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BRAHMA. Los innumerables
dioses védicos no pudieron impedir el deseo de dar con un ser más poderoso,
un dios único capaz de dominarlos a todos y que, en última instancia,
regiría el mundo. Este dios o principio fue Brahma. Sin embargo, las
tendencias politeístas eran tan fuertes que de Brahma empezaron a surgir,
por sucesivas emanaciones, multitud de dioses porque en la India todo es
Dios y todo procede de Dios. Un sacerdote hindú afirmaba que existen unos
333 millones de dioses. En la nueva reforma religiosa existía un principio
universal todopoderoso, "brahma", y un principio particular de cada uno de
nosotros, el "atman", el ser concreto. La filosofía desarrollada a raíz de
estos principios llegó a conclusiones verdaderamente curiosas. En los libros
sagrados o Upanishadas, así como en los poemas épicos, el Mahabárata y el
Ramayana, se esbozan las líneas de este pensamiento. Todo ha de volver al
espíritu del dios, todo ha de pasar y suceder. Nuestra vida actual no es
sino el premio o castigo de otras vidas anteriores.
El "karma" es la
encarnación indefinida. El ladrón, al morir, deja su cuerpo en la sepultura,
pero su espíritu va a informar el cuerpo de un cuervo o de un gato. Por
sucesivas depuraciones se va ascendiendo en la escala de perfección hasta
que un día el alma consigue el nirvana eterno, la aniquilación total. Una
trilogía de dioses preside el desarrollo de la vida en el mundo, cada uno de
los cuales tiene una esposa: Brahma y Saravasti, Siva (imagen) y Kali, Visnú y
Lakshui. También en la India encontramos vestigios de mitos o hechos reales
señalados en otras religiones. Así, se habla de cómo Visnú se convirtió en
pez cuando ocurrió el gran diluvio que inundó la tierra, y salvó con esta
transformación los libros del Manu, código supremo del hinduismo.
El
hinduismo fue siempre una religión eminentemente sacerdotal. Los monjes,
santones, brahmanes y fakires eran, y son, muy respetados por el pueblo. La
reverencia, por ejemplo, hacia las vacas, consideradas animales sagrados, es
uno de los factores del hambre endémica de la India, el país que consume
menos leche del mundo porque no es lícito extraerla de las innumerables
vacas que gozan de consideración superior a la de un ser humano. Sin
embargo, el hinduismo sufrió una transformación profunda al surgir un hombre
extraordinario: Gautama, llamado el Buda, palabra que significa "el
Iluminado".
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LAO TSE |
LAO-TSÉ. Nació en el
año 604 antes de nuestra Era. De él cuenta la leyenda que estuvo 80 años en
el seno materno y que al nacer tenía ya el pelo blanco, por lo que nunca fue
niño y vino al mundo lleno de sabiduría. El país estaba dividido en
innumerables Estados y Lao-Tsé fue alto funcionario en la corte de Tchou. Se
cuenta que vivió 200 años y su muerte, siempre según la leyenda, fue
misteriosa. Había realizado un viaje hasta el lejano Tibet y al cruzar la
frontera el aduanero Yen-Hi le pidió que le enseñara la verdad y la
sabiduría. Entonces Lao-Tsé escribió para él un precioso libro llamado
Tao-Te-King, el Camino de la razón y de la virtud, que contiene sólo 5.000
palabras, las suficientes para enseñar al hombre todo lo que ha de saber
para ser feliz eternamente. Una vez entregado el libro al aduanero, Lao-Tsé
empezó a caminar en dirección a las cumbres y nunca más se ha sabido de él.
El ideal del Tao consiste en el hombre identificándose con el espíritu de
humildad y paz, la renuncia solemne a toda violencia y la anulación de todo
deseo, son los fundamentos del taoísmo. Los yogas, con sus complicados
ejercicios corporales y ayunos siguen, aun no siendo taoístas, este ideal de
suprema renuncia, común a muchas religiones. Cinco siglos después de la
muerte de Lao-Tsé, el taoísmo fue considerado como religión oficial de China
y su mayor esplendor y difusión tuvo lugar cuando imperaba la dinastía Tang.
