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El capitalismo en la época de Marx
Marx
no surge por «generación espontánea». No es el resultado de una especulación de
laboratorio. o de un ocioso filosofar, como podría ser «La República» de Platón.
Marx es hijo de su época, y su obra es directa consecuencia de lo que estaba
ocurriendo en el mundo real de sus días.
La
revolución industrial y el librecambio, habían sacudido tan profundamente las
estructuras heredadas del medioevo, feudalismo, corporaciones y control de
pensamiento por la Iglesia, que el espíritu de lucro, las aventuras oceánicas, y
los descubrimientos técnicos y científicos. se desaforaron.
Los europeos no
tuvieron reparos en entrar en África a cazar seres humanos como si fueran
animales para llevarlos a América a las plantaciones del algodón o las minas de
oro y plata. No importaba que menos de la mitad sobrevivieran al viaje en
condiciones infrahumanas, que luego murieran a los pocos anos de duro trabajo,
era más rentable salir a cazar nuevos esclavos que gastar en mantenerlos en
buena forma, o reducir su jornada laboral. La situación en Europa, y en especial
en Inglaterra no era muy diferente. Marx dedica buena parte de su obra, y en
numerosos capítulos a describir con meticulosa prolijidad y abundante
documenta-. ción probatoria toda clase de abusos.
Veamos algunos textos de «El Capital»: «J. Murray, de doce años, declara: [.41
«Entro hacia las 6, y a veces hacia las 4 de la mañana. Ayer trabajé toda la
noche, hasta las 8 de la mañana de hoy. No me metí en la cama desde la noche
anterior. Conmigo trabajaron toda la noche 8 o 9 chicos más. Todos, menos uno,
han vuelto a entrar a trabajo hoy por la mañana. A mí me pagan 3 chelines y 6
peniques a la semana. Cuando me quedo trabajando toda la noche, no cobro más.
Durante estas últimas semanas, he trabajado dos noches enteras.»
En
muchos distritos fabriles, sobre todo en Lancashir estas criaturas inocentes y
desgraciadas. consignadas al fabricante, eran sometidas las más horribles
torturas, Se les mataba trabajando..., se les azotaba, se les cargaba de cadenas
y se les atormentaba con los más escogidos refinamientos de crueldad; en muchas
fábricas, andaban muertos de hambre y se les hacía trabajar a latigazos... En
algunos casos, se les impulsaba hasta al suicidio... Aquellos hermosos y
romántico valles de Derbyshire, Nottinghamshire y Lancashire, ocultos a las
miradas de la publicidad, se convirtieron en páramos infernales de tortura, y no
pocas veces d matanza.» «El Dr. Lee, funcionario de Sanidad de Manchester, ha
comprobado que e esta ciudad la duración media de la vida, en la clase pudiente,
son 38 años y en la clase, obrera solamente 17.
En
Liverpool, es de 35 años para la primera y de 15 para la segundo «Esta economía
se traduce en el hacinamiento de los obreros en locales estrechos malsanos, lo
que en términos capitalistas se conoce con el nombre de ahorro de edificios en
la concentración de maquinaria peligrosa en los mismos locales, sin preocuparse
de instalar los necesarios medios de seguridad contra los peligros; en la
omisión de todas as medidas de precaución obligadas en los procesos de
producción que por su carácter son atentatorios para la salud oque, como en las
minas, llevan aparejados peligros, etc.
Esto
sin hablar de la ausencia de toda medida encaminada a humanizar, hacer agradable
o simplemente soportable para el obrero el proceso de producción, Desde el punto
de vista capitalista, esto sería un despilfarro absolutamente absurdo y carente
de todo fin.» «Hacia 1860, perecían todas las semanas, en las minas de carbón en
Inglaterra, unos 15 hombres por término medio. Según la memoria sobre Coal Mines
Accidents (6 de febrero de 1862), durante los diez años de 1852 a 1861
encontraron la muerte en estos trabajos 8.466 hombres.
Y sin
embargo, como la misma memoria dice, esta cifra se queda muy corta, ya que en
los primeros años. cuando empezaban a actuar los inspectores y sus demarcaciones
eran aun demasiado extensas, ocurrían muchos accidentes y muchas muertes sin que
nadie las registrase.», nos dice Horner que en muchas fábricas se ponía en
marcha la maquinaria sin informar previamente de ello a los obreros. Y como
siempre había algunos ocupados en las máquinas paradas, al encontrarse los dedos
y las manos activos en ellas se producían de continuo accidentes por la simple
omisión de una señal» «la ley privaba a los obreros de toda protección especial
y los remitía para casos de indemnización por los accidentes debidos a la
maquinaria a los tribunales ordinarios (una verdadera hurla, dadas las costas
procesales existentes en Inglaterra), mientras que por otra parte, mediante un
precepto muy sutilmente formulado sobre el dictamen pericial necesario, hacía
casi imposible que los fabricantes perdiesen ningún proceso.»
Esta
selección de citas no es más que una ínfima muestra de los horrores cine SC
cometieron en esos años, podemos encontrar numerosas descripciones a lo largo de
toda la obra. Pero también podemos ver que no sólo los obreros sufrían un trato
inhumano. Peor suerte corrían aún los que hoy llamaríamos «marginales» es decir
aquellos que no estaban integrados al sistema productivo: vagabundos y mendigos.
Marx
también su ocupa de ellos y nos informa que de acuerdo con una ley dictada por
Enrique VIII: «los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán
proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos jóvenes y fuertes,
azotes y reclusión, se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará
hasta que la sangre manche su cuerpo, devolviéndolos luego, bajo juramento, a su
pueblo natal o al sitio en que layan residido durante los últimos tres arios,
para que «se pongan a trabajar». Qué ironía tan cruel! Enrique VIII reitera el
estatuto anterior, pero con nuevas adiciones, que lo hacen todavía más riguroso.
En caso de reincidencia y vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y
cortarle media oreja: a la tercera vez que se le sorprenda, se le ahorcará como
criminal peligroso y enemigo de la sociedad. Luego agrega que en tiempos de
Isabel (1752) una nueva norma dispone que: «Los mendigos sin licencia y jóvenes
de catorce años serán azotados sin misericordia y marcados con un hierro
caliente en la oreja izquierda, caso de que nadie quiera tomarlos durante dos
años a su servicio. En caso de reincidencia, siempre que sean mayores de
dieciocho años y que nadie quiera tomarlos por dos años a su servicio, serán
ahorcados.»
Los
que hoy tratan de seguir a Marx, toman distancia de estas descripciones, porque
no admiten que sean la génesis de su pensamiento. Al ver las condiciones de
trabajo de los obreros en los países desarrollados en la actualidad, admitirlo
sería renunciar a la vigencia del pensamiento marxista en nuestro tiempo.
Sin embargo, toda la obra Marx está «consubstanciada» con estas descripciones y
esta situación. Sus predicciones dirán que esto sólo podía cambiar para peor,
hasta que aviniera el paraíso comunista. Estas no son descripciones
incidentales, son esenciales a su pensamiento. Además, a mi juicio, la
persistencia con la que Marx alude a estas descripciones, a lo largo de toda su
obra, no hace más que mostrar el lado más humano del filósofo, su preocupación
encontrar una solución radical a los males de su tiempo.
Fuente Consultada: Ideologías del Siglo XX
Ignacio Massun
El Marxismo
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