Mafalda: Inocencia, inconformismo
e ideales de libertad
"¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?”. Esta es una de
las tantas inquietudes que planteo una pequeña niña precoz con
alma
de papel y espíritu de grafito, que desde la década del sesenta supo conquistar
el corazón de los argentinos y brilló en el exterior.
Hablamos de Mafalda, quién otra sino. Una de las mayores creaciones del artista
Joaquín Salvador Lavado, conocido por todos como Quino.
Seguramente, en los tiempos de los primeros garabatos plasmados sobre el papel,
el autor de este peculiar personaje jamás imaginó el éxito que lograría aquella
hazaña, de llevar a la voz de una niña una serie de planteos sociales, que no
sólo sirvieron de crítica para la realidad del país, sino para el mundo entero.
No
por nada en el año 1988 se presentó en el Concejo Deliberante un proyecto de
ordenanza que intentaba que Mafalda fuera nombrada Ciudadana Ilustre de la
Ciudad de Buenos Aires.
Lamentablemente la iniciativa, que había sido presentada por el historiador
Felix Luna junto a otros interesados, no prosperó ya que se consideró que aquel
título honorífico sólo podía otorgarse a seres humanos y no a personajes de
historietas, a pesar de haber simbolizado “lo mejor del espíritu de muchos
jóvenes argentinos”, como citaba textualmente el proyecto.
No
obstante, Mafalda logró su reconocimiento. Precisamente en el año 1995 se
inauguró la llamada “Plaza Mafalda”, ubicada en el barrio de Colegiales, que en
el 2005 fue refundada con importantes cambios, que incluyeron la creación de un
paseo adornado con las figuras de los inolvidables personajes de Quino.
Pero
además, a partir del año 2009 quien transitan por la intersección de las calles
Chile y Defensa, de la Ciudad de Buenos Aires, viven la grata sorpresa de
toparse con una gran escultura de Mafalda sentada en un banco de plaza,
simulando la espera de cada uno de los visitantes que se acercan a mirarla o
tomarse una fotografía junto a ella.
Y es
que en realidad, pareciera como si hasta el más importante homenaje no fuera
suficiente para demostrar el significativo valor que ha tenido Mafalda en la
sociedad argentina, y sobre todo la irrepetible creatividad de Quino.
Un
poco de historia…
Su
figura fue cambiando a lo largo de los años, pero siempre mantuvo una mirada que
reflejaba inquietud, ese mismo tipo de mirada que suelen tener los jóvenes que
se aventuran al mundo de los adultos.
Sin
lugar a dudas, el rasgo más personal de Mafalda ha sido su inconfundible
flequillo negro, y por supuesto su simpática actitud frente a la realidad, que
sólo responder con ciertas ideas contestatarias.
Se
dice que Mafalda nació el 15 de marzo de 1962, momento en el que Quino fue
invadido por una de sus máximas inspiraciones creativas, que dieron lugar a la
llegada de este entrañable personaje de historieta, que logró trascender el
papel.
Su
historia demuestra lo dicho, lo cual en diversas oportunidades fue comentado por
Quino: "En realidad Mafalda iba a ser una historieta para promocionar una nueva
línea de electrodomésticos llamada Mansfield. La agencia Agnes Publicidad le
encargó el trabajo a Miguel Brascó, pero como él tenía otros compromisos, me lo
pasó a mí. Esto fue en 1963. Pero la campaña nunca se hizo y las ocho tiras que
dibujé quedaron guardadas en un cajón. Hasta que al año siguiente Julián
Delgado, secretario de redacción de Primera Plana, me pidió una historieta.
Entonces rescaté esas tiras y bueno, ahí empezó todo".
La
primera publicación de Mafalda fue el 29 de septiembre de 1964, cuando la tira
debutó de manera oficial en las páginas de la revista Primera Plana.
El
siguiente medio gráfico que dio hogar a Mafalda fue el diario El Mundo, en el
cual la historieta fue publicada desde el 15 de marzo de 1965 al 22 de diciembre
de 1967, cuando el periódico cerró sus puertas para siempre.
Luego
le llegó el turno al semanario Siete Días Ilustrados, a partir del año 1968, y
en el cual se publicaban un total de cuatro tiras de Mafalda por semana. El
personaje nacido por casualidad de la mente de Quino se había convertido en un
verdadero mito para los lectores del país.
A
partir de aquel momento, Mafalda fue un personaje que transitó por la realidad
argentina, representando en cierto modo a la clase media del país de la década
del sesenta, con su situación ante el escenario nacional y mundial de aquella
época.
Los
años pasaron y Mafalda se incorporó como un miembro más a la familia argentina.
Sin embargo el 25 de junio de 1973 fue la fecha elegida por Quino para la última
aparición de Mafalda, la que fue publicada en el semanario Siete Días.
Su
creador aseguró que después de tantos años la tarea de situar a los personajes
en distintas situaciones sin caer en la repetición se había convertido en una
ardua misión. A partir de allí la aparición de Mafalda, de puño y letra de su
autor, sólo se apreciaría en campañas de bien público o en regalos personales
dirigidos a amigos de Quino.
Han
pasado décadas enteras desde aquella simple historieta inicial, y sin embargo el
personaje se ha resistido a dejar de ser vigente.
Quizás esto se deba fundamentalmente a lo que señalan la mayoría de los
expertos, que aseguran que Mafalda ha sido un personaje de historieta que fue
del ámbito social al psicológico, fundamentándose en una amalgama exacta de
simpleza y profundidad que utilizaba para retratar al género humano a nivel
universal.
Todo
ello dio como resultado uno de los personajes más entrañables de los argentinos.