En la actualidad posiblemente existen unos 40 millones de adeptos a la
doctrina de Lao-Tsé.
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CONFUCIO |
CONFUCIO: Cuando ha de
ocurrir algo extraordinario, fuera de lo corriente, sea bueno o sea malo, en
China suele aparecer un kilin, animal sagrado que muy pocas personas han
podido contemplar. A la madre de Confucio se le apareció un kilin y nueve
meses más tarde tuvo un niño a quien los hombres debían conocer con el
apelativo de K'ung-Fu-Tsé, es decir, el filósofo. En el momento de nacer,
dos ángeles volaban sobre el techo de su casa mientras cuatro ancianos que
representaban el espíritu de las cosas, del agua, del fuego y de la tierra,
rodeaban su mansión para alejar a los espíritus malignos. A los 22 años
estableció una escuela donde enseñaba a quienes querían ser sus discípulos,
y se cuenta que tuvo más de 3.000. Él no escribió libro alguno, pero sus
seguidores compilaron sus enseñanzas en los Discursos y Diálogos. Más tarde
entró en la administración del Estado. En China era tenido por gran honor
pertenecer al cuerpo de funcionarios públicos y los muchachos inteligentes
se preparaban concienzudamente, a fin de superar los exámenes que daban
entrada a este núcleo de hombres de letras, mitad servidores del emperador,
mitad pensadores. A los 52 años de edad era ministro de Lu. Cuando contaba
72 años murió y el emperador Ts'in destruyó todo recuerdo del filósofo y
persiguió a sus seguidores, pero al subir al trono imperial de la dinastía
Han, hacia el año 206 a. de J.C., la doctrina de Confucio fue declarada
religión oficial. Su máxima fundamental de conducta era: Lo que no quieras
para ti, no lo quieras para los demás. La doctrina de Confucio, sintetizada
en una serie de máximas morales, tendía a volver al pueblo a las viejas y
ancestrales costumbres, algo rígidas, pero nobles y dignas. Confucio pensaba
que si un hombre honesto y moral tuviese a su cargo el gobierno de la
nación, se rodearía de hombres igualmente dignos y, por tanto, concibió la
idea de educar a los príncipes que un día llegarían a ser emperadores, para
que éstos, a su vez, influyesen en una corriente educativa que iría de los
soberanos hacia los súbditos, y de este modo se reformaría la nación. El que
ante la ganancia piensa en la Justicia, ante el peligro ofrece su vida y en
la vejez no se desdice de las promesas que hizo en su juventud, este hombre
puede considerarse perfecto, decía Confucio. Por esto, cuando obtuvo en el
reino de Lu el cargo de ministro que anhelaba, quiso transformar el país
estableciendo un minucioso reglamento que abarcaba hasta los menores
detalles de la vida corriente.
Nada quedaba al azar y los vasallos de Lu
sabían, en todo momento, lo que podían y no podían hacer. Confucio no pensó
en lo triste y aburrida que sería una existencia tan esclavizada aunque lo
fuese para el bien, y llegó un momento en que dicho reino, a pesar de la
buena fue de Confucio y sus sabias leyes, cayó otra vez en la inmoralidad y
el filósofo se alejó apesarado de aquella provincia. Refugiado en el reino
de Wei, ordenó que sus discípulos recopilaran los libros de la sabiduría
ancestral china: el I- King o "el libro de los cambios de los seres", el
Chi-King o "libro de los hechos pasados", el Li-King o "libro de las
ceremonias", etc. Un día en que se celebraba una fiesta en el palacio de Wei
penetró en los jardines un animal extraño y hermoso a la vez. Nadie sabía
cuál era su nombre ni lo habían visto nunca antes. Decidieron preguntarle a
Confucio, y éste, al verlo, exclamó: -Es un kilin; no tardaré en morir. En
efecto, el kilin que había anunciado su nacimiento, se presentó de nuevo
para comunicarle el fin de su existencia. En las cercanías de K'ufou se
levanta la tumba de Confucio, en cuya lápida hay grabada esta sentencia:
Todo se le perdona a quien nada se perdonó a sí mismo. La religión de
Confucio resultó poco clara ya que no estructuró un cuerpo de doctrina
definido y rígido. La idea del príncipe bueno, paternal y providente para
con sus súbditos, impregna su credo. Los conceptos de bondad, belleza,
tolerancia, paz, etc., tan parecidos al cristianismo, son la base de su
conducta y de su moral. Durante dos mil años fue la religión oficial del
Celeste Imperio. En la actualidad se calcula que unos 250 millones de fieles
siguen las enseñanzas de Confucio.
