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En un mundo
politeísta, donde se practicaban religiones crueles y sangrientas, en el
cual la mujer y la familia eran tenidas, generalmente, en muy poca
estimación, apareció y vivió durante largos siglos un pueblo caracterizado
por una cultura religiosa elevadísima, inexplicable si la comparamos con las
creencias de las naciones vecinas. Jahvé era el dios de Israel, el protector
de las doce tribus, el creador, el señor único, todopoderoso y eterno, es
decir, el mismo Dios que adoran hoy los cristianos.
La historia del pueblo
judío viene desarrollada en la Biblia con fidelidad y exactitud, paso a paso
hasta el momento de la gran transformación: la venida de Jesús. La idea
religiosa, desde los patriarcas hasta la crucifixión no ha sufrido
modificaciones trascendentales, pero sí una evolución lógica dado el larguísimo lapso de tiempo que media entre la creación del mundo y la muerte
del Salvador. En los años próximos a nuestra Era los judíos esperaban la
venida de un mesías, de un salvador. Cuando Cristo proclamó que Él era el
Mesías prometido, una gran parte del pueblo judío permaneció sordo y ciego
ante la evidencia y se aferró a sus viejas creencias.
Estos judíos, fieles a
la letra del Antiguo Testamento, esperan aún la llegada del mesías
prometido. Otros creyeron en el rabí de Nazaret y extendieron la buena nueva
por el mundo pagano, dando paso al cristianismo. Desde entonces la primitiva
fe, común a cristianos y judíos, se encuentra dividida. Los hebreos no
admiten el Evangelio. Los cristianos creen que un Nuevo Testamento ha venido
a modificar el Antiguo.
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PENTATEUCO |
Cinco
son los libros que forman el Pentateuco y en ellos se relata no sólo el
origen del mundo y del hombre sino las grandes vicisitudes del pueblo judío
hasta la aparición de los reyes y, con ellos, su instalación en el Próximo
Oriente. En el Génesis se cuenta la creación de los cielos, de la tierra, de
todo ser viviente y del primer hombre y la primera mujer. La culpa original
y su castigo, consistente en la expulsión del paraíso, es el dogma
fundamental del cristianismo. Explica toda humana imperfección y la
tendencia al pecado. El asesinato de Abel es como el primer hito sangriento,
un crimen inicial en la larga serie de injusticias y violencias que la
Humanidad iba a cometer en su dilatada historia. El Diluvio universal fue el
segundo castigo, y el último, con que Jahvé sancionó sin distinción a la
Humanidad. La torre de Babel y la dispersión de los hombres dieron lugar a
la confusión de los pueblos, originando su actual diversidad. El pueblo
judío aparece en la época de los grandes patriarcas, Abraham, Jacob, etc.,
como un pueblo pastor y nómada, sencillo y reducido. La idea de tribu
prevalecía en él y su religión se manifestaba en una serie de prohibiciones
formales (comer animales impuros, por ejemplo) unidas a una serie de
sacrificios y holocaustos propiciatorios.
La circuncisión de los muchachos
era la señal distintiva de los que pertenecían al pueblo escogido.
Finalmente, los hebreos cayeron bajo el yugo de los egipcios, hasta que un
hombre de talla extraordinaria, Moisés, les arrancó de la esclavitud y,
atravesando a pie el Mar Rojo les condujo en busca de la tierra prometida.
Moisés fue uno de los caudillos más grandes de la Historia. Dios veló por
él, le proporcionó el maná e hizo brotar agua de la peña viva al golpear la
roca con su vara. En el Éxodo se cuenta detalladamente la peregrinación de
este pueblo a través de un desierto seco y desolado, hasta que Jahvé se
manifestó claramente y entregó a Moisés las tablas de la Ley en las que se
hallaban grabados en piedra los Diez Mandamientos, la suprema ley, sencilla
y definitiva, que el hombre ha de cumplir para salvarse. A partir de este
momento, el pueblo judío estableció un culto concreto. Poseía un arca de la
alianza, un tabernáculo, un candelabro de siete brazos y una tienda,
prefiguración del templo, donde guardaba y reverenciaba este símbolo de la
alianza entre el pueblo escogido y Jahvé Dios. En el libro llamado Levítico,
se detallan las normas y leyes referentes al culto, pues los levitas fueron
los primeros sacerdotes. En el Deuteronomio se relata la muerte de Moisés,
cerca ya de la tierra prometida, pero que el gran conductor de su raza no
podía pisar jamás.
