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LOS CLÁSICOS.

Suele decirse que la Filosofía nació en Grecia, y esto es verdad sólo en parte, porque también existe una filosofía egipcia, persa, china, etc.,

 anterior a la helénica. No obstante, es indudable que el pensamiento europeo se ha impuesto, y es la Filosofía clásica europea la que ha llegado a mayor altura en sus especulaciones, pues las filosofías orientales se confunden y se pierden en consideraciones de tipo religioso y moral. La primera preocupación del pensamiento griego fue el mundo exterior, y una serie de filósofos anteriores a Sócrates dedicaron su vida a estudiar qué era y de qué estaba hecho el mundo que veían.

Thales de Mileto, que vivió en el siglo VI a. de J.C. fue considerado como uno de los siete sabios de Grecia (los restantes fueron Cleóbalo de Lindos, Solón de Atenas, Chilón de Esparta, Pittacos de Lesbos, Bías de Pirene y Beriandro de Corinto). Thales debió ser un personaje extraordinario; astrónomo, geógrafo, físico y filósofo a la vez. Fue el primero en plantarse el problema del auténtico ser de las cosas, y que las cosas no eran lo que parecían ni tal como se presentaban a nuestra vista. A su juicio el origen de todo era el agua.

Pitágoras, que fue contemporáneo de Thales, era natural de Samos y fundó una religión con un ideal de vida muy elevado. Sus seguidores vivían en comunidades entregadas al estudio. Para él los números eran el principio de todas las cosas y redujo a números las magnitudes, desde los fenómenos astronómicos a los musicales, con lo que llegó a vislumbrar una armonía universal. Su doctrina acerca del alma dice que ésta sobrevive después de la muerte y transmigra de unos cuerpos a otros en premio o castigo a su vida anterior, por lo que es preciso una vida austera y conforme con ciertas reglas morales.

Jenófanes, que vivió 500 años a. de J.C., elaboró una idea racional de Dios, a quien concibió como ser único, eterno, inmutable y simple. "Dios, decía, no tiene manos ni pies ni oídos, y sin embargo ve, oye y, sobre todo, piensa." Entre los filósofos anteriores a Sócrates está Heráclito, para quien el mundo está cambiando continuamente ("nadie puede bañarse dos veces en el mismo río", decía para dar una idea viva del cambio). Empédocles expuso su teoría de los ciclos consecutivos en el Universo, cuyas destrucciones y reconstrucciones sucesivas se realizan en virtud de las fuerzas opuestas: amor y odio.

Demócrito fundó la teoría atómica según la cual todos los cuerpos se componen de átomos, y las cosas cambian por la fuerza de estos átomos en choque. Protágoras fue el primer escéptico, fundador de la escuela sofística, para quien el hombre es la medida de todas las cosas. Pero desde Sócrates, los filósofos, cansados de contemplar el cosmos, o tal vez al comprobar lo poco que habían logrado saber de sus misterios y estructura, volvieron la mirada hacia sí mismos y se dieron cuenta de que su interior era también un pequeño mundo, un microcosmos. Luego se dedicaron a estudiar la vida interna, el pensar, el sentir y el querer, y descubrieron que lo más importante era la conducta que ha de seguir el hombre para el logro de la felicidad, única meta de la vida. Aparecen entonces los que pudiéramos llamar los tres grandes de la Filosofía: Sócrates, Platón y Aristóteles. Sócrates, el primer filósofo de quien poseemos noticias exactas, no escribió nada o al menos no dejó libros escritos, pero por sus discípulos, sobre todo por Platón, conocemos su vida y sus doctrinas. Vivió pobre y sin pretensiones. En la plaza central de Atenas enseñaba por medio de hábiles interrogatorios de modo que el propio discípulo llegara a descubrir la verdad. Conversaba con sus amigos, irónico y burlón; daba sus enseñanzas sin exigir nada a cambio. Es más, atacaba a los sofistas porque cobraban por enseñar.