(ver Confucio)
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GAUTANA
BUDA |
EL GAUTAMA BUDA. El
príncipe Sidarta o Gautama había nacido en un palacio y su infancia
transcurrió rodeada de toda clase de placeres y lujos. Vivió sin conocer
ninguna de las cosas desagradables de la vida, y el espectáculo del dolor,
de la enfermedad o de la muerte, fue velado a su contemplación. La primera
vez que acudió al templo los dioses cayeron de sus pedestales y la Tierra
tembló porque había entrado el elegido en el santuario. Al contraer
matrimonio con la hermosa Gopa, acudieron más de trescientos príncipes a su
palacio y durante largos meses compitieron con Gautama en todas las artes,
ciencias y juegos, resultando siempre vencedor el príncipe Sidarta.
La vida
habría transcurrido para él como en un vulgar cuento oriental, si el
príncipe no tropezara un día con las "cuatro verdades". El hecho ocurrió
yendo de paseo en su coche; se encontró sucesivamente con un enfermo, con un
anciano decrépito, con un entierro y con un monje entregado a la meditación.
Había hallado el camino de la verdad y desde entonces abandonó toda clase de
placeres y se entregó a durísimas penitencias, durante las cuales permanecía
inmóvil, su cuerpo se cubría de un sudor frío y su alma se hallaba en trance
de abandonar esta vida mortal. Era tal la dureza extremada consigo mismo que
un día Maya, su madre, descendió de los cielos para preguntarle si deseaba
morir antes de haber hallado la "iluminación". Comprendió entonces que debía
mitigar el rigor de su ascetismo y emprendió la vida normal, pero
enteramente transformado. Desde aquel instante fue, no el príncipe de vida
regalada, sino el Buda, simplemente. Su filosofía se funda en las cuatro
verdades: La verdad del dolor, porque todo en la vida es dolor y éste nace
del ansia de querer.
La verdad del sufrimiento por el dolor. Solamente
dominando los deseos se consigue dominar el dolor. La verdad sobre la
supresión del dolor. Imposible de lograr si no es con la muerte definitiva.
La verdad del camino de santidad. Que sólo se puede hallar por la meditación
del destino y la práctica de la piedad. Después de seis años de privaciones
y aislamiento pudo exclamar: El corazón libre ha conseguido matar todos los
deseos. Buda, el Iluminado, comprendió que todos los males radicaban en la
ignorancia de las cuatro verdades y para remediarlo se dispuso a predicar su
doctrina. Sus comparaciones eran definitivas y claras. Así, al preguntarle
cuál era la espada más afilada, el fuego más devorador, la miel más dulce y
las tinieblas más densas, contestó: -La espada más aguda es la palabra, el
peor fuego es la lujuria, la miel más dulce es la sabiduría, y la oscuridad
más negra, la ignorancia. Numerosos hombres dispuestos a dejar el mundo
siguieron a Buda, se raparon la cabeza y pronunciaron la fórmula de
renunciación: "Me refugio en Buda, en su ley en su comunidad". Cuando llegó
el momento de morir se tendió en el suelo y se durmió. Los árboles que
estaban secos echaron flores y sus pétalos se abrieron en una lluvia
delicada que cubrió su cuerpo.
