El Capitalismo en 1870

LA TEORÍA MARXISTA -  EL CAPITALISMO EN LA ÉPOCA DE KARL MARX

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El capitalismo en la época de Marx

Marx no surge por «generación espontánea». No es el resultado de una especulación de laboratorio. o de un ocioso filosofar, como podría ser «La República» de Platón. Marx es hijo de su época, y su obra es directa consecuencia de lo que estaba ocurriendo en el mundo real de sus días.

La revolución industrial y el librecambio, habían sacudido tan profundamente las estructuras heredadas del medioevo, feudalismo, corporaciones y control de pensamiento por la Iglesia, que el espíritu de lucro, las aventuras oceánicas, y los descubrimientos técnicos y científicos. se desaforaron.

Los europeos no tuvieron reparos en entrar en África a cazar seres humanos como si fueran animales para llevarlos a América a las plantaciones del algodón o las minas de oro y plata. No importaba que menos de la mitad sobrevivieran al viaje en condiciones infrahumanas, que luego murieran a los pocos anos de duro trabajo, era más rentable salir a cazar nuevos esclavos que gastar en mantenerlos en buena forma, o reducir su jornada laboral. La situación en Europa, y en especial en Inglaterra no era muy diferente. Marx dedica buena parte de su obra, y en numerosos capítulos a describir con meticulosa prolijidad y abundante documenta-. ción probatoria toda clase de abusos.

Veamos algunos textos de «El Capital»: «J. Murray, de doce años, declara: [.41 «Entro hacia las 6, y a veces hacia las 4 de la mañana. Ayer trabajé toda la noche, hasta las 8 de la mañana de hoy. No me metí en la cama desde la noche anterior. Conmigo trabajaron toda la noche 8 o 9 chicos más. Todos, menos uno, han vuelto a entrar a trabajo hoy por la mañana. A mí me pagan 3 chelines y 6 peniques a la semana. Cuando me quedo trabajando toda la noche, no cobro más. Durante estas últimas semanas, he trabajado dos noches enteras.»

En muchos distritos fabriles, sobre todo en Lancashir estas criaturas inocentes y desgraciadas. consignadas al fabricante, eran sometidas las más horribles torturas, Se les mataba trabajando..., se les azotaba, se les cargaba de cadenas y se les atormentaba con los más escogidos refinamientos de crueldad; en muchas fábricas, andaban muertos de hambre y se les hacía trabajar a latigazos... En algunos casos, se les impulsaba hasta al suicidio... Aquellos hermosos y romántico valles de Derbyshire, Nottinghamshire y Lancashire, ocultos a las miradas de la publicidad, se convirtieron en páramos infernales de tortura, y no pocas veces d matanza.» «El Dr. Lee, funcionario de Sanidad de Manchester, ha comprobado que e esta ciudad la duración media de la vida, en la clase pudiente, son 38 años y en la clase, obrera solamente 17.

En Liverpool, es de 35 años para la primera y de 15 para la segundo «Esta economía se traduce en el hacinamiento de los obreros en locales estrechos malsanos, lo que en términos capitalistas se conoce con el nombre de ahorro de edificios en la concentración de maquinaria peligrosa en los mismos locales, sin preocuparse de instalar los necesarios medios de seguridad contra los peligros; en la omisión de todas as medidas de precaución obligadas en los procesos de producción que por su carácter son atentatorios para la salud oque, como en las minas, llevan aparejados peligros, etc.

Esto sin hablar de la ausencia de toda medida encaminada a humanizar, hacer agradable o simplemente soportable para el obrero el proceso de producción, Desde el punto de vista capitalista, esto sería un despilfarro absolutamente absurdo y carente de todo fin.» «Hacia 1860, perecían todas las semanas, en las minas de carbón en Inglaterra, unos 15 hombres por término medio. Según la memoria sobre Coal Mines Accidents (6 de febrero de 1862), durante los diez años de 1852 a 1861 encontraron la muerte en estos trabajos 8.466 hombres.

Y sin embargo, como la misma memoria dice, esta cifra se queda muy corta, ya que en los primeros años. cuando empezaban a actuar los inspectores y sus demarcaciones eran aun demasiado extensas, ocurrían muchos accidentes y muchas muertes sin que nadie las registrase.», nos dice Horner que en muchas fábricas se ponía en marcha la maquinaria sin informar previamente de ello a los obreros. Y como siempre había algunos ocupados en las máquinas paradas, al encontrarse los dedos y las manos activos en ellas se producían de continuo accidentes por la simple omisión de una señal» «la ley privaba a los obreros de toda protección especial y los remitía para casos de indemnización por los accidentes debidos a la maquinaria a los tribunales ordinarios (una verdadera hurla, dadas las costas procesales existentes en Inglaterra), mientras que por otra parte, mediante un precepto muy sutilmente formulado sobre el dictamen pericial necesario, hacía casi imposible que los fabricantes perdiesen ningún proceso.»

Esta selección de citas no es más que una ínfima muestra de los horrores cine SC cometieron en esos años, podemos encontrar numerosas descripciones a lo largo de toda la obra. Pero también podemos ver que no sólo los obreros sufrían un trato inhumano. Peor suerte corrían aún los que hoy llamaríamos «marginales» es decir aquellos que no estaban integrados al sistema productivo: vagabundos y mendigos.

 

Marx también su ocupa de ellos y nos informa que de acuerdo con una ley dictada por Enrique VIII: «los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos jóvenes y fuertes, azotes y reclusión, se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará hasta que la sangre manche su cuerpo, devolviéndolos luego, bajo juramento, a su pueblo natal o al sitio en que layan residido durante los últimos tres arios, para que «se pongan a trabajar». Qué ironía tan cruel! Enrique VIII reitera el estatuto anterior, pero con nuevas adiciones, que lo hacen todavía más riguroso. En caso de reincidencia y vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y cortarle media oreja: a la tercera vez que se le sorprenda, se le ahorcará como criminal peligroso y enemigo de la sociedad. Luego agrega que en tiempos de Isabel (1752) una nueva norma dispone que: «Los mendigos sin licencia y jóvenes de catorce años serán azotados sin misericordia y marcados con un hierro caliente en la oreja izquierda, caso de que nadie quiera tomarlos durante dos años a su servicio. En caso de reincidencia, siempre que sean mayores de dieciocho años y que nadie quiera tomarlos por dos años a su servicio, serán ahorcados.»

Los que hoy tratan de seguir a Marx, toman distancia de estas descripciones, porque no admiten que sean la génesis de su pensamiento. Al ver las condiciones de trabajo de los obreros en los países desarrollados en la actualidad, admitirlo sería renunciar a  la vigencia del pensamiento marxista en nuestro tiempo. Sin embargo, toda la obra Marx está «consubstanciada» con estas descripciones y esta situación. Sus predicciones dirán que esto sólo podía cambiar para peor, hasta que aviniera el paraíso comunista.

Estas no son descripciones incidentales, son esenciales a su pensamiento. Además, a mi juicio, la persistencia con la que Marx alude a estas descripciones, a lo largo de toda su obra, no hace más que mostrar el lado más humano del filósofo, su preocupación encontrar una solución radical a los males de su tiempo.

Fuente Consultada: Ideologías del Siglo XXI
Ignacio Massun
El Marxismo

Surgimiento del Primer Capitalismo en la Edad Media

Cuadro Sobre el Capitalismo

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