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Masada es una montaña aislada que
se encuentra en los bordes orientales del desierto de Judea cerca del Mar
Muerto, a una altura de 440 metros sobre su nivel (50 metros sobre el nivel del
Mar Mediterráneo). La meseta tiene una longitud de 600 metros y un ancho de 300
metros. El rey Herodes, que reinó entre los años 40-4 a.C., eligió a Masada como
refugio contra sus enemigos. Después de la trágica muerte de los defensores de
Masada, la fortaleza cayó en manos de los romanos, quienes continuaron viviendo
en el lugar hasta el siglo 5-6 d.C., cuando se establecieron en el lugar monjes
cristianos.
MASADA, LA CIUDADELA DEL MAR MUERTO
Masada, la fortaleza en el desierto construida por Herodes, se convirtió en uno
de los símbolos más patéticos para el pueblo judío. En 73 d. de C., 960 hombres,
mujeres y niños se suicidaron para no rendirse a los soldados de la X Legión
Extranjera Romana. Este fue el último capítulo de una rebelión que había
empezado con la destrucción de Jerusalén tres años antes. Masada se utilizó por
primera vez como fortaleza durante el período de los reyes asmoneos.
Después, en 40 a. de C., Herodes dejó aquí a su familia mientras huía del
ejército del pretendiente parto, Antígono. Sometidos a asedio, los partidarios
de Herodes se salvaron cuando una lluvia repentina llenó las cisternas.
Poco
después Herodes consiguió recuperar su reino, rescató Masada, e hizo construir
una fortaleza y un palacio inexpugnables para protegerse, tanto de la amenaza
del belicoso pueblo judío como de la reina de Egipto, Cleopatra. La edificación
más impresionante de Masada sigue siendo el palacio con tres niveles encaramado
en la parte norte de la cima.
La terraza superior servía de residencia y
contaba con una columnata circular sobre el acantilado. El segundo nivel tenía
también una galería circular y se destinaba principal-mente al esparcimiento. El
nivel inferior era cuadrado y disponía de una pequeña sala de baños. Las paredes
interiores estaban pintadas con frescos de vivos colores, y algunos de ellos se
han conservado hasta ahora.
Los
motivos principales eran flores, dibujos geométricos e imitaciones de mármoles
finos. Los suelos de mosaico tenían dibujos geométricos en blanco y negro. Si el
Palacio Suspendido servía para el esparcimiento, y también para demostrar la
riqueza y el poder de Herodes, el Palacio del Oeste era más funcional y además
de los aposentos reales, habitaciones para el servicio, talleres y almacenes,
había salas que prestaban funciones administrativas, como podían ser recepciones
de jefes de estado.
En el
suelo había magníficos mosaicos y existen pruebas que demuestran que algunas
partes de este palacio tenían varios pisos de altura. Al lado se habían
construido otros tres palacios. Incluso ahora, la gran sala de baños con cuatro
compartimentos es realmente impresionante y una de las mejor conservadas de los
yacimientos romanos.
La
entrada, o apodyterium, estaba ornamentada con frescos y suelo de
baldosas blancas y negras. La sala tibia, el tepidarium, conducía a la
piscina con escalones de la sala fría, el frigidarium. En la habitación
caliente, el calidarium, los pequeños pilares redondos sostenían el suelo
sobre la cámara de calentamiento, el hypocausto, y se han conservado
bastante bien. Contiguo a la casa de baños había un complejo de depósitos para
guardar alimentos y vino, y uno de estos almacenes estaba especialmente
reforzado para la seguridad de objetos valiosos, como armas o joyas.
Esta
zona de Masada, incluidos los palacios, las termas y los almacenes, estaba
separada del resto de la cima por una muralla y una puerta. De nuevo, el mayor
problema para un recinto que podía verse en la necesidad de alojar en cualquier
momento a mil personas era el suministro y almacenamiento del agua. Masada no
solo estaba en un desierto con lluvias escasas y de temporada, sino que además
estaba ubicada en un peñasco rodeado de montañas y barrancos escarpados. Se
ingenió un sistema de drenaje que transportaba el agua desde presas de valles
próximos hasta una red de doce cisternas en los declives.
