LA PESTE NEGRA EN LA EDAD MEDIA
Epidemia de Peste Bubónica

LA PESTE NEGRA , PESTE BUBÓNICA o MUERTE NEGRA

La Lucha Contra
Las Enfermedades

La Peste Negra en la Edad Media

 

 

 

 

Pestes En Grecia

Pestes En Roma

Pestes en Bizancio

 Nostradamus Tuberculosis

La Lepra

Cólera

Malas Noticias en el Mundo


Peste Negra o Muerte Negra: La gran epidemia de la edad media:

peste negra proteccion

La pandemia más destructiva en la historia de Europa fue la peste bubónica que asoló al Viejo Continente entre los años 1348 y 1361, ya la que se dio el nombre de “muerte negra". Continuaremos llamando así a esta epidemia, reservando el nombre de plaga para otras pestes, tales como la de Londres de 1665.

Como dijimos, la palabra "bubónica" se refiere al característico bubón o agrandamiento de los ganglios linfáticos. Esta plaga es propia de los roedores y pasa de rata en rata a través de las pulgas: la pulga pica a una rata infectada y engulle el bacilo junto con la sangre; este bacilo puede quedar en el intestino del animal durante tres semanas y cuando pica a otro animal o a una persona, lo regurgita e infecta.

En el caso de la verdadera peste bubónica, los humanos sólo se contagian por la picadura de la pulga, nunca por contacto directo con un enfermo o a través de la respiración.

El transmisor más común de esta infección es la rata negra (Raltus rattus). Este animal es amigable con el hombre, tiene aspecto agradable y está cubierto de una piel negra y brillante. A diferencia de la rata marrón que habita en las cloacas o establos, ésta tiende a vivir en casas o barcos. La cercanía con el hombre favoreció la traslación de las pulgas entre ratas y humanos, y así se propagó la peste. La enfermedad, ya fuera en el caso de las ratas o de los humanos, tenía una altísima tasa de mortandad, y en algunas epidemias alcanzó el 90 por ciento de los casos, siendo considerado “normal” un índice de fallecimiento promedio del 60 por ciento.

La bacteria infecciosa Pasteurella pestis, conocida ahora como Yersinia, se multiplica rápidamente en la corriente sanguínea, produciendo altas temperaturas y muerte por septicemia. Pero esto no ocurre a menudo en epidemias de verdadera peste bubónica, pues para ello se requiere una altísima transmisión de la infección a través de las pulgas.

Entierro en la edad media

En ciertos casos, por razones desconocidas, la infección puede adquirir la forma de una neumonía, y no necesita de la picadura de pulgas sino que se transmite de persona a persona, por contacto o a través de la respiración. En una gran pandemia existen ambas; no obstante, la del tipo neumónica se expande más rápido y más extensivamente, con una mayor incidencia de casos y una mortandad superior, puesto que la neumonía, la mayoría de las veces, es letal.

A lo largo de la historia, las plagas de peste bubónica han sido escasas. Se conocen cuatro grandes pandemias: la de Justiniano (540-590 d.C.), que puede haber llegado hasta Inglaterra; la “muerte negra" (1346-1361); la “Gran Plaga” en la década de 1660, y una pandemia que comenzó en Asia en 1855 y causó muchas muertes en Cantón, Hong Kong y Rusia, llegando a Gran Bretaña en 1900, donde produjo decesos en Glasgow, Cardiff y Liverpool. En la última pandemia, Ogata Masanori notó tal cantidad de ratas muertas que la denominó “la peste de las ratas”. En China y Rusia prevaleció la epidemia del tipo neumónica, y en Europa se propagó la del contagio por picadura de pulgas a ratas infectadas.

Peste Negra edad mediaLa plaga de Justiniano y la Gran Plaga comenzaron en la costa y se propagaron tierra adentro. La gente que atendía a los enfermos no corría más riesgo de contagio que aquella que no lo hacía. En Constantinopla al principio las muertes no fueron muchas, pero al poco tiempo los decesos aumentaron de tal manera que a los cuerpos no se les podía dar adecuada sepultura.

