HISTORIA DE LA DIÁSPORA JUDÍA
Persecuciones, Torturas y Asesinatos a los Judíos en la Edad Media

El Poder De La Iglesia
Y La Ambición De Los Papas

LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA

 

 

 

 

Métodos de Torturas

La Orden Teutónica

La Inquisición

Carlos I de España

La Iglesia en América

Científicos Perseguidos

Los hebreos dirigidos por Moisés se marcharon de Egipto en el siglo XIII a.C. y se asentaron en las Tierras de Canaán (Palestina actual), lugar en donde estaban asentados los filisteos. Los enfrentamientos empezaron enseguida y los hebreos se unieron en un reino monárquico, inicialmente bajo el poder de Seúl, luego de David y finalmente de Salomón (931 a.C.), hasta su muerte, para luego dividirse en dos reinos uno al norte con capital en Samaria y otro Judá , al sur con capital en Jerusalén.

diaspora judia

Dispersión o diáspora son nombres sinónimos, aunque el segundo de origen griego, usados para referirse a la emigración de los judíos y la presencia de minorías suyas diseminadas fuera de Israel.

La primera diáspora se remonta al año 722 a.C. cuando las diez tribus del reino del norte fueron deportadas a Asiria, donde acabaron por ser asimiladas. En 586 a.C. los babilonios asaltaron y saquearon Jerusalén, y el Templo fue destruido e incendiado, deportando a Babilonia los judíos mas destacados de sus sociedad, como intelectuales, banqueros, funcionarios.

Fue durante este exilio donde la religión hebrea antigua fue cambiando a la religión judía actual. Por allá, en 521 a.C, los persas somete a los babilonios y el rey Ciro permite el retorno de los judíos a sus tierra natal, 50.000 judíos emprendieron el Primer Retorno a la Tierra de Israel, y iniciaron la reconstrucción del segundo Templo, en el mismo lugar que se encontraba emplazado el anterior.

Tras la muerte de Salomón, acaecida en el 935 a.C, Israel atravesó una etapa de decadencia. El reino se dividió en dos mitades: al norte Israel y al sur Judea, con capital en Jerusalén. Los asirios arrasaron Israel en el 722 a.C, y esclavizaron a sus habitantes. Judea se mantuvo hasta el 587 a.C, fecha en que el ejército babilonio destruyó el templo y obligó a los supervivientes a marchar al exilio. A partir de este momento podemos hablar de los «judíos», la nación definida por la religión que transmitieron los antiguos hebreos de Israel y Judea.

Cuando Palestina se encontraba bajo el dominio de los seléucidas, algunos judíos adoptaron costumbres helenísticas, pero pertenecían a una minoría de las clases altas, en las que no confiaba el pueblo, que se aferraba a sus tradiciones sin ponerlas jamás en entredicho. En el siglo II a.C. los judíos se rebelaron contra la «helenización» y a partir de entonces los reyes seléucidas empezaron a tratarlos con suma precaución.

Al finalizar el dominio seléucida, en el año 143 a.C, se inició un período de independencia que duró unos 80 años, y después Roma conquistó Judea. Transcurrirían 2.000 años hasta que resurgiera un estado judío independiente en el Oriente Medio. Sin embargo, en la época de Augusto vivían menos judíos en Judea que en el resto del imperio romano.

Tras el éxodo, y gracias a la libertad de movimientos y de comercio que ofrecieron primero los estados helenísticos y después Roma, los judíos se dispersaron por las costas del Mediterráneo y llegaron a los puertos del mar Negro y Mesopotamia. Fue la llamada «diáspora». Algunos se establecieron incluso en los puertos del oeste de la India (alrededor del 175 a.C).

En diversas ciudades romanas vivía un elevadísimo número de judíos; en Roma había probablemente unos 50.000, y en Alejandría también existía una importante comunidad. Su número aumentó gracias a la conversión de los gentiles, que se sentían atraídos hacia esta religión por su código moral, por las ceremonias que se centraban en la lectura de las escrituras sin necesidad de santuarios ni sacerdotes y sobre todo porque prometía la salvación. La visión judía de la historia era muy clara y alentadora: se consideraban el pueblo elegido por Dios, que se purificaría en el fuego para el Día del Juicio, pero que después se reuniría y alcanzaría la salvación.

