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Transcurría el año 1676 cuando el
holandés Anton van
Leeuwenhoek (1632-1723), fabricante aficionado de microscopios,
descubrió la existencia de las bacterias, a las que describió como “pequeños
animálculos”. En esa época comenzó también la discusión sobre el origen de estos
gérmenes y su función corno causantes de enfermedades. Por un lado, científicos
de renombre creían en la generación espontánea de los microbios observados.
Pero otros científicos comenzaron
a discrepar y demostraron sus objeciones experimentalmente. Lazzaro
Spallanzani (foto izq.) (1729-1799), naturalista y fisiólogo italiano, confirmó que las
formas microscópicas detectadas por Leeuwenhoek eran seres vivos. Y realizó una
serie de experiencias que demostraron que los organismos observados en la comida
provenían realmente del aire. Así, preparaba el camino para las investigaciones
de Pasteur.
Spallanzani realizó los primeros
estudios sobre la digestión estomacal, sobre la respiración y la reparación de
tejidos. Contribuyó a desterrar la errónea idea de que la vida se originaba de
la materia orgánica en descomposición. Sus estudios sobre la reproducción en
anfibios fueron sorprendentes para la época y se consideran el inicio de la
fecundación in vitro. Experimentó colocando diminutos calzoncillos a los sapos y
comprobó que impedían la reproducción.
Louis Pasteur (1822-1895v fue quien demostró
experimentalmente, en forma irrevocable, por primera vez, que muchos gérmenes de
microorganismos son transportados por el aire. Pudo comprobar en este medio la
existencia de seres microscópicos semejantes a los que se observaban en las
sustancias en descomposición. La conclusión de los experimentos de Pasteur, que
asestaba un golpe definitivo a la teoría de la generación espontánea, fue la
siguiente: "Los microbios no nacen por generación espontánea en las
infusiones corrompidas; por el contrario, son ellos los que producen la
corrupción de los líquidos."
Uno dé los científicos más notables en el campo de la Salud que aprovechó las
observaciones de Pasteur fue Robert Erich (1843-1910). Sus estudios lo llevaron
a descubrir que muchos microorganismos son causantes de enfermedades que afectan
al ser humano y a otras especies. Sus trabajos se desarrollaron sobre la base
del estudio de una enfermedad del ganado, el ántrax o carbunco. La importancia
de estos estudios radicaba sobre todo en el descubrimiento de que las bacterias
(Bacillus anthracis) pueden ser cultivadas en sustancias nutritivas fuera
del cuerpo del animal. Al transferir las bacterias cultivadas a animales sanos,
éstos contraían la enfermedad.
Tanto las bacterias provenientes
de un animal enfermo como las de un cultivo provocaban los mismos síntomas.
Luego de varios años de investigación
Koch
publicó, en 1876, su trabajo sobre el ántrax. Basándose en los experimentos
realizados, este eminente médico alemán formuló sus célebres postulados para
reconocer si un microorganismo es agente patógeno:
• El microorganismo debe
encontrarse siempre en los animales que padecen la enfermedad, o en las lesiones
que dicha enfermedad produce, y no en los individuos sanos.
• El microorganismo debe
cultivarse puro, es decir, sin ningún otro microorganismo, y fuera del cuerpo
animal.
• El microorganismo proveniente de
un cultivo, al ser inoculado en animales susceptibles de contraer la enfermedad,
debe iniciar los síntomas de esa enfermedad.
• El microorganismo debe ser
aislado nuevamente del animal enfermo y cultivado en laboratorio, para comprobar
que fue el que causó la enfermedad.
Los postulados de Koch sirvieron
no sólo para demostrar que microorganismos específicos son causantes de
enfermedades específicas, sino también permitieron el desarrollo de la
microbiología como ciencia, especialmente en el tema concerniente medios de
cultivo.
En 1880, tras las experiencias de
Louis Pasteur, Robert Koch, se abandonó definitivamente la teoría de la
generación
espontánea y comenzó la era de la Bacteriología. Quedó claro, entonces, que las
bacterias eran agentes patógenos ¿Pero eran los únicos?
En 1892, el botánico Dimitri Yosifovich
Ivanoski (foto izq.) (1864-1920) descubrió el primer virus conocido,
virus del mosaico del tabaco. Al descubrir nuevas clases de virus y de bacterias
y al asociarlos con enfermedades humanas
fue posible conocerlos mejor y encontrar el modo de combatirlos.
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