En la plaga de Londres de 1665 se observó el mismo patrón: el 7 de junio Samuel Pepys notó sólo dos o tres casas con la cruz roja pintada en la localidad de Drury Lane; en cambio, desde la primera semana de junio hasta comienzos de julio, la lista de muertes fue aumentando de 100 a 300, y luego a 450 casos. Finalmente creció hasta llegar a los 2.000 en la última semana de julio, a 6.500 a fines de agosto y a 7.000 casos en la tercera semana de septiembre, el pico más alto.

La población de Londres en 1665 se calculaba en 460 mil personas y rara vez la ciudad estaba completamente libre de la plaga. El aumento de 200 a 300 casos se puede atribuir al contagio a través de las ratas, pero la mortandad de miles de personas indica un contagio de persona a persona. En consecuencia, esta plaga, que comenzó como una verdadera peste bubónica, evolucionó hacia el tipo neumónico. Sucedió algo parecido en la de Justiniano, y debió haber sido igual en el caso de la muerte negra.

Desde Oriente: La muerte negra, se presume, comenzó en Mongolia. De allí, una horda de tártaros —un pueblo de origen turco que invadió Asia Central— la llevó al istmo de Crimea, donde sitiaron a un grupo de mercaderes italianos en un puesto de trueque llamado Caffa (Teodosia en la actualidad). De acuerdo con una versión, la plaga apareció en Caffa en el invierno de 1346, sin duda contagiada por las ratas. Otra versión la atribuye a que los tártaros arrojaron cadáveres infectados por encima de los muros. En ambos lados hubo muchos muertos y por esa razón el sitio fue levantado. La horda se dispersó y diseminó la plaga alrededor del mar Caspio y desde allí, por el norte llegó a Rusia y por el este a la India y a China en 1352.

Los italianos supervivientes escaparon por mar hacia Génova y, según el cronista Gabriel de Mussis, durante el viaje no hubo ningún caso. Después que el barco atracó, al primero o segundo día la plaga se desató de forma devastadora. Mussis dejó constancia de que se trató de una infección rata-pulga-hombre’, clásica de la peste bubónica. Desde Génova, la plaga se extendió en semicírculo a través de Italia, Francia, Alemania y Escandinavia, llegando a Moscú en 1352. Los historiadores calculan que la cantidad de muertos alcanzó los 24 millones alrededor de un cuarto de la población de Europa y Asia.

En la historia escandinava, esta plaga tuvo un impacto mucho mayor que cualquier otro acontecimiento. Los barcos trasladaron la infección a los asentamientos de Groenlandia, fundados originariamente por Erik el Rojo en el año 936. Estas colonias se debilitaron de tal manera por la plaga y la falta de abastecimientos provenientes de Noruega que fueron borradas del mapa al sufrir el ataque de los inuits. Los últimos pobladores vikingos desaparecieron de la zona en el siglo XIV y desde entonces Groenlandia fue una región desconocida, hasta que John Davis la redescubrió en 1585. Se cree que los pobladores vikingos tenían contacto con Vinland, en las costas de Canadá, de manera que la muerte negra debe haber alterado también la historia del poblamiento de América del Norte.

En Inglaterra: La muerte negra llegó a Inglaterra alrededor del 24 de junio de 1348 probablemente a bordo de un barco que provenía de Gasconia y atracó en el pequeño puerto de Melcombe, en el condado de Dorset.

flagelanteLa infección allí se mantuvo bajo la forma de peste bubónica hasta principios de agoste Desde Melcombe, la plaga viajó por tierra y por mar, en barcos costeros que llevaban la infección a los puertos del sudoeste y a lo largo del canal de Bristol. Luego se extendió tierra adentro, a través de Dorset y Somerset, llegando al gran puerto de Bristol alrededor del 15 de agosto.

Los habitante de Gloucester, atentos a la situación imperante en Bristol, decidieron protegerse y cortaron toda comunicación con esa ciudad, pero todo fue en vano. De Gloucester, la plaga pasó a Oxford y a Londres, donde se constató la aparición el 1ro. de noviembre. Hacia el oeste, la epidemia avanzó más lentamente, ya que los condados de Devon y Cornxvall eran poco poblados, y n llegó a Bodmin, en el centro de Cornwall, hasta la Navidad. Para ese entonces las diócesis de Bath y Gales, que cubrían todo Dorset y Somerset, habían sido infectadas.

