BIOGRAFÍA LUÍS FEDERICO LELOIR

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LUIS FEDERICO LELOIR

Bioquímico argentino, nació el 6 de septiembre de 1906 en París, donde sus padres pasaban las vacaciones. Se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires y fue discípulo de otro premio Nobel argentino: Bernardo Houssay.

Fedederico Leloir fue testigo de la violencia que sacudió al siglo XX. Entre 1914 y 1918, durante la guerra Guerra Mundial, completó la educación secundaria en el Colegio Beaumont de Londres.

En 1936, mientras se desarrollaba la Guerra Civil Española, estudiaba enzimología en Cambridge. La Segunda Guerra Mundial, iniciada en 1939, hizo que regresara al país; pero la situación en la Argentina no era ajena a la agitación internacional. Pese a su apoyo al desarrollo de la ciencia, el gobierno peronista chocó con la oposición del mundo académico.

El doctor Bernardo Houssay, premio Nobel en 1947, debió abandonar su cátedra en la Universidad de Buenos Aires. Igual suerte corrió Leloir en 1974, aunque, al año siguiente, el Gobierno le otorgó el Premio Congreso de la Nación. Poco antes de su muerte, Leloir presenció otra guerra, mucho más cercana: la de Malvinas. A pesar, o tal vez por, estas experiencias adversas, Leloir mantuvo siempre su anhelo de contribuir al bienestar y la salud con sus descubrimientos científicos, antes y después de obtener el premio Nobel.

Leloir nació en París en 1906. Dos años después su familia volvió a la Argentina mientras que el mundo científico del hemisferio norte daba los primeros pasos nacía una nueva ciencia que después se llamó Bioquímica, es decir, la química de los organismos vivos. Se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires en 1932, pero nunca se sintió cómodo en la medicina asistencial en esa época muy precaria, razón por la que se decidió a investigar y eligió, como es lógico, el mejor centro del país: el Instituto de Fisiología que dirigía Houssey, cuya bajo su tutelo hizo la tesis sobre el metabolismo de los azucares

ANTECEDENTES CIENTÍFICOS DE LA ÉPOCA: UNA NUEVA DISCIPLINA
Pero el siglo XX también fue de avances científicos. A fines de la centuria anterior, algunos científicos habían puesto los cimientos para una nueva disciplina: la bioquímica. El doctor Edward Buchner había conseguido preparar el primer zumo de levadura, fermentado libre de células.

Esta línea de trabajo condujo al descubrimiento de sustancias -enzimas, coenzimas e intermediarios- que intervienen en el metabolismo de las células. En 1905 se publicó la primera revista de los bioquímicos, Journal of Biológica! Chemistry y, un año después, coincidentemente con el nacimiento de Leloir, aparecieron Biochemische Zeitschrift y Biochemical Journal.

También Arthur Harden y William Young establecieron las condiciones en que se produce la fermentación de la glucosa, azúcar esencial en las transformaciones orgánicas. Ese año, Tswett describió el cromatógrafo, aparato que identifica sustancias. Entonces, la bioquímica se dividió, dando lugar a la biología molecular, la biología celular y la genética química, entre otras.

LELOIR: En los años 40 se acercó al Instituto dirigido por Houssay. Por ese entonces, Leloir compartía su trabajo como docente (profesor externo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales) con sus trabajos en el laboratorio. También estuvo en Cambridge y en el Enzime Research Laboratory, de Estados Unidos, entre otros importantes centros de investigación.

A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azúcarnucleótidos, que tienen un importante rol en el metabolismo de los hidratos de carbono.

Hizo posible nuevos , tratamientos médicos Buscó en sus logros una utilidad práctica aplicación industrial de sus hallazgos Abrió nuevas líneas de investigación bioquímica Obtuvo el Nobel por sus estudios sobre carbohidratos Estableció un modelo de sencillez y humildad

Esta investigación abrió el camino para el control de una enfermedad que resultaba fatal para los recién nacidos. Antes de obtener el Nobel, en 1970, Leloir fue distinguido con el Premio de la Sociedad Científica Argentina (1955), entre muchos otros galardones como los otorgados por la Comisión Nacional de Cultura (1944), Bunge y Born (1965), Fundación Gaidner de Canadá (1966) y por la Asociación Química Argentina (1969). Para entonces, ya era director del Instituto de Bioquímica de la Fundación Camponar, creada en 1947.