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LA
BIBLIA |
Según las
más recientes estadísticas publicadas por la UNESCO, la Biblia es el libro
de mayor tiraje y que más veces ha sido traducido en el mundo moderno. Su
nombre, "biblia", en griego significa simplemente libro. Tres mil años antes
de Cristo, las partes o libros en que se divide habían sido escritos ya en
rollos de pergamino. Recientemente unos pastores encontraron en una cueva
cercana al Mar Muerto fragmentos del libro de Isaías. Unos 1.300 años antes
de Cristo los judíos empezaron a compilar y a guardar los distintos libros
que componen el Antiguo Testamento hasta que, después de Cristo, setenta
discípulos trasladaron al griego dichos textos. Esta recopilación es
conocida con el nombre de "Biblia de los Setenta". Hacia el año 380, el papa
San Dámaso ordenó la traducción al latín de todos los libros que componen la
Biblia, trabajo que se realizó a lo largo de veinticinco años, bajo la
dirección de San Jerónimo.
Este texto, considerado como exacto y fidedigno,
se conoce con el nombre de La Vulgata. La Biblia, que en su versión original
estaba escrita en hebreo, griego y arameo, ha sido vertida a todos los
idiomas y principales dialectos que se hablan en el mundo, porque en todos
los meridianos de la tierra hay cristianos que la consideran el libro santo
por excelencia. La Biblia no es una historia cronológica, una narración
continuada, sino la agrupación de varios libros y se divide en dos grandes
partes: El Antiguo Testamento, que comprende la historia del mundo y del
pueblo judío hasta la venida de Jesús. El Nuevo Testamento, que recoge la
vida del Salvador y los hechos de los apóstoles hasta el Apocalipsis de San
Juan.
Los cristianos creen que la Biblia ha sido inspirada por Dios y que,
tanto su argumento como los conceptos en ella expresados, son obra del
Espíritu Santo. El autor de cada libro o fragmento obró como instrumento de
Dios y a él son imputables los giros, el estilo literario y las expresiones
metafóricas que usó para mayor comprensión de la época y ajustándose al
ambiente de cada texto. Los libros de la Biblia son los expresados como
tales, y ni su número ni su contenido pueden variar, ampliarse o reducirse.
La interpretación de la Biblia, que los protestantes consideran de libre inicitativa individual, según el criterio de la Iglesia católica no es
potestativa del lector, sino de la propia Iglesia. Por esta razón las
biblias católicas se acompañan de comentarios aclaratorios, mientras que
éstos no existen en las protestantes. Judíos, protestantes y católicos
tienen, pues, una misma fe inicial y su pensamiento no discrepa en la
interpretación de la Revelación hasta el comienzo de nuestra Era. Es inútil
buscar en las religiones primitivas un relato tan lógico, encadenado y
verosímil como el que ofrece el Génesis a partir de la creación del mundo.
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LOS
JUDIOS DESPUES DE CRISTO |
En el Nuevo Testamento, que los judíos no reconocen como libro
legítimo, se declara proféticamente que en las postrimerías de los tiempos
los hebreos volverán los ojos a Cristo y se convertirán. La historia de este
pueblo desde la venida de Jesús hasta los tiempos actuales, es trágica. Las
rebeliones del año 70 y, posteriormente, del año 135 de nuestra Era
determinaron no sólo la destrucción del segundo templo de Jerusalén, sino la
dispersión de los judíos, la diáspora. A partir de entonces los judíos no
tuvieron un hogar propio, una patria común y se encontraron diseminados por
todo el mundo. Los árabes les persiguieron y los cristianos no siempre les
hicieron la vida llevadera. Desde el siglo XII vivieron confinados a ghettos
o juderías que a veces eran asaltadas, encontrando muchos de ellos la muerte
entre infinitas violencias.