Las
cisternas podían contener hasta 40.000 metros cúbicos, y desde allí hombres o
mulas subían el agua por un sendero tortuoso, y a través de la puerta del Agua,
hasta las cisternas del pico. Pese a que era casi inaccesible, en un lugar
remoto y abrupto, Masada se fortificó con altas murallas que rodeaban todo el
recinto excepto el extremo norte de la montaña y con casamatas se construyó un
muro interior y otro exterior separados por una cámara. En total, las murallas
de Masada miden unos 5 Km. de largo y suman setenta casamatas, treinta torres y
cuatro puertas.
Cuando los judíos rebeldes tomaron Masada durante los seis años de la rebelión
judía contra Roma, realizaron grandes cambios en el complejo de Herodes. Para
alojar a las muchas familias, todas las cámaras de la casamata exterior se
destinaron a uso doméstico y gran parte de las habitaciones del palacio se
dividieron por la mitad para convertirlas en dos viviendas. Los rebeldes
construyeron también dos mikvehs y se han encontrado restos de un salón
que debía de utilizarse como beit midrash, gabinete de estudios
religiosos. El yacimiento de la sinagoga en el extremo noroeste se reconstruyó
parcialmente. Orientada hacia Jerusalén, pudo haber sido construida por los
zelotes sobre el solar de una sinagoga anterior del tiempo de Herodes.
Gracias a la sequedad del clima han sobrevivido fragmentos de tejidos y objetos,
incluidos chales de rezo, sandalias de cuero, alfarería y cestos. Los sublevados
acuñaban su propia moneda y se han encontrado en abundancia en el mismo
yacimiento. Son muy importantes, para su investigación dentro de los textos
bíblicos, catorce rollos descubiertos en diversos lugares de las ruinas. También
se encontraron más de setecientos ostraca (trozos de cerámica con
inscripciones) que nos proporcionan pistas de cómo era la vida social de los
rebeldes aislados en la cima de Masada.
Los
ostraca estaban escritos por lo general en hebreo o en arameo, y en contadísimas
excepciones en griego o latín. Muchos ostraca se encontraron cerca de depósitos,
y según parece se llevaba a cabo algún sistema de racionamiento de víveres.
En
cuatro casos, se encontraron ostraca de gran tamaño con inscripciones de
nombres y a su lado un número. Esto indicaría algún tipo de lista burocrática.
Al lado de las puertas interiores que cerraban el acceso a los depósitos se
encontró un grupo de once ostraca, cada uno con un nombre. Uno de estos nombres
era Ben Yair, el líder de los rebeldes de Masada. Debían de ser para que los
líderes de la rebelión echaran suertes el último día, cuando se dieron cuenta de
que todo estaba perdido.
Josefo nos explica que cada hombre era el responsable de matar a su familia y
después “siguieron la misma norma echando suertes para sí mismos, y a quien le
tocara era el primero en matar a los otros nueve antes de suicidarse” Existen
pruebas físicas que confirman el relato de Josefo con respecto al asedio de
Masada por el general romano Flavio Silva y la X Legión. Los romanos
construyeron ocho campamentos fortificados alrededor del pie de la montaña y un
muro en circunferencia con doce torres de vigilancia que enlazaba los
campamentos entre sí.
Los
judíos rebeldes no podían ni entrar ni escapar de la cima. El abrupto y sinuoso
Sendero de la Serpiente era inaccesible para un grupo numeroso de soldados y los
artefactos de guerra tenían que abrir una brecha en las murallas de la cima de
la fortaleza. Así que Flavio Silva ordenó construir una enorme rampa en la parte
oeste de la montaña.
La
maquinaria de asedio - catapultas - fue situada en un promontorio cercano para
cubrir a los soldados que construían la rampa. Una vez estuvo terminada la
rampa, los enormes arietes pudieron ser arrastradas hasta su posición. Uno de
los arietes logró penetrar en la muralla construida por Herodes. Los rebeldes,
en un desesperado intento defenderse, levantaron a toda prisa un inútil parapeto
de tablones de madera y escombros, pero cuando los soldados romanos abrieron una
brecha, Masasa cayó.
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