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Relatos
que cuentan cómo se crearon los cielos, de dónde provienen los vientos o cómo
nacen los propios dioses, los mitos nos transportan a un tiempo sagrado distinto
al nuestro.
Definición:
Definir qué es un mito (del griego mythos, «narración») no es, desde luego,
tarea fácil. Cualquier acercamiento que pretenda explicarlo en su totalidad se
hallará plagado de prejuicios que orientarán su interpretación, imposibilitando
toda neutralidad u objetividad. De manera general, el término mythos se aplica a
los relatos más o menos fantásticos que tienen un contenido simbólico para la
cultura que los produce. La mitología es tanto el conjunto de esos relatos como
el estudio de los mismos.
A
pesar de ello, y como afirmó el estructuralista Claude Lévi-Strauss, «un mito es
percibido como tal por cualquier lector en todo el mundo», lo que nos
proporciona una primera aproximación: el mito es una clase de relato,
caracterizada normalmente por tratar temas fabulosos o ficticios sobre dioses y
héroes de un pasado remoto, cuya temporalidad es radicalmente distinta a la de
la historia. En este sentido, el mito se diferenció pronto de ésta, oponiéndose
a su veracidad (contrastable empíricamente), y presentándose como una narración
artificial y falaz que da cuenta de hechos inverosímiles, orientados al
simulacro y la ilusión.
Desde
otro punto de vista, y en relación con el fenómeno de la racionalidad, el mito
ha sido definido como «una explicación errónea de los fenómenos» (James Frazer),
en contraposición a la verdadera explicación de las cosas ofrecida por la
ciencia y la filosofía.
Respecto al surgimiento de esta última, numerosos manuales académicos empapados
de presupuestos positivistas han caracterizado al mito de «pensamiento
prefilosófico» cuya superación, interpretada en términos de un progreso
necesario de la humanidad, pondría fin al «estado teológico», en el cual, los
hombres tomaban por dioses o fuerzas sobrenaturales las causas últimas de la
naturaleza. La filosofía, según el positivismo de Augusto Comte, encarna el
último y más perfecto estado de la humanidad, el «estado positivo».
Desde esta
perspectiva, adoptada por numerosas escuelas, el mito representa una época de
inmadurez racional, que sería superada en un tránsito al lógos, la razón
especulativa filosófica, proveedora de verdades absolutamente indubitables. Este
planteamiento parte de la hipótesis de una historia lineal en la que un único
paradigma de razón (la razón positiva, filosófica y científica> evolucionaría
progresivamente desde una posición inicial de total imperfección (el mito, la
religión) hasta alcanzar su estado óptimo de desarrollo. Indudablemente, el
positivista se encuentra en una posición privilegiada, desde la cual otea todos
los obstáculos (errores) que han tenido que sortearse hasta llegar a la cúspide
de la racionalidad, lugar que él cómodamente ocupa.
Esta
metodología ha sido duramente criticada por Níetzsche, para el cual lo
importante no es «ver venir el fenómeno», sino «ponerse a su espalda» para poder
observar cómo arranca. El mito no es un pensamiento prefilosófico e irracional
(sin logos: ilógico). Antes bien, se trata de otro paradigma racional
radicalmente distinto a la razón filosófica, verdadera triunfadora en la
historia, que inauguró el discurso máximo del subterfugio y de la huida,
mediante representaciones embellecedoras del mundo. Nietzsche entiende la
historia de la filosofía no como un progreso, sino como un proceso de decadencia
en el transcurso del cual se perdió y deterioró por completo un modo radical de
ver el mundo, al cual pertenecía, desde luego, el mito.
Todo
esto dificulta aún más, si cabe, la tarea de definir el mito. Sin embargo,
siguiendo a algunos historiadores de las religiones, como Mírcea Eliade —que
considera el mito como una forma de literatura religiosa inexplicable fuera de
ese contexto—, podemos entresacar algunas características esenciales que, de
todas formas, no agotan todo su ámbito.
En primer lugar, los mitos narran la
historia de los actos de los seres sobrenaturales. Esta historia es sagrada
(opuesta a lo profano) y se considera absolutamente verdadera. Su verdad se
refiere siempre a una «creación», es decir, explica cómo algo ha venido a la
existencia (el cosmos, una isla, una estrella, una especie animal o vegetal, un
comportamiento e, incluso, una institución). Este último punto favorece que el
mito se constituya en paradigma o justificación de toda acción humana, así como
en modelo de su propia condición. El mito “se vive”. Cuando tomamos contacto con
un mito somos raptados y dominados por las mismas potencias sagradas que relata.
