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Las esfinges -del vocablo
griego sphinx, que deriva de la expresión egipcia shesep
ankh que significa «imagen viviente»-son esculturas que
representan al faraón o a una divinidad protectora. Las expresiones
más típicas de la estatuaria egipcia faraónica poseen un cuerpo
leonino y una cabeza que puede tener tanto rasgos humanos como los
de un animal que representa una divinidad.
Se cree que representa al rey con la
fuerza de un león y a la vez con la inteligencia humana. Fue la
primera vez que se utilizó esta estatua como guardián de la tumba
real, al lado de las grandes avenidas que sirvieron para abastecer
los materiales necesarios para la construcción del complejo
funerario.

La Esfinge, el
gigantesco guardián de la necrópolis de Guiza, era considerada en el
Imperio Nuevo como la imagen viviente del dios Harmaquis, una
divinidad que reunía en sí la triple forma de la divinidad solar
durante su recorrido diurno: Jepri en su nacimiento, Re en el
esplendor del mediodía y Atum en el ocaso.
La Gran Esfinge de Guiza es uno
de los monumentos emblemáticos de la civilización egipcia. Con su
mirada milenaria que contempla, cargada de misterio, el sol naciente
en el horizonte, la Esfinge ha atraído a todos los viajeros que han
visitado Egipto y a muchos apasionados de las ciencias esotéricas y
de la paraarqueología.
La Esfinge se esculpió en tiempos del
faraón Quefrén (2520-2490 a.C.), en un saliente calcáreo que
quizá ya había sido moldeado groseramente por la acción del viento.
De 57 metros de largo por 20 de altura, tenía el rostro del faraón
Quefrén como imagen viviente de la divinidad solar, guardiana
de la necrópolis de Guiza.
Posteriormente, la Esfinge se
identificó con el dios Harmaquis, o mejor con una divinidad
sincrética que reunía en sí la triple forma de la divinidad solar
durante su recorrido diurno: Jepri por la mañana, Re al
mediodía y Atum por la tarde. En el transcurso de los siglos
las arenas del desierto fueron cubriendo lentamente la Esfinge hasta
que quedó completamente sepultada.
Esto explica por qué
Herodoto
no hizo ninguna alusión sobre su existencia en su narración. En
1798, tras la Campaña de Egipto, varios científicos efectuaron una
excavación y llevaron a cabo una serie de mediciones y relieves. Sin
embargo, fue un capitán de marina de origen genovés, Giovanni
Caviglia, quien en 1816 realizó la excavación más importante que
se llevó a cabo en la Esfinge.
A este capitán se deben unas
interesantes observaciones sobre el monumento, del que también
encontró fragmentos esparcidos, entre ellos una parte de la falsa
barba que adornaba el mentón y que se trasladó al British Museum.
Grandes egiptólogos del siglo pasado
como Auguste Mariette, fundador del Museo de El Cairo y del
Service des Antiquités Égyptiennes y su sucesor Gastón
Maspero, se interesaron por esta enigmática figura, pero fueron
los trabajos que llevaron a cabo entre 1925 y 1936 los egiptólogos
Emile Baraize -que restauró el cubrecabezas- y Selim
Hassán quienes confirieron a la Esfinge su aspecto actual.
Principales
Yacimientos Arqueológicos de Egipto Antiguo |