LA DEMOCRACIA

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En los últimos decenios, la democracia se ha extendido por todo el planeta como resultado de la caída de los regímenes comunistas y totalitarios en diversos países de Europa , América y Asia. Este sistema de gobierno democrático o bien la democracia, es el aquel sistema, que reconoce en que la soberanía del poder reside y está sustentada, en pueblo. Es éste, por medio de elecciones directas o indirectas, quien elige las principales autoridades del país. Asimismo, es el pueblo, quien puede cambiar o ratificar a estas mismas autoridades, en las siguientes elecciones populares.

Europa Occidental y Estados Unidos fueron la cuna de los sistemas democráticos que, aunque inspirados en los mismos principios fundamentales, pueden presentar fórmulas diferentes (monarquías o repúblicas, sistemas parlamentarios o presidencialistas, estructuras unitarias o federales, etc.).

La democracia surgió como una respuesta a las desigualdades del liberalismo y reclamó la extensión de la participación en la vida política a todos los individuos. El sufragio universal masculino, que más tarde se hizo extensivo a las mujeres, se convirtió en su principal estandarte. A medida que la participación política se iba ampliando, se empezó a reclamar la necesidad de la intervención del Estado para mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos. La legislación se fue convirtiendo en una vía para compensar las desigualdades sociales y fueron surgiendo las primeras leyes sociales (reducción de la jornada laboral, seguros de enfermedad, vacaciones remuneradas, seguro de desempleo, escolarización gratuita, ayuda a las familias con menos recursos, etc.). Nació así la llamada democracia social, que implica la intervención estatal y que, por tanto, contradice algunos de los principios básicos del liberalismo clásico.

Estados Unidos fue pionero en la implantación del sufragio universal masculino (al menos para la población blanca) y un buen número de países europeos lo promulgaron a finales del siglo XIX (Francia en 1848, Alemania en 1870, España en 1890, Italia en 1912, Gran Bretaña en 1918). Pero en muchos casos, el escaso poder de decisión otorgado a los parlamentos (Alemania) o los fraudes electorales (España) no permitían todavía hablar de regímenes realmente democráticos. La conversión de la democracia en la forma más generalizada de gobierno en Europa fue un fenómeno gradual que se desarrolló en diferentes fases y que tuvo la primera gran oleada democratizadora como consecuencia de la Primera Guerra Mundial.

En 1918, el hundimiento de los grandes imperios y la creación de nuevos Estados comportó la caída de algunos de los regímenes más autoritarios de Europa. Se constituyeron nuevas repúblicas, que establecieron regímenes democráticos, mientras algunas viejas monarquías cambiaron de manera drástica sus leyes electorales y sus sistemas de gobierno. Pero este impulso democrático pronto se vislumbró como perecedero a raíz de la crisis económica y social que se extendió en la década de 1930. Los sistemas autoritarios fueron ganando terreno de nuevo, mientras las democracias se debilitaron.

El restablecimiento de los sistemas democráticos, tras la derrota de las potencias del Eje en 1945, pareció inaugurar una nueva fase democratizadora como la que había tenido lugar tras la Primera Guerra Mundial. Pero el telón de acero y el establecimiento de regímenes comunistas no democráticos en la Europa del Este frustró estas expectativas. Tan sólo se restablecieron regímenes democráticos duraderos en cuatro países: Grecia, Italia, Alemania y Austria. Por su lado, España y Portugal, que no habían participado en la guerra, quedaron bajo regímenes dictatoriales.

Será necesario esperar hasta mediados de la década de los 70 para asistir a la caída de las últimas dictaduras de Europa occidental (Portugal, Grecia y España). El éxito de las transiciones democráticas de estos países del sur de Europa se sintió de manera profunda en América Latina, donde el ejemplo español empezó a tener defensores como una vía factible para acceder a la consecución de la democracia. La década de los 80 y el inicio de la de los 90 trajeron consigo la desaparición de las dictaduras militares y el restablecimiento de la democracia en muchos países de América del Sur (Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile...) y central (Nicaragua, El Salvador, Guatemala).

Finalmente, la presión a favor de la democratización de los Estados satélites de la URSS, junto a la decadencia del comunismo soviético, impulsaron la última gran oleada democratizadora, entre 1989 y 1992, que ha superado en extensión a la que siguió a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la falta de tradiciones y costumbres democráticas, los problemas surgidos como consecuencia de los enfrentamientos étnicos y el difícil tránsito a una economía de mercado han comportado que estas nuevas democracias estén inmersas en regímenes políticos inestables y que no hayan conseguido erradicar del todo algunas prácticas autoritarias.

Fuente Consultada: ACTUAL Historia del Mundo Contemporáneo

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