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LA EVOLUCIÓN
DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: A partir del
incesante avance de la ciencia y de la tecnología, la comunicación dejó de ser
exclusivamente oral para desarrollarse a través de otros medios, como la prensa,
la radio, el cine y la televisión.
En la
actualidad, las sociedades industrializadas dependen, en gran medida, de los
medios de comunicación masivos. Su sistema económico —basado en la compraventa
generalizada—, la compleja división del trabajo y las necesidades del Estado
para cumplir con sus funciones requieren de estos medios para difundir la
información del modo más rápido y a la mayor cantidad de personas posible. De
allí que cada vez sea más estrecha la relación entre los grandes grupos
económicos y las grandes cadenas de comunicación.
EL CINE
En París en
diciembre de 1895, los hermanos Lumiére, produjeron el primer film: La llegada
del tren. El impacto de este hecho puede considerarse en gran medida por las
consecuencias que desató en algunos espectadores, que huyeron despavoridos de la
sala al ver a la locomotora aproximarse demasiado a la pantalla.
Las primeras
películas eran de escasa duración, incluso en la actualidad serian consideradas
como cortometrajes. Entre los primeros títulos se destacan Lumire en Lyon,
Salida de la fabrica y El Herrero.
El
francés George Mélies (1861- 1938) fue el primero en advertir las posibilidades
comerciales del cine, como espectáculo popular, con este fin incorporó el rodaje
en los estudios y los trucajes, sin los cuales la producción cinematográfica
resultaría imposible. Sin embargo, Antoine Lumire (dice Lumire pero me parece
que es Lumiere) le envió una carta en 1898 que expresaba: “Sr. Meliés, nuestro
invento no es para venderlo.
Puede ser explotado algún tiempo como una
curiosidad científica, pero no tiene ningún interés comercial.” Aparentemente
las palabras del inventor no fueron proféticas. Por el contrario, al poco
tiempo, surgieron en Francia las primeras empresas cinematográficas: la Gaumont
y la Pathé, que lanzaron sus películas comerciales y los noticieros
cinematográficos. Gracias a estos desarrollos, quedaron registrados los primeros
hechos políticos, artísticos, deportivos y culturales. Además, surgió un nuevo
género cinematográfico que tendría un gran desarrollo a lo largo del siglo: el
documental.
En las
postrimerías del siglo XX, los procesos de concentración de imágenes dieron
lugar a una lucha por la posesión de las patentes entre europeos y
norteamericanos. De esta manera, en EEUU, Thomas Ava Edison (1847-1931) patentó
una máquina y un proyector. En pocos años, Edison —que triunfó en numerosos
juicios por patentes— pasó a ser el productor de cine más destacado de los
Estados Unidos y controló gran parte de la nueva industria. En 1903, produjo uno
de los primeros grandes éxitos masivos. El film se llamaba Asalto y robo de un
tren. Esta producción dio lugar al nacimiento de un genero especifico que haría
historia: el western (películas que contaban historias del oeste norteamericano
ocurridas durante el siglo XIX marcado por la colonización y el asentamiento de
flujos migratorios que provenían del este).
Las primeras
salas de proyección se crearon en 1902 en Los Ángeles, creciendo en número en
los años posteriores (entre 1906 y 1909). Sin embargo,
este progreso seria obstaculizado por el comienzo de la Primera Guerra Mundial
(1914) interrumpiéndose la competencia entre los estudios norteamericanos y
europeos. Hasta ese momento, el cine europeo mantenía la primacía. Sin embargo,
en ese mismo año en una ciudad situada en los alrededores de Los Ángeles, en el
estado de California (EEUU) fue construido el primer estudio cinematográfico. En
ese lugar, comenzaron a trabajar numerosos productores que burlaban el monopolio
ejercido por Edison. En 1912. Charles Chaplin (1889-1977) de nacionalidad
británica, creo el personaje de Charlot (Carlitos) contribuyendo junto con otras
grandes figuras a la difusión mundial del cine norteamericano.