El 4 de enero de 1349, el obispo escribió acerca de una gran mortandad, observando que muchas parroquias quedaban sin sacerdote para administrar los sacramentos.

Luego, durante los meses de invierno, cuando ratas, pulgas y humanos tienden a ser menos activos, sobrevino un pequeño alivio. La ciudad de Oxford, que había sido infectada antes de noviembre de 1348, no alcanzó el pico más alto hasta el verano siguiente, en mayo de 1349. Londres sufrió pocas muertes durante el invierno, pero en marzo aumentaron en gran cantidad, llegando a su punto máximo en abril y mayo, para luego declinar en forma gradual.

Desde Londres partía la ruta principal hacia los condados del este, densamente poblados, que también se contagiaron; en Norwick la plaga apareció en marzo y en York, hacia fines de mayo de 1349. En ese momento, todo el sur, el este y el interior de Inglaterra habían sido presa de la epidemia. En los lugares menos poblados, como el norte y el extremo oeste, la expansión fue más lenta. Irlanda se contagió por vía marítima en 1349, y Gales y Escocia un año después.

Escocia podría haber escapado de la plaga, pero quiso aprovechar la difícil situación de los ingleses y los invadió en el otoño de 1349; por entonces, en los condados del norte la mortandad estaba en el nivel más alto. Así, la infección irrumpió en el ejército escocés cerca de Selkirk y cuando los soldados volvieron a sus hogares se dispersó por todo el país.

Dos años trágicos: No se sabe cuántos murieron en los terribles años de 1348 a 1349, ya que no hay estadísticas de mortalidad ni censos, como en la plaga de 1665. Nadie en el siglo XIV podía estimar la mortalidad en números, dada la poca confiabilidad de los datos. La situación se complicó más por el hecho de que la muerte negra no apareció en una sola visita. Hubo epidemias recurrentes en cuatro o cinco ocasiones antes de fines del siglo XIV. La peor de ellas infectó en 1361 a Inglaterra, Francia y Polonia, entre otros países.

El nombre de Peslis puerorum dado a esta enfermedad podría ser el primer indicio que sugiere la presencia de un gran porcentaje de niños infectados en 1361, como habría sido el caso si todos los grupos de distintas edades hubieran sufrido una inusual tasa de mortandad trece años antes.

Otro indicio lo proporciona el Poll tax, un impuesto vigente en Inglaterra en 1377, de donde surge que la población era de alrededor de 2,5 a 3 millones de personas. Las mejores estimaciones de 1347 indican entre 4,5 y 6 millones de habitantes, por lo que el número parece haber decaído súbitamente en 2 millones en esos treinta años. La población había crecido a ritmo constante entre la conquista normanda y el año 1300, con un incremento continuo a fines del siglo XIV, hasta llegar a 3 millones en Inglaterra y Gales.

ambos casos el aumento sólo pudo haber ocurrido porque el porcentaje de nacimientos fue mayor que el de muertes. Enfermedades comunes —incluidos los brotes epidémicos— causaron muchas defunciones en el período que va de 1066 a 1550, aunque sin interrupción de los procesos normales de muerte y nacimiento. La disminución de la población en cerca de 2 millones durante los treinta años que van de la muerte negra al Poll tax señala, en cambio, un altísimo grado de mortandad, que determinó la escasez de individuos en edad de procrear y, consecuentemente, la disminución de los nacimientos. Se estima así que el mayor índice de mortandad ocurrió a comienzos de este último período.

Es necesario enfatizar estos datos aparentemente tediosos, ya que la tendencia actual es considerar a la muerte negra como ‘cualquier otra epidemia”, que causa en la población al menos la muerte de uno de cada diez individuos. En sí mismo, este dato no es suficiente para producir un cambio social, pero sí para tomarlo como un patrón específico de la mortalidad que causó un gran cataclismo en el Viejo Continente a fines del siglo XIV.