También fue autor de más de 200 trabajos sobre su especialidad, titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas y de la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia y doctor "honoris causa" de la Universidad de París.

Poco después de ser elegido premio Nobel, una serie de fotos recorrieron el mundo. Las imágenes mostraban al científico, usando un guardapolvo gris y sentado en una vieja banqueta. Era un símbolo de su permanente humildad y de su lucha por lograr el avance de investigaciones en un contexto de dificultades económicas. Otra foto, publicada en Clarín el 11 de diciembre de 1970, registró el momento en que Leloir recibía el Nobel de manos del rey Gustavo Adolfo de Suecia. Leloir murió el 15 de Diciembre de 1987

Una prolífica actividad docente: Desde sus inicios, la Fundación Campomar alcanzó prestigio en la comunidad científica y actualmente es reconocida su capacidad para formar centros de investigación en la Argentina. Actualmente trabajan 17 grupos con cerca de 100 científicos y 120 personas en actividades complementarias. Entre sus líneas de investigación, experimentan (etapa clínica) con moléculas capaces de curar el melanoma humano, intentan transferir genes terapéuticos para el Mal de Parkinson, estudian cómo desarrollar nuevas estrategias inmunológicas, buscan combatir plagas agropecuarias, determinan los factores de rendimiento en los cultivos, prosiguen el estudio de los polisacáridos y continúan formando investigadores.

La repatriación de La fama de la Fundación Campomar trascendió los límites del país y muchos centros de ciencias tentaron a los investigadores. Así, muchos de ellos emigraron con mejores perspectivas de realización personal. Recientemente, el Instituto puso en marcha un programa orientado a crear condiciones para que destacados científicos argentinos, residentes en el extranjero, puedan volver al país. Se llamó a un concurso nacional e internacional para conseguir que regresen con sus conocimientos y puedan aportar nuevas técnicas útiles para la Argentina.

LA FUNDACIÓN CAMPOMAR: POR GESTIONES DE CARLOS EUGENIO Cardini, el industrial Jaime Campomar ofreció al doctor Leloir su apoyo para la creación del Instituto de Investigaciones Bioquímicas "Fundación Campomar". Las primeras actividades se desarrollaron en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, dirigido por Bernardo Houssay.

Al poco tiempo alquilaron una casa contigua, en Julián Álvarez 1719. Durante la inauguración de esa primera sede, el 3 de noviembre de 1947, Leloir expresó: "El Instituto de Investigaciones Bioquímicas comienza sus actividades en un local pequeño y provisorio, pero esperemos que sean grandes su labor y su futuro".

Aquel grupo inicial de "señores médicos" -así llamaba Campomar a los bioquímicos- estuvo integrado por Raúl Trueco, Ranwel Caputo y el primer becario de la institución, Alejandro Paladini, luego reemplazado por Enrico Cabib. La mayoría de los científicos conocía a la Fundación como el "santuario de Leloir" y se sorprendía por el contraste con los laboratorios del exterior.

Allí no había despachos ni escritorios; sólo una biblioteca y mesas de trabajo. Contaban con medios muy rudimentarios y ellos mismos preparaban los reactivos para sus experimentos. Sin embargo, la atmósfera era sumamente entusiasta y todos; recuerdan esa época con mucha gratitud y añoranza.

LA ETAPA MODERNA: En 1957, la muerte de Campomar dejó al Instituto sin recursos. Leloir consiguió un subsidio del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos. Más tarde, el gobierno ofreció una gran casa en Obligado 2490, donde paralelamente funcionó el Instituto de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales, también dirigido por Leloir. A partir de 1964 se brindó, a los mejores alumnos del curso de Química Biológica II la posibilidad de preparar su tesis  doctoral. Finalmente, en, en 1984 se inauguró el actual edificio de Patricias Argentinas 435, con una superficie de 6.000 m2, distribuidos en 4 plantas y subsuelo. Allí en los umbrales del siglo XXI, otros profesionales prosiguen la tarea  emprendida por Leloir.

HABILIDADES
La modestia de Leloir se pone de manifiesto en estas líneas.

"No sé cómo ocurrió que seguí una carrera científica. (...) Supongo que el factor más importante en la determinación de mi futuro fue el recibir un grupo de genes que dieron las habilidades negativas y positivas requeridas.

"Entre las habilidades negativas podría mencionar que mi oído musical es muy pobre y por lo tanto no podía ser compositor ni músico. Mi falta de habilidad para la oratoria me cerró las puertas a la política y al derecho. Creo que no podía ser buen médico porque nunca estaba seguro del diagnóstico o del tratamiento.