En esta etapa
fundacional del cine, ocupa un destacado lugar, el realizador David Wark
Griffith (1875-1948), considerado uno de los máximos creadores de la narración
cinematográfica y director de uno de los primeros largometrajes del cine mudo
“El nacimiento de una nación”. Se trataba de una epopeya basada en lo ocurrido
en el sur derrotado, durante los años posteriores a la guerra civil
norteamericana. El film reivindicaba la creación y la acción del
Ku Klux Klan.
Finalizada la
Primera Guerra Mundial, la supremacía norteamericana también alcanzó al cine,
superando ampliamente en número y en capacidad de distribución a las
producciones europeas. Frente a la experiencia traumática que habia dejado la
guerra y la necesidad de olvidarla comenzó la época de oro del cine cómico con
figuras tales como Charles Chaplin (1889-1977), Harold Lloyd (1893-1971) y
Buster Keaton (1896-1966).
El éxito del
cine mudo se debe a varias razones: en primer lugar, resultaba accesible a las
comunidades de inmigrantes, que por esa época eran muy numerosas y no dominaban
el idioma inglés. En segundo lugar, la rentabilidad que representaba para la
sociedad y los empresarios norteamericanos, que veían en el cine un gran negocio
y un nuevo tipo de distracción y entretenimiento accesible a la mayoría de la
población. Poco a poco, fue considerada como vía de escape para los trabajadores
norteamericanos frente a sus largas jornadas de trabajo, por lo general
intensivas y mal remuneradas.
Los
empresarios del nuevo mercado, para fomentar nuevas necesidades artificiales (no
menos artificiales que las producidas en la actualidad) crearon géneros
cinematográficos para todos los gustos. De esta manera, nació el western, el
policial, el bélico, el cine de terror, de aventuras y el romántico, entre
otros.
En Europa
también el cine continuo diversificándose y constituyéndose en un espacio de
critica a la sociedad de ese momento.
En la Alemania
derrotada, se estrenó en 1919, El gabinete del Doctor Caligari. En medio de un
clima tenso, se da lugar el desarrollo de la corriente expresionista. Esta
corriente —que tenía también sus expresiones en la pintura, la música y la
literatura— traducía la descomposición de la sociedad alemana de posguerra. La
crítica al sistema económico y social se torna más explícita en las películas de
Fritz Lang, o Metrópolis (1924), que describe un mundo de esclavos sometidos por
el maquinismo.
En
la joven Unión Soviética, constituida a partir del triunfo de la revolución
bolchevique en 1917, el cine fue utilizado como un instrumento de control social
frente a la necesidad de legitimar el gobierno soviético. En la denominada
escuela rusa se destacó, Serghei M. Eisenstein Entre sus obras más destacadas se
encuentran El acorazado Potemkin (1925), considerada una de las mejores
películas de la historia de la cinematografía. Se trata de un cine mudo y épico,
que relata la rebelión de la tripulación del acorazado Potemkin, durante el
régimen zarista en 1905. En Octubre (1927), Eisenstein narra un realismo casi
documental los acontecimientos de la Revolución Rusa. Los realizadores
soviéticos buscaron conciliar el cine pensado como arte con un cine de
propaganda política tendiente a aumentar la adhesión del pueblo ruso a la
revolución.
Bajo las
mismas intenciones que en la Unión Soviética, el cine fue utilizado tanto por
Hitler (Alemania) como por Mussolini (Italia) como vías de legitimación del
régimen fascista.
De esta
manera, en Italia, en agosto de 1932, se inauguró el Festival de Venecia, con el
propósito de promocionar una imagen favorable del país y del régimen. En su
primera edición, el festival permitió el encuentro de producciones americanas y
europeas, y, según un crítico de la época, se tuvo la impresión de asistir al
bautismo oficial del cine como arte. En las ediciones posteriores (1934 y 1935),
la represión y la censura del régimen fascista se agudizaron, y las intenciones
originales se frustraron.
