y todos ellos se encuentran jerarquizados. Para esta persona los
valores o ideales religiosos están en lo más alto y los crematísticos son
situados en el ínfimo peldaño de la escala. Para otra, los valores o ideas
de Patria están por encima de cualquier consideración y a ellos se supeditan
los de honor, familia, religión, amistad, etc. Según Scheler, las clases de
valores que existen son: 1. Económicos o de utilidad (dinero). 2. Vitales
(salud, valor, nobleza, etc.). 3. Espirituales: lógicos, estéticos o éticos.
4. Religiosos. La Cultura, el progreso, el hacer histórico no son sino un
aplicación a lo ancho del espacio y a lo largo del tiempo de los distintos
conceptos de valor en vigencia para cada hombre y en cada época. Aquí se
unen la Moral, la Estética, la Política, la Lógica, etc., pues el futuro de
la Humanidad reside en la ejecutoria y la preponderancia de los valores más
nobles sobre los más bajos.
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LOS SISTEMAS FILOSOFICOS. |
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