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fue la Revolución Francesa, en julio de
1789 y emprendieron poco tiempo después a la muerte en guillotina de Luis XVI y
la reina María Antonieta. La dinastía borbona desapareció en el caos de la
Revolución Francesa. Luis XVI y su reina María Antonieta murieron
ignominiosamente
en la guillotina, pero su u hijo, el delfín Luís Carlos, murió en prisión o tuvo
otro destino desconocido?
La
familia real francesa tuvo cuatro hijos: María Teresa Charlotte Capeto
(1778-1851), duquesa de Angoulême, que lograron escapar de la
prisión y el regicidio, Luis José Francisco Xavier Capeto (1781-1789),
delfín de Francia, que murió temprano, Luís Carlos Capeto (1785 -? de
1795 la fecha oficial de su desaparición no es cierto), Duque de Normandía, el
futuro Luis XVII, y Sofía Beatriz Capeto (1786-1787), que murió al nacer.
Luego
de la ejecución de Luis XVI a principios de 1793, el delfín —proclamado rey por
los monarquistas exiliados— fue separado de su madre y aprisionado en el
Temple. El periodo sangriento dirigido por Robespierre y conocido
en la historia como el reino del Terror, llegó a su fin con el arresto de este
duro conductor de la revolución, y el 27 de julio de 1794 le llegó su hora
final. Arrestado junto con 21 cómplices, fue sentenciado a morir al día
siguiente en la misma guillotina a la que envió a tantos.
En
ese día de venganzas, Paul de Barras, un líder de la Convención Nacional que fue
crucial para la remoción de Robespierre, salió con rapidez de la escena de
ejecución para dirigirse al Temple, una prisión en el centro de la ciudad. Debía
vigilar la condición de sus dos reclusos reales, los huérfanos de Luis XVI y
María Antonieta: María Teresa, de 16 años, y Luis Carlos, de 9.
Vida de Luis Carlos:
Nacido el domingo de Pascua de 1785, Luis
Carlos disfrutó de una niñez privilegiada en Versalles, hasta que la Revolución
prendió a su familia. Sólo un mes antes de la
toma de La Bastilla, al morir de
tuberculosis su hermano mayor, el niño fue nombrado delfín de Francia, o
príncipe heredero de Luis XVI. Cuando el rey fue ejecutado, los monarquistas
exiliados lo proclamaron Luis XVII y durante su infancia nombraron regente a su
tío, el conde de Provenza.
La
acción de los monarquistas fue una amenaza para la Convención Nacional, que
ordenó que el delfín fuera puesto bajo el cuidado de un zapatero llamado
Antoine Simon, y de su esposa, que trataron al niño como si fuera de su
misma extracción, con hosca familiaridad. La pareja quiso hacer del niño un
republicano e incluso le enseñaron a cantar el himno revolucionario, La
marsellesa. Por esos actos, Simon y su esposa serían luego considerados como
sádicos.
En
enero de 1794 Simon renunció a la tutela de Luis Carlos, a quien se le asignó la
misma habitación en una torre del Temple que fuera la última celda de su padre.
Cuidado por cuatro guardias que eran cambiados diariamente, estaba tan aislado
que su hermana María Teresa, prisionera en el piso superior, estaba convencida
de que su hermano había muerto o ya no estaba en el Temple. El abandonado niño
que Barras visitó el 28 de julio se encontraba verdaderamente abatido y enfermo.
Indignado, Barras le procuró cuidados médicos e insistió en que el recluso real
tuviera un trato más humano. A principios del año siguiente, la Convención
Nacional votó a favor de exiliar a Luis Carlos, pero se supo que el niño no
resistiría el viaje. El 28 de junio de 1795 se informó que el delfín —Luis XVII
para algunos— había muerto de escrófula, o tuberculosis de las glándulas
linfáticas, su cuerpo cubierto de llagas y sarna.
Al
instante, comenzaron a oír rumores de que el verdadero heredero había sido
sacado de la cárcel y otro niño colocado en su lugar. La esposa de Antonie
Simon, tutor del delfín en la última mitad de 1794, dio una pista acerca de
cómo pudo hacerse el cambio. Entre las escasas pertenencias que había en la
habitación de su prisionero, había una canasta de ropa con doble fondo, que
podría usarse para ocultar a un niño y sacarlo, dejando a otro en su lugar.