Durante la dominación romana de Palestina la incomprensión de los romanos hacia el exclusivismo judío desembocó en dos sangrientas rebeliones que fueron aplastadas sin piedad por los romanos. La primera, en el año 70 d.C., vio la destrucción del Templo de Jerusalén a manos de Tito y cómo medio millón de hebreos morían en esta guerra y 100.000 eran reducidos a la esclavitud. Los supervivientes que abandonaron Palestina fueron a engrosar las comunidades de la diáspora.

La segunda rebelión, bajo el emperador Adriano, terminó con una estrepitosa derrota en 135 d.C., tras una guerra larga, cruenta y terrible. Los judíos que no murieron fueron dispersados y enviados a llenar los mercados de esclavos del imperio. Jerusalén se convirtió en una ciudad romana, Aelia Capitolina, a la que no se permitía entrar a los judíos. Mediante decretos imperiales fue prohibida bajo pena de muerte la observancia de las leyes sagradas:

Mas tarde durante el imperio romano, los judíos superaron la hostilidad inicial y consiguieron la plena ciudadanía con el edicto de Caracalla, en 212.

Pero un siglo después, cuando Constantino se convirtió al cristianismo, dio comienzo la sistemática, constante y creciente persecución a los judíos. Durante el Concilio de Nicea en el año 325, el mismo emperador pone fin a la controversia sobre la naturaleza de Cristo (se lo decreta divino y no un simple profeta) y continúa sus esfuerzos para separar al cristianismo del judaísmo declarando que la pascua cristiana no sería determinada por el pesaj o pascua judía. Declara: “Porque es insoportablemente irrespetuoso que en la más sagrada fiesta estemos siguiendo las costumbres de los judíos. De aquí en adelante no tengamos nada en común con esta odiosa gente...”.

También en plena Edad Antigua, numerosos santos (San Hilario, San Crisóstomo, San Efraín, etcétera) escriben en contra de los judíos. Algunos apelativos que reciben los semitas de parte de estos santos, nada compasivos por cierto, son: “Pérfidos asesinos de Cristo”, “Raza de víboras” y “compañeros del diablo”.

ODIO HACIA LOS JUDÍOS EN LA EDAD MEDIA

A partir del Siglo IV se le prohíbe la construcción de nuevos templos, y los en pie eran quemados por los cristianos.  Se los expulsa de algunas ciudades al menos que se conviertan al cristianismo, aunque después se desconfía de su fe, y siguen siendo perseguidos.  Se incita a la violencia para que sean atacados y marginados. Hacia finales del siglo VI se prohíbe a los cristianos tener amistades judías y consultar médicos de ese mismo origen.

Siglo V, se dictan leyes que se les prohíbe tener tierras, sirvientes, aparecer públicamente en la fiesta de Pascua. No puede acceder a ningún cargo público o tener autoridad sobre un cristiano.
Pueden convertirse y bautizarse, de lo contrario son expulsados, o bien tratados brutalmente al extremos de sacarles los ojos.

Siglo VIII: La situación sigue agravándose y los judío no pueden tener casi contacto con los cristianos. Se castiga toda relación, como la amistad hasta el diálogo.  San Agobard, arzobispo de Lyon, escribe en sus Epístolas que los judíos nacieron esclavos y que tienen el hábito de robar niños cristianos para vendérselos a los árabes.

Hacia el Siglo XI , en 1012, cuando los musulmanes atacan el Santo Sepulcro de Jerusalén, comienza un ataque sistemático en Francia hacia todo judío acusándolos de responsables. En 1081 son obligados a pagar altos impuestos para mantener la Iglesia a cambio de permitir su estadía en esa ciudad. Durante las sucesivas cruzadas, muchos soldados de Cristo asesinan sin piedad a miles de judíos e incendian sus templos. Algunas voces de la Iglesia se levantan contra eso y tratan de calmar los ánimos declarado que los judíos pueden ser tolerados y que la furia cristiana se debe dirigir hacia los musulmanes.

