LA MEDICINA EN
EL IMPERIO ROMANO (SIGLOS III A.C. A VI D.C.)
INTRODUCCIÓN:
EN
EL
año 332 a.C.,
después de la conquista de Egipto, cuando Alejandro Magno buscaba un sitio para
fundar una de las 17 Alejandrías que estableció durante sus campañas de
conquista en Oriente, tuvo un sueño en el que un hombre viejo recitaba unos
versos sobre una isla llamada Faros. Convencido de que el viejo de su sueño
había sido Homero, que le aconsejaba el mejor sitio para su nueva ciudad,
Alejandro visitó la isla, situada cerca de la orilla del Mediterráneo, al oeste
del delta del Nilo, pero resultó demasiado pequeña para sus planes.
Entonces
escogió la costa de Egipto que estaba frente a la isla y ahí fundó su ciudad,
que creció rápidamente. Alejandro nunca la vio, porque unos tres meses después
inició su viaje a la India y sólo regresó después de su muerte, a ocupar su
mausoleo. Cuando murió Alejandro, en el año 323 a.C.,
tres de sus generales macedonios fundaron dinastías importantes para el
desarrollo ulterior de la cultura helenística: Antígono I, en Asia Menor y
Macedonia, Seleuco I, en Mesopotamia, y Ptolomeo Soter, en Egipto. Este último
estableció la XXXI Dinastía de los Ptolomeos, se proclamó faraón y tomó
residencia en Alejandría; la ciudad se hizo rica gracias al intenso comercio
marítimo que sostenía con el resto de las poblaciones mediterráneas, y por la
misma razón era cosmopolita. En sus calles se mezclaban griegos, macedonios,
sirios, persas, romanos, judíos, árabes y hasta algunos egipcios; a pesar de su
localización geográfica, Alejandría tuvo muy poco que ver con el resto de
Egipto.
Durante el
reinado de Ptolomeo I, que duró casi 50 años, se establecieron las tres
instituciones que harían a esa ciudad tan importante como Roma en los siglos
III-I
a.C.,
y que le darían un sitio privilegiado en la historia de la cultura occidental:
el faro, el museo y la biblioteca. El faro de Alejandría, que se dice
alcanzaba casi 150 m de altura (¡) terminaba con una estatua de Ptolomeo I de
más de 7 m de altura que se movía con el viento, o sea que funcionaba como
veleta; considerado como una de las siete maravillas del mundo, se derrumbó con
un temblor en el siglo
XIV.
La casa de las Musas o Museo, construido y sostenido en su
totalidad con fondos reales, funcionaba como un instituto de investigación
humanística, artística y científica, abierto a los estudiosos de prestigio y a
sus alumnos sin restricciones ni geográficas ni raciales.
La Biblioteca
se inició adquiriendo colecciones famosas y se enriqueció gracias a ciertas
leyes arbitrarias; por ejemplo todos los viajeros que llegaban a la ciudad
debían declarar y entregar los libros que poseían, el Estado los copiaba,
devolvía las copias a los propietarios y se quedaba con los originales. De esta
manera, la biblioteca alcanzó dimensiones legendarias; se dice que llegó a tener
más de 700 000 libros (o rollos de papiro). Esto, junto con las espléndidas
instalaciones del Museo, atrajo a literatos, filósofos, artistas y científicos,
entre los que estuvieron Calímaco, Apolonio de Rodas, Teócrito de Siracusa,
Erastótenes de Cirena, Euclides y su alumno Arquímedes de Siracusa, y para
nuestro interés, que es la historia de la medicina, Herofilo de Calcedonia y
Erasístrato de Chios.
HERÓFILO Y ERASÍSTRATO
Según Galeno,
Herófilo fue el primero en disecar tanto animales como seres humanos, lo que
seguramente se refiere a disecciones públicas, ya que Diocles de Caristo
probablemente ya lo había hecho un siglo antes en Atenas. Herófilo era un
profesor muy popular que escribió libros acerca de anatomía, ojos y los partos,
pero sus escritos se perdieron; de todos modos, sus contribuciones fueron
numerosas. Reconoció que el cerebro es el sitio de la inteligencia (en lugar del
corazón, como creía Aristóteles ) distinguió entre los nervios motores y los
sensoriales, describió las meninge y dejó su nombre en la presa de Herófilo,
separó al cerebro del cerebelo, identificó el cuarto ventrículo y bautizó al
calamus scriptorius porque le recordó a la pluma con que escribían los
griegos de entonces. También les dio su nombre a la próstata y al duodeno,
distinguió entre arterias y venas, y describió los vasos quilíferos.