La evidencia de las estadísticas es poco confiable, sin embargo, la cantidad de muertos fue suficientemente elevada como para generar cambios que produjeron un levantamiento social.

Unos pocos monasterios consignaron los números de sus propios muertos: la Iglesia de Cristo en Canterbury sufrió sólo cuatro muertes de entre ochenta clérigos, relacionadas quizá con otras enfermedades sin vinculación con la plaga. La Gran Abadía de Crowland también eludió la peste, aunque el mantenimiento de sus propiedades se vio afectado. En el otro extremo, en Luffield Priory, murieron todos los monjes y novicias, así como en St. Mary Magdalen, en Sandon; y en un convento en Wolthorpe sólo sobrevivió una monja. Entre estos dos extremos hay once casas, el grupo mayor de una serie que perdió más del 75 por ciento de sus miembros; nueve de ellas con índices cercanos al 50 y 75 por ciento, y dos únicamente que registran un número de víctimas de la plaga menor al 50 por ciento.

Si bien esta evidencia no es, suficiente, se podría suponer que existió una semejanza entre la proporción de muertes en los monasterios y en la población. Este modelo coincide con el conocido comportamiento y las características de la forma neumónica de esta plaga. Había una considerable variación en la transmisión de la infección y. por lo tanto, de la mortalidad en Inglaterra y Europa. Los pueblos, abarrotados y cercados, sufrían un riesgo mayor. La densidad de la población y la facilidad de las comunicaciones ayudaban a propagar la enfermedad. En los populosos condados del este de Inglaterra.

En Inglaterra, los efectos inmediatos de la peste de 1394 infligieron un duro golpe al mayor negocio del país, la lana; hubo que pagar salarios dobles y hasta triples para esquilar las ovejas, dada la escasez de trabajadores. Muchas casas y granjas quedaron vacías, lo que abarató absurdamente el precio del ganado, pues los señores trataban por todos los medios de vender los animales que habían adquirido a la muerte de sus arrendatarios. Ninguno de estos efectos, al menos en sus formas extremas, duró más de un año o dos.

A largo plazo, la "peste negra" repercutió negativamente en el aumento de la población. Durante todo el siglo XIII, la población había crecido de forma rápida y, aunque cada vez se ponían en cultivo más tierras, pocas dudas había de que, a principios del siglo XIV, con un total de 3,5 a 4,5 millones de habitantes, Inglaterra se hallaba superpoblada, lo que, a la vista de las limitaciones de las técnicas agrícolas medievales, constituía un grave problema.

Por esta época, prácticamente toda la tierra disponible había sido labrada con arado y, en algunas, zonas, las tierras cultivadas eran tan pobres que apenas producían cosechas de algún valor. Se había llegado a un punto crítico, y los cincuenta años anteriores a la "peste negra" vieron el final del aumento de la tasa de crecimiento de la población, quizás incluso una ligera reducción. En este sentido, la "peste negra" no hizo otra cosa que exagerar enormemente una tendencia demográfica que ya existía.

Esta tendencia no se invirtió radicalmente una vez pasada la epidemia. Los nuevos brotes de la peste en 1361-1362 redujeron cada vez la población en otro diez por ciento; las epidemias siguientes actuaron, sin duda, como un freno constante a este crecimiento. La población inglesa, igual que la de otros países, aumentó sólo muy lentamente, y hasta finales del siglo XVI no alcanzó la cifra anterior a 1349.

Efectos sobre las ciudades
Este lento crecimiento demográfico se refleja en la historia de las ciudades. El siglo XII y, especialmente, el siglo XIII fueron testigos de la fundación de nuevas ciudades, y de la rápida expansión de otras más antiguas. Este período de desarrollo urbano había finalizado ya una generación antes de la aparición de la "peste negra". A pesar de no conocerse los efectos exactos de la peste en las ciudades, de lo que no cabe duda es de que para muchas significó tanto una pérdida de población como de comercio. En Inglaterra, Sudbury, en Suffolk, por ejemplo, tenía 107 puestos de mercado en 1340, pero sólo 62 en 1361.

