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En
tiempo de guerra, las matemáticas para descifrar mensajes secreto son más
importantes que la teoría de juegos. Durante la Segunda Guerra Mundial los
Aliados se dieron cuenta de que, en teoría, la lógica matemática se podía
utilizar la lógica matemática para descifrar los mensajes alemanes si los
cálculos involucrados eran llevados a cabo lo suficientemente rápido.
El reto
era encontrar una manera de automatizar las matemáticas, de tal forma que una
máquina pudiera ejecutar los cálculos. La persona que mas contribuyó a este
trabajo de desciframiento fue el inglés Alan Turing.(foto
izquierda)
En
1938 Turing regresó a Cambridge después de una breve temporada en la Universidad
de Princeton. Había sida testigo de primera de la confusión generada por los
teoremas de indecidibilidad de Gödel y se había comprometido en la tarea de
recoger lo que quedaba del sueño de Hilbert. En particular, quería saber si
había una manera de definir cuáles preguntas son decidibles y cuáles no, y
trató de desarrollar una manera metódica de contestar esta pregunta.
En esa
época las maquinas calculadoras eran en términos prácticos, primitivas e
inútiles a la hora de hacer matemáticas serias, así que Turing basó sus ideas en
el concepto de una máquina imaginaria capaz de realizar cómputos por toda la
eternidad, era todo lo que él necesitaba para explorar sus preguntas abstractas
de lógica. Lo que Turing no sabía era que sin mecanización imaginaria de
preguntas hipotéticas habría de conducir a un importante avance en la manera de
ejecutar cálculos reales en máquinas reales.
A pesar del estallido de la guerra, Turing continuó su investigación como miembro del King’s College hasta el 4 de
septiembre de 1940, cuando su tranquila vida como profesor en Cambridge llegó
abruptamente a su fin había sido requerido por la Escuela Gubernamental de
Codificación y Descodificación, cuya tarea era descifrar los mensajes secretos
del enemigo. Antes de la guerra, los alemanes habían dedicado un esfuerzo
considerable a desarrollar un sistema superior de codificación, y este era un
asunto de enorme importancia para la Inteligencia británica, que en el pasado
había podido descifrar con relativa facilidad las comunicaciones del enemigo. El
texto oficial del gobierno británico sobre la guerra, La Inteligencia británica
en la Segunda Guerra Mundial, describe la situación en la década de los treinta:
Hacia 1937 pudo establecerse que,
a diferencia de sus contrapartes japoneses e italianos, el Ejército alemán, la
Marina y probablemente la Fuerza Aérea, junto con otras organizaciones del
Estado como los ferrocarriles y la SS, estaban usando en todas sus
comunicaciones, excepto en las tácticas diferentes versiones del mismo sistema
de codificación Tal era la Máquina Enigma que había salido al mercado en la
décadas de los veinte pero que los alemanes habían mejorado mediante
modificaciones progresivas. En 1937 la Escuela gubernamental de Codificación y
descodificación penetró en el modelo menos modificado y seguro de esta máquina,
modelo que utilizaban los alemanes, los italianos y las fuerzas nacionalistas
españolas. Pero aparte de esto, Enigma se resistía al ataque, y todo parecía
indicar que continuaría haciéndolo
La
máquina Enigma consistía de un teclado conectado a una unidad de codificación.
La unidad de codificación contenía tres rotores separados cuyas posiciones
determinaban como sería codificada cada letra del teclado. Lo que hacía que el
código Enigma fuera tan difícil de romper era la enorme cantidad de maneras en
que la máquina se podía configurar. Primero, los tres rotores de la máquina se
podían escoger de un grupo de cinco, y podían ser cambiados e intercambiados
para confundir a los descifradores. Segundo, cada rotor podía ser ubicado en una
de veintiséis diferentes. Esto quiere decir que la máquina se podía configurar
en más de un millón de maneras. Además de las conmutaciones que permitían los
rotores, las conexiones eléctricas de la parte posterior de la máquina podían
ser cambiadas manualmente dando lugar a más 150 millones de millones de millones
de posibles configuraciones. Para aumentar la seguridad aún más, la orientación
de los tres rotores cambiaba continuamente, así que cada vez que se transmitía
una letra la configuración de la máquina, y por lo tanto la codificación,
cambiaban para la siguiente letra. De tal forma, teclear ‘DODO” podría generar
el mensaje “FGTB”: la “D” y la “O” se envían dos veces, pero son
codificadas de manera distinta cada vez. Las máquinas Enigma fueron entregadas
al Ejército, a la Marina y a la Fuerza Aérea alemanas, y se operaban
incluso en los ferrocarriles y otros departamentos del gobierno. Como
sucedía con todos los sistemas de código que se utilizaban durante este período,
una debilidad del Enigma era que el receptor tenía que conocer la
configuración establecida por el emisor. Para conservar la seguridad las
configuraciones del Enigma tenían que ser alteradas todos los días. Una de las
maneras que tenían los emisores para cambiar las configuraciones con frecuencia
y mantener a los receptores informados era la publicación de las configuraciones
diarias en un libro de códigos secreto. El riesgo de este método era que los
británicos podrían capturar un submarino alemán y conseguir el libro de códigos
con las configuraciones diarias para el próximo mes. El método alternativo, y el
que se adoptó durante la mayor parte de la guerra, consistía en transmitir las
con figuraciones diarias como preámbulo al mensaje presente, pero codificadas
según las configuraciones del día anterior. Cuando la guerra comenzó la
Escuela Británica de Codificación estaba dominada por lingüistas y estudiosos de
las lenguas clásicas. El Ministerio de Relaciones Exteriores pronto se dio
cuenta de que los teóricos de los números tenían una mayor probabilidad de
encontrar la clave para romper los códigos alemanes y, para comenzar, nueve de
los mas brillantes teóricos de los números británicos fueron reunidos en la
nueva sede de la escuela en Bletchley Park, una mansión victoriana en Bletchley,
condado de Buckingham— shire. Turing tuvo que abandonar sus máquinas hipotéticas
con cinta infinita y tiempo de procesamiento ilimitado para enfrentarse a un
problema práctico Con recursos finitos y un límite de tiempo muy real.
