Minas (armamento), artefacto explosivo empleado en la tierra o el mar para destruir o neutralizar tropas, naves y vehículos, por ejemplo, carros enemigos. Las minas también sirven para impedir o frustrar el avance de tropas y hacer infranqueables ciertos territorios, líneas de suministros o puertos. Un terreno en el que se han depositado cierto número de minas se llama campo de minas. Durante la Guerra Civil estadounidense y la I Guerra Mundial se excavaron redes de túneles subterráneos, bajo las fuerzas enemigas, que se rellenaban con explosivos. Desde entonces, minar un terreno significa colocar artefactos explosivos cubiertos bajo tierra.
Mina Terrestre: En el mundo puede haber unos 100 millones de minas terrestres sin detectar, abandonadas después de conflictos como los de Afganistán, Camboya, Irak o Vietnam. Hay unos dos millones de minas en las zonas arrasadas por la guerra de la antigua Yugoslavia. Grandes áreas de algunos países, en especial en Camboya, no han podido recuperarse por esta causa. En todo el mundo, se estima que 800 personas sufren la explosión de minas cada día, que además matan 10 veces más civiles que soldados. Las heridas son horribles y por lo común exigen la amputación de los miembros afectados; los refugiados que vuelven a su antiguo hogar devastado por la guerra encuentran muchas veces minas en lo que antes eran cultivos y se ven forzados a quitarlas ellos mismos. La limpieza es muy costosa y peligrosa, se debe hacer por parejas que trabajen en espacios que pueden no llegar a ser de más de un metro de ancho.
Para poner fin a la era de las minas: remoción de minas La remoción de minas es un proceso que abarca la detección, la limpieza y la destrucción de todas las minas de una zona determinada de la que se sabe o se sospecha que está minada, con objeto de poder utilizar de nuevo las tierras sin correr peligro. A veces se denomina “desminado” o “desminado humanitario”. La remoción de minas es la clave para acabar con el flagelo de las minas antipersonal. Es esencial para que las comunidades afectadas puedan volver a llevar una vida normal, sin temor a morir o a sufrir mutilaciones a causa de las minas antipersonal ocultas en los campos, pastizales, senderos y patios de juego. Una vez diseminadas, las tierras son nuevamente productivas y las familias recuperan sus medios de subsistencia, lo cual contribuye a la reconstrucción tras el conflicto y al desarrollo económico. Los refugiados y los desplazados internos pueden regresar en seguridad a su lugar de origen. Asimismo, es primordial retirar las minas antipersonal de
las zonas fronterizas y las
antiguas líneas de combate para promover la seguridad en las zonas que se
recuperan de un conflicto armado y fomentar la confianza entre los Estados
vecinos. ¿Qué obligaciones dimanan de la Convención de Ottawa por lo que respecta a la remoción de minas?
De conformidad con lo dispuesto en
la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal (Convención de
Ottawa), cada Estado Parte debe:
Si bien incumbe principalmente a cada Estado Parte afectado por el problema de las minas limpiar todas las zonas minadas en su territorio, la Convención le concede el derecho a solicitar y recibir asistencia de los otros Estados Partes para cumplir su obligación. Los Estados Partes que estén en condiciones de hacerlo pueden proporcionar asistencia sea directamente al Estado afectado o indirectamente por conducto de las Naciones Unidas u otra organización implicada en las actividades relativas a las minas. La obligación de que los Estados Partes cooperen entre ellos para eliminar las minas antipersonal es una característica única de la Convención de Ottawa. Conforme a la Convención de Ottawa, en circunstancias excepcionales, un Estado Parte puede presentar una solicitud para que se prorrogue el plazo de 10 años con el fin de completar la remoción de minas. Dado que el primer plazo para la remoción de minas vence en 2009, es demasiado pronto para afirmar si se solicitarán tales prórrogas; actualmente los Estados Partes afectados están elaborando y poniendo en marcha sus planes y programas de desminado. Para cumplir los plazos establecidos en la Convención, tanto los Estados afectados por las minas como los Estados donantes deberán intensificar sus esfuerzos y aumentar los recursos destinados a la remoción de minas. La Cumbre de Nairobi para un Mundo Libre de Minas (Primera Conferencia de Examen de la Convención de Ottawa) brindará la oportunidad a los Estados Partes de evaluar los avances logrados hasta el presente, así como las tareas pendientes por lo que atañe a la remoción y otras actividades relacionadas con la Convención. ¿A qué Estados Partes en la Convención de Ottawa incumben las obligaciones relativas a la remoción de minas? (Ver Más Sobre Convención de Otawa)
Nómina de Estados con áreas
minadas bajo su jurisdicción o control.Al 1 de agosto de 2004, había 143 Estados
Partes en la Convención de Ottawa, de los cuales 50 habían señalado que tienen
zonas minadas en el territorio bajo su jurisdicción o control, o se presume que
las tienen sobre la base de declaraciones hechas por ellos. ¿En qué consiste la remoción de minas?
