|
La lucha de clases:
Las clases sociales son grupos sociales antagónicos que se diferencian entre sí
fundamentalmente por la relación de propiedad (esclavistas, señores feudales,
burgueses, etc.) o desposesión (esclavos, siervos, proletarios, etc.) que
guardan respecto a los medios de producción.
Esta
ubicación objetiva condiciona el papel que desempeñan en la organización social
del trabajo y, por consiguiente, el modo y proporción en que perciben la parte
de la riqueza social creada por el trabajo de las clases desposeídas. De tal
manera que los propietarios de los medios de producción se apropian, por
mecanismos específicos en cada formación social, del trabajo de las clases
explotadas, en el caso del capitalismo a través de la extracción de plusvalía.
Si
tomamos como hilo de la exposición el concepto de lucha de clases, debemos
aclarar que entre todos los grupos sociales sólo los que al participar en forma
directa en la producción llegan a constituirse en polos antagónicos, tienen el
carácter de clases sociales (por ejemplo la burguesía y el proletariado).
Existen otros grupos que no pueden definirse estrictamente como clases sociales
por representar grupos intermedios entre las dos clases antagónicas a nivel de
la producción, como es el caso de los técnicos y administradores, o por no estar
ligados directamente a la producción al prestar servicio en las instituciones de
la superestructura: profesores, abogados, ‘funcionarios del aparato del Estado,
etc. Por otra parte, se hace necesario también distinguir clase de fracción de
clase, es decir, de los subgrupos en los que se puede descomponer una clase, por
ejemplo la burguesía en industrial, comercial y financiera; el proletariado en
industrial y rural, etc.
La
ubicación objetiva de las clases en la estructura económica condiciona su
“interés de clase”, tanto el inmediato (mayor acumulación de capital para el
burgués, mejorar sus condiciones de vida para el proletario) como el
estratégico-histórico (manutención y afianzamiento del sistema para la
burguesía, toma del poder y construcción económica y superestructural del
socialismo y comunismo para el proletariado). Desde la perspectiva del
proletariado ese interés de clase” objetivo deberá expresarse en la conciencia
de clase y organización política autónoma con suficiente fuerza propia como para
desembocar en abierto antagonismo, generalizado a nivel nacional, con la
burguesía. Es decir, en el ejercicio de la lucha de clases” en sentido estricto:
el enfrentamiento de las clases que operan como fuerzas sociales dirigidas a
partir de la conciencia de su "interés de clase” histórico.
La explotación capitalista:
El capitalista acude al mercado para comprar con su dinero
las mercancías cuyo consumo constituye el proceso del trabajo: la materia que se
elabora, las trabajo del obrero. Por la venta de las mercancías producidas el
capitalista recibe una cantidad de dinero que es superior al invertido.
El resultado de este ciclo se
expresa, pues, en que obtiene de la diferencia entre el dinero invertido y el
recibido un excedente que le permite acumular y reproducir el capital. Para Marx
este excedente, al que llamará plusvalía, no surge porque el capitalista
simplemente pague por debajo de su valor a fuerza de trabajo, aunque ello
también sucede. Ni por la habilidad comercial d e comprar las mercancías a menos
de su valor y venderlas a más, aunque esto también está presente en la economía
capitalista. Ni mucho menos surge por una propiedad inherente al dinero (“la
plata trae a la plata”, “hay que hacer trabajar al capital”, etc.).
El contenido del proceso está en
el hecho de que el valor de todas las mercancías está dado por el tiempo de
trabajo socialmente necesario para su producción y su pago hace a través de la
mercancía que funciona como equivalente universal del resto, en este caso el
oro, bajo la forma de dinero. Así, el valor de la fuerza de trabajo es el tiempo
de trabajo necesario para producir las mercancías (alimentos, vivienda, sanidad,
educación, etc.) que en cada sociedad por término medio el obrero consume para
producirse como fuerza de trabajo viva. El mediador de este proceso, el
representante de ese tiempo de trabajo es el dinero que recibe como salario.
Aunque el capitalista pague al obrero su fuerza de trabajo por su valor surge la
plusvalía.
El secreto está en el valor de uso
de la fuerza de trabajo, en su consumo, es decir: hacerla trabajar. El obrero
crea en su trabajo más valor del que el cuesta. En una jornada de trabajo de 8
horas, por ejemplo, el obrero crea en 4 horas el equivalente del valor de su
fuerza de trabajo (trabajo necesario) y en las 4 horas restantes genera la
plusvalía que es apropiada por el capitalista (trabajo excedente).
Esta relación de explotación se
enmascara de múltiples maneras y su forma más directa de ocultamiento es que la
forma de pago en salario borra apariencialmente el límite entre el tiempo de
trabajo necesario y el excedente. Aparece como pagada toda ¡a jornada de
trabajo. Para el proletariado, entonces, la lucha por un mejor salario supone la
disputa con el capitalista de la magnitud de la cuota de plusvalía que este
último obtiene, por lo que debe articularse con la lucha política revolucionaria
orientada a cambiar la relación objetiva misma de explotación a la que lo somete
la propiedad privada capitalista.
|