CONFLICTOS ARMADOS DEL SIGLO XXI
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ATAQUE A IRAK POR EE.UU.

Hacia finales de la década 1980, Irán había nacionalizado gran parte de su petróleo bajo el gobierno prooccidental de Muhammed Reza Pahlevi (foto), que mantenía nexos con Estados Unidos. Esto dio lugar a una confusión moral y a la pérdida de la identidad cultural. En 1979 tomó el poder el ayatollah Jomeini y trató de volver a los principios establecidos por el islam, en tanto que se revivieron viejas disputas con Irak, gobernado por Saddam Hussein, quien buscaba retomar el liderazgo de la región apoyado por Arabia Saudita y Kuwait. En 1980 el ejército iraquí penetró en Irán. Después de años de lucha, el cese al fuego se firmó en 1988.

El año de 1990 fue turbulento en el mercado internacional del petróleo. Argelia, Irán e Irak propusieron una baja en la producción para que el precio se incrementara. Un año más tarde, los precios del petróleo se desplomaron porque Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes incumplieron los acuerdos con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de reducir la cuota de producción. Irak, como segunda potencia militar en la zona —después de Israel—, endeudada y deteriorada por años de guerra contra Irán, así como por conflictos anteriores, decidió invadir Kuwait. Saddam Hussein advertía que con la desintegración de la Unión Soviética, el expansionismo de Estados Unidos e Israel no sería detenido.

El presidente George Bush, para defender sus intereses en el Golfo Pérsico, decidió apoyar a Kuwait. Ordenó un embargo económico. Se congelaron bienes y propiedades iraquíes. Se formó entonces una fuerza multinacional y, en enero de 1991, ante la protesta y conmoción mundial, inició la Operación Tormenta del Desierto contra Irak, con una técnica militar avanzada y con el uso de computadoras que coordinaran los planes de ataques “quirúrgicos”. A finales de febrero Irak se rindió y aceptó las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Con la derrota de Hussein, Israel se consolidó como la única potencia militar en esa zona petrolera; mientras que Estados Unidos se erigió como garante y líder del nuevo orden mundial, a la vez que buscaba lograr un acercamiento entre árabes e israelíes, para lograr un equilibrio en esta región.

En los años posteriores Irak sería bombardeado en diversas ocasiones por las fuerzas estadounidenses, apoyadas por Gran Bretaña, pues se le acusaba de incumplir con las resoluciones de la ONU al no permitir la inspección para detectar y destruir todas las armas prohibidas. El Pentágono mantuvo un silencio casi total sobre el desarrollo de las operaciones y el número de víctimas. Uno de los ataque más fuertes ocurrió bajo la presidencia de Bill Clinton (foto) , cuando más de 280 misiles del tipo Tomahawk fueron disparados sobre territorio iraquí en diciembre de 1998.

En el año 2000, después de un dudoso triunfo electoral, George W. Bush asumió la presidencia de Estados Unidos. Había una gran expectativa internacional, pues se le consideraba un mandatario con ideas bélicas. En 2001 invadió Afganistán como represalia a los ataques sufridos en septiembre de 2001. Posteriormente anunció que se castigaría a países como Irán, Irak y Corea del Norte, para evitar nuevos actos terroristas. A principios de 2002 anunció ante el congreso la necesidad de prevenir que los regímenes que respaldaran el terror amenazaran con armas de destrucción masiva a Estados Unidos o a sus aliados, por lo que deberían ser castigados por representar una amenaza a la paz. Según Bush, se corría el peligro de que proporcionaran armas a los terroristas que se entrenaban en campamentos como los de Hamas, Hezbollah o la Jihad Islámica. El vicepresidente Dick Cheney declaraba que no había duda de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva.

Ante las versiones de una posible intervención militar en Irak, se iniciaron las protestas. Francia declaró que existía una amenaza por un nuevo simplismo consistente en reducir todo a la guerra contra el terrorismo y que Estados Unidos tenía la inclinación a tratar asuntos globales unilateral-mente, sin consultar a nadie. La Unión Europea, por su parte, llamó a Irak a permitir el regreso de los inspectores de armas de la ONU. El primer ministro alemán Gerard Schroeder y el presidente francés Jacques Chirac anunciaron que no participarían en una invasión y que el problema debería ser resuelto por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El primer Ministro de Gran Bretaña, Tony Blair (foto), declaró que estaba listo para apoyar a Estados Unidos y se reunió con el presidente Bush en Campo David.

El 13 septiembre del 2002, ante la Asamblea General de la ONU, Blair volvió a acusar a Irak de respaldar a organizaciones terroristas. En su declaración lo apoyó el presidente de España, José María Aznar (foto). Irak, presionado, aceptó la inspección de la ONU. El 20 de septiembre, Bush anunció una nueva estrategia de seguridad nacional, indicando que no eran suficientes las estrategias de disuasión y que, de ser necesario, atacaría preventivamente, ya que su poderío militar se mantendría más allá de cualquier reto. Tony Blair defendía la información proporcionada por la inteligencia británica, en el sentido de que Irak había desarrollado armas químicas y biológicas y que las ocultaba a los inspectores. En enero de 2003 Estados Unidos y Gran Bretaña empezaron el desplazamiento de tropas y armamento al Golfo Pérsico, en tanto que Bagdad permitía que se interrogara a sus científicos. En febrero, Collin PoweIl, secretario de Estado norteamericano, acusó nuevamente a Irak de ocultar armas, de mantener vínculos con Al-Qaeda y de burlar a los inspectores de la ONU, quienes aún no habían encontrado tales armas. El 24 de febrero, Estados Unidos, Gran Bretaña y España presentaron un proyecto de resolución que abría las puertas al ataque militar.