La imagen histórica de Sócrates se vio completada por su muerte, ocurrida en el año 399 a. de J.C. Fue acusado de perturbador de la juventud y se le obligó a beber la cicuta. El principio de su filosofía es el reconocimiento de la propia ignorancia, y para alumbrar la verdad utilizaba un método que constaba de dos fases: "Ironía" (fase destructiva) y "Mayéutica" (fase constructiva). Su procedimiento didáctico era el diálogo. Aconsejó que se viviera conforme a la razón, pues sólo el ignorante obra mal: "Encontrarás la satisfacción interior por la vida moral." "El objeto de la vida del hombre es buscar la sabiduría." "Conócete a ti mismo." "Sólo sé que no sé nada", son frases de Sócrates. Platón, discípulo de Sócrates, cifró el objeto de la vida del hombre en la busca de la justicia. Fundó su escuela en un parque dedicado al héroe Academos, por lo que tomó el nombre de Academia. Sus escritos relacionados con las enseñanzas de Sócrates, y conservados en su mayoría, llevan el nombre de "Diálogos". Admitió una doble realidad: la inteligible, que está dentro de nosotros, y la sensible, que está fuera de nosotros, por lo que distinguió también un doble conocimiento: el de la razón y el de los sentidos. Simbolizó la vida humana con el mito del carro alado tirado por dos caballos y conducido por un auriga. El carro representa el cuerpo de los dos corceles, uno es obediente y lleva el carro por el buen camino, pero el otro se resiste a las riendas y empuja el carro a la perdición.

El alma está representada por el cochero y los dos caballos, o sea las tres fuerzas que la mueven: la "razón", que es el cochero; el caballo obediente, que es el "ánimo", y el caballo díscolo, que es el "apetito". Platón también elaboró una doctrina completa acerca del estado y de los mejores medios para gobernar la sociedad, así como para conseguir una eficaz enseñanza y educación de los ciudadanos. Aristóteles, que vivió en el siglo IV a. de J.C., buscó las raíces de la Filosofía, el saber general en su sentido más elevado. Es el fundador de la Lógica. Descubrió el silogismo y la demostración, y es el verdadero estructurador de la Metafísica. Pertenecía a una familia muy culta, pues su padre fue médico de los reyes de Macedonia; y él maestro de Alejandro Magno. Permaneció veinte años al lado de Platón, estudiando en la Academia. Es muy difícil resumir su doctrina, pues abarcó todos los problemas suscitados hasta entonces por los filósofos que le precedieron. Ante la posición del cambio constante que defendía Heráclito, y del ser permanente que proponía Parménides, inventó la teoría del acto y la potencia, en virtud de la cual en las cosas hay algo que nunca cambia y algo que puede cambiar. La potencia es lo susceptible de cambio, y el acto es lo que permanece en un momento dado, por ejemplo, un huevo es en acto huevo, y en potencia, la gallina.

Para Aristóteles el alma es el principio vital, vegetativo en las plantas, sensitivo en los animales y racional en el hombre. La moralidad debe conformarse con los dictámenes de la razón. El hombre para él es un animal político y el Estado ha de tener por base la familia y la propiedad privada. Durante toda la Edad Media fue venerado como "el filósofo por excelencia", de tal manera que los demás se consideraban sólo como sus "comentaristas". Séneca fue el primer filósofo español. Nació en Córdoba, aunque desarrolló su labor en Roma y llegó a ser preceptor de Nerón, del cual recibió más tarde la orden de suicidarse. Siguió la doctrina estoica, según la cual el cuerpo es la cárcel del alma y hay que renunciar a todo deseo sin afectarse por los contratiempos a fin de conseguir la felicidad.

Su filosofía fue exclusivamente moral. Filón el judío intentó una conciliación entre la filosofía griega y la religión mosaica. Plotino fue un expositor genial de las doctrinas de Platón. Los filósofos que se sucedieron después son ya de menor importancia, pues se conforman con especulaciones sobre la conducta humana, abandonando el estudio de muchos problemas, y enredándose en discusiones sobre aspectos parciales, sin comprender el sentido de totalidad propio de la ciencia filosófica.


LOS PROBLEMAS DEL MOMENTO.

 Cada época, a lo largo de la Historia, ha planteado problemas distintos cuyas notas esenciales estaban íntimamente ligadas a los intereses y a las formas de vida presentes en aquel instante. El momento que hoy vivimos, finales del siglo XX, se muestra extremadamente rico en hechos e inquietudes de todas clases. En primer lugar, la Ciencia. Nunca se había dado un proceso general, tan extenso e intenso al mismo tiempo, de investigación científica, y en ninguna época anterior se había llegado al descubrimiento de tantas verdades cuya aplicación a la vida corriente hubiesen transformado de tal modo la existencia.