A primera vista parece que la "peste negra" produjo curiosamente pocos cambios en el campo. Se tienen noticias de que en los primeros años de la década de 1350-60 se despoblaron numerosas explotaciones agrícolas, pero en seguida fueron ocupadas de nuevo. Sus dueños ofrecían condiciones particularmente favorables para atraer a nuevos arrendatarios, conservándose, sin embargo, las costumbres tradicionales relativas al pago de impuestos y otras prestaciones a los dueños de las tierras.

Muy pocos pueblos quedaron totalmente desiertos. La "peste negra" produjo una despoblación más generalizada en aquellas zonas donde la superpoblación había obligado a colonizar tierras pobres. Las generaciones jóvenes abandonaron sus antiguos hogares para instalarse en tierras mejores, disponibles ahora en todas partes, lo que, como es lógico, llevó a la desaparición de algunas localidades. En Castilla, por ejemplo, el Becerro de las Behetrías registra el despoblamiento de algunas zonas.

Escasez de mano de obra
¿Quién ocupaba la tierra que la "peste negra'" dejaba libre? Los nuevos arrendatarios procedían de la clase que anteriormente no había tenido acceso a ella, del extenso grupo de braceros sin tierras que habían sido empleados tanto por los agricultores como por los señores en trabajos ocasionales o permanentes. Esta clase supo aprovechar la oportunidad de alcanzar la condición y la seguridad de los campesinos terratenientes, lo que repercutió en una alarmante disminución de la mano de obra contratada. Esta fue la auténtica revolución que la "peste negra" produjo en el campo.

Los braceros que no ocuparon tierras libres dictaban sus propias condiciones a quienes quisieran contratarlos; y en un desesperado intento por combatir unos salarios que se disparaban, algunos países dictaron diversas leyes congelándolos. Tal ocurrió en Inglaterra con el Estatuto de Braceros (1451) y en Castilla con el Ordenamiento de menestrales, del mismo año, dictado por Pedro I. Estas medidas, que unos jueces especiales se encargaban de hacer cumplir, no evitaron la inevitable alza de los salarios: Tan sólo una generación después de la "peste negra", los salarios se habían incrementado en un cincuenta por ciento. Si bien esto afectó a los precios de algunos productos, no se produjo una inflación generalizada.

La "peste negra" modificó asi la distribución de la propiedad y los recursos en beneficio de las capas más bajas de la sociedad. La superpoblación y la escasez de tierras se convirtieron en fenómenos del pasado; las tierras fértiles se hicieron más accesibles y se abrió la vía hacia el declinar de los servicios manuales y la abolición de impedimentos legales, lo que contribuyó a mejorar la situación de los campesinos poseedores de tierras en el transcurso del siglo XV. El asalariado sin tierras resultó también beneficiado. Al disponer de más dinero, como los productos básicos no costaban más que antes, su nivel de vida mejoró considerablemente.

Pero en aquélla época las cosas no se veían así. Los agricultores se quejaban de los altos salarios que tenían que pagar a los braceros eventuales, que antes eran los últimos de los últimos, y de los aires de importancia que ahora se daban. El campesino terrateniente no valoraba los posibles beneficios que la peste le iba a reportar a largo plazo. Sólo que su antecesor disfrutaba de una posición envidiable en el pueblo y podía contratar a trabajadores para que le ayudaran en sus tierras, mientras que ahora su posición social se había deteriorado.

peste bubonica

Esta fórmula del siglo XVII para evitar contraer la peste, revela un conocimiento de su forma de transmisión. La inscripción inferior dice: "COMO COMBATIR LA MUERTE EN ROMA MEDIANTE ROPAS PROTECTORAS, 1656. Así van ataviados los médicos en Roma cuando acuden a visitar a enfermos de la peste. Para protegerse de los miasmas contagiosos se cubren con una larga hopalanda, llevan grandes gafas y sobre la nariz un largo pico de materia aromática. Con sus manos enguantadas manejan una larga vara para señalar lo que necesitan."


La "peste negra" azota China y el Turquestán, y en 1346 llegan las primeras noticias a los principales puertos europeos. La peste hace su aparición en Crimea en 1347. Desde allí, los barcos mercantes genoveses la difunden por el Mediterráneo occidental. Sicilia resulta afectada en octubre de 1347, unos tres meses antes de que la epidemia azotara el continente.