En el Siglo XII, aparece una nueva acusación, ahora son acusados de realizar rituales morbosos con asesinatos y consecuentemente son atacados y torturados hasta la muerte o quemados en la hoguera. Frecuentes pestes que asolaban a Europa por aquella etapa , y también se los culpaban de ser responsables por envenenar las aguas.

Siglo XIII, una resolución en el 4° Concilio de Letrán los obliga a distinguirse del resto de la sociedad, y para ello deben llevar un símbolo en su vestido, como una estrella o sombrero de color fuerte. Se inicia de esta manera en Europa un sistema de diferenciación a través de la vestimenta.

En 1267 se agudiza la ley, y ahora deben colocarse un sombrero raro de dos punta, llamado pileteum comutum, pues se afirma que son hijos del diablo y llevan cuernos. Mediante ese sombrero debían esconderlos.

Pasa los años y la presión cristiana continua, cerrando e incendiando sus templo, lastimando y torturándolos por impíos. Grupos de judíos son asesinados en las calles por la gente que se los cruza.

Siguen las acusaciones y ahora también por profanación de hostias, que es un delito cuya pena es la muerte, pues es un sacrilegio o ataque frontal directo al cuerpo de Cristo. Mucha gente se mofan de se asesinos de judío y hasta les gusta llevar un sobrenombre relacionado con su actitud asesina. Los encargados de las torturas o inquisidores queman los libros religiosos como el Talmud.

Llega el Siglo XIV con él, una peste que pasará a la historia por lo cruenta y desastrosa en cuanto a los estragos que hizo en la población. Ahora son culpados de planear una conspiración mundial para el dominio de los reinos.

Las persecuciones y violencia se incrementan y muchos se suicidan antes de ser castigados, torturados o quemados en hogueras. Se promulgan diversas bulas que prohíben a los capitanes de navío el transporte de judíos a Tierra Santa y que les impide asistir a la universidad.

En una bula papal, conocida como Cun nimis absurdum se asegura que los judíos, verdaderos asesinos de Jesús, han nacido esclavos y deben ser tratados con tales, y nace la modalidad que mas tarde utilizará Hitler para marginar a los judío, mediante la construcción de un pequeño predio, con una entrada en donde se hacinaba a todos los judío. Se lo llamó "guetto".

A la vez fueron obligados a vender sus propiedades a los cristianos a precios verdaderamente irrisorios. El ghetto fue instalado en la orilla derecha del Tíber, frecuentemente anegado y, por ello, extremadamente insalubre.

Desde aquellas primeras normas del siglo IV, podemos decir que fueron siempre marginados de todas las actividades sociales, comerciales y culturales.

En lo religioso y según el ánimo del obispo de turno podía llegar a poseer solo una sinagoga, pero ante cualquier problema que afectara a la sociedad medieval podían ser atacados y quemados vivos adentro del mismo templo.

Sólo se le permitía hablar en latín, no podían asistir a médicos cristianos, no podían tener amigos cristianos y menos aun alguna autoridad sobre ellos. Hasta los mas humildes y pordioseros no podía tratarlos bien, ni siquiera llamarlos "Señor"

El guetto era un lugar asilado, con solo una entrada y salida de unos 500 m. de lado, en donde se aislaba y obligaba a vivir a grupos de miles de judíos. Debido a la concentración de gente, debieron intentar hacer viviendas en planta altas, de dos o mas pisos, pero al no contar con buenos materiales y herramientas adecuadas, los derrumbes estaban a la orden del día, y las muertes por accidentes también. Los materiales usados como la madera eran sumamente combustibles y cualquier error con el fuego de la cocción de los alimentos o para calefacción generaban verdaderas catástrofes humanas y materiales. También la higiene era un verdadero problema por la escasez de agua, situación que abonaba el antiguo mito que los judíos tenían un degradable olor corporal.

En 1559, Pablo IV moría. Sin embargo, su bula había instaurado y legitimado una pauta de conducta que duraría tres siglos.

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