Noventa años atrás no se conocía la aviación y hoy el hombre se dispone a conquistar el espacio extraterrestre con grandes seguridades de triunfar. No es necesario detallar los progresos conseguidos en el campo de la Biología, la Química, la Física, etc., para admitir el hecho de que nuestro momento histórico es de carácter eminentemente científico. Pero coincidiendo con este hecho de preponderancia, la Ciencia moderna se muestra singularmente prudente y parca en disquisiciones de tipo filosófico. Han sido tantas las afirmaciones tenidas como ciertas que en el siglo presente se han venido abajo, que el hombre de ciencia se resiste a admitir una verdad como una entidad permanente, absoluta.

El determinismo que caracterizó tiempos anteriores ha dado paso a un probabilismo. Es decir, que los hechos sean como la Ciencia los describe e interpreta es sólo un hecho probable aunque el porcentaje de probabilidad sea elevadísimo. Al juntar pedacitos muy diminutos de granos amarillos y granos azules, tendremos un montón de granos verdes al contemplarlo a distancia. ¿Es posible que agitándolos nuevamente logremos separar los azules a un lado y los amarillos a otro? Es posible, aunque la probabilidad de que esto ocurra sea prácticamente nula. Así, Perrin calculó las probabilidades que existen para que los casuales golpes de moléculas del aire empujaran un objeto hacia lo alto contrarrestando la fuerza de la gravedad. El hecho podría suceder cada diez elevado a diez mil millones de años.

Prácticamente, jamás. Cuando se empezó a estudiar seriamente la estructura del átomo fue descrito como un sistema planetario en el cual el núcleo equivalía al Sol y los electrones a los planetas que giran a su alrededor. Hoy se admite que la composición de la materia, lo que sea el núcleo, el átomo, etc., es irrepresentable, no tiene cabida en la imaginación humana. La estructura atómica es inimaginable. Al pensar en qué será "lo último" de la materia concreta, la Física deja paso a la matemática y quedan sólo unas cifras, unas determinantes o unas fórmulas que sólo poseen un valor explicativo para los iniciados. El eterno mito de las puertas que se abren para mostrar nuevas estancias con nuevas puertas cerradas es cierto cuando intentamos explicar nuestro mundo natural. De ahí que la Ciencia, en el momento cumbre de su esplendor, quiera limitarse a investigaciones concretas, rehuyendo la Metafísica que ha vuelto a manos de los filósofos, los cuales han de dar una interpretación de los hechos hasta hoy descubiertos sin que les importe la posible caducidad de sus conclusiones.

Otro aspecto de la inquietud filosófica presente radica en el interés extraordinario de la investigación sociológica. En este punto el filósofo y el economista han sucedido al político. Ya no es posible lanzarse alegremente a especulaciones y construcción de entelequias políticas o sociales. El mundo se rige por unas leyes económicas muy severas y tan concretas como pueden serlo las leyes físicas porque son leyes matemáticas. De un lado, el estudio de la economía, la producción, las necesidades sociales, y de otro un intento de interpretación histórico del fenómeno humano a base no sólo de profundizar en la Filosofía de la Historia, sino en la investigación de las formas de vida de los pueblos primitivos en un intento de sintetizar y abarcar el proceso humano para determinar su probable marcha hacia el futuro. Los problemas del hambre, de superpoblación, de razas, etc., de carácter político y social atraen la atención de los filósofos para darles adecuada solución al servicio de distintos ideales. Pero sin duda alguna, donde se ha demostrado más intensa aunque más descorazonadora la acción de la vida moderna en el campo del pensamiento ha sido en lo que se refiere a la Psicología. Freud, a principio de siglo, dio a conocer el mundo turbio y excitante, pero real, del subconsciente.

Las dos grandes contiendas sufridas en menos de treinta años de intervalo han ocasionado una corriente de tono francamente pesimista. Ya hemos dicho cómo el existencialismo ha sido la tendencia dominante de las juventudes de posguerra. En Francia, Jean Paul Sartre, novelista, dramaturgo y escritor famoso, exponía la náusea que la existencia produce. Para él y sus seguidores el hecho de existir es terriblemente desconsolador. Los hombres son lobos para los otros hombres y no existe nada digno de ser vivido, excepto la experiencia de la muerte, a la cual, por trágico destino, no podemos entregarnos. Incluso el amor es el dominio de una persona sobre otra. La nada nos rodea. La Literatura ha dado innumerables temas en los que el análisis de los hechos más morbosos o crueles ha puesto de relieve la existencia de un pozo de angustia y de miedo que acompaña nuestra vida. Se han analizado los casos de máxima perversión y las conductas más ilógicas como muestra de hasta dónde puede llegar el hombre en el vacío caminar que es su existir.