"Estas condiciones negativas estaban acompañadas presumiblemente por otras notan negativas: gran curiosidad para entender los fenómenos naturales, capacidad de trabajo normal o ligeramente subnormal, una inteligencia corriente y una extraordinaria capacidad para trabajar en equipo.

Lo más importante probablemente fue la oportunidad de pasar mis días en el laboratorio y efectuar muchos experimentos. La mayoría fracasaron, pero algunos tuvieron éxito, debido sólo a la buena suerte o al hecho de haber cometido el error adecuado."

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

El premio que recibirá Leloir consiste en 400.000 coronas suecas, equivalente a 80.000 dólares. La expectación periodística se centró en torno de la presencia desconcertada y amable del doctor Luis Federico Leloir. Dentro de la biblioteca, en el primer piso del Instituto de Investigaciones Bioquímicas, Fundación Campomar, un verdadero enjambre de camarógrafos, fotógrafos y hombres de prensa intentó dialogar con el flamante Premio Nobel de Química, ubicado detrás de una mesa atestada de grabadores. Las preguntas se sucedieron rápidamente en el local invadido por libros y probetas con la clásica atmósfera de los laboratorios.

El doctor Leloir consiguió balbucear, mientras las voces se silenciaban: "Me siento honrado por la distinción de la Academia Sueca. Hoy, después de unas horas de la notificación, espero no estar equivocado, y que el premio realmente exista. Al principio estaba contento. Ahora estoy simplemente asustado.

Realmente tenía noticias ligeras de que podía obtenerlo, pero no tenía conciencia de que mis experimentos justificaran este galardón. El domingo pasado -insistió- tuve noticias, pero secretas, de que podía ser nominado. No eran precisamente para divulgar. Quienes en realidad se merecen el premio son mis colaboradores Cardini, Caputto, Paladín y Trueco, y el grupo de investigadores del instituto, integrado por 33 personas. A ellos debo este premio. No es por mérito propio, ya que yo represento la centésima parte de las tareas de investigación. Soy nada más que el representante".

Con voz queda, demostrando gran control de sí mismo, el doctor Leloir se refirió luego a su entrevista con el presidente Levingston: "Me señaló -apuntó- que el premio era muy importante para el país y para los argentinos".

Recordó luego las primeras investigaciones sobre esta especialidad en el edificio de Julián Álvarez 1917, donde funcionó inicialmente el instituto, desde 1947 hasta 1958. "En el pequeño laboratorio de cien metros cuadrados -dijo- no teníamos muchas facilidades que digamos, y fueron realizadas en circunstancias precarias, antes de pasar a esta sede. Creo que este hecho fue el que justificó el premio y, posteriormente, el de haber logrado el apoyo de la Fundación Campomar que inició sus actividades en 1947 y cuya organización me fue confiada."

Con la dirección del doctor Leloir funciona en el edificio de Obligado 2490, que consta de tres plantas, el Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar y otro instituto afín, dependiente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y en ellos se realizan investigaciones básicas en el campo de la bioquímica, y se forman investigadores y técnicos en la materia.

"Los científicos -respondió a otra pregunta- necesitan apoyo económico. Nosotros empezamos pobremente y con el tiempo las cosas se han complicado y son más costosas. Es decir, seguimos trabajando debajo del nivel óptimo." Señaló luego que están dadas las condiciones para la emigración de cerebros "pues las facilidades en el exterior son mayores que aquí. Hay afuera países más ricos, y difícilmente la Argentina alcance el nivel de Estados Unidos o de Europa, en cuanto a atracción económica y a medios diversos y técnicos. El nivel científico argentino es excelente y está perfectamente capacitado para la investigación".


Con respecto a qué destinará el premio, el doctor Leloir manifestó que "probablemente al instituto mismo, aunque todavía no he elaborado -subrayó- ningún plan en ese sentido". Puntualizó finalmente que este premio tiene una relación lejana con el de la Paz, pues premia a la investigación aplicada y recordó cursos de especialización en diversas universidades del mundo.

"En realidad -concluyó, sonriente- la importancia de nuestros experimentos tiene una aplicación inmediata que es la del Premio Nobel; otras son las que reportará en bien de la humanidad toda."

Fuente: Biografías Imprescindibles Clarín Cuadernillos Nro: 29 Luis Federico Leloir

   

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