Erasistrato
era
más joven pero contemporáneo de Herófilo y sus obras también se perdieron; lo
que se sabe de él se debe a Galeno, quien escribió dos libros en su contra.
Erasístrato profesaba la medicina racionalista y se oponía a todo tipo de
misticismo, aunque concebía que la naturaleza actuaba en forma externa para
configurar las funciones del organismo; en esto se oponía al concepto de
"esencia" de Aristóteles, que actuaba como una fuerza interna o innata
Erasístrato concebía que los tejidos estaban formados por una malla fina de
arterias, venas y nervios, pero pensó que en algunos los intersticios se
llenaban con el parénquima.
Trazó el origen de los nervios primero a la
dura madre, pero posteriormente se corrigió e identificó al cerebro como su
terminación; consideró que los ventrículos cerebrales contenían un espíritu
animal y que los nervios lo conducían a los tejidos. Pensó que, en el corazón,
el ventrículo derecho contenía sangre y el izquierdo espíritu vital o pneurna;
durante la diástole llegaría sangre al ventrículo derecho y pneuma al
izquierdo, que se expulsarían en la sístole. Erasístrato nombró a la válvula
tricúspide y señaló con claridad la función de las dos válvulas
aurículo-ventriculares y de las semilunares; según Singer, también imaginó la
comunicación entre venas y arterias para explicar por qué las arterias aparecen
vacías en el cadáver y sin embargo sangran cuando se cortan en el vivo. Por eso
ciertos historiadores concluyen que Erasístrato estuvo a punto de descubrir la
circulación sanguínea, lo que no ocurrió sino hasta 1628.
Celso (ca.
30 a.C.),
Tertuliano (155-222 d.C.) y san Agustín (354-430 d.C.)
acusaron a Herófilo y a Erasístrato de haber disecado hombres vivos, criminales
condenados a muerte que les fueron facilitados por el faraón; Tertuliano dice
que Herófilo era "un carnicero que disecó a 600 personas vivas". Tales
acusaciones son poco probables, si consideramos que: 1) siempre ha habido
prejuicios, especialmente religiosos, en contra de las disecciones y a través de
la historia se han hecho acusaciones semejantes a otros anatomistas, como Carpi,
Vesalio y Falopio; 2) ninguno de los acusadores era médico y dos de ellos
eran religiosos, 3) nadie más repitió la acusación, incluyendo a Galeno,
quien criticó a los anatomistas alejandrinos por otras muchas razones.
Al cabo de un
siglo de gran productividad humanística y científica, la energía alejandrina
empezó a agotarse. En el año 95 d.C.,
durante una revuelta entre griegos y judíos el Museo fue destruido. Aunque se
cambió a un templo cercano, en el año 391 una turba cristiana saqueó el templo,
quemó la biblioteca y convirtió los restos en una iglesia. Del museo y de la
biblioteca no quedó nada
ROMA
Desde hacía un
par de siglos la vida cultural se había mudado a Roma. Al librarse de la
dominación etrusca, a fines del siglo
V
a.C.,
Roma inició una serie de cambios políticos y legislativos que llevaron a los
plebeyos a alcanzar la igualdad con los patricios en el laño 287 a.C.
El último bastión etrusco, la ciudad de Veii, muy cercana a Roma, fue
conquistado en 392 a.C.,
con lo que Roma casi duplicó su tamaño. En el año 387 a.C.
los galos derrotaron al ejército romano, invadieron e incendiaron Roma, pero
ésta se recuperó y para el año 338 a.C.,
no sólo había expulsado a los galos sino que dominaba todo el territorio central
de Italia.
El enfrentamiento con Pirro, rey de Epiro, terminó con su fainosa
victoria "pírrica", que lo obligó a retirarse a Sicilia en el año 275 a.C.,
con lo que Roma dominó desde el río Po en el norte hasta la punta de la bota
italiana. Las tres guerras púnicas, que con intervalos ocuparon a Roma durante
más de 100 años (264-146 a.C.)
y terminaron con la destrucción de Cartago, así como las tres guerras macedonias
y la campaña de España, que ocurrieron en el mismo lapso (215-134 a.C.)
tuvieron como consecuencia la expansión de Roma fuera de la península de Italia.
La organización administrativa y política de la República romana había surgido
de las necesidades y aspiraciones de Roma como Ciudad-Estado, pero el
crecimiento desmesurado requería otra estructura, que no tardó en imponerse en
forma del Imperio romano.
