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La
lengua es un sistema arbitrario de signos que los miembros de una comunidad
establecen por convención, con el fin de comunicarse. El habla es la realización
concreta de la lengua, ya en el discurso oral, ya en el escrito
Es a principios del siglo XX, cuando
Ferdinand de Saussure (lingüista suizo) plantea una distinción concreta a
una problemática que se venia gestando desde hacía un tiempo. La misma hacia
referencia a la utilización de los términos lenguaje, lengua y habla para aludir
a un mismo concepto. Para ello el suizo propone como base lo siguiente:
LENGUAJE= LENGUA <----> HABLA
El hablante hereda el idioma de
una comunidad y asimila su funcionamiento de forma progresiva.
El habla es la
manifestación de la lengua en el discurso
Por lo tanto, el hablante hereda de su
comunidad el idioma, asimilando su funcionamiento de forma progresiva. Mientras
que el habla, es la manifestación de la lengua en el discurso.
Lenguaje y lengua:
«Tomado en su conjunto, el lenguaje es
multiforme y heteróclito; a caballo en diferentes dominios, a la vez físico,
fisiológico y psíquico, pertenece además al dominio individual y al dominio
social; no se deja clasificar en ninguna de las categorías de los hechos
humanos, porque no se sabe cómo desembrollar su unidad» (Curso de lingüística
general). Según esta afirmación de Saussurre, podemos evidenciar que el lenguaje
presenta caras muy heterogéneas, definiéndose también como la facultad natural
que tiene el ser humano para comunicarse entre sus iguales. Es por esto, que el
lenguaje es el objeto de estudio de la lingüística, pero también de otras
ciencias como lo son la psicología, antropología, filología entre otras. Sin
embargo, lo que las diferencia es que cada uno de ellas lo hace desde una
perspectiva determinada.
Pero si volvemos a la afirmación de
Sassurre y las tantas caras que presentan el lenguaje, cabria preguntarnos ¿Cuál
de todas ellas es la que presenta utilidad para la lingüística? Sin lugar a
dudas la respuesta esta en la lengua. Es decir, que es la facultad de constituir
un sistema de signos distintos que corresponden a ideas distintas. En suma,
aprendido y compartido por todos los hablantes, permitiéndoles comunicarse entre
si y poseyendo un carácter pasivo, inmaterial y por lo tanto social. Es en sus
palabras, «norma de todas las manifestaciones del lenguaje» (op. cit.), el
componente esencial del lenguaje.
Pero la otra cara de la misma moneda, la
constituye el habla. Es decir aquel componente, que hace referencia a la
realización concreta de la lengua por un hablante en un momento dado, al emitir
un mensaje preciso mediante el uso de los signos y reglas del sistema que
considere pertinentes, y se caracterice por ser activa, material e individual.
Con otras palabras podríamos decir que una sin la otra no podrían vivir, ya que
entre ellas existe una relación de mutua dependencia.
Lengua y habla
Existe una clara dicotomía entre los
conceptos de la lengua y el habla, esta dicotomía define y distingue claramente
a cada uno de ellos. En primer lugar, como se ha mencionado, el habla es la
parte social del lenguaje, es algo externo al individuo, que por si solo no
puede alternarla en su estructura. En este caso, sin la necesidad de que a
través de un aprendizaje se adquiera, el habla es uniforme, un sistema
organizado de signos de carácter arbitrario, que los seres humanos adquirimos a
través de la comunidad a la que estamos insertos. En cambio, la lengua es
susceptible de análisis ya que es un objeto concreto. Sus unidades así como
estas asociaciones que se establecen entre ellas son en esencia psíquicas, pero
no abstractas.
Entonces, el habla es un hecho netamente
individual del lenguaje, por lo tanto no es homogénea sino cambiante,
circunstancial, siendo además, un objeto concreto de orden físico y fisiológico,
por ser que en ella intervienen órganos auditivos y articulatorios. Este acto,
esta sujeta a la voluntad de cada individuo, que se expresará de acuerdo a su
propio indirecto y de un modo distinto de cada enunciación. En otras palabras,
el habla va a ser la forma de manifestación de la lengua en el discurso,
comprendiendo, por un lado, las combinaciones que libremente elija cada persona
y por otro lado, en concordancia con los actos de fonación.
