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TIERRA DE MARAVILLAS
El sensacional relato de Marco Polo sobre la China
del siglo XIII
BAJO LA LÓBREGA luz del comedor del emperador chino, Marco Polo observaba
asombrado, mientras los hechiceros murmuraban sortilegios sobre una hilera
de fabulosas copas doradas dispuestas sobre el piso. A 10 pasos, sobre una
elevada plataforma, estaba sentado el emperador Kublai Kan, supremo
gobernante de China y de casi todo el resto de Asia. Las copas se elevaron
mágicamente, cruzaron la mesa del Kan y se posaron suavemente frente a éste.
Ni una gota de líquido se derramó. Los hechiceros lograron de este modo que
ningún ser inferior tocara la copa de la que bebería el emperador.
Viaje de familia:
Ésta es sólo una de las maravillas que narra el viajero veneciano del siglo
XIII en su libro Il milione, conocido como Los viajes de Marco Polo.
Hasta donde se sabe, el veneciano no fue el primer europeo en llegar a
China: su padre Niccolo y su tío Maffeo tuvieron ese privilegio. La fama de
Marco Polo radica en haber sido el hombre que reveló a Occidente las
maravillas de Catay, nombre con que se conocía entonces a China. Acompañó a
su padre ya su tío en el segundo viaje de éstos a la legendaria corte de
Kublai Kan y viajó por todo el imperio como emisario del Kan.
El espectáculo de las copas voladoras era, sin duda alguna, un elaborado
acto de ilusionismo, que tal vez resultaba más plausible a los espectadores
por el consumo de kumis, embriagante fermentación de leche de yegua o
camella. Sin embargo, no era el único acto de magia que practicaban los
hechiceros. Según Marco Polo, también controlaban el clima y alejaban las
nubes del palacio imperial, aunque en las cercanías lloviera
torrencialmente.
Modelo de eficiencia:
Kublai Kan disfrutaría de las magias de sus hechiceros cortesanos; pero
también dirigía un Estado asombrosamente moderno. Por ejemplo, el papel
moneda existió en China desde el siglo VII. Lo hacían de corteza de morera,
que machacaban hasta aplanarla y pegaban para formar hojas, a las que les
imprimían una serie de complicados sellos para garantizar su autenticidad.
Las tentativas de falsificación merecían la pena de muerte, no sólo para el
falsificador sino para sus hijos y nietos.
El Kan se mantenía al tanto de los sucesos de su vasto imperio por un
sistema postal que pocos Estados modernos, si acaso, podrían igualar. Según
Marco Polo, en todos los principales caminos del imperio el Kan mantenía en
suntuosos albergues y establos hasta 400 caballos para sus mensajeros, en
paraderos separados por no más de 50 km. Unos 10 000 paraderos y más de 200
000 caballos atendían este sólido sistema de comunicaciones, complementado
con corredores a pie.
Obsequios para el soberano En
su segunda visita a Kublai Kan (en túnica azul oscuro forrada de armiño),
los hermanos Polo llevaron consigo aceite consagrado. una carta del Papa,
solicitada lO años antes, t.’ al joven Marco, de 17 años (arrodillado, de
Lloica verde).
Marco Polo calculò que con esos recursos Kublai Kan rccibía las noticias en
menos de la sexta parte del tiempo que un viajero normal emplearía en tales
distancias, y que en épocas de una emergencia nacional un jinete podía
galopar hasta 400 km diarios, velocidad de comunicación difícilmente
igualada hasta el advenimiento del ferrocarril.
¿Exageraba Marco Polo? No hay razones para
creer que lo hiciera deliberadamente. Dictó su relato siendo prisionero de
guerra (lo habían capturado los genoveses, grandes rivales de los
venecianos, durante una batalla en el Mediterráneo), con pocas esperanzas de
vivir para ver su hogar o alcanzar la libertad de nuevo. No habría ganado
nada al decir algo que no fuera cierto.
Sabia ud. que?...
EN LA CHINA de Kublai Kan, cualquier agricultor cuyas cosechas se perdieran
a causa de una tormenta eléctrica dejaba de pagar impuestos durante tres
años. Esto no era caridad desinteresada. Los chinos creían que los rayos
eran signo de desaprobación divina. De tal suerte, si el Kan aceptaba dinero
de alguien que había provocado la ira de los dioses, podía convertirse en
blanco de ésta.
SEGUN MARCO POLO, los chinos
creían que la vesícula biliar de los cocodrilos tenía propiedades
medicinales, como curar la rabia y aliviar los dolores del parto.
MARCO POLO informó que Kublai
Kan tenía un extraño poder sobre los animales salvajes En presencia del Kan,
incluso los leones másgrandes se tiraban al suelo “con toda la apariencia de
humildad sincera “. Además, permanecían así, obedientes, sin cadenas.
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