Actualizamos esas potencias encargadas del «orden del mundo», por ello su
conocimiento nos permite dominar la realidad y manipularla a conveniencia.
Teorías sobre el mito
Diversas son las teorías que existen sobre los mitos. Ya en la Grecia antigua
surgen numerosos intentos de explicación. Teágenes de Regio construyó la primera
teoría que concebía el mito como una alegoría, es decir, como un relato que dice
otra cosa que lo que a simple vista parece querer decir. Los mitos encierran
cierto significado profundo e incluso gran cantidad de verdades filosóficas (de
origen divino) que hay que descifrar y que se hallan ocultas, «para excluir al
vulgo del conocimiento de las cosas divinas que no le conviene de ninguna
manera» (Prodo), o para atraer la atención hacia temas demasiado áridos y
formales que, sin la envoltura amena y directa del relato, serían desdeñados por
su dificultad. El propio Platón utilizó los mitos (narraciones verosímiles) para
explicar ciertas teorías demasiado abstractas y formales que, de otro modo,
habrían sido difícilmente comprendidas.
En
contra de esta interpretación del mito se halla la lectura histórica y realista
de los mitos. Para Herodoto y Hecateo, historiadores griegos, el mito esconde
verdaderos acontecimientos históricos que han sido «embellecidos» por los
poetas. Para Evémero de Mesina (siglo IV a. C.), los dioses no son más que una
divinización de aquellos hombres que antiguamente habían tenido a su cargo el
poder total de una región (reyes), o el gobierno de una comunidad. El mito es
entendido como una deformación o adulteración de la verdad histórica, sobre la
cual el historiador ha de ejercer su labor depurativa, discriminando lo
verdadero de lo meramente fantasioso.
Según
la interpretación realista, los mitos son narraciones absurdas e inverosímiles
que atacan toda evidencia natural o sentido común, por lo que deben ser
considerados racionalmente increíbles. Tales historias son el resultado de una
mala interpretación de la realidad o, aún peor, de un engaño ¿.i fraude
premeditado. Esta postura fue sostenida por Xenófanes de Colofón (VI a. C.),
Palaifatos (IV a. C.), Anéledes de Mantinea (va. C.), Platón (V a. C.) y Epicuro
de Samos (341-270 a. C.). Para Platón el mito es una ficción ilusoria y engañosa
de la realidad y de la divinidad, por lo que debe ser excluido de la educación
de los jóvenes.
El estudio de los mitos
Como
se ha indicado, desde la Antigüedad los mitos han sido objeto de atención y
estudio, y, a veces, de rechazo. De manera general, puede afirmarse que los
estudios sobre los mitos no experimentaron grandes avances hasta el siglo XVIII,
-momento en que el espíritu objetivo de la Ilustración empezó a investigar el
origen de estas creaciones culturales, que, no obstante, siguieron siendo
rechazadas en determinados ámbitos como meras patrañas. Los avances de la
filología y del espíritu romántico en el siglo XIX subrayaron el carácter
emotivo e irracional de los mitos, pero también su relación con la historia (Schelling).
Entre
las interpretaciones modernas de los mitos destacan ¡as aportaciones llevadas a
cabo por la mitología comparada, según la cual, de la misma manera que el
indoeuropeo es la matriz lingüística de numerosas lenguas, ha de haber una base
compartida de creencias en determinados sistemas mitológicos emparentados.
Precedido por os estudios de Christian Gottob Heyne, para el que el origen de
los mitos se encuentra en una explicación de los fenómenos naturales, Friedrich
Max Müller en su obra Mitología comparada, aplicó el estudio etimológico a la
mitología y afirmó que el sentimiento de temor y respeto del hombre primitivo
frente a los fenómenos de ¡a naturaleza fue el que inspiró su idea de la
divinidad, que se expresó en un lenguaje impreciso y ambiguo. Los mitos son
explicados como una enfermedad del lenguaje ("die krankheit der sprache"), esto
es: los dioses no son más que nombres de las fuerzas de la naturaleza que han
sufrido un proceso de antropomorfización debido a una progresiva
dramatización de la vida del Universo.
(link para visitar:
http://leyendasymitos.iespana.es/leyendasymitos/mito2.htm)
Fuente Consultada: Gran
Enciclopedia Universal
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