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Miel
La miel está hecha del néctar que las abejas recogen de diferentes
plantas y flores. El néctar se transforma en miel en el cuerpo de
las abejas por acción enzimática y se almacena en celdas de cera en
el panal. Entonces se deja reposar y con el tiempo se va espesando
por la evaporación que producen las abejas al volar.
Las abejas fabrican la miel para
consumo propio siendo su principal fuente de alimentación. La miel
se viene usando desde hace miles de años. En una tumba egipcia de
hace unos 3.000 años se encontró un tarro con miel aún en perfectas
condiciones.
La miel contiene un enzima que impide
que se estropee y por lo tanto no necesita conservadores. Como las
abejas son muy sensibles a los insecticidas, la miel está
relativamente libre de contaminantes ya que las abejas expuestas a
un insecticida mueren antes de conseguir volver al panal.
La miel puede llegar a ser 76 % de
azúcar y 18 % de humedad. El azúcar que contiene la miel no requiere
transformaciones digestivas antes de ser asimilado por el cuerpo.
Pero por desgracia su efecto sobre los dientes es el mismo que el
del azúcar refinado, melazas, etc. Este efecto consiste en que una
bacteria del azúcar transforma el azúcar en un ácido que provoca la
erosión del calcio.
La miel también contiene minerales,
aminoácidos y valiosos enzimas. Si su miel es ligeramente turbia y
presenta signos de cristalización significa que no ha sido calentada
ni filtrada y por tanto conserva todo su finísimo sabor. La miel es
un laxante y dicen que va muy bien para suavizar gargantas irritadas
y aliviar ronqueras. Los romanos también pensaban que la miel tenía
propiedades medicinales y así creían que el jarabe de cilantro con
miel curaba la fiebre en los recién nacidos.
Un manuscrito del siglo VII recomienda
la miel contra las mordeduras de perros rabiosos y de serpientes y
durante la Edad Media se podían curar las verrugas con cataplasmas
de miel y babosas de jardín amarillas.
Polen
El polen es el germen macho de las plantas y las flores y un solo
grano de polen no puede verse a simple vista. Las abejas recogen el
polen de las flores en unas bolsitas que tienen en las patas
traseras y lo llevan al panal. Ahí, se usa bien para hacer jalea
real (que es el alimento exclusivo de la abeja reina y el que le da
sus poderes especiales) bien para mezclarlo con miel y hacer el pan
de abeja que es el alimento de las abejas obreras y de los zánganos.
El polen se menciona en los antiguos
escritos de Egipto, de la China, de Grecia y de Rusia y en la
actualidad se están realizando experimentos para averiguar cuál es
la mejor manera de aprovechamiento para el hombre, dado que ha
quedado demostrado que es un alimento extraordinario.
El polen no contiene colorantes,
productos químicos o preservativos artificiales y es la mayor fuente
descubierta hasta hoy de minerales, vitaminas completas, además de
grandes cantidades de vitaminas A, B, C, D, E y K, y además, rutina,
lecitina, aminas, nucleínas, guanina, xantina, hidratos de carbono y
esterol. De hecho, el polen es un alimento completo, con una buena
potencia constructora; el único alimento que se le puede comparar es
la levadura. El polen contiene antibióticos naturales y puede
almacenarse sin ninguna pérdida de valor nutritivo. En medicina,
apenas si se empiezan a descubrir sus usos.
La cernitina, un extracto del
polen, se ha utilizado con éxito en el tratamiento de la gripe, de
trastornos urinarios y del sarampión, en Francia se han hecho
experimentos que demuestran que el polen contribuye materialmente a
curar la anemia en los niños y los estreñimientos crónicos en los
adultos.
El polen ayuda en las recuperaciones
de shocks y como tónico y reconstituyente energético dando
nuevo vigor a la vida de los ancianos. De hecho, sus posibilidades
parecen ilimitadas. El polen se encuentra en cantidades variables en
todas las mieles y puede comprarse en polvo o en pastillas.
Fuente Consultada:
Diccionario Insólito Tomo 4 de Wallace - Wallechinky
Errores de la Historia Roger Rossing
El Secreto de los Números de André Jouette
Lo que Oculta La Historia - Ed Rayner y Ron Stapley
Grandes Enigmas de la Historia II - Alfred Davies |