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Las lenguas eslavas tienen su origen en el
indoeuropeo y constituyen un grupo lingüístico muy coherente que se extiende por
el este y centro de Europa y el noreste de Asia; además, existen comunidades
eslavas en Europa occidental y Norteamérica.
Hoy día
todavía no está muy claro el lugar de origen de los pueblos eslavos, aunque se
puede afirmar que una parte de ellos está relacionada con la civilización
lusaciana, afincada en las proximidades de Gniezno algunos siglos antes de la
era cristiana. Ya en el siglo d. C., Plinio el Viejo y Tácito hacen referencia a
los veneti («vénetos»), los vecinos orientales de los germanos. Y una centuria
más tarde, Claudio Tolomeo utiliza por primera vez el término suoveno raíz del
gentilicio eslavo.
Según estos
documentos, el área geográfica que ocupaban aquellas comunidades eslavas
primitivas se situaría al norte de los Cárpatos, entre el curso medio del
Vístula y del Dniéper, al norte y sur de Kiev. A partir de ahí, comenzó una
rápida expansión que las llevó hasta las orillas del Danubio (siglo vi d. C.).
En este punto, aunque los eslavos estaban repartidos en distintos grupos, la
lengua que manejaban era la misma, con variaciones dialectales de escasa
importancia.
Entre los siglos ix y xii, cuando empezaron a crearse los estados
eslavos, las diferencias diatópicas se agudizaron: el resultado de la
reestructuración del sistema vocálico no fue igual en todas las regiones y dio
lugar al desarrollo de lenguas diversas que, grosso modo, se corresponden con la
división actual. Pero aparte de ese fenómeno lingüístico, otras circunstancias
—de orden histórico y cultural (influencia extranjera)— intervinieron en la
progresiva fragmentación que separó, por un lado, a los eslavos del Sur y del
Oeste y, por otro, a los del Sur y el Este.
La Iglesia
eslavona, instaurada en el siglo IX por obra de los apóstoles griegos Cirilo y
Metodio (a requerimiento de Rotislao), dotó a los eslavos de alfabeto (el
glagolltico, base del cirílico) y de una lengua litúrgica (el eslavón). En la
misma época, tanto los búlgaros como los serbios se convirtieron también a la
ortodoxia griega, y en el siglo X, los croatas y los polacos abrazaron el
cristianismo pero adoptaron el rito de Roma. Unos cien años después, la Iglesia
ortodoxa se apartó de la romana, cisma que tuvo como consecuencia la separación
de eslavos ortodoxos (de alfabeto cirílico) y eslavos católicos (de alfabeto
latino). Actualmente, el rasgo que establece más diferencias entre las lenguas
eslavas es de la representación gráfica: los pueblos de tradición ortodoxa
(ruso, bielorruso, ucraniano, macedonica y serbio) utilizan la escritura
cirílica; los de tradición católica o protestante (polaco, checo, eslovaco,
esloveno y croata), la latina (a la que algunas lenguas añaden diagramas y
signos diacríticos); la glagolítica ha caído en desuso y solamente tiene un
interés histórico.
Clasificación de las lenguas eslavas
Los idiomas
eslavos no descienden directamente del indoeuropeo, sino del protoeslavo, más
próximo a la lengua madre (de la que se segregó tardíamente, entre los siglos V
y VIII d. C.). El protoeslavo ha sido reconstruido gracias a la lingüística
comparada. Nos podemos hacer una idea aproximada de él a través del eslavo
antiguo (o macedonio antiguo de Tesalónica), conocido por las traducciones de
los Evangelios y de los textos litúrgicos griegos que llevaron a cabo los antes
mencionados Cirilo y Metodío. Esta lengua sagrada ha continuado utilizándose en
las iglesias ortodoxas, si bien ha experimentado algunos cambios para adaptarse
a los tiempos.
En esencia,
el protoeslavo no se distinguía de la rama báltica y, de hecho, algunos
estudiosos han hablado de un antepasado común al que denominan baltoeslayo. A
partir de ese antepasado, se formaron tres subgrupos fundamentales:
• Las lenguas eslavas del Sur, que incluyen:
el serbocroata y esloveno en Eslovenia, Croacia, Serbia y regiones adyacentes;
el búlgaro en Bulgaria y zonas colindantes; y el macedonio en Macedonia,
Yugoslavia y lugares vecinos de Grecia.
• El eslavo occidental, que comprende el
checo y el eslovaco en Checoslovaquia, el lusaciano en Alemania y el polaco.
• El eslavo oriental, que abarca el ruso, el
ucraniano y el bielorruso.