En Alemania,
con el nazismo en el poder, grandes directores debieron emigrar. El cine fue
utilizado por Hitler y Goebbels como un nuevo medio para defender y difundir sus
ideas totalitarias. La realizadora berlinesa Helena “Leni” Riefenstahl, amiga
personal de Hitler, fue quien mejor comprendió las pretensiones del dictador.
Dirigió dos documentales, El triunfo de la voluntad, de 1936 —en el que se
describe con imágenes impactantes y en un tono admirativo el Congreso del
Partido nazi en Nuremberg realizado en 1934— y Las Olimpíadas, en el cual la
directora filma ese evento deportivo realizado en Berlín, durante 1936. De este
modo, transformó la pantalla en una vidriera del régimen.
En Europa, el
cine arte encontró otros grandes creadores, entre ellos el francés René Clair
(1898-1981) y el catalán Luis Buñuel (1900-1983) quien, en compañía de Salvador
Dalí, realizó el primer film surrealista de la historia: El perro andaluz
(1928). En él aparecen los elementos constitutivos del movimiento surrealista:
el mundo de los sueños, el psicoanálisis, la crítica al sistema capitalista, a
la Iglesia, al arte tradicional y al cine norteamericano.
En 1927, se
estrenó en Hollywood la primera película sonora, El cantor de jazz.(ver
mas abajo) El cine
sonoro otorgó grandes posibilidades al nuevo género de la comedia musical y
revolucionó la industria del cine. En ese momento, Hollywood se había convertido
en vanguardia del avance tecnológico. En ese mismo lugar, en 1935, se proyectó
la primera película en color: “La Feria de Las vanidades”. Sin embargo, el nuevo
sistema alcanzó su aceptación indiscutida con una película que se convirtió, con
el paso del tiempo, en un clásico: “Lo que el viento se llevó” (1939), que
retomó el tema de la Guerra Civil norteamericana.
El cine
francés adquirió, a partir de los años 30, fama mundial. Su temática daba cuenta
de los problemas que atravesaba la sociedad: aparecían reflejados los dramas de
ciertos sectores sociales como la clase media y la obrera..
La rápida
conversión del cine en una costosa empresa industrial, la llegada del sonido y
la crisis económica iniciada en 1929, llevaron a la industria cinematográfica
norteamericana a depender del mundo de las altas finanzas.
Tras la
Segunda Guerra Mundial, en Europa, surgieron dos corrientes cinematográficas
renovadoras: el neorrealismo italiano, durante el comienzo de la posguerra y, en
los 50, la nueva ola (nouvelle vague) del cine francés.
En la
destruida Italia de posguerra, un grupo de realizadores renunció al llamado
“cine-espectáculo”, al estilo Hollywood y al cine monumental de la época de
Mussolini y contó la realidad de su gente desde una perspectiva ética y
realista. Con precarios medios, recurriendo a la filmación con la cámara en la
mano, salieron a filmar historias de la vida cotidiana en los exteriores
naturales. Por renunciar a todo recurso artificioso, su cine fue llamado
neorrealista.
Tres grandes
creadores brillaron con luces propias: Roberto Rossellini, que conmocionó con
films testimoniales y desgarradores, como Roma, ciudad abierta (1945); Vittorio
de Sica (1902-74) con Ladrones de Bicicletas (1948) —considerada una de las diez
mejores películas de la historia del cine— y Luchino Visconti (1906-76), quien
llevó el movimiento neorrealista a su dimensión más lograda con La terra trema.

Hacia la
decada del 50, Federico Fellini comenzó a filmar, quien se convirtió, al poco
tiempo, en uno de los grandes exponentes de la
cinematografia mundial. La influencia del neorrealismo quedaba manifiesta en sus
primeras producciones. Fellini construyo su propio lenguaje, cargado de ironía
contra los símbolos del poder y contra la hipocresía de la sociedad tradicional.
En Amarcord (Premio Oscar 1974) retrata, magistralmente, la Italia fascista a
través de un relato autobiográfico.
En esa misma
época, en Francia, un conjunto de originales directores revolucionó el cine
europeo: La Nouvelle Vague mostró su disconformidad con el cine francés de su
tiempo y, con películas de bajo presupuesto apuntó a la originalidad.