Buda había penetrado en el nirvana. Los
brahmanes opusieron una tenaz resistencia a admitir la doctrina de Buda,
pero el budismo pronto se extendió por la India y el en siglo III, reinando
Asoka, sus monjes y emisarios se desparramaron por todo el país. Aunque su
doctrina sea casi una pura negación, un renunciamiento total, numerosos
monjes comenzaron a estudiar la nueva moral y los conventos proliferan
rápidamente. Afirman que existen dos caminos de santificación: El Mahayana,
según el cual el número de budas es infinito y el alma del Iluminado puede
encarnarse en cualquier persona como ocurre con los lamas del Tibet.
Numerosas ceremonias y ritos regulan esta rama del budismo o "gran camino".
El Hinayana, llamado también "pequeño camino". Según él, para entrar en el
nirvana no es preciso que Buda se encarne en nosotros, sino que basta
reencarnarse sucesivas veces hasta merecer el nirvana. La serie de
reencarnaciones y purificaciones puede ser muy larga. La primera forma de
budismo es propia del Tibet, China y Japón, mientras la segunda está más
extendida en Ceilán, Birmania e Indonesia. Cuando los mahometanos invadieron
la India en el siglo XII, el hinduismo había asimilado gran parte de la
doctrina de Buda y entonces se produjo un choque entre los seguidores de
Mahoma y los fieles al Iluminado. En China penetró más lentamente porque era
una religión extranjera y la influencia de Lao-Tsé y de Confucio eran
grandes, pero en el siglo III, Wu-Ti protegió la nueva enseñanza.
Fa Hian
empleó seis años en recopilar en chino las "sutras" donde se narraban las
enseñanzas del Gautama. En el siglo VI se introdujo en el Japón, gracias al
hábil recurso de afirmar que el emperador era una encarnación de Buda, por
lo cual era posible ser budista y sintoísta al mismo tiempo. En el siglo VII
se propagó en el Tibet, gracias a la protección de la viuda de
Srougstan-Gampo, fundadora de Lasha. El lamaísmo, en el siglo VII,
desenvolvió la idea de la reencarnación. El Gran Lama no era sino una
encarnación de Buda que se introducía en un niño de corta edad. Al morir el
Lama, los monjes tibetanos tenían que buscar un nuevo Lama, para lo cual
poseían señales y pruebas especiales que sólo a ellos eran reveladas. En el
Tibet un tercio de la población vivía en conventos y eran monjes. Su piedad
había degenerado tanto que bastaba la manifestación externa, como en el caso
de los cilindros de oraciones que se mueven mecánicamente, y cada vez que el
cilindro da una vuelta, es como si el monje o el fiel rezara la oración. La
repetición incansable de la plegaria tibetana: Om mani padme um (Oh, joyel
de los lotos) se refiere a Buda, pero es ya un murmullo sistemático sin fe,
sin el espíritu profundo del Gautama. En 1949 el Lama, que se había
refugiado en la India durante la segunda Guerra Mundial, regresó al Tibet,
pero estuvo en Lasha por poco tiempo, ya que los comunistas chinos ocuparon
la gran meseta y puede asegurarse que el lamaísmo, una forma especial del
budismo, está en trance de extinción, o por lo menos de una transformación
profunda.(ver Buda)
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MITRAISMO |
En la
cosmogonía de Zoroastro, Mitra era un dios menor. Había nacido de una roca
una noche estrellada y vivió rodeado de pastores durante su infancia. Era
una fe en ciertos aspectos parecida al judaísmo y al cristianismo. La
historia del Diluvio Universal se concretaba en un arca de madera, y la
creencia en un mesías redentor, que resucitaría de entre los muertos, tuvo
vida también. Esta religión aparecía llena de misterios y de influencias
sacerdotales. Mitra estaba representado por el Sol. Solamente los iniciados
podían conocer sus misterios, después de un complicado ritual de
purificación y escenificación de la vida de Mitra. Este culto al Sol tenía
reminiscencias egipcias, pero fue bien recibido en Occidente, en especial en
Roma, por lo que llegó a ser una de las más importantes religiones del
Imperio romano, representa culto a Mitra, antigua divinidad persa de la luz
y la cordura.
