
El láser es un dispositivo electrónico que
amplifica un haz de luz de extraordinaria intensidad. Se basa en la excitación
de una onda estacionaria entre dos espejos, uno opaco y otro traslúcido, en un
medio homogéneo. Como resultado de este proceso se origina una onda luminosa de
múltiples idas y venidas entre los espejos, que sale por el traslúcido
El fenómeno
de emisión estimulada de radiación, enunciado por Einstein en 1916, constituye
la base de la tecnología empleada en la fabricación de dispositivos láser. Los
primeros experimentos que aprovecharon dicho fenómeno culminaron en el hallazgo,
en 1953, del denominado máser, un sistema que empleaba un haz de moléculas
separadas en dos grupos —excitadas y no excitadas—, utilizado para la emisión de
microondas en una cámara de resonancia.
En una fase posterior, la investigación
se encaminó al estudio de un método para producir este tipo de radiación
estimulada en el caso de la luz visible. Surgió, así, en los años sesenta, el
denominado máser óptico, el láser, término que deriva de las iniciales de Light amplification by the stimulated emission of radiation
(amplificación de la luz
por la emisión estimulada de radiación). En los comienzos, se consideró que el
material básico para la emisión estimulada de luz debía ser un gas;
posteriormente comenzó a experimentarse con cristales sintéticos de rubí. En la
actualidad, las investigaciones se dirigen hacia el desarrollo del láser de
rayos X; en este caso, la fuente de excitación no es la luz de un flash ni una
descarga eléctrica, como en los modelos anteriores, sino una explosión nuclear.
El fundamento del láser: la emisión estimulada
El átomo
está integrado por un núcleo, formado por un conjunto de protones y neutrones, y
por una serie de electrones emplazados a determinada distancia, alrededor del
núcleo. Electrones, protones y neutrones son las tres partículas básicas. Los
electrones poseen una masa muy pequeña y carga negativa. Por su parte, protones
y neutrones tienen aproximadamente la misma masa, pero mientras los primeros
poseen carga eléctrica positiva, los neutrones carecen de carga. Los electrones
del átomo, cuya energía depende de su distancia al núcleo, pueden encontrarse en
estado excitado —con una energía superior a la normal— o en reposo. En el estado
excitado, el electrón almacena una determinada proporción de energía.
En virtud
del llamado proceso de absorción, cuando un fotón —recordemos que las ondas de
luz también se denominan fotones— choca con un electrón no excitado, puede hacer
que pase al estado de excitado. Habitualmente, un electrón que resulta excitado,
al cabo de un tiempo pasa nuevamente al estado de reposo, emitiendo al pasar un
fotón. Este fenómeno, conocido como emisión espontánea, es el que tiene lugar,
por ejemplo, en el Sol o en las bombillas. Ahora bien, un electrón puede ser
inducido a liberar su energía almacenada. Si un fotón pasa al lado de un
electrón excitado, éste retorna al estado no excitado a través de la emisión de
un fotón de luz igual al que pasó junto a él inicialmente. Este proceso se
conoce como emisión estimulada y constituye el fundamento del láser.
La luz normal y el rayo láser
Las tres
características que diferencian el rayo láser de la luz del Sol o de la generada
por una bombilla, es que aquél es un haz de luz monodireccional, monocromático y
coherente.
Los
emisores de luz despiden millones de ondas, que pueden tener idéntica dirección
o poseer direcciones distintas. La bombilla es un emisor de luz omnidireccional,
frente al láser, que es monodireccional. En cuanto a la característica del
monocromatísmo, el color de una luz está en función de su frecuencia; si todas
las ondas posee la misma frecuencia, poseen también el mismo color. Los
filamentos de las bombillas están formados por átomos y moléculas diferentes y,
por tanto, la energía absorbida y desprendida en forma de fotones adopta valores
diversos. Puesto que la frecuencia del fotón está en relación con su energía, al
variar ¡a energía varía la frecuencia emitida. La luz de una bombilla tiene
múltiples frecuencias, dependiendo del filamento que se haya empleado en su
construcción. Por el contrario, en un láser, la fuente de luz proviene de un gas
o de un sólido muy purificado. En ambos casos, los átomos tienen idénticos
niveles energéticos. Como resultado, los fotones generados poseen idéntica
energía y frecuencia.