En 1348, la peste se extiende por el norte de África, Córcega, Italia, Cerdeña, España y Francia, sin que nada pueda detener su avance. El sur de Alemania, Suiza, el valle del Rin, Austria, Hungría y Holanda fueron afectados en 1349. Un barco que partía de Calais la llevó a Inglaterra, desde donde se propagó por todo el sudoeste con gran rapidez. Las consecuencias inmediatas de la peste, como la caída del comercio y el cese de las actividades bélicas, fueron de breve duración.

Entre los efectos económicos a largo plazo cabe citar la reducción de la superficie cultivada, el declive de las rentas, el empobrecimiento de muchos terratenientes y el aumento de los salarios.

LA PESTE HOY: La prevención y el tratamiento de la plaga son relativamente éxitos en la actualidad. El organismo que la causa fue descubierto, casi al mis tiempo, por el japonés Sharamiro Kitasato y el suizo Alexander Yersin. bacilo lleva el nombre de este último y la prevención fue posible gracias la inoculación de una vacuna preparada con organismos muertos o por la inyección de una cepa activa pero no virulenta llamada Yersinia.

Las drogas antibióticas estreptomicina o tetraciclina han demostrado tener éxito en combatir esta enfermedad en las personas infectadas. Las ratas y las pulgas pueden ser tratadas con pesticidas, pero la plaga, en particular en su forma neumónica, es todavía tan peligrosa que la gente que cuidaba a los enfermos tiene que usar máscaras, trajes protectores y guantes, cual lo hacían —o se aconsejaba hacer— durante la época de la muerte negra o la Gran Plaga de 1665.

Nada nos explica cómo se extinguió la Gran Plaga de Europa a fines siglo XVII. Hay varias sugerencias, una de las cuales, la teoría de las rata es la más conocida. Ésta supone que la amigable rata negra de las casas barcos fue perseguida por la más feroz rata marrón noruega que, se dice que apareció por primera vez en Europa en 1720. La rata marrón habitaba en las cloacas y es más comúnmente infectada por una pulga diferente, que rara vez es transmisible a los seres humanos.

No obstante, es necesario precisar un par de cuestiones. En primer lugar, la teoría de que la rata marrón mat6 la negra es sólo una presunción. Las dos especies parecen no competir por el espacio ni la comida, y en muchos lugares viven próximas una de la otra respetando cada cual su territorio y alejadas entre sí. Hasta pueden permanecer acostadas una junto a la otra cuando el lugar es lo suficientemente espacioso como para permitir que cada una se sienta satisfecha con sus codiciones. En segundo término, no está probado que la rata negra alguna vez haya desaparecido, pero sí que volvió y desde 1910 ha aumentado su presencia en Europa.

Este hecho ha sido confirmado por F. E. Loosjes, quien comentó: “Si la plaga de las epidemias realmente desapareció con la rata negra es imperativo hacer un estudio cuidadoso de la especie actual y de su incremento, y, de ser posible exterminada".

Hay un tipo de plaga animal llamada "campestre” o “selvática” que afecta a los roedores, tales como ratas, conejos, liebres y ardillas. La transmisión roedor-pulga-roedor podría llevar la infección a otras especies urbanas y amigables, como las ratas negras, los hámsters y los chanchitos de Guinea. Hay una posibilidad de que éste sea un tipo de plaga que alguna vez fue humana Y se transmitió a un roedor. Nuestros antepasados eran tan observadores como nosotros y ellos no parecen haber notado ningún incremento en la mortalidad de las ratas, un hecho que ha sido destacado en China, la India y Mongolia. A lo mejor la epidemiología es correcta, pero tratada de otra manera.

Las grandes plagas pueden haber sido originadas por los seres humanos y luego transmitidas por las pulgas a las ratas. Cualquiera fuese la respuesta a estos enunciados, el reinado de trescientos años de la plaga en Europa culminó por un proceso natural y no por una medida efectiva por parte del hombre. No hubo ningún descubrimiento médico ni científico, ningún avance en la higiene social ni mejoramiento en el nivel de vida que pueda explicarnos esta desaparición.