En España, estas tendencias se han suavizado considerablemente por el temperamental optimismo de nuestra raza. Ortega y Gasset (mucho antes que los existencialistas) sentaba su teoría de la razón vital. La existencia para él era un quehacer constante, más atractiva por cuanto es libre. Cada uno de nosotros crea nuestra propia historia. No vivimos solos, sino rodeados de una circunstancia (hombre, clima, población, trabajo, etc.) y ésta se extiende desde un lejanísimo pasado hasta un futuro que se va haciendo según esta elaboración que viene determinada por la frase "Yo soy yo y mi circunstancia". Ortega y Gasset no era un pesimista, sino un hombre con los ojos abiertos a este maravilloso espectáculo que es la vida. La conducta concreta del hombre se define por la aceptación de un orden de valores.

Max Scheler (1874-1928) dio a conocer su axiología, es decir, la existencia de un orden sentimental, no determinado exclusivamente por la razón ni la ciencia, alógico, en el que la carga afectiva pesa en forma extraordinaria. Cada uno de nosotros escribe en su interior una escala de prelaciones y sitúa en lo más alto un ideal y tras él otro y otro. A esta valoración se atiene su conducta. Para llegar a esta construcción interna, el hombre se deja llevar por la intuición. Estos valores poseen una intencionalidad, mueven la conducta, pero no deben confundirse con el deseo.

En la vida de una persona se produce precisamente el choque entre el deseo y el deber porque aquél creó su escala de valores ideales y el apetito solicitó algo que está en pugna con esta escala de valoración. Yo puedo desear la muerte de mi enemigo, pero mi catalogación de valores morales me censura este deseo. A cada valor positivo corresponde su contrario y todos ellos se encuentran jerarquizados. Para esta persona los valores o ideales religiosos están en lo más alto y los crematísticos son situados en el ínfimo peldaño de la escala. Para otra, los valores o ideas de Patria están por encima de cualquier consideración y a ellos se supeditan los de honor, familia, religión, amistad, etc. Según Scheler, las clases de valores que existen son: 1. Económicos o de utilidad (dinero). 2. Vitales (salud, valor, nobleza, etc.). 3. Espirituales: lógicos, estéticos o éticos. 4. Religiosos. La Cultura, el progreso, el hacer histórico no son sino un aplicación a lo ancho del espacio y a lo largo del tiempo de los distintos conceptos de valor en vigencia para cada hombre y en cada época. Aquí se unen la Moral, la Estética, la Política, la Lógica, etc., pues el futuro de la Humanidad reside en la ejecutoria y la preponderancia de los valores más nobles sobre los más bajos.


LOS SISTEMAS FILOSÓFICOS.

 Así como las ciencias presentan sus conocimientos propios en un solo sistema u ordenación, la Filosofía ofrece la pluralidad de sistemas diversos. A continuación se expone la definición de los más importantes por orden cronológico de aparición en la Historia. Monismo. se dio este nombre al sistema seguido por algunos filósofos griegos, anteriores a Sócrates, que admitían una sola sustancia como origen de todas las cosas: Para Thales, era el agua; para Anaxímenes, el aire; para Heráclito, el fuego.

También se da este nombre a otros sistemas filosóficos que sólo admiten en el mundo una sustancia primaria; como la materia para los materialistas o el espíritu para los idealistas. Pluralismo. El sistema de los primeros filósofos griegos que admitían varias sustancias primarias como origen de todas las cosas, o sea agua, tierra, aire y fuego a la vez, los cuatro elementos. Dualismo. Admite la existencia de dos principios: espíritu y materia para unos; mal y bien para otros. Atomismo. Considera el átomo como parte esencial de todos los cuerpos, que no son sino agregados de átomos.