La
criptografía es una batalla intelectual entre el diseñador del código y el
descifrador. El reto trata el diseñador del código es mezclar y enredar un
mensaje de salida hasta el punto en que no pueda ser descifrado en caso de que
el enemigo lo intercepte. Sin embargo, la cantidad de manipulación matemática
posible se ve limitada por la necesidad de despachar los mensajes de manera
rápida y eficiente. La fortaleza del código Enigma alemán era que el mensaje
cifrado era sometido a varios niveles de codificación a una velocidad muy alta.
El reto para el descifrador era tornar un mensaje interceptado y romper el
código antes de que el contenido del mensaje dejara de ser relevante. Un mensaje
alemán que daba la orden de destruir un barco británico tenía que ser descifrado
antes de que el barco fuera hundido.
Turing lideraba un equipo de matemáticos que intentaba construir una réplica de
la máquina Enigma. Turing incorporo sus ideas abstractas de antes de la guerra
en estos dispositivos, que en teoría podían verificar metódicamente todas las
posibles configuraciones de la máquina Enigma hasta romper el código. Las
máquinas británicas, con mas de dos metros de altura e igual anchura, empleaban
relees electromecánicos para verificar todas las potenciales configuraciones del Enigma. El tictac permanente de los
relees hizo que se les apodara
bombas. A pesar de su velocidad, era imposible vira las bombas verificar los 150
millones de millones de millones de posibles configuraciones de Enigma dentro de
un tiempo razonable, así que el equipo de Turing tenía que encontrar maneras de
reducir en forma significativa el numero de permutaciones extrayendo la
información que pudieran de los mensajes enviados.
Uno
de los mayores avances logrados por los británicos fue darse cuenta de que la
máquina Enigma no podía codificar una letra como ella misma, es decir, si el
emisor tecleaba “R” la máquina potencialmente podía enviar cualquier letra
dependiendo de sus configuraciones, excepto ‘R”. Este hecho aparentemente inocuo
era todo lo que se necesitaba para reducir drásticamente el tiempo de
desciframiento de un mensaje. Los alemanes respondieron limitando la longitud de
todos los mensajes que enviaban. Inevitablemente, todos los mensajes contienen
pistas para el equipo de descifradores, y entre más largo el mensaje, mayor la
cantidad de pistas. Limitando todos los mensajes a un máximo de 250 letras, los
alemanes esperaban compensar la renuencia de la máquina Enigma a codificar una
letra corno ella misma.
Con
el fin de romper códigos, Turing con frecuencia trataba de adivinar palabras
claves en los mensajes. Si acertaba se aceleraba enormemente el proceso de
descifrar el resto del código. Por ejemplo, si los descifradores sospechaban que
un mensaje contenía un informe sobre el clima, un tipo
el
mensaje contenía palabras como “niebla” y velocidad del viento”. Si estaban en
lo correcto podían descifrar rápidamente ese mensaje, y por con siguiente
deducir las configuraciones del Enigma para ese día. Durante el resto del día
podían descifrar con facilidad otros mensajes más valiosos.