Esta
clasificación tripartita no contempla las variedades en el seno de cada lengua.
De ellas, los llamados dialectos de transición o dialectos híbridos muestran
ciertas semejanzas entre los múltiples idiomas eslavos (que no se manifiestan,
sin embargo, en los respectivos textos literarios), las cuales explican que la
comunicación entre los eslavos de diversas nacionalidades sea difícil pero no
imposible. Tomadas aisladamente, existe una diferencia de grado entre las
lenguas según el panorama dialectal que presentan: desde el ruso —bastante
homogéneo—, hasta el esloveno —muy diversificado—. En la actualidad, los medios
de comunicación de masas contribuyen a minimizar la variedad en todas las
lenguas eslavas.
Características generales de las lenguas eslavas
Fonología
En lo que
se refiere al plano fonológico, es característica de las lenguas eslavas la
tendencia a ordenar los segmentos fónicos en la sílaba de menor a mayor
sonoridad. En la evolución del protoeslavo desde el indoeuropeo esto se
manifiesta en la pérdida de consonantes finales, la sustitución de las vocales
nasales por secuencias tautosilábas de vocal + consonante nasal, la
monoptongación de los diptongos, y la formación de secuencias tautosilábicas de
e, o + consonante líquida.
Asimismo,
fue muy significativo el proceso de palatalización que se originó en el
protoeslavo y que sirve para discriminar categorías morfológicas de una misma
palabra <por ejemplo, en ruso múka es ‘tormento’, en tanto que múdt —con la
consonante palatal -- significa ‘atormentar’). Este fenómeno se vio favorecido
por los siguientes entornos fonéticos:
a) k, g
y x
ante vocales palatales.
b) Delante de vocales palatales derivadas de
una monoptongación, k
cambia a c,
g
cambia a z,
y x
cambia a s.
c) Tras vocales palatales.
d) Las secuencias de dental
+ j se
reducen para dar lugar a un único fonema palatal.
Morfología
En el plano
morfológico, las lenguas eslavas se muestran muy conservadoras.
En cuanto
al género, la diferenciación entre masculino, femenino y neutro se mantiene en
singular, aunque muchas lenguas han practicado cierta reestructuración en el
plural.
Con
respecto a la declinación, excepto el búlgaro y el macedonio, que la han
perdido, -en general el resto de las lenguas eslavas conservan los siguientes
casos: nominativo, acusativo, genitivo (resultado de la confusión del genitivo y
el ablativo indoeuropeos), dativo, instrumental y locativo. Además, el número
dual desapareció en la mayoría de las lenguas (salvo en esloveno), pero ha
dejado no pocos vestigios en la forma de plurales irregulares.
Una
innovación significativa de la flexión nominal fue la que introdujo el rasgo
semántico de la animación: ciertos sustantivos animados presentan un acusativo
igual que el genitivo <y no que el nominativo>.
Los
adjetivos determinados de forma larga doblan muchos adjetivos normales llamados
indeterminados, de forma corta.
La
morfología verbal sufrió más cambios que la nominal. Todas las lenguas eslavas
han perpetuado la concordancia persona/número en las formas finitas del verbo;
no obstante, algunas formas no finitas han adoptado la correspondencia
género/número.
La
conjugación está dominada por la categoría del aspecto (el perfectivo, que
expresa una acción terminada, y el imperfectivo, que indica una acción sin
completar). Por otra parte, existen formas del imperativo derivadas del modo
optativo indoeuropeo.
En estas
lenguas se da un uso muy extendido de formas nominales (no finitas) del verbo:
hay dos formas para el infinitivo (tradicionalmente conocidas como infinitivo y
supino) y cinco participios (presente activo, presente pasivo, pasado activo,
pasado pasivo y perfecto activo).
La mayoría
son lenguas sintéticas (es decir, expresan contenidos gramaticales por medio de
las terminaciones de las palabras). El búlgaro y el macedonio son más analíticos
(transmiten esta información mediante el orden sintáctico).
Léxico
Un
importante fondo léxico en las lenguas eslavas procede directamente del
indoeuropeo. Con todo, se pueden reconocer préstamos muy antiguos del iranio y
el germánico. Hoy, el vocabulario de cada uno de los idiomas eslavos refleja
influencias locales más recientes (sobre todo del alemán, en el Oeste, y del
turco, en los Balcanes).
En cuanto a
la nueva terminología, se ha formado sobre la base de voces griegas y latinas,
así como también a través del mecanismo morfológico de la derivación (incremento
de palabras con prefijos y sufijos).
FUENTE CONSULTADA: GRAN ENCICLOPEDIA UNIVERSAL-ESPASA CALPE
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