Por
otro lado, el sueco Ingmar Bergman (1918- 2007), con films como El séptimo sello
(1956), le otorgó al cine una dimensión filosófica no conocida hasta ese
momento. Sus producciones se caracterizaron además por una dura critica a la
sociedad de posguerra.
Recurriendo al
aporte de una tecnología de avanzada, Hollywood siguió apostando más a las
formas de transmisión que al contenido. Presentó nuevos films en pantallas más
grandes y con superiores sistemas de sonido. La idea era deslumbrar al
espectador con el gigantismo. Se sucedieron películas inspiradas en la historia
de Roma y del Cristianismo, con altísimos presupuestos. La industria
cinematográfica norteamericana ha sido siempre, de manera más o menos
consciente, el instrumento de una constante propaganda de los valores de l os
Estados Unidos. Sin ella, el mito norteamericano estaría menos presente en las
mentalidades de los
hombres de todo el mundo.
El cine
norteamericano parece, actualmente, dominar el mercado mundial. Esta conquista
es, en realidad, una reconquista, porque a principios de los años 20, Hollywood
manejaba el 80 % de la producción mundial. Este porcentaje se redujo en las
décadas siguientes debido al auge de las cinematografías nacionales y a la
Segunda Guerra Mundial, que impidió la difusión del cine norteamericano en
diversos países. A partir de 1945, comenzó la reconquista que logró sus
objetivos durante las últimas décadas del siglo: la mayoría de las películas
exhibidas en el mundo son, en la actualidad, de origen norteamericano.
(ver Vida de Marilyn Monroe)
PARA SABER MAS...
El cine aprende a hablar
La rica variedad del cine mudo había sido posible gracias a la fantasía de
Georges Méliés, al genio narrativo de Edwin Porter, a la imaginación
de D. W. Griffith, al virtuosismo técnico de Sergei Eisenstein, y a la
colaboración de un plantel internacional de pioneros del cine menos conocidos.
Sólo faltaba el sonido para hacer realidad el sueño de Edison: «la imagen
parlante».
Desde las primeras «salas de cinco
centavos» los espectadores se habían habituado al acompañamiento musical,
servido por un pianista; pero, en ocasiones, como en la primera proyección de
El nacimiento de una nación, participó una orquesta de 70 maestros.
En 1923 los técnicos habían
conseguido dotar de sonido al cine, especialmente en los denominados «cortos» —a
menudo escenas de vodevil— que acompañaban a la película muda de mayor
extensión. Más adelante, algunas producciones llevaban registros musicales, y se
agregaron bandas sonoras a películas de actualidades. Sin embargo, el primer
filme en que hablaron las imágenes data de 1927: El cantor del Jazz, cuyo
protagonista fue el actor de variedades Al Jolson.
Concebida inicialmente para
ofrecer sólo números musicales, se convirtió en el primer filme donde se escuchó
la voz humana, pues el propio Jolson inesperadamente improvisó la presentación
de sus canciones. Sus primeras palabras, «Hasta ahora nada habían oído ustedes»,
inauguraron la verdadera industria del cine, que inició entonces su prosperidad
mundial. Aquel mismo año se realizaron numerosas películas y espectadores del
mundo entero se agolparon para contemplarlas. En 1930 se vendían en Estados
Unidos 110 millones de localidades cada semana.
En la actualidad, el cine ha
llegado a ser una de las más importantes industrias de bienes de consumo. Como
industria, su origen es reciente e incide en una serie de actividades de muy
varia índole, desde las publicaciones gráficas hasta la industria de la
confección. El filme posee la característica de ser un producto de consumo
masivo. La cinematografía como fenómeno económico presenta una doble
peculiaridad: su demanda no es libre, sino dirigida y, además, está ligada a las
condiciones técnicas y sociales del momento.
Desde aquel día de 1903 en que
Asalto y robo de un tren enajenó a los espectadores, el cine, después de
sobrevivir a la guerra, la Gran Depresión, e incluso la televisión, continúa
siendo en el mundo el medio más importante de difusión de cuanto significa
dramatismo, aventura, diversión y entretenimiento.