En el Avesta, los textos sagrados del de los antiguos persas,
Mitra aparece como el principal yazata (del avestan, 'benefactor') o buen
espíritu y gobernante del mundo. Se suponía que había matado al toro divino,
de cuyo cuerpo muerto surgieron todas las plantas y animales beneficiosos
para la humanidad. Tras la conquista de Asiria en el siglo VII a.C. y de
Babilonia en el siglo VI a.C., Mitra se convirtió en el dios del sol, que
era venerado en su nombre. Los griegos de Asia Menor, por identificación de
Mitra con Helios (el dios griego del sol) colaboraron en la difusión del
culto. Fue conocido en Roma hacia el año 68 a.C. gracias a la devoción que
le profesaban los piratas cilicios capturados por el general romano Pompeyo
el Grande, y en los primeros años del Imperio su culto se extendió con gran
rapidez por toda Italia y las provincias romanas.
Fue creencia que rivalizó
con el cristianismo en el Imperio romano. El mitraísmo era parecido al
cristianismo en muchos aspectos, por ejemplo en las ideas de humildad y amor
fraternal, bautismo, rito de la comunión, utilización de agua bendita,
adoración de los pastores en el nacimiento de Mitra, veneración de los
domingos, considerar el 25 de diciembre (fecha del nacimiento de Mitra) como
día santo, y la creencia en la inmortalidad del alma, el juicio final y la
resurrección. El mitraísmo difiere del cristianismo en la exclusión de las
mujeres de sus ceremonias y en su disposición a transigir con el politeísmo.
Sus numerosas similitudes, sin embargo, facilitaron la conversión de sus
seguidores a la doctrina cristiana. Cuando Juliano el Apóstata quiso destruir el cristianismo no encontró
mejor medio que favorecer el culto de Mitra, muy en boga entre la nobleza y
los patricios romanos. Mas el cristianismo se encontraba ya lo
suficientemente afianzado para vencer al mitraísmo romano.
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CHINA |
En el país
de la civilización más antigua que se conoce se creía en un Ser Supremo
denominado Sublime Cielo, creador de todas las leyes y autor de todas las
cosas. Se le inmolaban víctimas propiciatorias, generalmente un buey, y se
llamaba su atención encendiendo hogueras en la cumbre de las montañas. Para
adivinar el porvenir se quemaban tortugas. Por las crepitaciones y el humo
se conjeturaba el tiempo venidero. El culto a los manes o dioses del hogar,
la devoción a los muertos y el respeto a los superiores, especialmente a los
ancianos, eran también de primordial importancia. La religión china de todos
los tiempos ha sido una mezcla íntima de vagas creencias y de filosofía.
El
elemento primordial de esta concepción trascendente de la vida era el Tao,
es decir, el orden, la armonía entre la materia y el espíritu, algo
indefinido, que lo mismo presidía el crecimiento de las plantas, que
impulsaba a los espíritus a obrar rectamente. Inmersos en el Tao se
encontraban todos los reglamentos, los dogmas que regían la cortesía y trato
con el Emperador y sus ministros, con los padres y familiares, incluso con
los animales. El principio masculino era Yung, simbolizado en el Cielo, y el
femenino era Yin, la Tierra. De esta unión surgió no sólo una inmensa
muchedumbre de dioses menores y geniecillos diversos, sino la
sistematización de la vida entera, porque en China todo estaba previsto: los
días de luto y de fiesta, las horas de reposo y refrigerio, las reverencias
a los superiores, el simbolismo de las flores o el ritual del té. Las
divinidades secundarias poblaban los bosques, gobernaban la lluvia, el
viento, la tempestad, y gracias a ellas fermentaba el pan, estaba sano el
ganado, se llenaban los pozos y por su culpa enfermaban los niños y se
perdían las cosechas.
