BIOGRAFÍA DE MAIMÓNIDES
Filosofo Medieval Judío

EL PENSAMIENTO MEDIEVAL: MAIMÓNIDES FILOSOFO, MEDICO Y RABINO JUDÍO

MAIMONIDES EL PENSAMIENTO MEDIEVAL: MAIMONIDES FILOSOFO, MEDICO Y RABINO JUDIO

 

 

 

 

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MAIMÓNIDES. (Córdoba, 1135 - El Cairo, 1204)

Moseh ben Maymon, llamado por los judíos Ramban y por los latinos Maimónides, fue un filosofo hispanojudío.

 Recibió las primeras enseñanzas de su padre, un sabio y docto talmudista. Tras la invasión de los almohades (1148), quien instaló la política de intolerancia en el al-Andalus, la familia simuló su conversión a la fe islámica y se instaló en diversas ciudades de España y África: Fez, Alejandría y El Cairo. En esta ultima ciudad, llegó a ser médico del último rey fatimí, al-’Adid, y nagid o guía espiritual de la comunidad judía de Egipto.

Su principal contribución consistió en asentar la teología judaica sobre los principios de la razón (según la filosofía aristotélica). Este papel se puede comparar al de Averroes en el Islam y Santo Tomás en el cristianismo.

Entre sus escritos más importantes se destacan, los comentarios al Talmud, un breve compendio de Lógica, la «Carta de la consolación», tratados médicos y, sobre todo, sus obras «Luz» (1168), comentarios a la fe judía; «La tradición de la ley» (1180) código de prescripciones legales sobre la vida práctica, y «Guía de los perplejos» (1170), gran tratado de teología y filosofía dirigido a quienes encuentran oposición entre fe y conocimiento.

De esta manera, a partir de sus conocimientos sobre medicina, escribió un buen número de tratados, como el que dedicó al sultán Saladino, el Tratado sobre los venenos y sus antídotos el año 1199, al hijo del sultán, Al-Fadl, Guía de la buena salud (1198) y la Explicación de las alteraciones (1200). Sus obras adquirieron reconocimiento y prestigio, otorgándole numerosos discípulos. También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el Tratado sobre la resurrección de los muertos (1191).

Sin embargo, la más reconocida fue la Guía de perplejos (1190), constituye la clave de su pensamiento filosófico, ejerciendo una fuerte influencia en círculos tanto judíos como cristianos y sobre todo escolásticos.

Esta obra establece una conciliación entre la fe y la razón dirigida a quienes dudaban entre las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica, que imperaban por entonces. A partir de ello, demostraba que no hay contradicción en los puntos en que fe y razón parecen oponerse. Es decir, establecía una conciliación entre el sentido literal de las escrituras y las verdades racionales, acudiendo a la interpretación alegórica en casos de conflicto.

No obstante, surgieron polémicas por parte de "antimaimonistas" - básicamente, por parte de un grupo de musulmanes que pretendían una lectura literal del Coran, los mutallajim - que lo tacharon de racionalista. A pesar de ello fue una obra muy comentada y de gran influencia en el mundo musulmán y la escolástica cristiana, por ejemplo en Santo Tomás de Aquino.

Su influencia en los círculos de pensamiento más importante encuentra explicación en esta formación bidireccional: la tradicional judía y la árabe profana (con sus incorporaciones de la griega), a partir de las enseñanzas de su erudito padre Maimum, por lo que escribió obras en hebreo como también en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.

De sus obras surge el movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV que se extendió por España y el sur de Francia. Partidario del realismo teológico ha llegado a ser considerado precursor de las ideas de Spinoza, pero filosóficamente no se le considera muy original por seguir básicamente a Aristóteles, apartándose de él en puntos que parecen contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Por lo tanto, su carácter es conciliador.

Sin embargo, su vida estuvo marcada por la persecución y el ostracismo: sufrió continuas dificultades y persecuciones, tanto por parte de los musulmanes (denunciado como apóstata del islamismo, sólo la protección personal del visir de Saladino, al-Fádil, le salvó de la muerte), como de los judíos tradicionalistas que recelaban de su tendencia racionalista (llegando incluso a recurrir a la Inquisición para que condenara sus obras.

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