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La
Argentina produce 21.000 toneladas de basura por día, y la mitad de esos
desechos es de origen orgánico. Los rellenos sanitarios están sobrecargados, y
la presión provocada por el exceso de basura agrieta las paredes y deja escapar
un líquido tóxico que contamina las napas de agua.
Una
de las soluciones para paliar el problema de los residuos orgánicos, y al mismo
tiempo producir fertilizante natural, es la aplicación de la técnica del
compost, basada en la preparación de una mezcla de materiales orgánicos,
excrementos de animales y agua que es sometida a una descomposición biológica
que da como resultado un producto sin olor, similar al humus, que puede ser
utilizado como fertilizante.
La
otra solución consiste en la utilización de uno de los animales macroscópicos
más importantes para el mantenimiento de la fertilidad del suelo:
las lombrices. Las lombrices de tierra
podrían eliminar la mitad de toda la basura que se produce en el país. Así lo
afirman los especialistas en lombricultura Eduardo Pretti y Daniel Avenia,
quienes sostienen que, además de reducir los niveles de contaminación, este
método genera beneficios económicos. Vayamos al grano... o mejor dicho, a la
lombriz.
En
los últimos años ha comenzado a utilizarse con éxito la lombriz roja
californiana (Eisenia fortida) para el tratamiento de residuos orgánicos
y para la producción de humus de lombriz, un poderoso abono natural. Este
invertebrado es muy resistente y explotable: “nunca
duerme, come todo el día, cualquier cosa y con un apetito voraz, es
increíblemente prolífica y se adapta bien en cualquier parte del mundo”.
Pretti hace así referencia a Eiseniafortida, la lombriz usada como
carnada, la especie mejor dotada para eliminar los desechos, claro, siempre que
sean orgánicos. Esta lombriz come, cada día, el equivalente a su peso (un gramo)
de basura.
El
40% de lo que come lo usa como energía, y el 60% restante, que desecha, se
convierte en humus. Cada tres meses, la cantidad de lombrices se multiplica por
diez. Entonces, silos desechos no son suficientes para alimentarias, pueden
venderse como carnada o bien como alimento de cerdos, pollos y ranas. También
pueden exportarse deshidratadas a Alemania, donde se las usa para la fabricación
de productos usados en geriátricos. En definitiva, además del fertilizante
natural que producen (el humus), la lombricultura tiene otras posibilidades
comerciales que la convierten en un negocio rentable, tanto a nivel industrial
como doméstico.
Un
lombricario casero, por ejemplo, puede armarse con unas 50 lombrices y una pila
de basura. El lugar elegido pue1 de ser desde un cajón o una lata de pintura
hasta una pileta de plástico, siempre y cuando se disponga de drenaje. Lo
primero que hay que hacer es ubicar la basura, removiéndola para ayudar a su
descomposición, que tarda entre uno y seis meses dependiendo de los materiales
desechados. Recién en ese momento se “siembran” las lombrices.
El
tiempo que tardan en transformar la basura en fertilizante depende de la
cantidad de basura y de lombrices: un kilo de lombrices elimina un kilo de
basura por día. Pero aún queda por resaltar otra “habilidad” de las lombrices:
son capaces de tolerar la ingesta de barros industriales y cloacales, y
transformarlos en humus.
Y, en
algunos casos, llegan a eliminar los elementos contaminantes. Los especialistas
se preguntan si no podrían usarse para combatir la contaminación del
Riachuelo... Y aclaran que, si bien el humus proveniente de esos barros
contaminados no podría usarse en agricultura u horticultura, serviría para
ayudar a la forestación. Los contaminantes pasan a la madera pero no afectan a
los árboles, con lo que acabarían por ser eliminados.
Fuente Consultada: suplemento “Cielo
despejado”, Veintiuno N.” 6
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