La remoción de minas es un proceso
minucioso y que requiere muchos recursos. Para lograr la remoción de minas
dentro del plazo establecido por la Convención, es esencial que cada Estado
afectado elabore y aplique un plan nacional de “acción contra las minas” y que
haga saber a los otros Estados o a las instituciones pertinentes si necesita
asistencia para llevar a cabo dicho plan. La realización de un plan nacional contra las minas comienza, por lo general, con un análisis global de la situación en el país, al que sigue una evaluación de la contaminación por minas consistente en el cartografiado de las zonas peligrosas y el establecimiento de las prioridades de remoción. En estas evaluaciones, se suele graduar cada zona minada según los efectos en la población civil y se dará prioridad al desminado en los lugares donde los efectos sean mayores. En las operaciones de remoción, los desminadores emplean una o una combinación de las tres técnicas siguientes: (1) el desminado manual para el cual se usa un detector de metal y un punzón u otro utensilio para excavar y desenterrar la mina; (2) el desminado manual combinado con el uso de perros para detectar minas; (3) el desminado mecánico en el que se utilizan máquinas. Antes de entregar formalmente las zonas desminadas a las comunidades locales para su utilización, por lo general esas zonas se someten a un control de calidad para cerciorarse de que el terreno es seguro para el uso previsto. En la práctica, al limpiar una zona contaminada, los desminadores eliminan todos los posibles tipos de restos explosivos de guerra. Éstos abarcan tanto las municiones sin estallar o abandonadas, como las minas. ¿Cuál es la situación actual con respecto a la remoción de minas? De los 50 Estados Partes en la Convención de Ottawa que han declarado tener zonas minadas:
Se prevé que varios países completen próximamente sus obligaciones de remoción. Honduras declaró que concluirá la labor de remoción a fines de 2004. Guatemala prevé terminarla en 2005 y Nicaragua en 2006. Muchos Estados Partes afectados, como Afganistán, Bosnia y Herzegovina y Camboya, han elaborado e iniciado planes estratégicos específicos de remoción de minas para cumplir sus respectivos plazos. Otros Estados Partes afectados deben hacerlo con urgencia para cumplir sus plazos. Se solicita a todos los Estados Partes afectados por las minas que presenten sus planes con motivo de la Cumbre de Nairobi en diciembre de 2004.
Minas Terrestres Segun La Revista La Aventura de la Historia: Nada hay más barato en el arsenal de la guerra que una mina antipersonal y pocos obstáculos son más eficaces para detener a un ejército que un campo minado. Eso es tan practicado que, según fuentes del Pentágono, existen unos 120 millones de minas antipersonal enterradas en 64 países. ¿Cómo es posible que sigan enterradas tantas minas? Porque son muy difíciles de desenterrar si se sembraron aleatoriamente o si se carece de los planos militares del campo. Por ejemplo, en el Norte de Africa, los británicos minaron a sus defensas de El Alemein ante el avance de Rommel, en 1942; cuando contraatacó Montgomery, los alemanes hicieron lo propio; en total se sembraron tres millones de minas. Hoy, un lateral de la carretera que va desde El Alemein a El Daba, poco más de 40 kilómetros, está cerrado por alambre de espino y cada pocos metros cuelgan letreros descoloridos: “Peligro, minas!” Un oficial egipcio comentó que, de vez en cuando, estalla alguna al paso de alguien. Sesenta años después! La dificultad del desminado radica en que se trata de objetos pequeños (como una lata de betún), casi indetectables y requiere cuantiosos recursos: casi mil euros por cada mina. Ello se debe ala peligrosidad del trabajo: según las estadísticas, recuperar 5.000 minas cuesta un muerto y dos heridos. Las peores situaciones se dan en Angola, Camboya, Somalia y Bosnia, países de cojos. La población debe circular por caminos marcados y cualquier desviación puede significar la muerte... Y esta situación proseguirá durante décadas, con su secuela de tragedias humanas y económicas. Las minas causan 26.000 víctimas al año, de ellas, 12.000 muertos —33 cada día— con un coste sanitario de 10 millones de euros anuales. Al sufrimiento, al miedo permanente, a los costes sanitarios, se añade la improductividad de millones de hectáreas. Una plaga a la que no se ha podido poner coto, aunque la preocupación mundial es creciente. Al Tratado para la Prohibición de Minas, firmado por 143 países, aun no se han adherido los principales fabricantes y almacenadores de estos artefactos:India y Pakistán —los mayores usuarios en la actualidad— y tres miembros del Consejo de Seguridad: Rusia, China y Estados Unidos. Se supone que en los arsenales de esos cinco países hay 200 millones de minas antipersonal. Por otro lado, son insuficientes los medios humanitarios para atender a las víctimas, escasas las ayudas a los países que padecen la plaga y lento el desminado. Lo positivo es que el número de minas sembradas no parece avanzar, que el horror hacia estos ingenios aumenta y que en una década se ha logrado que dos tercios de las naciones se adhieran al Tratado, decidiendo destruir sus arsenales en el curso de 2003. DAVID SOLAR |
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