Se avecinaba la guerra otra vez, como hacía 10 años, contra una dictadura del Tercer Mundo ya devastada. Empezaron el temor y la incertidumbre, por lo que cientos de miles de personas trataron de huir buscando un lugar fuera de Irak donde refugiarse, dejando sus casas, sus recuerdos, sus vidas. Las embajadas quedaron vacías, los diplomáticos abandonaron el país, y los iraquíes se fueron quedando solos. Solamente persistió algo de la solidaridad humana, demostrada en el esfuerzo de los “escudos humanos”, quienes caminaban por las calles de Bagdad gritando “No a la guerra”. Las lejanas voces de miles de intelectuales de todo el mundo y la de millones de personas en muchos países, incluyendo el mismo Estados Unidos, se manifestaban desesperadamente tratando de detener la invasión.

El 17 de marzo, Francia, Rusia, Alemania y China, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, se negaron a autorizar el uso de la fuerza militar. El gobierno de Estados Unidos, por su parte, decidió actuar unilateral e ilegalmente y dio a Hussein 48 horas para abandonar Irak. El 19 de marzo del 2003, el presidente George ‘A’. Bush hizo la declaración de guerra y concluyó diciendo: “Que Dios bendiga a nuestro país y a todos quienes lo defienden”. Una coalición de 2 50,000 soldados se encontraba en el Golfo Pérsico con la más avanzada tecnología militar que el mundo hubiera conocido.

En el nombre de Dios, el presidente de Estados Unidos autorizó el ataque que dio principio el 20 de marzo. Los dos primeros días, una lluvia de tres mil misiles se abatió sobre Irak, en tanto que bombas norteamericanas cayeron sobre las oficinas de las televisoras árabes Al-Jazeera, y AbuDhabi y sobre el Hotel Palestina, donde se hospedaban periodistas de todo el mundo. Por las calles y ciudades árabes se sembraron pánico, hambre, muerte, así como destrucción de casas, de edificios y del invaluable patrimonio cultural de uno de los pueblos más adelantados del mundo antiguo, donde nació la escritura. Los hospitales y los médicos resultaron insuficientes para atender a tantos heridos. Multitudinarias manifestaciones de protesta seguían dándose en muchos países.

El reportero Robert Fisk expresaba: “Lo que cayó esta noche en Irak y yo sólo presencié una pequeña parte de este festival de violencia— fue tan asombroso en términos militares como aterrador en términos políticos. Las multitudes que se arracimaban afuera de mi hotel miraban el resplandor de los estallidos, pasmadas por su poderío”.

Después del inclemente bombardeo sufrido por días enteros, el 9 de abril los tanques estadouniclenses, rodando sobre los doce puentes del Río Tigris, entraron sobre la mítica Bagdad. Principió entonces el saqueo de museos, centros de arte y edificios públicos. Nadie ponía orden. Saddam Hussein (foto) huyó. Sin embargo, Irak quedó herido en sus estructuras vitales y en su cultura milenaria. La cuenta de muertes fue de alrededor de 14,000 personas entre civiles ‘y militares. El pentágono guardó silencio.

Se estableció un gobierno interino, donde el partido Baaz quedó disuelto y se nombró a un poder transitorio de 25 miembros de mayoría chiíta, con la facultad para redactar una nueva Constitución y, en un futuro, llamar a elecciones. A pesar de la alegría de Bush y Blair, quienes pensaban que habían liberado al pueblo de Irak de un tirano, la tragedia continuo.

Video de la Guerra en Irak

 

 

Sin embargo, para 2004 la muerte y la destrucción aún no terminaban. Los iraquíes iniciaron protestas, atentados impredecibles y ataques suicidas que provocaron la muerte tanto de civiles como de soldados de las tropas de ocupación. Bush solicitó la ayuda internacional para la reconstrucción de Irak. Empresas y gobiernos tratarían de obtener los jugosos contratos para formar un nuevo ejercito iraquí, así como para la reconstrucción de caminos, redes de agua, electricidad y, sobre todo, del sector energético. A grupos de empresarios privados también se les confiaría lo demás, desde la publicación de libros de texto, la redacción de la Constitución y la reorganización de la vida política, hasta la reestructuración de la industria petrolera. El 13 de diciembre del 2003, Saddam Hussein fue encontrado en su refugio cerca de su natal Tikrit. Se prometió llevarlo a juicio. No se encontraron las supuestas armas de destrucción masiva, aunque Estados Unidos sí se consolidó como la potencia militar hegemónica.

Fuente Consultada: Historia Universal Gomez Navarro-Gragari-Gonzalez-Lopez-Pastoriza-Portuondo

       
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