Cuando no acertaban con palabras acerca del estado del tiempo, los británicos
trataban de ponerse en la posición de los operadores alemanes del Enigma con el
fin de adivinar otras palabras claves. Un operador descuidado podría dirigirse
al receptor por su primer nombre, o ría haber desarrollado formas peculiares de
expresión que fueran conocidas por los descifradores. Se dice que cuando todo lo
demás fallaba y el tráfico alemán estaba fluyendo sin ser interceptado, la
Escuela Británica de Codificación le pedía a la Fuerza Aérea británica (RAF) que
bombardeara un puerto alemán en particular. Inmediatamente el capitán de puertos
alemán enviaba un mensaje cifrado que era interceptado por los británicos. Los
descifradores estaban casi seguros de que el mensaje contendría palabras COmo
“mina”, “evitar” y “mapa”. Roto este mensaje, Turing tenía las configuraciones
Enigma para ese día, y el resto del tráfico alemán podía ser descifrado
rápidamente.
El
primero de febrero de 1942 los alemanes le agregaron una cuarta rueda a las
máquinas Enigma que se empleaban para enviar mensajes particularmente delicados.
Este fue el momento de mayor intensidad que alcanzó la codificación durante la
guerra, pero finalmente el equipo de ‘Iüring respondió aumentando la eficiencia
de las bombas. Gracias a la
Escuela de Codificación, los Aliados sabían más acerca de su enemigo de lo que
los alemanes jamás sospecharon. El impacto de los submarinos alemanes en el
Atlántico se redujo enormemente, y los británicos recibían advertencia
anticipada de los ataques de la Fuerza Aérea alemana. Los descifradores también
interceptaron y decodificaron la posición exacta de los buques de suministro
alemanes permitiendo que destructores británicos fueran enviado a hundirlos.
Las
fuerzas aliadas tenían que tener cuidado permanentemente que sus acciones
evasivas y sus asombrosos ataques no delataran su capacidad de desciframiento de
las comunicaciones alemanas. Si los alemanes llegaran a sospechar que Enigma
había sido descifrado aumentarían el nivel de codificación, y los británicos se
encontrarían de nuevo donde comenzaron. Hubo, por lo tanto, ocasiones en que la
Escuela de Codificación informó a los Aliados de un ataque inminente y estos
optaron por no tomar medidas extremas. Hay incluso rumores de que Churchill
sabía que Coventry sería blanco de un ataque devastador, y sin embargo decidió
no tornar precauciones especiales, para evitar que los alemanes sospecharan
algo. Stuart Milner-Barry, quien trabajó con Turing, niega el rumor, y afirma
que el mensaje relevante respecto a Coventry Solo fue descifrado cuando ya era
muy tarde.
El
uso restringido de la información descifrada funciono perfectamente. Aun cuando
los británicos utilizaban las comunicaciones interceptadas para ocasionar
grandes perdidas, los alemanes no sospechaban que el código Enigma ha
que era absolutamente
imposible romper sus códigos. Culpaban de las pérdidas excepcionales al servicio
secreto británico infiltrado en sus filas.
Debido a la naturaleza secreta del trabajo llevado a cabo en Bletchley por
Turing y su equipo, su contribución inmensa al esfuerzo de la guerra no pudo ser
reconocida públicamente, ni siquiera muchos años después de la guerra. Solía
decirse que la Primera Guerra Mundial fue la guerra de los químicos y la Segunda
Guerra Mundial la de los físicos. de hecho, de acuerdo con la información
revelada en las últimas décadas, quizás sea verdad que la Segunda Guerra Mundial
fue también la guerra de los matemáticos, y que en el caso de una tercera guerra
su contribución sería aún más importante.
A lo
largo de toda su carrera como descifrador, Turing nunca perdió de vista sus
objetivos matemáticos. Las máquinas hipotéticas habían sido reemplazadas por
máquinas reales, pero las preguntas esotéricas seguían vigentes. Cerca del final
de la guerra Turing ayudó a construir el Colossus, una máquina totalmente
electrónica compuesta de 1.500 válvulas que eran mucho más rápidas que los relés
electromecánicos empleados en las bombas. Colossus era un computador en el
sentido moderno de la palabra, y su velocidad adicional y sofisticación hicieron
que Turing lo considerara un cerebro primitivo: tenía memoria, podía procesar
información y los estados dentro del cornputador se asemejaban a estados
mentales. Turing había transformado su máquina imaginaria en el primer
computador real.
Cuando la guerra termino Turing continuo construyendo maquinas cada Vez mas
complejas como el Motor de Cómputo Automático. En 1948 se trasladó a la
Universidad de Manchester y construyó el primer computador con un programa
almacenado electrónicamente. Turing le había dado a Gran Bretaña los
computadores más avanzados del mundo, como no viviría lo suficiente para ver sus
cálculos más sorprendentes En los años que siguieron a la guerra Turing estuvo
bajo vigilancia de la Inteligencia británica, que sabía que él era un homosexual
practicante. Les preocupaba que el hombre que sabía más que nadie acerca de los
códigos de seguridad británicos estuviera expuesto al chantaje, y decidieron
seguir cada uno de sus movimientos. Turing se había acostumbrado en buena medida
a estar constantemente vigilado, pero en 1952 fue arrestado por violar ¡as leyes
británicas de homosexualidad. Esta humillación le hizo la vida intolerable.