La llegada del cine sonoro tuvo
profundas consecuencias para la producción cinematográfica. Por un lado, se
requería un nuevo tipo de actor, y muchas de las celebridades del cine mudo
descubrieron que el nuevo medio superaba sus posibilidades. Se plantearon
asimismo problemas técnicos. Las películas mudas se podían rodar en medio de un
gran estruendo, pero el cine sonoro exigía estudios silenciosos. Hasta el ruido
de las cámaras resultaba un problema. Al principio, se colocaron en cabinas a
prueba de ruidos, pero finalmente se inventaron nuevas cámaras silenciosas.
Aunque el inventor norteamericano
Thomas Edison contribuyó poco con la base
tecnológica del cine, tuvo una influencia considerable en la organización de la
nueva industria en rápida expansión. En particular, advirtió la importancia de
normalizar las dimensiones y la velocidad de las películas de manera que
pudieran proyectarse sin necesidad de adaptación en todas las salas del mundo. A
principios de siglo estableció la película estándar, de 35 mm de ancho, cuatro
perforaciones cada 2,5 cm y 16 cuadros cada 30 cm.
Estas normas acabaron adoptándose
internacionalmente en 1909 y permanecieron vigentes por espacio de veinte años.
En cambio, la velocidad de proyección no se controlaba tan estrechamente, y los
dueños de los cines, ansiosos por recaudar cada vez más dinero, llegaban a
acelerar las películas considerablemente. Para superar los problemas planteados
por la reproducción del sonido, se adoptó como norma la velocidad de 24 cuadros
por segundo.
LOS NUEVOS ÍDOLOS
En las primeras películas americanas se mantenían en secreto los nombres de los
intérpretes, pues se temía que los actores que alcanzaran la fama exigirían
salarios más altos. Los productores advirtieron que una cara conocida atraía a
las masas; comenzaron a anunciar a los intérpretes y así nació la estrella
cinematográfica.
Italia fue el primer país
europeo que veneró a las actrices de cine como «divas» o «divinas», por ejemplo
Lydia Borelli, Francesca Bertini e incluso Eleanora Duse. En Alemania, actores
como Paul Wegener y Asta Nielsen, danesa de nacimiento, confirieron dimensión
artística al cine con sus vehementes interpretaciones.
LA GRAN PELICULA DEL OESTE
NORTEAMERICANO:
Con su película de 1903, El
gran robo al tren, Edwin S.
Porter,
un camarógrafo de la compañía de producción de Thomas Edison, inició una nueva
era del cinematógrafo. En un simple filme de 12 minutos, Porter creó tres
tradiciones cinematográficas: la dirección, el montaje y la película del oeste
norteamericano (western).
Antes, la mayoría de las películas
eran contemporáneas en el tiempo, con una larga secuencia que relataba un único
acontecimiento. La gran innovación de Porter consistió en cortar y empalmar
metraje, lo que intensificaba la historia con la adición de dramatismo y
suspenso.
El tratamiento del tiempo en El
gran robo al tren no tenía precedentes. Un reparto de 40 actores representó un
único suceso descompuesto en fragmentos: en una serie de catorce escenas unos
bandidos irrumpen en un puesto ferroviario, controlan al operador, roban el tren
y se esconden en los bosques. Mientras tanto, la hija del operador sale del
puesto y libera a su padre. Este organiza una batida para hacer salir del bosque
a los villanos.
Sobreviene un tiroteo y la
justicia triunfa cuando acaban con todos los ladrones. El tiro más famoso de la
película —y más inconexo— lo protagoniza un bandido que lleva una pistola y mira
fijamente a la cámara mientras dispara aparentemente contra la audiencia.
Lo revolucionario de la técnica de
Porter fue que mezclaba escenas del telegrafista con las de los bandidos, de
modo que las dos historias paralelas se desarrollaban en forma simultánea. Otros
directores, el más notable el francés Georges Méliés, habían presentado
con anterioridad escenas en serie. Pero sus películas eran como versiones
condensadas de obras teatrales. El gran robo al tren era, por primera vez, una
película.