Quien lea estas palabras y crea que el relato de la muerte negra es exagerado, y no está de acuerdo con el conocimiento médico moderno, permítame considerar la evidencia de Francesco Petrarca.

El gran poeta y humanista italiano, que conocía esa época porque sobrevivió a la peste en Italia, cuenta que Laura, su misterioso y platónico amor, murió de la plaga en Aviñón el 6 de abril de 1348. Describió las casas vacías, los pueblos y los campos abandonados, los terrenos cubiertos por los muertos, el silencio sepulcral y vasto en todos lados. Recordó que los historiadores se quedaban silenciosos cuando alguien les pedía que describieran desastres similares, de médicos que enloquecían, de filósofos que se encogían de hombros, fruncían el entrecejo y colocaban un dedo sobre los labios silenciándolos

Petrarca termina aquel relato con estas palabras sentenciosas: “Es posible que la posteridad pueda creer estas cosas? Porque nosotros, que las hemos vivido casi no podemos creerlas”.

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia de Freederick Cartwright

Se sabía que las epidemias se iniciaban en los puertos la mayoría de las veces y desde allí se propagaban siguiendo los ríos y los caminos. El modo en que alcanzó Marsella es característico.

El 23 de mayo de 1720 un barco cargado de balas de algodón, el Grand Saint-Antoine, llega procedente de Levante. Durante la travesía han muerto numerosos marineros. Después de la visita obligatoria, los 14 médicos y cirujanos del Lazareto ignoran cuál es la naturaleza de la enfermedad que se los ha llevado. De todos modos el barco es considerado sospechoso y puesto en cuarentena. Después, tras las protestas del capitán, de los armadores y los aseguradores, se autoriza el desembarco de las mercancías en las mismas dallas del muelle. Los primeros casos de peste se producen en el Lazareto, y un primer acceso tiene lugar en la ciudad desde los primeros días de julio; luego, tras una breve remisión, después de una tormenta diluviana que expulsa las ratas de las cavas y las cloacas, la epidemia vuelve a adquirir virulencia.

 

El problema de las inhumaciones es trágico. Los enterradores, llamados «cuervos», se llevan los cuerpos de las 4.000 personas que mueren por semana, sin ataúd, en unos carros especiales y los depositan en unas grandes fosas que podían contener unos sesenta cadáveres. La mortalidad considerable era de un 70 a un 80 %. Los mismos problemas se encuentran en Marsella en 1720.

Citemos a Chateaubriand: «De vez en cuando se oía abrir una ventana y caer un cadáver...-En un barrio cuyos habitantes habían perecido, los habían emparedado a domicilio como para impedir que la muerte saliera. De estas avenidas de grandes tumbas familiares se pasaba a las encrucijadas cuyo pavimento estaba cubierto de enfermos y moribundos, extendidos sobre colchones y abandonados sin auxilio. Yacían osamentas medio podridas con viejos harapos mezclados con barro.» Dos hombres se distinguen: Monseignéur de Belzunce y el caballero Ronze. Prodigan sus cuidados a los apestados, de los que cada día moría un millar. Los cuerpos alfombraban las calles. Con dos compañías de policía y equipos de forzados, se encargaban de las inhumacionas. «Un día los condenados a galeras vacilan en cumplir sus funciones fúnebres, el apóstol se sube a una de las carretas y obliga a los forzados a caminar: la muerte y la virtud iban al cementerio conducidas por el crimen y el vicio, aterradas y con admiración» (R. de Chateaubriand, Mémoires d'outre-tombe, V, pág. 429, Garnier).

La Peste Negra en la Edad Media

Historia de las Enfermedades Epidémicas en la Edad Moderna

Biografías - Todo Argentina - Maravillas del Mundo - Historia Universal - Juegos Pasatiempo

Sonico Meneame

Si te gusta esta página, votá!

(+) Tips o Sugerencias Sedna

 Autor del Diseño, Mantenimiento y Armado Usando Las Fuentes Consultadas