El culto era sólo etiqueta fría y perfectamente
reglamentada. Otro aspecto de su religiosidad estribaba en la veneración a
los antepasados, muy distinta de la egipcia. En China, el familiar que había
emigrado al reino del más allá era reverenciado en la intimidad del hogar y
a lo largo de diversas festividades anuales. La veneración del cuerpo y la
fe en su supervivencia habían sido sustituidas en China por la seguridad
tranquila de que el espíritu familiar convivía realmente con la familia,
tomaba parte en sus alegrías y de un modo directo informaba todos los actos
del hogar. En China el hombre más desgraciado no era el que fallecía sin
sepultura, sino el que moría sin descendencia. Casi al mismo tiempo
aparecieron dos reformadores religiosos cuyas doctrinas ejercieron una
influencia decisiva en la vida del pueblo chino: Lao-Tsé y Confucio.
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LOS
MANIQUEOS |
En el
año 215 de nuestra era nació Manés, de la familia persa de los Harkanidas. A
los 25 años de edad dijo haber recibido órdenes de un ángel y afirmó ser el
Paráclito anunciado por Jesucristo. En el fondo su agnosticismo le impulsaba
a mezclar toda clase de libros santos, y tan pronto se apoyaba en la
autoridad de la Biblia, como citaba a los Vedas, al Avesta o a San Pablo. Su
credo era dualista, como Zoroastro, aunque explicaba la lucha entre el Bien
y el Mal por una decisión de Dios, el cual, deseando aniquilar al príncipe
de las tinieblas y, no pudiendo hacerlo por medio de sus ángeles, por
tratarse de seres pacíficos incapaces de luchar, había creado el Hombre a
quien había ordenado combatir al diablo y al mal. Según Manés hay un número
fijo y determinado, aunque desconocido por nosotros, de elegidos. Sólo éstos
se salvarán.
Los perversos serán precipitados al infierno donde sufrirán
horribles torturas. La predestinación es, pues, un hecho contra el cual nada
podemos, pero el desconocimiento de si nosotros somos los elegidos debe
impulsarnos a obrar siempre el bien. Para imitar o parodiar más a Cristo, se
rodeó de doce apóstoles y fundó una Iglesia de base cristiana aunque
claramente herética. Fue protegido por el rey Sepor I y la doctrina
maniqueísta se extendió por Asia Menor, norte de Africa y España, ganando
Francia en tiempo de los albigenses, que fueron una variante de los
maniqueos. Como se ve, las religiones aparecidas hace unos veintiséis siglos
en la antigua Persia, poseían una fuerza expansiva impresionante, debida, en
parte, a su semejanza con el cristianismo y a haber surgido, sobre todo el
maniqueísmo, en época posterior a la predicación de Jesús, cuando la Iglesia
se hallaba en vías de formación y la introducción de una doctrina herética
resultaba aún posible.
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LOS
VEDAS |
Unos 1.000
años antes de nuestra Era, un pueblo de raza aria invadió la península de
Indostán y creó una civilización cuya religión se denomina védica por el
nombre de sus libros de himnos,(imagen izquierda) los Rig-Veda y los Atharva-Veda. Según
éstos, el número de dioses era grande; Agni, el dios del fuego; Prithivi, la
Tierra; Dyans, el cielo; Indra, la naturaleza; Soma, el que da la
inmortalidad; los gemelos Azvins, el crepúsculo y la aurora, etc. Pero el
principal de todos era Siva, el creador y destructor, genio maléfico,
implacable y cruel, a quien era preciso contentar con sacrificios y
ofrendas. Esta idea fundamental del sacrificio impetratorio dio origen a una
poderosa casta sacerdotal, los brahmanes. Éstos adoptaron el color amarillo
en sus vestiduras para distinguirse de los guerreros, de los hombres libres
y de los parias. De ahí nació una diferenciación de castas que ha ocasionado
a la India un retraso secular.