La medicina en
Roma también tuvo un desarrollo inicial esencialmente religioso. En los altos
del Quirinal había un templo a Dea Salus, la deidad que reinaba sobre
todas las otras relacionadas con la enfermedad, entre las que estaban Febris,
la diosa de la fiebre, Uterina, que cuidaba de la ginecología, Lucina,
encargada de los partos, Fessonia, señora de la debilidad y de la
abstenía, etc. Plinio el Viejo dice con orgullo que la antigua Roma era sine
medicis... nec tamen sine medicina, o sea "saludable sin médicos pero no sin
medicina". El estado de la práctica médica en esos tiempos puede apreciarse por
la recomendación de Catón para reducir luxaciones: recitar huant hanat huat
ista pista sista domiabo damnaustra, lo que no quiere decir absolutamente
nada, y por su panacea para las heridas: aplicar col molida. Como en otras
culturas, la medicina sobrenatural romana conservó su vigencia y su popularidad
hasta mucho después de la caída del Imperio romano; su naturaleza esencialmente
religiosa le permitió integrarse con las teorías médicas que surgieron en el
Imperio bizantino y que prevalecieron durante toda la Edad Media.
En el año 293 a.C.
una terrible plaga asoló Roma. Alarmados por su gravedad e indecisos sobre la
solución, los ancianos consultaron los libros sibilinos; la respuesta fue que
buscaran la ayuda del dios griego Asclepios, en Epidauro. La leyenda dice que se
envió un navío especial, que el dios aceptó la solicitud y viajó a Roma en forma
de serpiente, que cuando llegó se instaló en una isla del Tíber, y que la plaga
terminó. Los romanos agradecidos le construyeron un templo al dios y lo
conocieron con el nombre de Esculapio.
El primer médico griego que llegó
a Roma en el año 219 a.C.
se llamaba Archágathus y al principio tuvo mucho éxito, pero como se inclinaba a
usar el bisturí y el cauterio con excesiva frecuencia, su popularidad decayó.
Casi un siglo más tarde otro médico griego, Asclepíades de Prusa (124-50 a.C.)
conquistó a la sociedad romana con su oratoria brillante, su parsimonia
terapéutica y su oposición a las sangrías. Asclepíades adoptó la teoría atomista
de Demócrito, que Lucrecio había puesto de moda en esa época con su poema De
re natura, pero no insistía en los aspectos más teóricos de la medicina
griega sino más bien en el manejo práctico de cada paciente; de todos modos, sus
sucesores lo consideraron como el iniciador de una escuela opuesta al
humoralismo hipocrático, que se conoció como el metodismo (vide infra).
Asclepíades manejaba una terapéutica mucho menos agresiva que la de los otros
médicos griegos: sus dietas siempre coincidían con los gustos de los pacientes,
evitaba purgantes y eméticos, recomendaba reposo y masajes, recetaba vino y
música para la fiebre y sus remedios eran tan simples que le llamaban el "dador
de agua fría". Es interesante que Asclepíades no llegó a Roma como médico sino
como profesor de retórica, pero como no tuvo éxito en esta ocupación decidió
probar su suerte con la medicina, o sea que no tenía ninguna educación como
médico antes de empezar a ejercer como tal. Su éxito revela el carácter
eminentemente práctico de la medicina romana, lo que también explica que otro
lego en la profesión, Aulio Cornelio Celso (ca. 30 a.C.
50 d.C.)
haya escrito De Medicina, el mejor libro sobre la materia de toda la
antigüedad. Este libro formaba parte de una enciclopedia, De Artibus, que
también trataba de agricultura, jurisprudencia, retórica, filosofía, artes de la
guerra y quizá otras cosas más, pero que se perdieron. Por fortuna, en 1426 (!13
siglos después!) se encontraron dos copias completas de De Medicina, que
fue el primer libro médico que se imprimió con el invento de Gutenberg, en 1478,
y el único texto completo de medicina que nos llegó de la antigüedad, porque
(según Majno) el papiro de Smith se detiene en la cintura y el Corpus
Hipocráticum es una mezcla caótica de textos de muy distinto valor.
CELSO
El libro de
Celso es hipocrático pero está enriquecido con conceptos alejandrinos y también
hindúes. Está dividido en tres partes, según la terapéutica utilizada:
dietética, farmacéutica y quirúrgica. Celso describe y critica a los empiristas
y a los metodistas, porque los primeros pretenden curar todas las enfermedades
con drogas, mientras los segundos se limitan a dieta y ejercicios. De
Medicina contiene suficiente anatomía para convencernos de que Celso estaba
al día en esta materia, pero no demasiada porque el libro estaba dirigido al
médico práctico.
