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Gregor
Mendel, considerado el padre de la genética, fue un monje austriaco cuyos
experimentos sobre la transmisión de los caracteres hereditarios se han
convertido en el fundamento de la actual teoría de la herencia. Las leyes de
Mendel explican los rasgos de los descendientes, a partir del conocimiento de
las características de sus progenitores
Gregor Mendel nació el 22 de julio
de 1822 en Heizendorf (hoy Hyncice, República Checa), en el seno de una familia
campesina. Dificultades familiares y económicas le obligaron a retrasar sus
estudios. Fue un hombre de contextura enfermiza y carácter humilde y retraído.
El entorno sociocultural influyó en su personalidad científica, principalmente
el contacto directo con la naturaleza, las enseñanzas de su padre sobre los
cultivos de frutales y la relación con. diferentes profesores a lo largo de su
vida, en especial el profesor J. Scheider, experto en pomología.
El 9 de octubre de 1843 ingresó
como novicio en el convento de Brünn, conocido en la época por su gran
reputación como centro de estudios y de trabajos científicos. Después de tres
años, al finalizar su formación en teología, fue ordenado sacerdote, el 6 de
agosto de 1847. En un principio fue inducido por su superior a dedicarse al
campo de la pedagogía, pero él eligió un camino bien distinto. En 1851 ingresó
en la Universidad de Viena, donde estudió historia, botánica, física, química y
matemáticas, para graduarse y ejercer como profesor de biología y matemáticas.
Durante su estancia allí llegó a dar numerosas clases como suplente, en las
materias de matemáticas, ciencias naturales y ciencias generales, con excelente
aprobación entre los estudiantes. Sin embargo, una vez finalizados sus estudios,
no logró graduarse, por lo que decidió regresar al monasterio de Abbot en 1854.
De naturaleza sosegada y mentalidad matemática, llevó una vida aislada,
consagrado a su trabajo. Más adelante fue nombrado profesor de la Escuela
Técnica de Brünn, donde dedicó la mayor parte de su tiempo a investigar la
variedad, herencia y evolución de las plantas, especialmente de los guisantes,
en un jardín del monasterio destinado a los experimentos. Sus aportaciones al
mundo de la ciencia son consideradas hoy como fundamentales para el desarrollo
de la genética.
Hacia el final de su vida, en
1868, Mendel fue nombrado abad de su monasterio, donde murió el 6 de enero de
1884 a causa de una afección renal y cardiaca.
Mendel tuvo la fortuna de contar,
en su propio monasterio, con el material necesario para sus experimentos.
Comenzó sus trabajos estudiando las abejas, coleccionando reinas de todas las
razas, con las que llevaba a cabo distintos tipos de cruces. Entre 1856 y 1863
realizó experimentos sobre la hibridación de plantas. Trabajó con más de 28.000
plantas de distintas variantes del guisante oloroso o chícharo, analizando con
detalle siete pares de características de la semilla y la planta: la forma de la
semilla, el color de los cotiledones, la forma de la vaina, el color de la vaina
inmadura, la posición de las flores, el color de las flores y la longitud del
tallo.
Sus exhaustivos experimentos
tuvieron como resultado el enunciado de dos principios que más tarde serían
conocidos como «leyes de la herencia». Sus observaciones le permitieron acuñar
dos términos que siguen empleándose en la genética de nuestros días: dominante y
recesivo. Factor e hibrido son, asimismo, dos de los conceptos establecidos por
Mendel de absoluta vigencia en la actualidad.
En 1865 Mendel expuso ante la
Sociedad de Historia Natural de Brünn una extensa y detallada descripción de los
experimentos que había llevado a cabo y de los resultados obtenidos. A pesar de
su importancia, y de que su trabajo fue distribuido entre las principales
sociedades científicas de su
tiempo, pasó totalmente
inadvertido. Al año siguiente, en 1866, publicó su obra fundamental en un
pequeño boletín divulgativo de su ciudad, bajo el título Ensayo sobre los
híbridos vegetales. En ella expuso la formulación de las leyes que llevan su
nombre. Este ensayo contenía una descripción del gran número de cruzamientos
experimentales gracias a los cuales habla conseguido expresar numéricamente los
resultados obtenidos y someterlos a un análisis estadístico.