En un sentido estricto, las
colecciones de Veda incluyen los brahmanes y los mantras. Los primeros son
comentarios en prosa añadidos a cada una de las cuatro colecciones de Veda y
relativos casi en todos los casos a los detalles e interpretación de la
liturgia de los sacrificios. Los segundos son estrofas poéticas de los
cuatro Veda ya que mantra es el término utilizado de forma específica para
las cuatro colecciones en verso. Los mantras están considerados por algunos
estudiosos como la parte más antigua de las colecciones de Veda.
Existen unos trabajos esotéricos
posteriores que son un suplemento a los brahmanes conocidos como tratados
del bosque (del sánscrito aranya, 'bosque'), y que son los aranyakas. Los
aranyakas fueron expuestos y escritos por sabios brahmanes en los bosques
porque sentían que un entendimiento correcto de los mismos sólo podía
conseguirse en el retiro de lo mundano. La última parte de los aranyakas son
los Upanisad, trabajos especulativos y metafísicos ligados de modo muy
estrecho a los brahmanes. Esta parte insiste en el valor del conocimiento y
la meditación, y son los primeros intentos del hinduismo para realizar un
tratamiento sistemático del pensamiento especulativo. El vedanta, así como
la mayoría de los otros sistemas filosóficos hindúes han sido desarrollados
a partir de los Upanisad.
A la última parte del periodo
védico pertenecen los sutras (en sánscrito sutra quiere decir literalmente
"hilera" que viene a significar 'conjunto de reglas'). Los sutras son
colecciones de aforismos que elaboran y disertan sobre los sacrificios
védicos, las ceremonias locales (como bodas y rituales funerarios) y las
leyes religiosas y seculares. Además, tienen gran importancia debido a su
influencia en el desarrollo del derecho hindú. Desde el punto de vista de la
autoridad, no están tan consideradas como los Veda, brahmanes y Upanisad.
Estas últimas, y de modo especial los Veda, están contemplados como
apaurusheya, que en sánscrito significa 'de origen no humano'.
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PERSIA |
El Irán
actual, la vieja y ancestral Persia, fue cuna de varias religiones. Parece
como si los persas hubiesen querido estudiar todas las posibilidades de
relación entre el Hombre y Dios porque conocieron el politeísmo, el dualismo
y el monoteísmo en diversos aspectos. Y aunque sus principios se remontan a
muchos siglos antes de Cristo, las consecuencias de las religiones persas
influyeron en tiempos de Roma y aun durante la Edad Media. Por ejemplo, las
luchas que la Iglesia sostuvo contra los herejes albigenses en el sur de
Francia, en plena época medieval, y que no fueron sino un rebrote de
maniqueísmo, el cual a su vez fue una secuela de la doctrina de Zorastro.
Como en todos los pueblos antiguos, al principio los persas fueron
politeístas aunque luego creyeron en un dios único, Ahoura Mazda, creador
del mundo y señor del cielo y de la tierra. Su manifestación visible era el
fuego. Luego existían, como en todas partes donde se da una cultura
primitiva, una serie de dioses menores y genios. Era una religión simplista,
natural y hasta cierto punto bastante ingenua.