Entre las causas de las enfermedades menciona las estaciones,
el clima, la edad del paciente y su constitución física. Los síntomas
discutidos, como fiebre, sudoración, salivación, fatiga, hemorragia, aumento o
pérdida de peso, dolor de cabeza, orina espesa, y muchos otros, se analizan
conforme a la tradición hipocrática; la descripción de los distintos tipos de
paludismo es magistral. En otras páginas se encuentran el lethargus,
enfermedad caracterizada por sueño invencible que progresa rápidamente hacia la
muerte, la tabes, que seguramente incluye a la tuberculosis y otras formas de
caquexia, las jaquecas de distintos tipos, el asma, la disnea, la neumonía, las
enfermedades renales, las gástricas, las hepáticas, las diarreas, etc.
Las
medidas dietéticas e higiénicas que recomienda Celso para estos padecimientos
son hipocráticas: ejercicio moderado, viajes frecuentes estancias en el campo,
abstención de ejercicios violentos, de relaciones sexuales y de bebidas
embriagantes. Deben evitarse los cambios bruscos de dieta o de clima, y
preferirse las medidas para bajar de peso (una comida al día, purgas frecuentes,
baños en agua salada, menos horas de sueño, gimnasia y masajes); las
recomendaciones dietéticas ocupan la mitad del segundo libro y la hidroterapia
se discute extensamente. Celso divide las drogas conocidas según sus efectos en
purgantes, diaforéticas, diuréticas, eméticas, narcóticas, etc.; la acción
anestésica del opio y la mandrágora (que con, tiene escopolamina y hioscianina)
ya era bien conocida. La mejor parte del libro de Celso es la quirúrgica, que
ocupa los libros VII y VIII, en ella dice:
La tercera parte
del arte de la medicina es la que cura con las manos [...] no omite medicamentos
y dietas reguladas, pero hace la mayor parte con las manos [...] El cirujano
debe ser joven o más o menos, con una mano fuerte y firme que no tiemble, listo
para usar la izquierda igual que la derecha, con visión aguda y clara, y con
espíritu impávido. Lleno de piedad y de deseos de curar a su paciente, pero sin
conmoverse por sus quejas o sus exigencias de que vaya más aprisa o corte menos
de lo necesario; debe hacer todo como silos gritos de dolor no le importaran.
Celso discute el
manejo de las heridas y señala que las dos complicaciones más importantes son la
hemorragia y la inflamación, lo que era realmente infección. Para la hemorragia
recomienda compresas secas de lino, que deben cambiarse varias veces si es
necesario, y si la hemorragia no cesa, entonces mojarlas en vinagre antes de
aplicarlas. Pero si todo esto falla, hay que identificar la vena que está
sangrando, ligarla en dos sitios y seccionaría entre las ligaduras. Celso
recomienda aplicar a la herida distintos medicamentos compuestos de acetato de
cobre, óxido de plomo, alumbre, mercurio, sulfuro de antimonio, carbón seco,
cera y resma de pino seca, mezclados en aceite y vinagre; otros componentes
recomendados (Celso propone 34 fórmulas diferentes) son sal, pimienta,
cantáridas, vino blanco, clara de huevo, ceniza de salamandra, heces de
lagartija, de pichón, de golondrina y de oveja.
LA MEDICINA
ROMANA
La medicina
romana era esencialmente griega, pero los romanos hicieron tres contribuciones
fundamentales:
1) los hospitales militares,
2) el saneamiento
ambiental, y
3) la legislación de la práctica y de la enseñanza médica.
1)
Los hospitales militares o valetudinaria se desarrollaron como respuesta
a una necesidad impuesta por el crecimiento progresivo de la República y del
Imperio. Al principio, cuando las batallas se libraban en las cercanías de Roma,
los enfermos y heridos se transportaban a la ciudad y ahí eran atendidos en las
casas de los patricios; cuando las acciones empezaron a ocurrir más lejos, sobre
todo cuando la expansión territorial sacó a las legiones romanas de Italia, el
problema de la atención a los heridos se resolvió creando un espacio
especialmente dedicado a ellos dentro del campo militar. La arquitectura de los
valetudinaria era siempre la misma: un corredor central e hileras a ambos
lados de pequeñas salas, cada una con capacidad para 4 o 5 personas Estos
hospitales fueron las primeras instituciones diseñadas para atender heridos y
enfermos; los hospitales civiles se desarrollaron hasta el siglo
IV
d.C.,
y fueron producto de la piedad cristiana.
