BIOGRAFÍA DE MANUELITA ROSAS

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La Ilustración Simón Bolívar General San Martín Libertar Perú 25 de Mayo de 1810 9 de Julio de 1816

Isabel de Castilla Golda Meir Manuelita Rosas María Montessori

Manuelita Rosas
Su simpatía, inteligencia y tacto le permitieron ser una inestimable auxiliar de su padre, cuya discutida personalidad dominó durante un cuarto de siglo la vida política argentina. Por momentos considerada "primer ministro", más que primera dama de Juan Manuel de Rosas, su actuación en esa época turbulenta, especialmente en favor de los condenados por motivos políticos, le valió el respeto de federales y unitarios.

E1 árbol de flores amarillas se alzaba en los jardines de la que había sido residencia de Juan Manuel de Rosas, en Palermo. A su lado la Sociedad Forestal Argentina había hecho colocar un letrero que rezaba: "Aromo histórico, llamado 'del perdón', a cuya sombra fueron indultados numerosos presos políticos por el tirano Rosas a pedido de su hija, plantadora del árbol el año 1845".

De esa manera daba pábulo a una difundida leyenda que atesoraron, paradójicamente, más los enemigos del Restaurador de las Leyes que sus partidarios. La figura de Manuelita Rosas, en efecto, tuvo la singular fortuna de ser venerada por los segundos y respetada por los primeros. Aún obras como la novela Amalia de José Mármol, donde los parientes del gobernador de la provincia de Buenos Aires aparecen pintados con colores siniestros y sangrientos, se detienen admirativas ante la personalidad de su hija.

LA OTRA CARA DEL RÉGIMEN
En 1838, al fallecer la esposa del gobernador, el rosismo perdió a una de sus figuras más representativas. Pero Encarnación Ezcurra de Rosas era algo así como el alter ego femenino de su marido, y, como él, predominaba en ella la decisión, la voluntad férrea, y una verdadera pasión por la supremacía política.

Con su aguda perspicacia, Rosas no tardó en comprender las ventajas de disponer de alguien cuya imagen compensar a , en cierta medí da, su propia imagen, recia e inflexible, alguien dotado de tacto, gracia y gentileza, que fuese como la otra cara del régimen, una suerte de "encargada de las relaciones públicas" que lo reemplazase en todas las ocasiones posibles, pues ya se sabe que a los caudillos políticos no les conviene prodigar en exceso su presencia.

Es así como, apenas unos días después de la muerte de su madre, Manuela comienza a ocuparse de la abundante correspondencia oficial.

En ese momento ella tenía 21 años, pues había nacido el 24 de mayo de 1817. Se crió entre el campo y la ciudad, alternando los veranos en las estancias de su padre con los inviernos en Buenos Aires, en el caserón céntrico que ocupaba media manzana. Allí pasaba el tiempo jugando con sus primas, bajo la vigilancia de las negras e indias que servían a la familia, allá galopando, con su hermano Juan por las llanuras sin límites, pues desde temprano sobresalió como amazona y no dejó de practicar con placer la equitación hasta casi los cincuenta años, ya en el exilio inglés.

"El hogar paterno de Manuelita -dice su biógrafo Carlos Ibarguren— fue una mezcla extraña de cariño sin ternura y de unión sin delicadeza." El futuro Restaurador y su esposa, que habría de ser aclamada "Heroína de la Federación", formaban un matrimonio estrechamente unido, pero poco proclive a las demostraciones afectuosas: el amor se mostraba en los hechos.

Por eso Manuelita, que no había heredado la pasión seca de su madre ni el ánimo frío y calculador de su padre, buscó tan pronto como pudo, y encontró en el seno de su grupo de amigas, dónde manifestar su natural cariñoso y gentil. Con ellas compartía la vida propia de las hijas de las familias acomodadas: reunirse sobre el estrado donde la pava para el mate humedecía el ambiente que a menudo vibraba con rasguidos de guitarra; visitar la tienda del andaluz Manuel Mateo Masculino, fabricante de enormes peinetones calados de carey; prestarse mutuamente vestidos y chales, y pasearse por la Alameda rodeada de festejantes.

Pero, por otra parte, apenas cumplidos los doce años, Manuelita se destaca entre sus amigas y entra en la vida pública. Es que su padre ha sido nombrado gobernador propietario de la Provincia, y el matrimonio Rosas, desde entonces cabeza indiscutida del Partido Federal, decide emplear a su hija para ganarse simpatías entre el pueblo sencillo.

