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SUPERVIVENCIA EN EL CIELO
El polizón que sobrevivió a una odisea que pudo matarlo
EL 4 DE JUNIO de 1969, Armando
Socarrás Ramírez y un compañero de estudios volaron de Cuba a España. Pero,
a diferencia de los demás 143 pasajeros del vuelo de nueve horas, los dos
jóvenes no viajaron dentro del DC-8 de Iberia, sino abajo: Socarrás y Jorge
Pérez Blanco se escondieron en el compartimiento del tren de aterrizaje.
Cuando los mecánicos del
aeropuerto abrieron el compartimiento en Madrid, durante el servicio de
rutina al avión después del vuelo, sólo un polizón, medio muerto de frío,
cayó en la pista. Pérez había caído trágicamente del avión durante el acceso
a Madrid; pero, de milagro, Socarrás seguía vivo. Lo llevaron de inmediato
al hospital.
Vestido sólo con camisa y
pantalón, Socarrás había soportado temperaturas de —4XC, presiones
atmosféricas de un cuarto de la que hay al nivel del mar y la
falta de oxígeno, que provocó
su inconsciencia durante casi todo el viaje. Cual quiera de estos factores
debería haberle causado la muerte.
Como polizón a 8 800 m de
altitud Socarrás había sufrido condiciones que solo conocen los montañistas
en los más altos picos del Himalaya. Pero cuando los alpinistas escalan esas
cumbres, lo hacen poco a poco y pueden aclimatarse a la presión atmosférica
decreciente. El avión en que viajó Socarrás se elevó a razón de 455 a 610
m/min.
Los desconcertados científicos
sólo pudieron explicarse la sobrevivencia de Socarrás como un notable
ejemplo de hibernación humana. Al descender la temperatura corporal, también
disminuye el consumo de oxígeno. Al parecer, la de Socarrás se redujo justo
lo adecuado. Sin congelarse, aminoró su consumo de oxígeno y sobrevivió.
Hombre milagroso Los médicos
se asombraron de que el polizón Socarràs, luego de volar a gran altitud en
el compartimiento de ruedas de un avión, sólo presentara conmoción aguda.
Algo màs...
Desempeñarse desde lo alto:
EN LA TARDE DEL 24
de octubre de 1901, vanos millares de personas observaron cómo una gran
barrica de madera se precipitaba por los violentos rápidos hacia las
cataratas del Niágara. Arrastrada por la corriente, la barrica desapareció
en la cascada y segundos después emergió en aguas más tranquilas, 54 m
abajo: había resistido la caída. Además, por primera vez en la larga
historia de los aventureros del Niágara, también sobrevivió milagrosamente
su pasajera.
Atada y acojinada en el
interior, la maestra Anna Edson Taylor celebró su cuadragesimotercer
cumpleaños pasando a la historia con una zambullida mortal. Aunque sufrió
conmoción, una fuerte sacudida y fractura del cráneo, estaba viva,
consciente y en pocos días se recuperó del todo.
Sin embargo, su valentía no le
dio la cascada de riquezas que esperaba, y murió sin dinero en 1921. Está
enterrada en el lote de “acróbatas” del cementerio de Oakwood, en Niagara
Falls, recordada aún como la primera persona y la única mujer en sobrevivir
a la caída por las cataratas del Niágara. Siempre aconsejó a los posibles
imitadores: “No lo intenten!”

Zambullida La maestra Anna
Edson Taylor sufrió una fuerte sacudida al caer 54 m en un barril por las
cataratas del Niágara el 24 de octubre de 1901.
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