2)
El saneamiento ambiental se desarrolló muy temprano en Roma, gracias a las obras
de la cloaca máxima, un sistema de drenaje que se vaciaba en el río Tíber
y que data del siglo
VI
a.C.
En la Ley de las Doce Tablas (450 a.C.)
se prohiben los entierros dentro de los límites de la ciudad, se recuerda a los
ediles su responsabilidad en la limpieza de las calles y en la distribución del
agua. El aporte de agua se hacía por medio de 14 grandes acueductos que
proporcionaban más de 1 000 millones de litros de agua al día, y la distribución
a fuentes, cisternas y a casas particulares era excelente, pero en los barrios
menos opulentos no tan buena.
El agua se usaba para beber y para los baños, una institución pública muy
popular y casi gratuita; también se colectaba el agua de la lluvia, que se usaba
para preparar medicinas. En general, las condiciones de higiene ambiental en
Roma eran tan buenas como podía esperarse de un pueblo que desconocía por
completo la existencia de los microbios.
3)
Durante la República la mayoría de los médicos eran esclavos o griegos, o sea,
sujetos en una posición subordinada, pero en el Imperio (ca. 120 d.C.)
Julio César concedió la ciudadanía a todos lo que ejercieran la medicina en
Roma.

Reconstrucción de un hospital militar romano, valetudinaria,
que forma parte de un campamento en la frontera (tomado de Majno).
Además, se
estableció un servicio médico público, en el que la ciudad contrataba a
uno o más médicos (archiatri) y les proporcionaba local e instrumentos
para que atendieran en forma gratuita a cualquier persona que solicitara su
ayuda. Los salarios de estos profesionales los fijaban los consejeros
municipales. También se organizó el servicio médico de la casa imperial, y
muchos de los patricios retenían en forma particular a uno o más médicos para
que atendieran a sus familias. Con el tiempo también se legisló que la elección
de un médico al servicio público debería ser aprobada por otros siete miembros
de ese servicio. Las plazas eran muy solicitadas porque los titulares estaban
exentos de pagar impuestos y de servir en el ejército. El gobierno los
estimulaba a que tomaran estudiantes, por lo que podían recibir ingresos
adicionales.
Entre los
médicos griegos y romanos que ejercían en el Imperio se distinguían cuatro
sectas o escuelas, basadas en sus diferentes posturas filosóficas, teóricas y
prácticas: 1) Los dogmáticos reconocían como su fundador a
Herófilo, aprobaban el estudio de la anatomía por medio de las disecciones,
consideraban que las teorías sobre las causas de la enfermedad eran la esencia
del la medicina (desequilibrio de los elementos, de los humores del pneuma;
migración de la sangre a los vasos que llevan el pneuma; bloqueo de los
canales del cuerpo por "átomos"' etc.).
Sus enemigos los caracterizaban como más
"habladores" que "hacedores", y decían que pasaban más tiempo discutiendo que
viendo al paciente. Los dogmáticos decían que la confirmación de sus doctrinas
se encontraba en el Corpus Hipocraticum y que el mismo Hipócrates había
sido un dogmático. 2) Los empíricos nombraban a Erasístrato como
su antecesor y se oponían a las disecciones porque rechazaban la importancia de
la anatomía en la medicina. Su postura era que no deberían buscarse las causas
de las enfermedades, porque las inmediatas eran obvias y las oscuras eran
imposibles de establecer; por lo tanto, la comprensión de cosas como el pulso,
la digestión o la respiración era inútil.
Lo más importante en medicina era la
experiencia personal del médico con su paciente, y lo que debía hacer es recoger
los síntomas y tratarlos uno a uno usando los remedios que ya se habían
demostrado efectivos en el pasado. Al igual que los dogmáticos, los empíricos
alegaban que Hipócrates y el Corpus Hipocraticum estaban de su lado. 3)
Los metodistas también rechazaban todas las hipótesis y teorías sobre las
causas de la enfermedad, pero en cambio sostenían que sólo había unas cuantas
circunstancias que eran comunes a muchas enfermedades, que debían ser manejadas
principalmente por medio de dietas. Naturalmente, estaban convencidos de que
Hipócrates y toda su escuela habían sido esencialmente metodistas. 4) Los
neumatistas eran inicialmente dogmáticos pero se separaron de esa secta
porque consideraron que la sustancia fundamental de la vida era el pneuma
y que la causa única de las enfermedades eran sus trastornos en el organismo,
desencadenados por un desequilibrio de los humores. Éste era el panorama del
ejercicio de la medicina en Roma cuando apareció Galeno.
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