LOS ILLUMINATI

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ORIGEN DE LOS ILLUMINATI:  En la segunda mitad del siglo XVIII, la población de la región de Baviera (Alemania) en su mayoría profesaba la Fe católica y los padres jesuitas tenían un evidente poder. Además, contaba con una aristocracia ampliamente asentada.

La Universidad de Ingolstadt, donde asistía Adam Weishaupt, está ubicada en las orillas del Danubio, a unos setenta kilómetros al norte de Munich. Por entonces, Baviera contaba con más de 25.000 iglesias para 40.000 habitantes, además de 19 conventos y monasterios.

Baviera era un opositor radical a la Reforma Religiosa de Lutero. A pesar de este talante religioso, Weishaupt afirmó que el ateísmo, la apostasía y el deísmo eran más frecuentes en Baviera que en cualquier otro lugar.

Adam Weishaupt comenzó a formar los Illuminati de Baviera cuando era profesor de derecho canónico en la Universidad de Ingolstadt. Por entonces estudiaba para hacerse sacerdote jesuita. El objetivo de este movimiento era hacer superfluo el dominio de unos sobre otros por medio de la Ilustración y el perfeccionamiento moral, mejorando el sentido de Fraternidad, Igualdad y Libertad.

En este inquietante trasfondo de 1773, el papa Clemente XIV prohibió los Illuminati, y esta decisión le produjo un gran disgusto que desencadenó en la ruptura con la Iglesia Católica. Sin embargo, no declinó su interés por la teología jesuita, ya que se convirtió en una importante influencia intelectual de su formación.

Otra influencia trascendental en su vida fue la del mercader Kolmer. Algunos investigadores, como Jim Marrs, sostienen que, en su trayecto a Francia y Alemania entre los años 1770-73 aproximadamente, Kolmer se encontró con Cagliostro en la isla de Malta, antigua sede de los caballeros templarios.

Al parecer, Cagliostro -alquimista, masón, médico y futuro revolucionario francés-, se involucró entonces en actividades masónicas, así como también lo hicieron Giovanni Giacomo Casanova (el eterno amante veneciano) y el enigmático conde de Saint-Germain. Habría sido Kolmer quien, en Alemania, transmitiera sus conocimientos secretos a Weishaupt. Éste empleó muchos años en trabajar para consolidar los distintos sistemas ocultos en su sociedad secreta: los Illuminati. Marrs argumenta que la adopción del calendario persa por los Illummati de Baviera evidencia su respeto por los antiguos misterios de Mesopotamia.

El estudio profundo de los secretos de Kolmer y del conocimiento que poseía de los Jesuitas fueron la base para que Adam Weishaupt estableciera una estructura piramidal para sus iniciados, situando a personas claves dentro de los nueve grados superiores.

Para los compañeros de los Illuminati, Weishaupt era conocido por su nombre de iniciación: Espartaco, en memoria del esclavo que lideró la famosa revuelta contra los romanos en el año 73. Según Paul H. Koch (autor del libro Iluminati) Weishaupt se veía a sí mismo como un nuevo héroe rebelde en contra del orden establecido, tanto en el ámbito material como espiritual, una especie de Lucifer humanizado.

Por otra parte, Jim Marrs sostiene que Weishaupt estudió las enseñanzas del líder de los Hassasins (Los Asesinos), una sanguinaria secta musulmana contemporánea de las Cruzadas en Tierra Santa, que recibió este nombre porque, antes de sus hazañas, los miembros solían consumir hasish (hachís) para iluminarse. Probablemente, por esta razón, el mismo Adam Weíshaupt consumía este narcótico para alcanzar la «iluminación» durante los rituales de la orden.

En total, el llamado Rito de los iluminados de Baviera contaba con trece grados de iniciación. A saber:
1) Preparatorio;
2) Novicio;
3) Minerval;
4) Iluminado menor;
5) Aprendiz;
6) Compañero;
7) Maestro;
8) Iluminado mayor;
9) Iluminado dirigente;
10) Sacerdote;
11) Regente;
12) Mago;
13) Rey.

Si un miembro llegaba al grado de Sacerdote podía asumir los poderes del Estado y debía actuar en consecuencia.
Hoy es ampliamente aceptado que el sistema interno de los Illuminati de Baviera, copiaba las técnicas jesuíticas de espiar a otros miembros para probarlos y conocer sus debilidades. Denunciarse unos a otros era también otra técnica para asegurarse de que nadie del último escalafón de la orden trabajaría en contra de los demás. En muy poco tiempo, Weishaupt reclutó para su sociedad secreta a las mejores cabezas de las finanzas, la industria, la educación y la literatura.

Se sostiene que utilizó el soborno y el sexo para controlar a los que iban alcanzando posiciones superiores. Posteriormente, el chantaje le garantizaba el mantenimiento de este control. En esta etapa, los Illuminati empezaron a utilizar a sus adeptos (los iniciados de grados superiores) como consejeros de políticos, pero siempre desde una posición discreta sin salir de su anonimato. De esta manera, las medidas adoptadas beneficiaban a los Illuminati que pretendían erradicar las condiciones sociales que fueran un obstáculo para conducir a los hombres hacia lo que consideraban su estado natural y de felicidad. Este «sueño» significaba eliminar a las Monarquías y a la Iglesia, por lo tanto la Orden pronto tuvo enemigos muy poderosos.

Alianza con los saboteos: En ese mismo año crítico de 1785, los Illuminati, supuestamente desde la clandestinidad, tuvieron una reunión con los saboteos, creando una alianza que demostraría tener una influencia decisiva en la política mundial desde entonces hasta la actualidad. Pero ¿quiénes eran los saboteos? Este movimiento fue fundado a raíz de las enseñanzas del místico y Mesías judío, Shabbatai Zevi (1626-1676), nacido en la ciudad turca de Izmir (o Esmirna). El primer maestro de Shabbatai fue Isaac di Alba con quien estudió la cábala desde 1650. Seis años después, Shabbatai continuó sus estudios con R. Joseph Eskhapa, uno de los mejores cabalistas de entonces.

Es muy probable que éste concediera a su alumno el título de hakham (sabio). Ya antes de 1648, Shabbatal había hecho gala de un comportamiento extraño por lo que se refiere a su desprecio de algunas leyes religiosas y a su proclamación como «Mesías».

Tras ser expulsado de Izmir, viajó por Grecia, Tracia, Palestina y Egipto, entre 1651 y 1654. En 1665 conoció a Nathan de Gaza que le confirmó como Mesías, dando lugar a su proclamación oficial el 18 de junio de 1666, año que fue designado como el primero del milenio del Mesías Prometido. Pronto fue reconocido en Palestina y entre los países de la diáspora. Es importante decir que todo el mundo judío de 1665-1666 creyó que Shabbatai no era un mero profeta o maestro sino un Mesías y una encarnación de Dios.

Profesora de Historia: Adriana Beresvil
Fuente Consultada: El Gran Complot Cien Años de Poder en la Sombra Robert Goodman

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