“Gracias a la palabra y a la lengua en
cuanto a fenómeno de una comunidad humana pensamos el mundo y nos pensamos a
nosotros mismos… a través de la lengua interpretamos la realidad y con ayuda de
la palabra nos sabemos viviendo como intimidad insustituible, como personas
singulares” (O.Fullat, Educación: desconcierto y esperanza.1976)
El signo lingüístico
Los
signos lingüísticos, son los símbolos que constituyen el lenguaje. En todo
signo lingüístico se distinguen, semánticamente dos aspectos: el conjunto de
características a que hace referencia el signo (designado) y el conjunto de
entidades que poseen las características del designado (denotado).
Se podría admitir, por lo tanto, que la verdadera entidad
lingüística es la diferencia en sí: «en la lengua no hay más que diferencias» (op.
cit.). Una unidad adquiere valor funcional si es distintiva.
Los pianos implicados en el signo
lingüístico son ambos psíquicos, pues es un proceso mental el responsable de su
asociación. Estas dos caras, íntimamente unidas, son el concepto (o significado)
y la imagen acústica (significante o expresión). La imagen acústica no es el
sonido material perceptible por los sentidos, sino su huella psíquica, la imagen
verbal del concepto, la representación sensorial de la palabra. Se verá con más
claridad en el esquema que se incluye a pie de página.
En él se puede observar que el papel que
desempeña el signo lingüístico es el de practicar un corte en el continuum
amorfo del pensamiento (ideas) y estructurar esa materia en el sistema de la
lengua. De la materialización concreta del signo se encarga el habla.
Los caracteres primordiales por los que se
reconoce un signo lingüístico son su arbitrariedad, su carácter lineal y su
inmutabilidad.
El principio de arbitrariedad quiere decir
que el signo es inmotivado, que el significante está vinculado al significado no
por una necesidad ni una ley natural. Es un lazo de unión acordado por
convención y que se transmite por tradición. Buena prueba de ello es que a un
mismo significado (por ejemplo, «árbol») le corresponden distintos
significantes, según la lengua de que se trate: arbor (latín), tree (inglés),
árbore (gallego), etc. Conviene hacer una matización al respecto: que sea
arbitrario no significa que la elección de un significante u otro dependa de la
libertad del hablante; por el contrario, tal asociación es fruto de un hábito
colectivo.
Por ser una imagen acústica, el
significante se desenvuelve en el tiempo y adopta los caracteres que definen al
tiempo: representa una extensión y esa extensión es mensurable en una sola
dimensión (la lineal). Esto significa que el significante posee un carácter
lineal. Por oposición a los significantes visuales, los acústicos se presentan
de forma sucesiva, uno detrás de otro, en cadena (lo cual queda patente cuando
los representamos mediante la escritura).
La inmutabilidad del signo se explica
desde su condición de fenómeno hereda-~ do: «un estado de lengua dado siempre es
el producto de factores históricos, y esos factores son los que explican por qué
el signo es inmutable, es decir, por qué resiste toda sustitución arbitraria» (op.
cit.). En efecto, un estado sincrónico de lengua excluye la posibilidad de un
cambio general. La variación pertenece al plano del habla y solamente cuando es
aceptado por la totalidad de un grupo entra a formar parte de la estructura
lingüística, pero esa modificación será el producto de un proceso que se
desarrolla a lo largo del tiempo, un proceso diacrónico (el paso de un estado de
lengua a otro).
La inmutabilidad se debe a diversas
causas: por el carácter arbitrario del signo, que protege a la lengua de
cualquier tentativa por cambiarla; por la infinidad de signos que son necesarios
para constituir una lengua (es fácil reemplazar un alfabeto por otro, ya que son
pocas las letras que lo componen, pero sustituir los signos de una lengua por
otra es imposible); por la complejidad del sistema. Transformarlo sólo sería
concebible con la intervención de especialistas (gramáticos, lingüistas,
lógicos...), pero ningún experimento de este tipo ha resultado exitoso, y por la
reticencia colectiva a toda innovación lingüística, porque la lengua forma parte
del cuerpo social y, siendo la masa inerte por naturaleza, se muestra ante todo
como un factor de conservación.

FUENTE CONSULTADA: GRAN ENCICLOPEDIA UNIVERSAL-ESPASA CALPE
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