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ZOROASTRO |
ZOROASTRO: Llamado
también Zaratustra, fue el gran reformador, el creador de una religión
original cuya influencia se extendió a través de los tiempos, hasta el punto
de no hallarse extinguida y haber influido su principio fundamental en el
pensamiento filosófico moderno. Zoroastro apareció hacia el siglo VI a. de
J.C. Era filósofo, y encontrándose un día meditando a la orilla de un río,
un espíritu lo arrebató hasta llevarlo a presencia de Ahoura Mazda, el
Creador. Éste le indicó la doctrina que debía predicar a los fieles y le
enseñó el secreto de los principios de la Verdad. Zoroastro obedeció y
volvió al mundo, pero nadie hizo caso de sus palabras y comprendió que todos
sus esfuerzos serían inútiles si no contaba con el apoyo de un soberano
fuerte y entusiasta. Sólo cuando pudo convencer al príncipe Victapsa, su
doctrina y sus palabras fueron escuchadas. Victapsa no pudo por menos de
atender a Zoroastro, puesto que, habiéndole exigido un prodigio, el filósofo
mandó que al instante apareciera un árbol en el salón del palacio, y en un
momento surgió un frondoso cedro cuyas ramas no cabían en la estancia. La
muerte de Zoroastro fue muy distinta a la de otros fundadores de religiones;
fue atravesado por una lanza en una batalla librada contra los Hiaonas,
pueblo enemigo de Victapsa.
La doctrina de Zoroastro se funda en la
existencia de dos principios, dos potencias eternamente en lucha,
implacables y enemigas: Ormuz, el creador del Sol, de la Luz y de la Bondad,
rodeado siempre de seis ministros que simbolizan la santidad, los
pensamientos nobles, los buenos consejos, la inmortalidad, la generosidad y
la virtud. Innumerables genios del bien ayudan a los seis ministros. Ariman,
el genio del mal, rodeado a su vez de varios ministros que son el furor, la
ambición, la venganza, etc. el dios de las tinieblas sólo piensa en combatir
a Ormuz, diseminando el mal entre los hombres. El Universo entero no es otra
cosa que el escenario de la lucha eterna entre Ormuz y Ariman. El hombre es
un soldado más en este grandioso combate que no terminará hasta el fin de
los siglos. Zoroastro esbozó la Historia del Mundo en cuatro períodos de
tres mil años cada uno:
En el primero, Ormuz y Ariman se enfrentan y
comienzan a luchar. En el segundo, Ormuz crea el cielo, la tierra, los
animales, etc., mientras Ariman crea el reino subterráneo de los monstruos y
las tinieblas. En el tercero, al llegar a la mitad de la Historia, aparece
Zoroastro que enseña la doctrina de la Verdad. En el cuarto, las luchas se
recrudecen con la aparición del dragón Dahaka y del segundo salvador llamado
Keresaspa y más tarde Saoszan, los cuales, con Zoroastro, serán los
definitivos salvadores de la Humanidad. Entonces Ariman será vencido
definitivamente y los muertos resucitarán para un gran juicio. Durante tres
días serán sumergidos en un océano de metal fundido. Los buenos encontrarán
suave y agradable el baño, los perversos sufrirán lo indecible, pero al
terminar este período de expiación, todos entrarán en la inmortalidad. Ha
sido siempre una incógnita apasionante para el hombre, querer saber por qué
Dios, siendo infinitamente bueno, permite la existencia del mal en el mundo.
En la filosofía de Zoroastro el
espíritu del mal había tenido su origen de una duda surgida en la mente de
Dios. Cuando una persona muere, según Zoroastro, el espíritu sigue vagando
alrededor del cuerpo durante unos días, hasta que el viento se lo lleva,
atraviesa la laguna (al estilo de la mitología griega), y se encuentra ante
una balanza donde hay que pesar sus buenas y malas acciones (reminiscencia
egipcia). El castigo y el premio son provisionales, pues en el momento del
juicio universal todo quedará borrado y las almas extremadamente perversas
serán reducidas a la nada, aniquiladas, pues en la eternidad sólo existirá
el bien. La religión de Zoroastro se extendió de una manera considerable. En
tiempos de Ciro el Grande puede afirmarse que todo el Asia occidental era
creyente de esta religión. El cuerpo de doctrina estaba contenido en el
Avesta, una especie de Biblia de Zoroastro.
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