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El oro del
Perú
Hacia 1530
Carlos V reinaba en España, en Indias y en el Sacro Imperio Romano Germánico y
concentraba sus capacidades en atender a las interminables guerras desarrolladas
en Italia y al conflicto religioso presente en las ciudades y principados
alemanes; y sus capitanes ganaban para honor de su real nombre, un imperio
formidable en el Nuevo Mundo.
En 1532 se
produce la conquista del Perú. La noticia de que Francisco Pizarro había llegado
al Cuzco -el ombligo del mundo andino-, arrasado sus tesoros, destruido sus
templos, sometido a sus curacas y violado a las vírgenes del Sol, devolvió el
atractivo a la empresa del Río de la Plata. La llegada del tesoro del Inca a
Sevilla —el quinto del botín que le correspondía al rey— despertó admiración y
envidias.
En este clima
se convocó a “conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el Río de
Solís que llaman de la Plata donde estuvo Sebastián Caboto, y por allí calar y
pasar la tierra hasta llegar a la mar del Sur” (el Pacífico).
Don Pedro de
Mendoza, fue quien encabezó la nueva Armada. Este nuevo protagonista de la
exploración, había capitulado con el rey fundar tres fortalezas de piedra dentro
de la jurisdicción sin límites precisos que se le había otorgado en 1534.
La misión
encomendada a Mendoza constituía un freno a la expansión de los portugueses,
quiénes desde sus factorías del sur de Brasil, San Vicente, Santa Catalina y Los
Patos, no se limitaban a comerciar esclavos y maderas finas; también recorrían
la región del Río de la Plata. Y además, a través de las regiones selváticas del
Gran Chaco, estaban en contacto con el mundo peruano.
Fuente Consultada: La Argentina,
Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil
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