El
pequeño cuerpo fue arrojado a una fosa común, pero el médico que hizo la
autopsia en secreto guardo el verdadero corazón con la idea de
preservarlo. El médico monarquista, llamado Philippe-Jean Pelletan, sacó de contrabando
el órgano fuera de la prisión envuelto en un pañuelo y lo mantuvo como una
curiosidad. El juez lo puso en un jarrón de cristal con alcohol en una
estantería de recuerdos extraños y terminó siendo robada por uno de sus
estudiantes. En su lecho de muerte, el ladrón le pidió a su esposa para devolver
el corazón a la familia del pequeño rey. La viuda en 1828, la entregó al
arzobispo de París, monseñor Hyacinthe Louis de Quélen. En 1831,
ladrones robaron el cofre donde el arzobispo tenía la reliquia y arrojaron el
corazón en un basural. Un hijo del cirujano, el doctor Philippe-Gabriel
Pelletan, logró encontrarlo y, tras momificarlo y registrar su procedencia
con un notario, lo entregó al conde de Chambord, jefe de la Casa de los
Borbones.
En
1834 uno de los pretendientes al trono como sucesor de Luis XVI fue juzgado en
París. Un testigo del fiscal electrizó a la corte al leer una carta del
“verdadero” Luis XVII. Resultó ser un empobrecido relojero llamado Karl Wilhelm
Naundorff, (imagen) que había pasado muchos años en Alemania y hablaba el francés con
muchas dificultades. De alguna manera, Naundorff había logrado convencer con sus
palabras y actitudes a antiguos cortesanos de Versalles de que él era el
legítimo rey de Francia. Los descendientes de Naundorff llevaran sus reclamos
hasta el siglo XX, al añadir obstinadamente “de Borbón” a sus nombres.
En
julio de 1954 una corte francesa de apelaciones falló definitivamente en contra
de uno de los descendientes de Naundorff, un gerente de circo que se hacía
llamar René Charles de Borbón. Se declaró oficialmente que Luis Carlos, delfín
de Francia y Luis XVII no coronado, murió en el Temple el 8 de junio de 1795.
Aunque sin valor alguno, el reclamo del inexistente trono de Francia fue
concedido a la rama Borbón-Parma de la antigua familia real.
La Historia Oficial: En
1792, a la edad de ocho años, Luis Carlos de Francia fue capturado con toda su
familia cuando se disponían a huir de los revolucionarios. Un año más tarde, su
padre fue guillotinado ante una inmensa multitud congregada en el centro de
París. Esta tragedia lo convirtió automáticamente en Luis XVII. Pero el joven
monarca jamás disfrutó de su corona. Durante dos años vio a su madre y a la
mayoría de sus familiares y amigos salir de la cárcel sólo para caer bajo la
guillotina. Hasta que, finalmente, el 8 de junio de 1795, a los 10 años, una
tuberculosis lo condujo a la tumba. La muerte lo encontró detrás de los barrotes
de Temple, un monasterio fortificado convertido en prisión por los
revolucionarios.
EL ENIGMA RESUELTO:
La Historia Oficial era cierta: Un grupo de expertos de la Universidad de
Louvain, liderado por el profesor de genética humana Jean-Jacques
Cassiman, comparó el ADN de un tejido extraído del corazón del niño
enterrado en la prisión de Temple con muestras del cabello de María Antonieta y
dos de sus hermanas. La serie de ADN conocida como "mitocondrial",
transmitida por la vía femenina, resultó ser exactamente la misma. El resultado
fue a su vez confirmado por un equipo de científicos de la universidad alemana
de Munster dirigido por el doctor Ernst Brinckman.
Todo esto significa
que Pierre Benoit, un francés que murió en Buenos Aires el 22 de agosto
de 1852 asegurando ser el gran "delfín" francés, no era más que un impostor.
Este ex oficial de la marina imperial francesa llegó a las costas del Río de la
Plata en 1818 y no tardó en ingresar de pleno en la alta sociedad porteña dando
a entender que tenía vínculos con la nobleza. Se casó con una argentina, María
Josefa de las Mercedes Leyes, y desarrolló una prestigiosa carrera como
científico y naturalista.
Su
lujoso hogar en la esquina de la avenida Independencia y Bolívar está siendo
actualmente excavado por expertos del Centro de Arqueología Urbana de la
Universidad de Buenos Aires, el Instituto Histórico porteño y el Proyecto
Arqueológico Quilmes, como un ejemplo de la vida cotidiana de una familia
franco-argentina a principios del siglo XIX.
"Este
es un gran día para un historiador subrayó. "Es muy emocionante poner fin a
uno de los mayores enigmas de la historia francesa y uno que ha dado origen a
más de 800 libros." (Fuente Consultada:
La Nación)
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