Cuando gozaban de paz, debían pagar fuertes
tributos a los señores feudales a cambio de una relativa seguridad. En 1290
fueron expulsados de Inglaterra, en 1395 de Francia y en 1492 de España. En
Rusia y Polonia sufrieron persecuciones cruentas hasta el siglo pasado, los
famosos progroms, y en Alemania, durante la última guerra mundial murieron
más de 5 millones de judíos. La reconstrucción de su patria, considerada
Estado independiente desde 1948, no les ha asegurado totalmemte la paz. Ya
en tiempos de Esdrás, los judíos mostraron cierta tendencia a la
disgregación. Hoy los sionistas puros leen y estudian el Talmud con más
atención que el Antiguo Testamento. Este libro consta de dos partes, el
Mishna, escrito dos siglos después de Cristo, y el Gemara que es una
recopilación o exégesis de los textos reunidos en el primero. Constan de
seis ordenaciones en 63 tratados a modo de colosal enciclopedia del pueblo
judío, pues versan sobre derecho, historia, religión, ciencias, etcétera. En
el Israel moderno se encuentran judíos no creyentes y sionistas modernos,
reformistas, junto a un grupo totalmente cerrado que sigue y cree la vieja
ley en espera de un mesías que será reformador religioso y caudillo
político.
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LOS
ROMANOS EN JUDEA |
El cautiverio de Babilonia no duró siempre, pero entre la destrucción del
primer templo en el año 587 a. de J.C. y la aniquilación del segundo, el año
70 de nuestra era, el pueblo elegido no volvió a conocer el esplendor ni la
independencia total.
El rey persa Ciro permitió que los judíos volvieran del
exilio, pero la influencia persa, egipcia y siria pesó sobre ellos. El
estado sacerdotal que siguió a la gran prueba no pudo elevar de nuevo a los
hebreos hasta la grandeza de Salomón. En tiempo de los Macabeos los judíos
conocieron cierta felicidad, pero un siglo antes de la muerte de Cristo las
legiones romanas invadieron el valle del Jordán y señorearon el país. Las
águilas del César campearon sobre los montes del Líbano y la esperanza en un
mesías que les devolviera la prosperidad se hizo acuciante. Las discusiones
teológicas entre fariseos, creyentes en una resurrección final, y saduceos,
que negaban toda vida futura, las interferencias del gobernador romano, las
querellas internas del Sanedrín y el apego a la letra de la ley, a la
rutina, a la comodidad, precipitaron la fatal decadencia del pueblo
escogido. Por otra parte, el rey Herodes en nada se parecía a los que habían
luchado contra los filisteos.
En estos momentos de profunda crisis, cuando
la desesperación y el desánimo hacían presa de las personalidades más nobles
del pueblo judío, apareció el Maestro, pero no fue escuchado. Él mismo,
dijo, refiriéndose a Nazaret: "nadie es profeta en su tierra". Y la
conversión de los gentiles fue una de las primeras notas que demostraron la
universalidad de la buena nueva.
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REYES Y
PROFETAS |
Como
todos los pueblos del mundo, el elegido por Jahvé sufrió innumerables
pruebas y vicisitudes. Le fue preciso luchar duramente para mantenerse en la
tierra prometida. Las murallas de Jericó cayeron al son de las trompetas y
Canaán fue conquistado. Samuel fue el gran rey, pero mayor gloria tuvo
David, el pastor que derrotó al gigante Goliat. Sin embargo, el gran
esplendor del pueblo judío se manifestó en tiempo de Salomón a quien la
reina de Saba, atraída por su sabiduría vino a visitar.
Salomón cortó
innumerables cedros del Líbano y con ayuda de arquitectos de lejanos países
levantó el primer templo de Jerusalén cuya hermosura llegó a ser legendaria
en el mundo antiguo. Pero los grandes reyes también pecaban y olvidaban el
pacto de alianza con el Señor. Por esa razón, de vez en cuando aparecían
hombres humildes, pobres, pero enérgicos, ardiendo de fe y entusiasmo que no
dudaban en enfrentarse a los soberanos y reprocharles sus crímenes y sus
faltas. Eran los profetas. Fue inútil que Josías, Elías, Isaías y tantos
otros clamaran por un retorno a la santa alianza. Y Dios quiso castigar al
pueblo pecador, que fue vencido y reducido a la esclavitud por
Nabucodonosor. El profeta Jeremías vio cómo Jerusalén era arrasada y su
pueblo conducido a Babilonia.
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