A pesar de esta detallada
descripción, o quizás por ese mismo motivo, su obra no tuvo respuesta alguna
entre la comunidad científica de su época. De hecho, Mendel íntercambió
correspondencia con uno de los más eminentes botánicos del momento, Carl Nágeli,
aunque éste no pareció muy impresionado por su trabajo. Sugirió a Mendel que
estudiara otras plantas, como la vellosina Hieracium, en la cual Nágeli estaba
muy interesado. Mendel siguió su consejo, pero los experimentos con Hieracium no
fueron concluyentes, dado que no encontró normas consistentes en la segregación
de sus caracteres, y empezó a creer que sus resultados eran de aplicación
limitada. Su fe y su entusiasmo disminuyeron, y debido a la presión de otras
ocupaciones, en la década de 1870 abandonó sus experimentos sobre la herencia.
No fue hasta mucho después de la muerte de Mendel, en 1903, cuando se descubrió
que en Hieracium se da un tipo especial de partenogénesis, que produce
desviaciones de las proporciones fenotípicas y genotípicas esperadas.
Tuvieron que pasar treinta y cinco
años para que la olvidada monografía de Mendel saliera a la luz. En 1900 se
produjo el redescubrimiento, de forma prácticamente simultánea, de las leyes de
Mendel por parte de tres botánicos: el holandés Hugo de Vries en Alemania, Eric
Von Tschermak en Austria y Karl Erich Correns en Inglaterra. Asombrados por el
sencillo planteamiento experimental y el análisis cuantitativo de sus datos,
repitieron sus experimentos y comprobaron la regularidad matemática de los
fenómenos de la herencia, al obtener resultados similares. Al conocer de forma
fortuita que Mendel les había precedido en sus estudios, estuvieron de acuerdo
en reconocerle como el descubridor de las leyes que llevan su nombre.
El británico William Bateson
otorgó un gran impulso a dichas leyes, considerándolas como base de la genética
(hoy llamada genética clásica o mendeliana), término que acuñó en 1905 para
designar la «ciencia dedicada al estudio de los fenómenos de la herencia y de la
variación de los seres». En 1902, Boyen y Sutton descubrieron, de• forma
independiente, la existencia de un comportamiento similar entre los principios
mendelianos y los cromosomas en la meiosis. En 1909 el danés Wilhelm Johannsen
introdujo el término «gen» definiéndolo como «una palabrita.., útil como
expresión para los factores únitarios... que se ha demostrado que está en los
gametos por los investigadores modernos del mendelismo». Sin embargo, no fue
hasta finales de la década de 1920 y comienzos de 1930 cuando se comprendió el
verdadero alcance del trabajo de Mendel, en especial en lo que se refiere a la
teoría evolutiva.

Las leyes de Mendel
Las leyes de Mendel explican y
predicen cómo van a ser las características de un nuevo individuo, partiendo de
los rasgos presentes en sus padres y abuelos. Los caracteres se heredan de
padres a hijos, pero no siempre de forma directa, puesto que pueden ser
dominantes o recesivos. Los caracteres dominantes se manifiestan siempre en
todas las generaciones, pero los caracteres recesivos pueden permanecer
latentes, sin desaparecer, para ‘surgir y manifestarse en generaciones
posteriores.
Los principios establecidos por
Mendel fueron los siguientes:
— Primera ley de Mendel o
ley de la uniformidad.
Establece que si se cruzan dos
razas puras para un determinado carácter, los descendientes de la primera
generación son todos iguales entre sí (igual fenotipo e igual genotipo) e
iguales (en fenotipo) a uno de los progenitores.
— Segunda ley de Mendel o
ley de la segregación.
Establece que los caracteres
recesivos, al cruzar dos razas puras, quedan ocultos en la primera generación,
reaparecen en la segunda en proporción de uno a tres respecto a los caracteres
dominantes. Los individuos de la segunda generación que resultan de los híbridos
de la primera generación son diferentes fenotipicamente unos de otros; esta
variación se explica por la segregación de los alelos responsables de estos
caracteres, que en un primer momento se encuentran juntos en el híbrido y que
luego se separan entre los distintos gametos.
— Tercera ley de Mendel o
ley de la independencia de caracteres.
Establece que los caracteres son independientes y se combinan al azar. En la
transmisión de dos o más caracteres, cada par de alelas que controla un carácter
se transmite de manera independiente de cualquier otro par de alelos que
controlen otro carácter en la segunda generación, combinándose de todos los
modos posibles.
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