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MITO: El
desarrollo de la bomba atómica por parte de Estados Unidos tenía
como único objetivo inicial el posible bombardeo de objetivos
militares —y no civiles— del Eje. Su posterior uso en Hiroshima
y Nagasaki sólo se explica por la vocación del gobierno de Harry
Truman de acortar la guerra y salvar así centenas de miles, o
millones de vidas.
REALIDAD:
Los Estados Unidos comenzaron a realizar estudios para
desarrollar la bomba atómica a raíz de una carta de
Albert
Einstein al presidente
Roosevelt, en la que detallaba que a
través de la fisión nuclear se podía generar una bomba de
inédito poderío, y a la vez se mostraba preocupado por la
posibilidad de que Alemania llegara primero a alcanzar esa
tecnología.
Años más tarde, pocos meses antes de que la primera
bomba fuera lanzada sobre Hiroshima, volvió a escribir a Roosevelt manifestándole su preocupación dado que tenía
información de que Estados Unidos había alcanzado la tecnología
nuclear, pero poseía indicios de que los militares del Pentágono
pensaban lanzarla, tal como ocurrió, sobre objetivos civiles.
Einstein no tuvo respuesta de Roosevelt, quien poco después
murió.
Su sucesor, Harry Truman,
prominente miembro de la masonería norteamericana (al igual que Roosevelt) no dudó en lanzar dos bombas atómicas sobre ciudades
japonesas con el pretexto de acortar la duración de la guerra y
salvar vidas. Una reciente investigación del autor japonés Tsuyoahi Hasegawa demuestra que el real objetivo de lanzar las
bombas atómicas no fue salvar vidas sino impedir que Japón se
rindiera ante la Unión Soviética y lo hiciera ante los Estados
Unidos.
Tras terminar su guerra con
Alemania los soviéticos se aprestaban a invadir Japón, y los
Estados Unidos consideraban que Japón no debía quedar —ni total
ni parcialmente— bajo el área de influencia soviética. Las
bombas de Hiroshima y Nagasaki cumplieron entonces ese objetivo
geopolítico que prescindís totalmente de consideraciones
humanitarias.
El gobierno japonés tampoco estuvo a la altura de
las circunstancias tras las bombas atómicas, dado que sólo
accedió a rendirse una vez que le fue asegurado que el emperador Hirohito no sería removido de su cargo, lo que tuvo aún más
efecto para terminar la guerra en el Pacifico que las propias
bombas atómicas. |