Las ondas
electromagnéticas son señales alternas, es decir, cambian constante-mente de
valor. Esta variación tiene forma de curva. La parte de la curva en que se
encuentra la onda en un momento concreto y en una posición dada se llama fase.
Dos ondas de idéntica dirección y frecuencia se encuentran cada una,
normalmente, en una fase distinta. En el caso de que una de ellas se situara en
un máximo y otra en un mínimo, se anularían. Sin embargo, puede suceder que
ambas señales posean la misma fase y, consecuentemente, los mismos valores, lo
que tendría como resultado una onda de doble de tamaño. Dado que en la luz
normal las ondas no están en fase, una proporción elevada de su energía se
pierde, puesto que unas señales se anulan con otras. Por el contrario, en el
láser, todas las ondas poseen la misma fase y la energía resultante es la máxima
posible, puesto que no se anula ninguna onda. Éste es el sentido del término
coherente.
Componentes del láser
El láser
está formado por un núcleo, que suele tener forma alargada, donde se generan los
fotones. El núcleo puede ser una estructura cristalina, por ejemplo rubí, o un
tubo de vidrio que contiene gases, por lo general dióxido de carbono o la mezcla
helio-neón. En cualquier caso, son materiales que poseen electrones fácilmente
excitables y que no emiten inmediatamente de forma espontánea, sino que pueden
quedar excitados durante un tiempo mínimo. Es precisamente este pequeño
intervalo de tiempo el que se necesita para que los electrones produzcan emisión
estimulada, no espontánea.
Junto al
núcleo se halla el excitador, un elemento capaz de provocar la excitación de
electrones del material que se halla en el núcleo, a partir de una lámpara de
destellos —que provoca un flash semejante al de una cámara fotográfica— o de dos
electrodos que producen una des-carga eléctrica de alta tensión.
El tercer
componente del láser son dos espejos paralelos emplazados en los extremos del
núcleo. Uno de ellos es reflectante, mientras el segundo es semirreflectante, es
decir, permite el paso de una parte de la luz que le llega.
Cuando se
verifica la excitación, gran cantidad de electrones pasan al estado excitado y,
una gran mayoría, permanece en dicha situación durante un determinado intervalo
de tiempo. No obstante, algunos realizan una emisión espontánea, 1 generando
fotones que se desplazan en todas direcciones. Aunque en su mayoría se pierden
por los laterales donde no hay espejos, un pequeño número rebota entre ellos y
pasa por el interior del núcleo, que es transparente. Al pasar por el núcleo,
provocan la emisión estimulada de nuevos fotones en la misma dirección. Estos
nuevos fotones rebotan también en los espejos, originando, a su vez, la emisión
de más fotones, y así sucesivamente. Puesto que uno de los espejos es
semirreflectante, una parte de los fotones, en lugar de rebotar, escapa,
formando una especie de chorro muy fino: es el rayo láser visible.
Aplicaciones del láser
En la
actualidad, las aplicaciones del láser son múltiples. Dado que un haz de rayos
láser origina una línea recta de luz, es posible utilizarla como guía en el
tendido de tuberías, para definir techos o paredes completamente planos en los
trabajos de construcción o para medir distancias —calculando el tiempo que tarda
la luz en ir y volver al objetivo a medir—. Por otra parte, el rayo láser
proporciona gran definición, lo que permite utilizarlo en las impresoras de los
ordenadores. La grabación de imágenes en tres dimensiones se basa, asimismo, en
el empleo de dos rayos láser, uno de los cuales da directamente en la película,
mientras el segundo rebota en el objeto que se desea fotografiar. Como es
sabido, el volumen de información que transmite una onda electromagnética
depende de su frecuencia; en este sentido, la luz de un rayo láser resulta
idónea para la transmisión de señales. En el ámbito de la medicina, los bisturís
cauterizantes recurren también a la tecnología del láser, lo que permite
realizar cortes muy finos de gran precisión y evita cualquier riesgo de
contagio; asimismo, el láser cauteriza de manera inmediata, alejando el peligro
de hemorragias. Una de las aplicaciones más cotidianas del láser es la lectura
de discos compactos. Pueden mencionarse también la fabricación de circuitos
integrados, la lectura de códigos de barras o el trabaj6 con materiales
industriales.
Fuente Consultada: Gran
Enciclopedia Universal (Cap. 22)
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