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La Santa Iglesia Catedral, antigua
Mezquita de Córdoba, es el primer monumento de todo el Occidente Islámico y uno
de los más asombrosos del mundo. Córdoba es una ciudad del sur de España, en
Andalucía, sobre el río Guadalquivir. Entre 929 y 1031 fue el asiento del
Califato de Córdoba.
Fue centro de las culturas judías y musulmanas y renombrada por sus artesanías,
riqueza y arquitectura.
Apenas
15 Km. de aguas del Mediterráneo separan el Shabel Musa, en Ceuta,
de su promontorio gemelo en la punta sur de España, el peñón de Gibraltar. En la
antigüedad ambos formaban las Columnas de Hércules, la frontera occidental del
mundo conocido.
En
711, Tarik ibn Ziyad comandó a su ejército de 12.000 árabes musulmanes por el
estrecho, a bordo de cuatro barcas, para iniciar su veloz conquista de la
península ibérica. Expulsando a los visigodos cristianos, los musulmanes
llegaron hasta los Pirineos en 719. Aunque fracasó su intento de invadir
Francia, los árabes, a quienes se llamaba moros, fundaron un poderoso Estado en
España, Al-Andalus, que perduraría los siguientes 800 años.
En el
siglo X, los califas Omeyas de Córdoba desafiaron a los califas Abasidas de
Bagdad por la supremacía del mundo islámico. Los Omeyas presidieron una época de
oro en que musulmanes, judíos y cristianos vivieron en armonía. El comercio
trajo la prosperidad, y florecieron las artes y el conocimiento.
Con
una población de 500.000 habitantes, Córdoba fue una de las grandes capitales de
Europa, con sus bibliotecas, escuelas y hospitales. Los académicos árabes
expandieron las fronteras del conocimiento matemático, astronómico y filosófico:
sus obras se tradujeron inmediatamente al latín y al hebreo, para que el
conocimiento acumulado en Oriente se transmitiera a Occidente.
Los
médicos árabes fundaron la medicina homeopática al publicar los primeros
tratados sobre plantas medicinales. También descubrieron el valor terapéutico de
la música, recetando el suave sonido del laúd a los pacientes mentales. El árido
paisaje español floreció en huertos y naranjales, al introducir-se invaluables
métodos revolucionarios de irrigación. La fallida expedición de Carlomagno tras
los Pirineos, en 777, fue la primera de una serie de campañas a lo largo de un
siglo para recuperar España para la cristiandad.
El
legendario Cid capturó Valencia en 1094. Zaragoza cayó en 1118 ante Alfonso I de
Aragón. Córdoba cayó en 1236 y Sevilla en 1248. Para el siglo XV los moros sólo
tenían un bastión, Granada. Cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, la
tomaron en 1492, consiguieron liberarse de la carga de la guerra y, a su vez,
pudieron financiar el viaje a lo desconocido que permitió a Cristóbal Colón
descubrir el Nuevo Mundo. Aunque los moros fueron expulsados de España hace 500
años, el legado islámico es muy visible en dos obras maestras de la
arquitectura.
El
maravilloso templo fue originariamente una iniciativa de Abderramán I entre 756
y 788, continuado por Abderramán II, Alhakén II y Almanzor. Construida durante
dos siglos luego de poner la primera piedra en 786, la gran mezquita de Córdoba
asombra al visitante con su “bosque de las mil columnas”, muchas de ellas
erigidas con materiales procedentes de iglesias cristianas y de edificios
anteriores de los romanos y los visigodos. Tan vasto es el espacio que abarca
esta impresionante joya arquitectónica, que una basílica añadida tras la
reconquista parece perderse dentro de ella. En el centro de la mezquita —que hoy
es un monumento histórico— hay un nicho dorado de oraciones que apunta hacia La
Meca.
Resume en su historia la más variada evolución arquitectónica y estilística:
desde el estilo hispanomusulmán en la época de su mayor apogeo, hasta los
predominantes en el siglo XVI cuando se construyó el crucero de la catedral
sobre las ampliaciones hechas por los emires. La sala interior pletórica de
columnatas y arcadas parece un gran bosque de palmeras, el árbol simbólico de
los árabes. El patio forma parte de la obra porque el agua tiene fundamental
importancia en toda obra para que los fieles puedan lavarse antes de ingresar,
purificándose para la oración. Luego descalzos para no mancillar ni profanar la
estancia, tocan el suelo con su frente. El islam no reconoce jerarquías
sacerdotales y la repetición casi infinita de columnas y arcadas provoca la
sensación de que el fiel siempre está en el centro del templo, en el centro del
mundo.
La
primera mezquita se alzó sobre la basílica cristiana de San Vicente,
aprovechando gran parte de sus materiales. Las columnas y capiteles destacan un
muestrario de estilos grecorromanos, egipcios y visigodos. Entre 821 y 852 la
ciudad de Córdoba vivió un período de gran prosperidad y paz impulsando la
ampliación de la Mezquita.

Alminar de la mezquita: El alminar fue levantado por
Abderrahmán III y convertido en la actual torre barroca a fines del siglo XVI.

Patio de los Naranjos:
El patio original fue ampliado sucesivamente por Abderrahmán III y Almanzor en
el siglo X. Los claustros actuales son producto de la remodelación total llevada
a cabo en las primeras décadas del siglo XVI. Bajo los naranjos existe un amplio
aljibe que aseguraba el agua necesaria para las purificaciones de los
musulmanes.
Alhakén entre 961 y 976 le dio doce tramos más. La última ampliación se debe
a Almanzor y fue la más grande e imponente de todas. La expulsión de los
moros provocó que sobre la mezquita se construyera ahora una gran catedral. La
obra del crucero se inició en 1523. El tesoro de la catedral muestra piezas de
los siglos XV al XX, siendo la mayoría obra de los talleres cordobeses. La obra
más espectacular y grandiosa es la custodia, pieza de oro, plata y otros metales
en que se expone el Santísimo Sacramento a la pública
La
Mezquita de Córdoba es convertida en catedral cristiana en 1236, tras la
conquista de la ciudad por Fernando III. Desde entonces se iniciaron reformas
parciales adicionando capillas y otros elementos cristianos. Los Reyes
Católicos permitieron la construcción de una Capilla Mayor y ya en el siglo XVI
durante el reinado de Carlos V se edificó, no sin grandes oposiciones, la actual
catedral cristiana dentro de las naves de la antigua mezquita.

El
palacio-fortaleza de la Alhambra (imagen arriba) en Granada es otra
maravilla de la España mora. Sus laberínticas estancias, frescas y en penumbra,
se apiñan alrededor de soleados patios donde se oye el chapoteo de las fuentes.
Arcos, ventanas con pilares y vertiginosos mosaicos en muros y techos atraen la
vista desde todas partes. No es de sorprender que en 1492, cuando Fernando e
Isabel recibieron las llaves del lugar de sus defensores, reconocieran con tanto
gusto el gran tesoro que ganaron.
Fuente Consultada: Secretos y
Misterios de la Historia - Diccionario Insólito Tomo 2
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