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EL "CACHARRO" DE
HOJALATA
La Cruzada de un Hombre Para Que Cada Familia Pueda Tener Un Automóvil
"NO NECESITO un velocímetro para mi Ford: a 8 km/h
traquetea la salpicadera, a 16 km/h me castañetean los dientes; a 24 km/h se
cae la transmisión.” Pese a numerosos
chistes como éste, habituales cuando el Modelo T de Ford alcanzó popularidad
máxima, nadie podía negar que Henry Ford había cumplido la promesa que hizo
en 1908, al anunciar el nacimiento de este vehículo: “Voy a construir un
automóvil para las grandes masas".

Es sorprendente el éxito que tuvo, pues era un vehículo de muy difícil
conducción. En algunos estados de EUA se consideró tan difícil que se
exigían licencias de conductor especiales para los automóviles de Ford. El
vehículo sólo tenía dos velocidades de avance, pedales separados para
embragar la primera y la reversa, freno de mano que también accionaba el
embrague, y encendido de manivela, con la que se podía luxar la muñeca una
persona.
Se hicieron pocas concesiones a la elegancia, y entre 1914 y 1925 no hubo
siquiera colores para escoger. De ahí una frase famosa de Ford: “Puede tener
uno en el color que guste, mientras sea negro.” Sin embargo, para 1927, año
en que se fabricó el último Modelo T, el sueño de Ford llevaba mucho tiempo
convertido en realidad. Se habían vendido más de 15 millones de unidades en
EUA, y 1.5 millones en Canadá y Gran Bretaña. Al llevar el medio de
transporte privado al hombre común, Ford transformó definitivamente el modo
de vida de millones de personas.
Tin Lizzie
(“Cacharro de hojalata”), como se apodó al Modelo T, contaba con muchos
adelantos tecnológicos: la carrocería era de acero de vanadio, más fuerte y
resistente a los choques que el acero ordinario; tenía un sistema de
embrague bastante suave y que “no se atascaba”, y la suspensión especial del
motor permitía viajar por caminos accidentados sin que el chasis padeciere
graves daños. Y por si fuera poco, el modelo T fue el primer vehículo
estadounidense con el volante a la izquierda.
El secreto del éxito de Ford estuvo en la introducción de la línea de
montaje móvil en sus fábricas. Redujo de 728 a 93 minutos el tiempo de
producción del chasis del Modelo T: cada 24 segundos salía uno de la línea.
En 1922 fabricó un millón de unidades, y en 1924 más de dos millones, cifra
récord de producción anual que se mantuvo por 32 años.
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