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Imaginase a casi cien hombres, mujeres y niños apretujados en una pieza, con
apenas espacio para sentarse. El techo es tan bajo que ha de agacharse quien
mida más de 1.50 m. Y deben pasar en ese sitio un día tras otro, sin higiene
ni luz natural y con mala ventilación. Eso sucedía bajo cubierta en el
Mayflower, el barco en que viajaron en 1620 los primeros colonizadores
ingleses desde Plymouth a Norteamérica.

Los colonizadores, llamados “padres peregrinos”, eran un grupo de puritanos
que abandonaron Inglaterra en 1609 para huir de la persecución por sus
creencias religiosas. Se establecieron en Leiden, Holanda, y volvieron a
Inglaterra 11 años después, sólo para emigrar definitivamente de Europa en
busca de un mundo libre, según ellos, de la influencia corruptora de otros
modos de vida y religiones.
Navegación peligrosa:
El Mayflower era minúsculo si se juzga según las normas actuales. Medía 27 m
de eslora y pesaba poco más de 180 ton. Sin embargo, cruzó el Atlántico del
Norte durante la peor estación para hacerse a la mar.
En 1620 no era fácil la navegación oceánica. Aunque las brújulas, de la5 que
el Mayflower llevaba dos, estaban razonablemente desarrolladas, las cartas
de navegación no eran confiables, de modo que si un barco se desviaba del
rumbo, los tripular les no tenían modo de saber con exactitud dónde estaban.
El 16 de septiembre de 1620 el Mayflower zarpó de Plymouth para América con
buen clima. Pero mudó éste y pronto se hallaron en medio de violentas
tormentas y embravecidos mares. Se cerraron las escotillas, los
emigrantes se amontonaron, helados, mojados y mareados en su maloliente
refugio, donde comieron, rezaron e intentaron dormir.
El Mayflower surcá los mares durante 55 días, hasta que & vigía gritó:
“Tierra a la vista!” Habían llegado a la punta norte de Cabo Cod,
Massachusetts. Al día siguiente rodearon el cabo y anclaron en un amplio
puerto, frente a lo que hoy es Provincetow.
Sus desdichas no sabían de terminar aún, pues tardaron más de un mes en
encontrar un sitio adecuado para establecerse. Por fin lo hicieron en un
lugar al que llamaron Plymouth, y fundaron allí una colonia bajo la guía de
John Carver y William Bardford.
Una fría bienvenida:
Lo trágico fue que, ni bien en el arriesgado viaje hubo una sola muerte,
durante los primeros cuatro meses en tierra perecieron 44 colonos. Estaban
débiles y agotados al desembarcar y, con el invierno ya próximo, América
parecía un lugar frío y hostil.
El resumen de William Bradford sobre su llegada es muy elocuente: “No tenían
amigos que los recibieran ni posadas donde abrigarse o recuperar las
fuerzas, deterioradas por la intemperie; ni casas ni mucho menos ciudades
adonde encaminarse a pedir socorro... Además, qué podían ver sino un
espantoso y desolado yermo, lleno de bestias salvajes.., toda la región,
llena de bosques y matorrales, tenía aspecto violento y cruel.” Y los
“padres peregrinos” eran habitantes de la ciudad, no acostumbrados a
trabajar la tierra. Sólo con la ayuda de indios amistosos, que les enseñaron
a pescar y a sembrar maíz, lograron sobrevivir. Después de su primera
cosecha, indios y peregrinos celebraron conjuntamente la Acción de Gracias,
festividad del cuarto jueves de noviembre que los estadounidenses observan
desde entonces.
Sabìas Ud que?....
EL ALMIRANTE Horacio Nelson pagó un alto precio por su valor y
determinación. Perdió un ojo, un brazo y, finalmente, la vida al servicio de
su país. Sin embargo, tal vez lo más sorprendente es que el más grande
marino británico padeció toda su vida de mareo.
En su primer viaje soportó cinco meses de mareo. Y todavía en 1801, casi 30
años después, escribía: “un mar embravecido, me he mareado hasta morir...
Nunca me repondré”. Sin embargo, no desistió de la carrera naval.
Los marinos padecían frecuentemente privaciones, desnutrición y
enfermedades. Y Nelson era tan propenso a ellas como los demás. Durante un
viaje al Caribe, en 1780, Nelson y 87 de sus tripulantes enfermaron de
fiebre amarilla; hubo menos de diez sobrevivientes.
Entre otros males, Nelson sufrió paludismo recurrentes escorbuto, parálisis
temporal y quizá tuberculosis. También experimentaba depresión frecuente, lo
que no debe sorprender a la luz de su historial médico.
Héroe caído Horacio Nelson sufrió una herida mortal en su mejor momento: la
batalla naval en que derrotó a la flota combinada de Francia y España frente
al cabo Trafalgar, en 1805. |