Sofismo. La Filosofía tomada en simple sentido de erudición con excesivo apego a la razón individual, lo que implica una concepción excéptica de la vida. Los sofistas eran malabaristas de la verdad. Humanismo. El hombre como centro de toda Filosofía. Innatismo. Admite que las ideas son innatas, o sea que el hombre, al nacer, ya lleva en sí el principio de todos los conocimientos. Hedonismo. el fin de toda la especulación filosófica y la norma de la conducta humana es para los hedonistas el placer. Estoicismo. Es preciso renunciar serenamente a muchas cosas y no dejarse llevar por los excesos en el sufrimiento ni en la alegría, para vivir conforme a la naturaleza, o sea conforme a la razón. La libertad interior se conquista mediante la lucha con las pasiones hasta llegar a la apatía o serenidad del ánimo. Escepticismo. Niega la validez, tanto de las percepciones sensibles como del conocimiento intelectual y declara la esencia de las cosas incognoscible.

El hombre, según él, no debe adherirse a ideales de ninguna clase. Dogmatismo. Creencia en los dogmas o principios establecidos por los grandes filósofos. Voluntarismo. Da a la voluntad, la primacía entre todas las facultades del alma. Intelectualismo. Señala a la inteligencia como factor primordial de la vida del hombre. Escolasticismo. Sistema filosófico que sigue la síntesis completa lograda por Santo Tomás, al coordinar el pensamiento cristiano con la doctrina de Aristóteles. Realismo. Los conceptos universales abstractos son una realidad tan viva como la de los seres creados. Nominalismo. Los conceptos generales, las ideas universales, como "Justicia", no existen en la realidad, pues sólo son nombres, palabras, pero nada más. Empirismo. Sistema que fundamenta la verdad de los conocimientos filosóficos en la experiencia. Ninguna afirmación es válida si no está comprobada por la realidad. Racionalismo. Construye la Filosofía con el uso exclusivo de la razón, mediante deducciones sistemáticas, sacadas de unos principios que se consideran evidentes. Ocasionalismo. Los seres sólo han sido creados para dar ocasión de obrar al Creador, como el cuerpo ha sido creado y dispuesto como ocasión para el obrar del alma. Materialismo. Surge de la aplicación del empirismo a los problemas psíquicos y considera la materia como la única realidad existente.

Deísmo. Doctrina filosófica que confía la solución de los problemas religiosos a la razón natural, sin ayuda de la Revelación. Sensualismo. Todo en el hombre proviene de la sensación, ya que sin los sentidos el hombre sería como una estatua, y una estatua que tuviera sentidos obraría como el hombre. Los pensamientos no son otra cosa que sensaciones transformadas. Naturalismo. Defiende la vuelta del hombre a la vida natural, pues el hombre es bueno por naturaleza y la sociedad la corrompe. Criticismo. Sistema que critica la sola validez de la razón para alcanzar el conocimiento científico, y supone el examen previo de la misma antes de aceptar cualquier teoría del conocimiento. Idealismo. Afirma el predomino de las ideas ante las realidades del Universo. Hay varios sistemas idealistas, entre los que destacan los de Platón, Berkeley, Kant y sus seguidores. El idealismo exagerado conduce a afirmar que el mundo exterior no existe y que los objetos no son sino proyecciones de nuestro pensamiento. Positivismo. No admite otra verdad que la doctrina positiva de las ciencias y rechaza la conciencia o sentido íntimo como fuente de conocimiento. Sólo admite la experiencia sensorial.

Psicologismo. Supone que todo en Filosofía es subjetivo; que todo se resume en opiniones personales sin valor objetivo y real. Hijo del positivismo, es una tendencia a reducir todos los procesos filosóficos a meros capítulos de la Psicología. Fenomenología. Los objetos poseen un ser ideal y la manifestación de este ser en la cosa es el fenómeno. El estudio de estos fenómenos mediante la intuición es la base de este sistema. Axiología. Es la doctrina de los valores. El valor no depende de la apreciación personal, sino que existe por sí mismo; es una cualidad ideal de los objetos que están dotados de propiedades características. Historicismo. Es la manera de interpretar la Filosofía como si no fuese otra cosa que la mera relación de las diversas teorías de los filósofos en permanente evolución. Neoescolasticismo.

Es el retorno a la Filosofía escolástica, pero a la luz del pensamiento y de los descubrimientos. Existencialismo. Es el sistema que considera la existencia humana como centro de toda especulación. El hombre está solo, inmerso en el mundo y condenado a morir. Siente la angustia de su destino porque la existencia humana confina por todos lados con la nada. Reivindica el valor de la persona y exalta el poder de la libertad.

     
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