Andrew Hodges, el biógrafo de Turing, describe los acontecimientos que
condujeron a su muerte:
La muerte de
Alan Turing fue un duro golpe para quienes lo enuncian. . . Era claro que era
una persona infeliz, tensa, que estaba connsultando a un siquiatra y que había
sufrido un golpe que habría acabado a mucha gente. Pero el juicio había ocurrido
hacía dos años, el tratamiento con hormonas había terminado hacía un año y él
parecía que había superado todo. La investigación judicial del 10 de junio de
1951 estableció que su muerte fue por suicidio. Lo encontraron cuicuidadosamente
recostado en su cama. Había espuma alrededor de su boca y el patólogo que hizo
la autopsia identificó fácilmente la causa de la muerte como envenenamiento con
cianuro. En la casa había un frasco de cianuro de potasio y también el frasco de
solución de cianuro. Al lado de su cama había media manzana con varios
mordiscos. La manzana no fue analizada, así que nunca se estableció
completamente que, como parece obvio, había sido sumergida en el cianuro.
El
legado de Turing fue una máquina que podía realizar en cuestión de horas un
cálculo enorme que una persona tardaría demasiado tiempo en completar. Los
computadores de hoy pueden ejecutar en un segundo más cálculos de los que
ejecutó Fermat en toda su carrera. Los matemáticos que todavía estaban luchando
con el último teorema de Fermat comenzaron a utilizar computadores para abordar
el problema, con base en una versión computarizada del método que Kummer usó en
el siglo XIX
Después de haber descubierto un error en el trabajo de Cauchy y Lamé, Kummer
mostró que lo que faltaba para probar el último teorema de Fermat era resolver
los casos en que u es igual a un primo irregular (para valores de n hasta
cien los únicos primos regulares son 37, 59 y 67). Al mismo tiempo Kummer,
señaló que, en teoría, todos los primeros irregulares podían ser despachados
individualmente; el único problema era que cada uno requeriría una cantidad
enorme de cálculos. Para demostrar esta afirmación Kummer y su colega Dimitri
Mirimanoff dedicaron varias semanas a los cálculos necesarios para despachar los
tres primos irregulares menores que cien. Sin embargo, ni ellos ni otros
matemáticos estaban preparados para empezar a trabajar Con la siguiente tanda de
primos irregulares, los comprendidos entre cien y mil. Unas décadas después los
problemas de los cálculos inmensos comenzaron a desaparecer.
Con la llegada del
Computador los casos complejos del último teorema de Fermat podían ser
despachados velozmente, y después de la Segunda Guerra Mundial equipos de
ingenieros de sistemas y matemáticos demostraron el
Último Teorema de Fermat
para todos los valores de hasta quinientos, después hasta mil y después hasta
diez mil. En la década de los ochenta Samuel S. Wagstaff de la Universidad de
Illinois elevó el límite hasta veinticinco mil, y más recientemente los
matemáticos han podido afirmar que el último teorema de Fermat es verdadero para
todos los valores de n hasta cuatro millones.
Aunque los inexpertos sentían que la tecnología moderna finalmente estaba
derrotando al último teorema, la comunidad matemática sabía que su éxito era
puramente cosmético. Aun si los supercomputadores gastaran décadas demostrando
un caso tras otro, nunca podrían demostrar todos los valores de u, hasta
infinito, Y por lo tanto nunca podrían decir que demostraron el teorema en su
totalidad. Aun si el teorema se demostrara hasta mil millones, no hay ninguna
razón para que sea cierto para el caso mil millones uno. Si el teorema se
demostrara para un billón, no hay ninguna razón para que sea cierto extra el
caso un billón uno, y así add infinitum. El infinito es inalcanzable mediante la
sola fuerza bruta del procesamiento de números computarizado.
En su
libro The Picturegoers, David Lodge da una hermosa descripción de la eternidad
que se aplica también al concepto paralelo de infinito: “Píénsese
en una bola de hierro del tamaño del mundo y en una mosca que se posa sobre ella
una vez cada millón de años. Cuando la bola de hierro se haya gastado
completamente por causa de la fricción, la eternidad ni siquiera habrá
comenzado.” Todo los computadores podían ofrecer era evidencia en favor
del último teorema de Fermat. Al observador casual la evidencia podrá parecerle
abrumadora, pero ninguna cantidad de evidencia es suficiente como para
satisfacer a los matemáticos, una comunidad de escépticos que no aceptan nada
diferente a la demostración absoluta. Extrapolar una teoría para cubrir una
infinidad de números a partir de la evidencia de unos pocos números es una
apuesta riesgosa (e inaceptable)....
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