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Lutero
no se veía a sí mismo como un innovador o un hereje, pero al
intervenir en la controversia de las indulgencias entró en una
confrontación abierta con los jerarcas de la iglesia, que lo empujó
a plantear implicaciones teológicas de la justificación por la fe
sola.
En 1517, el papa león X había emitido
una indulgencia especial de jubileo para financiar la construcción
de la nueva Basílica de San Pedro en Roma. Johann Tetzel, travieso
dominico, pregonaba las indulgencias con el lema: "Tan pronto la
moneda en el cofre tintinea, el alma del purgatorio ya sale y
aletea".
A Lutero le afligió en gran medida la
venta de indulgencias, seguro de que la gente estaba garantizando su
condenación eterna al confiar en esos trozos de papel su salvación.
En respuesta, dio a la luz sus Noventa y cinco tesis, aunque los
eruditos no están seguros de si las clavó en la puerta de una
iglesia en Wittenberg. como se afirma tradicionalmente, o si las
envió por correo a su superior eclesiástico.
En cualquier caso, las tesis eran una
elegante acusación de los abusos en la venta de indulgencias. Es
dudoso que Lutero intentara romper con la iglesia por la cuestión de
las indulgencias. Si el Papa hubiera aclarado como Lutero quería
esta cuestión de las indulgencias seguramente la cuestión se habría
solucionado y terminado la controversia.
Para la mayoría de ¡os historiadores,
la publicación de las Noventa y cinco tesis marca el principio de la
Reforma. Para Lutero eran una respuesta a lo que consideraba los
flagrantes abusos de la venta de indulgencias de John Tetzel.
Aunque se escribieron en latín, estas
tesis fueron pronto traducidas al alemán y difundidas a todo lo
ancho de Alemania. Causaron profunda impresión en los alemanes
insatisfechos con las políticas eclesiásticas y financieras del
papado. Martín Lutero: trozos escogidos de las noventa y cinco tesis
5. El papa no tiene el
poder ni la facultad para levantar castigo alguno, más allá de los
que haya impuesto a propia discreción o por derecho canónico.
20. Por ende, el papa,
con su remisión plenaria de todos los castigos, no puede
comprenderlos "todos" en sentido absoluto, sino sólo los impuestos
por él mismo.
21. Por consiguiente,
los predicadores de indulgencias están equivocados cuando dicen que
un hombre está absuelto y salvado de todo castigo por las
indulgencias del papa.
27. Es mera charla
humana predicar que el alma sale volando del purgatorio en cuanto el
dinero tintinea en la caja de la colecta.
28. Es ciertamente
posible que cuando el dinero tintinea en la caja de la colecta
puedan crecer la codicia y la avaricia; pero la intercesión de la
iglesia depende de la sola voluntad de Dios.
50. A los cristianos
debe enseñárseles que si el papa supiera de las exacciones de los
predicadores de indulgencias, preferiría ver la Basílica de San
Pedro reducida a cenizas que erigida con la piel, carne y huesos de
su grey.
81. Esta prédica
perversa de los perdones hace difícil, aun para hombres instruidos,
redimir el respeto debido al papa de las calumnias o, por lo menos,
de los agudos cuestionamientos del laicado.
82. Por ejemplo: "¿Por
qué el papa no vacía el purgatorio por razón del más santo amor y de
la suprema necesidad de las almas? Que pueda salvar innumerables
almas con el sórdido dinero para construir una basílica, haría de la
más justa razón la más trivial".
86. Y otra vez: "Si la
riqueza del papa es mayor que la del más craso de los Cresos de
nuestro tiempo, ¿por qué no construye esta Basílica de San Pedro con
su propio dinero y no con el de los pobres fieles?"
90. Suprimir estos más
que conscientes cuestionamientos del laicado por la sola autoridad,
en lugar de refutarlos por la razón, es exponer a la iglesia y al
papa al ridículo ante sus enemigos y hacer infeliz al pueblo
cristiano.
94. Se debe exhortar a
los cristianos a que procuren honestamente seguir a Cristo, su
cabeza, a través de castigos, de muertes y de infiernos.
95. Y que entonces
tengan más confianza de entrar en los cielos merced de sus muchas
tribulaciones, más que a la falsa seguridad de la paz. |