PRIMERA DAMA
Cuando fallece su madre, durante el segundo gobierno de Rosas, la joven es automáticamente exaltada al rango de primera dama del país.

Manuelita no era hermosa, pero lo compensaba de sobra con su simpatía y atracción extraordinarias. El novelista opositor Mármol, ya mencionado, la retrató en Amalia en estos términos: "Fisonomía americana pálida, ojerosa, ojos pardo claros, de pupila inquieta y mirada inteligente". Por su parte, el norteamericano Samuel Greene Arnold dice que "Manuelita es bien parecida, con una figura llena y elegante pero ligeramente redondeada de hombros. Tiene cara redonda y no bonita, pero que revela mucho carácter"

Durante el conflicto provocado por la intervención de Francia e Inglaterra en los asuntos rioplatenses, Manuelita fue el terciopelo que cubrió el hierro inflexible de la política paterna. Su encantadora personalidad cautivó a muchos jefes navales y negociadores enviados al Plata.

El comodoro Thornas Herbert, Henry Southern, el barón de Mareuil, el almirante Leprédour, el barón de Mackau y muchos otros formaron parte de la "corte" de Manuelita.

Con lord Howden, barón de Irlanda y par del Reino Unido pareció por un momento que las cosas iban a llegar aún más lejos. A Rosas le interesaba conquistarlo, y organizó en su honor fiestas hípicas aprovechando la pasión que el inglés mostraba por los caballos. El resultado fue que este aristócrata, que había sido ayudante del duque de Wellington, que había peleado en Grecia contra los turcos junto a lord Byron, divorciado de una sobrina de Potemkin -el famoso ministro ruso-, este romántico de ribetes novelescos, cayó perdidamente enamorado de Manuelita.

Al aproximarse el fin de su misión en el Río de la Plata, escribió a Manuelita disculpándose por su mal castellano, ese "magnífico y suntuoso idioma que con tanta dignidad y gracia mana de los labios de usted", y le declaró francamente su amor. La hija de Rosas le contestó que lo quería como a un hermano, y el lord, aunque desilusionado, respondió despidiéndose e informándola, de paso, que el bloqueo del puerto de Buenos Aires sería levantado.

Con tantos amigos en el país y fuera de él, no es de extrañar que hasta los periódicos europeos se ocuparan de la joven porteña. Mientras en Madrid hablan de la "célebre Manolita", nada menos que la Revue des Deux Mondes afirmaba que "cuenta ella en Europa, de Turín a Copenhague, con gran número de admiradores y amigos". Ni su fama, empero, ni la adulación de que estaba rodeada de continuo consiguieron alterar su natural llaneza, ni la hicieron incurrir en actitudes que pudieran tildarse de altaneras.

LA FELIZ EXILIADA
Esta condición equilibrada de su carácter le fue muy útil al ser derrocado su padre el 3 de febrero de 1852, cuando ambos debieron abandonar su patria y partir al exilio en Inglaterra. Allí demostró que si hasta entonces había accedido a la voluntad de don Juan Manuel no era por espíritu sumiso sino por afecto a su persona y adhesión a su causa. En efecto, a pesar de la oposición de Rosas, Manuelita puso fin a su soltería casándose a los 35 años con su antiguo pretendiente Máximo Terrero el 23 de octubre de 1852.

Dos hijos le nacieron en tierra inglesa pero no los crió en Southampton, donde residía Rosas, sino en Londres, pues el ex gobernante había puesto condiciones para aceptar la boda: que él no asistiría a la ceremonia, que se deslindarían los patrimonios y que Manuelita no seguiría viviendo en su casa. Desde entonces la familia, aunque físicamente distanciada, siguió en la mejor armonía, y Rosas, convertido en granjero, disfrutaba, cuando lo visitaban, con las ocurrencias y travesuras de sus nietos Manuel y Rodrigo.

La señora de Terrero supo mostrar que podía adaptarse tan bien a la vida pública rodeada de lujos y halagos como a una existencia privada en condiciones menos opulentas. Así transcurrió plácidamente los últimos 46 años de su larga' vida, en el seno de una familia donde reinó el afecto, la cordialidad y el respeto que ella siempre supo dar,' y que recibió con creces de cuantos la trataron.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres - Las Reinas - Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Cleopatra y Marco Antonio Mujeres Argentinas Mujeres de Enrique VIII Mujeres en la Guerra

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