Aunque las películas de diez
minutos todavía eran populares, en 1913, los asistentes al cine (cinco millones
diarios en Estados Unidos) pedían a gritos filmes de largo metraje. Un vendedor
de guantes cinéfilo, su cuñado y un escritor cargado de deudas se asociaron para
hacer una película del oeste norteamericano picante que hizo de Hollywood la
capital mundial de las películas de largometraje.
Después de ver su primera
película, un ambicioso comerciante de guantes de Nueva York, Sam Goldfish, pensó
que el cine tenía posibilidades y convenció a su reticente cuñado, el empresario
de variedades Jesse L. Lasky, para formar una compañía de producción de
largometrajes. Lasky contrató a un dramaturgo llamado Cecil B. DeMille para que
aportara una visión artística.
El primer proyecto de la Jesse L.
Lasky Feature Play Company fue El piel roja, un melodrama de 1905 sobre un
aristócrata británico que se casa con la india que le ha salvado la vida en el
salvaje oeste norteamericano.
La mayoría de las películas del
oeste se rodaban en Nueva Jersey, pero DeMille quería el «auténtico oeste», de
modo que se dirigió hacia Flagstaff, Arizona. Tras echar un vistazo al insípido
paisaje, ordenó a su equipo que tomara de nuevo el tren hasta el final de la
línea: Los Ángeles.
En Los Angeles se rodaban cortos
desde 1907 pero El piel roja sería el primer largo. El rodaje, realizado ante un
establo en la calle Vine, transcurrió con muchos problemas. Muy poco después de
empezar a rodar, un saboteador (posiblemente de la compañía Motion Pictures
Patents) irrumpió en el establo y destruyó todo lo que había realizado DeMille,
que, afortunadamente, tenía un duplicado de los negativos. En dos ocasiones
zumbaron las balas de un francotirador. Sin embargo, se solucionaron todos los
problemas cuando El piel roja se convirtió en un éxito, precursor de la fortuna
de los largometrajes en general y de la de la Lasky Company en particular.
DeMille se movió entre comedias
sexuales y leyendas bíblicas y se convirtió en un titán y en un tirano. Y
Hollywood se convirtió en Hollywood. ¿Qué se hizo del comerciante de guantes Sam
Goldfish? Cambió su nombre por el de Goldwyn y dejó los guantes para siempre.
CINE EN COLORES:
En 1922, la pantalla de cine
brilló con nuevos colores cuando Hollywood produjo su primera película en
tecnicolor, una versión de Madaine Butterfly titulada La llamada del
mar. Pero a pesar de los abundantes elogios que recibió la película, el
tecnicolor resultaba tan caro que tuvieron que pasar muchos años antes de que se
convirtiera en la materia prima de la filmación. El color, que se conseguía
pintando la película a mano, formaba parte del cine desde sus comienzos.
En la primera década del siglo,
las compañías británicas y francesas habían intentado producir una serie
completa de colores combinando dos o tres de los primarios, pero el proceso
requería una maquinaria compleja y las películas cansaban la vista. Dos
científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Herbert T. Kalmus y
Daniel F. Comstock, se propusieron acabar con el problema y en 1915 fundaron la
Technicolor Motion Picture Company.
En 1917 estrenaron una película
que mejoraba los primeros intentos de color aunque todavía resultaba
insatisfactoria. Luego, en busca de métodos para combinar dos colores primarios,
rojo y verde, con resultados agradables y naturales, pensaron en una cámara que
contuviera dos cintas de película, una para el rojo y otra para el verde, y un
prisma que separara la luz en los dos colores primarios. Las dos cintas se
combinarían al imprimir la película, lo que significaba que no harían falta
proyectores especiales. En 1922 el proceso estaba prácticamente perfeccionado y
Hollywood empezó a utilizarlo.
Bibliografía Consulatada:
Historia - El Mundo Contemporáneo - Pigna - Mora - Bulacio y Cao
El Gran LIbro del Siglo XX de Clarín
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