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¿Podemos creer lo que dice el Evangelio?
1) No tomar todo al pie de la letra
Lo
anterior basta para que entendamos lo siguiente:
- En el Evangelio no se encuentran todos los hechos y palabras de Jesús.
- Al relatar las palabras de Jesús, los evangelistas las expresan cada cual a su
manera y las adaptan Para. mejor comprensión de sus lectores.
- Los hechos no están siempre en el orden en que sucedieron y pueden mezclarse
en un mismo párrafo cosas que
- Jesús dijo en diferentes circunstancias. No podemos, pues, encontrar en-el
Evangelio una «fotografía»- de Jesús o una «grabación» de sus palabras. Pero
esto no significa de ninguna manera que no podamos creer el testimonio de los
evangelistas.
2)El lugar único del Evangelio en
la literatura
El
Evangelio es una creación excepcional y única dentro de la literatura de todos
los tiempos. Cualquier comparación con otro escrito de su tiempo, ya sea
cristiano o de otra religión, hace resaltar un contraste impresionante. Por una
parte la sencillez y la voluntad de ser sobrio; por otra, lo fabuloso, lo
enredado, lo "no aterrizado". Un filósofo moderno, no creyente, se admiraba de
que no hubiera más milagros en el Evangelio. El Evangelio lleva en sí mismo la
garantía de su autenticidad. Tomando en cuenta las precisiones que damos en el
párrafo anterior, la crítica moderna no ha podido encontrar falsedad en el
Evangelio, a pesar de que, desde ya un siglo, ha sido pasado a la lupa y
sometido a un sinnúmero de exámenes, como no se ha hecho para ningún otro libro.
3)Los que dudan
Son
muchos, sin embargo, los que ponen en duda el testimonio de los evangelios. A
veces, porque piensan ver en ellos algunas contradicciones. Más habitualmente,
porque les parece imposible aceptar los milagros. Incluso entre los creyentes
que estudian los evangelios, no faltan los que se quedan muy reservados respecto
de su valor histórico cuando nos hablan de las intervenciones de Dios en favor
de Jesús.
Esto
se debe, tal vez, a que creen demasiado en sus propias ideas y no han recibido
de Dios el don de una fe sencilla. Comparten con su ambiente una cultura que
cuenta solamente con los recursos humanos para solucionar todos los problemas. A
menudo disponen de una situación bastante segura en que uno puede ser creyente
sin, correr grandes riesgos. y sin recurrir a menudo a Dios y su Providencia.
¿Cómo, pues, entenderían las cosas dé Dios sin antes haber tenido una
conversión? Por muy sabios y religiosos que sean, no han experimentado la
intervención de Dios en su propia vida ni han visto los milagros que consigue la
fe. Entonces hacen el razonamiento siguiente: Si ahora no puedo ver cosas
parecidas a las del Evangelio. ¿cómo voy a creer que sucedieron entonces?
4)Algunas objeciones
Por
eso se aferran a tres argumentos en especial:
— Los evangelios no se escribieron de una vez, sino que retinen testimonios de
varios testigos: son una literatura popular en la que se puede encontrar todo,
menos la certeza histórica.
— Los evangelios fueron al comienzo escritos destinados a la catequesis y
enseñanza del pueblo cristiano: los hechos que cuentan están orientados para
apoyar la enseñanza que se da. No preguntemos si realmente Jesús caminó sobre el
mar: el hecho se cuenta para mostrar que Jesús tiene poder divino.
— Los evangelios se escribieron muchos años después de la muerte de Jesús,
cuando la imaginación popular ya había aureolado su persona y cuando la Iglesia
ya había adaptado su mensaje para las necesidades de su gente. Por tanto no nos
dan a conocer la realidad de Jesús, sino la fe de la Iglesia del primer siglo.
Pero,
¿y los apóstoles? Ellos habían sido los testigos de Jesús, y su función era la
de quedar sus testigos oficiales dentro de la Iglesia. Ellos• sabían lo que
había realmente sucedido, ¿y callaban mientras la gente deformaba la historia de
Jesús? La garantía del Evangelio está en la misma estructura de la Iglesia
Católica que nunca fue un grupo espontáneo de creyentes, llevado por los
entusiasmos y el oportunismo. Desde el comienzo, fue un grupo organizado, con
una jerarquía respetada que tenía la última palabra en cuestiones de fe y de
tradiciones.
Los 4
evangelios no fueron una creación popular a partir de leyendas, de palabras
escuchadas y deformadas, de milagros en parte inventados para justificar lo que
se decía de Jesús. Los evangelios han salido de la tradición de los apóstoles, y
la Iglesia los retuvo porque reconocía en ellos esta tradición.
En
los mismos años se escribieron otros «evangelios»: «Evangelio de Pedro»,
«Evangelio de Tomás», «Evangelio de Nicodemo», «Protevangelio de Santiago»...
pero la Iglesia no les dio crédito, por ver en ellos hechos fabulosos o con
orientaciones teológicas que no se ajustaban a la enseñanza recibida de los
apóstoles.
El hecho de que los evangelios se escribieron para la catequesis no significa
que la historia fue adulterada »para mejor convencer a los oyentes». ¡Como si
los hechos no fueran suficientes para hablar a los que saben entender! Y los
apóstoles de Jesús, formados por él, ¿no tendrían la honradez elemental para
respetar la verdad?
Se ha
dado mucha importancia a los moldes literarios .que se usan para contar los
hechos. Como varios milagros se cuentan conforme al mismo esquema, algunos
estudiosos concluyen que todo es ficticio. ¿No ‘sería más sencillo pensar que
los hechos y milagros se contaron conforme a ciertos moldes que permitían
enseñarlos y memorizarlos con más facilidad?
Otro
caso típico es el de la Anunciación a María. Lucas la relata imitando páginas
antiguas referentes al nacimiento de Ismael y Sansón. Algunas personas se
apresuran a decir: puesto que Lucas imitó el estilo de relatos legendarios, es
que también su relato es leyenda; la virginidad de María y el anuncio del ángel
no son más que ficción y solamente pretenden celebrar la divinidad de Cristo.
Por
qué buscar explicaciones tan extrañas? Lucas y sus contemporáneos tenían estas
páginas antiguas por históricas: imitó su estilo para recalcar que también el
nacimiento de Jesús se inscribía en la Historia Sagrada. Lucas contó los hechos
que fundaban su propia fe; si estos hechos no hubieran sucedido, tampoco él
habría creído. |