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FIN DE VIAJE: Arduos
Recorridos Acercan Mas
a los Peregrinos a su Dios
EN LA EDAD MEDIA, viajar era lento y peligroso.
Pero muchos cristianos, ricos y pobres, emprendían viajes de seis meses o
hasta un año para visitar los lugares santos en remotas tierras. En
primavera los caminos se atestaban de peregrinos, muchos a pie, que iban al
Santo Sepulcro (Jerusalén) a las basílicas de San Pedro (Roma) y de Santiago
de Compostela (España).
Al igual que el turismo moderno, las romerías medievales originaron negocios
organizados, con guías, recuerdos, alojamientos y transportes. Aunque las
condiciones eran rudas, los romeros no buscaban comodidades: las penalidades
del viaje les hacían obtener indulgencias para la vida eterna.
Además ¿Le los tres lugares citados, hubo muchos otros. El más extraño quizá
fue el Purgatorio de San Patricio, de! noroeste de Irlanda, en el límite del
mundo entonces conocido. Es una cueva en una desolada isla de la bahía de
Donegal, donde en el siglo y, segúnn se dice, San Patricio ayunó 40 días
para expulsar al diablo de Irlanda. Los peregrinos ayunaban y rezaban antes
de entrar. Se les prometía que si permanecían en la angosta cueva durante 24
horas tendrían visiones del purgatorio y el infierno. Aunque muchos decían
no haber visto nada, otros tantos narraban sus visiones, y de todas partes
llegaban peregrinos. Aunque aún hoy van romeros a la cueva, ya no buscan
visiones.
Búsqueda común Se calcula que
para fin de siglo llegará a cuatro millones el número de peregrinos
musulmanes que oren cada año en la mezquita de la Kaaba, ante la Piedra
Negra en La Meca.
El santuario de Lourdes, al pie de los Pirineos, se convirtió en sitio de
romería durante el siglo XIX, cuando Bernadette Soubirous, hija de un
molinero, vio a la Virgen María. Cada año hay más visitantes en Lourdes;
pero, en general, en los últimos 500 años ha decaído mucho el número de
peregrinos cristianos.
Movimientos de masas: En cambio, fuera
del mundo cristiano la costumbre de peregrinar ha prosperado. Casi dos
millones de musulmanes de todo el orbe se reúnen anualmente en la ciudad
santa de La Meca, Arabia Saudita, para orar en el santuario de la Kaaba, el
lugar más sagrado del Islam. En la India, los hindúes viajan grandes
distancias en autobús, ferrocarril, carreta de bueyes o a pie para visitar
sus sagrados altares, en la creencia de que tendrán una visión del paraíso
antes de su próxima encarnación en la Tierra. Y todo hindú devoto desea
lavarse en las aguas sagradas del río Ganges.
Hasta hace poco, quizás el sitio más insólito de peregrinaciones se ubicaba
en un Estado ateo. Todos los días, sin importar el clima, los fieles
comunistas de la antigua URSS hacían fila en la Plaza Roja de Moscú para
visitar la tumba de Vladimir Ilich Lenin, fundador del Estado
soviético.
Ascenso al Himalaya Cada año,
miles de peregrinos hindúes con ropa ligera rezan a Siva en la cueva de
Amarnath, a 3.800 m de altitud. |
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