Di Maggio persiguió a Marilyn con
flores y atenciones hasta convencerla de casarse con él, pero para ella fue muy
difícil mantenerse fiel a ese hombre que le exigía estar en casa temprano para
cocinar la cena.
Di Maggio, que había abandonado a
su esposa para casarse con la estrella, perseguía a Marilyn y montaba escenas de
celos descomunales. Criticaba los vestidos demasiado ajustados de su mujer y se
negaba a acompañarla a los estrenos, pues no soportaba el asedio masculino, del
que ella era objeto.
El matrimonio duró lo que un
suspiro: el divorcio sobrevino el mismo año en que se habían casado, en 1954.
Una Marilyn demacrada y con marcas de golpes apareció ante los periodistas para
anunciar que todo había terminado entre el popular beisbolista y ella.
A pesar de las discusiones y los
golpes, Di Maggio nunca dejó de verse con Marilyn. Ella recurría a él —y lo hizo
hasta pocos días antes de su misteriosa muerte— cada vez que atravesaba alguna
de sus muchas crisis de presivas.
ARTHUT MILLER PADRE Y MARIDO
En
los comienzos de 1956, Marilyn estaba en el apogeo de su carrera. Sus
actitudes provocativas fuera de la pantalla y los papeles de rubia explosiva
para los que era convocada hicieron que en poco tiempo figurara en la lista de
las diez estrellas más populares de Hollywood.
Era libre y los amantes se
sucedían unos a otros. Marilyn, siempre necesitada de afecto, encontraba en el
sexo una excusa para sentirse querida.
Había comenzado a refugiarse en el
alcohol, y tomaba pastillas para dormir por las noches y para mantenerse
despierta durante el día.
Tenía veintinueve años y suspiraba
por un hombre al que conocía de vista: Arthur Miller.
El dramaturgo, casado y con hijos,
no parecía reparar en la estrella, hasta que ella se le acercó demasiado durante
una fiesta. El flechazo fue instantáneo y, en poco tiempo, Arthur y Marilyn
comenzaron una relación sólida y estable.
En los comienzos de su noviazgo
con Miller, Marilyn filmó El principe
y la corista, la película en la que compartió cartel con el gran actor y
director Laurence
Olivier. Durante el rodaje —que se
llevó a cabo en Inglaterra— Arthur la llamaba por teléfono desde los Estados
Unidos todas las noches utilizando el seudónimo de "Mr.
Leslie”.
Marilyn estaba ansiosa por
casarse; pero Arthur Miller prefería tramitar un divorcio pacífico de su esposa
y no quería provocar ningún escándalo. Atenta, cariñosa y comprensiva, la
estrella tuvo la paciencia necesaria para esperar a ese hombre que tanto la
atraía. El casamiento se hizo el 29 de junio de 1956. Marilyn ya conocía a sus
futuros suegros y creía que por fin tendría una familia.
Si bien los primeros tiempos de la
pareja fueron buenos, pronto comenzaron los problemas. Marilyn se aburría en la
casa mientras Arthur se encerraba a escribir el guión de
Los inadaptados; y él perdía la paciencia cada vez que Marilyn se encerraba a
llorar en su cuarto, pidiendo atención.
Cuatro años después de la boda, y
cansado de las infidelidades y los caprichos de su mujer, en 1960 Arthur Miller
solicitó el divorcio. Habían quedado atrás los tiempos en que Marilyn lo llamaba
“pa” y le cocinaba sus platos favoritos.
Uno de los hechos que
desencadenaron la crisis definitiva de la pareja fue la aventura amorosa de
Marilyn con el actor Yves Montand, con quien compartió cartel en la película El
multimillonario. Tanto Arthur Miller como Simone Signoret —la mujer de Montand—
soportaron estoicamente el publicitado romance hasta que
Montand se cansó de Marilyn y volvió con su esposa.
UNA EVA Y DOS ADANES
El divorcio de Arthur Miller fue
demasiado para el frágil carácter de Marilyn; y sólo después de una serie de
crisis depresivas y de un par de intentos de suicidio, logró estabilizarse su
delicado equilibrio emocional. Los hombres se sucedían unos a otros. Marilyn
buscaba desesperadamente un poco de afecto, pero no lo encontraba.
Había conocido a John Fitzgerald
Kennedy en 1954, y se había sentido irremediablemente atraída hacia él; pero
pasarían años antes de que comenzara uno de los romances más sonados y
prohibidos de la historia.
En 1954, Kennedy, un mujeriego
empedernido, le había pedido a su cuñado, el actor Peter Lawford, que
le presentara a Marílyn, pues quería pasar una noche con la rubia más sexy de los
Estados Unidos.
El
misterio que rodeó desde siempre a la relación hizo que los detalles fueran
ambiguos; pero se supone que las relaciones entre la estrella y el ascendente
político comenzaron en 1955, cuando Marilyn estaba divorciada de Joe Di Maggio y
aún no se había casado con Arthur Miller. Se dice que los encuentros furtivos
continuaron durante el matrimonio con Miller y que se intensificaron en 1960,
cuando Marilyn se divorció. Jackie Kennedy, la esposa de John, siempre supo que
su marido la engañaba, pero toleró la situación con entereza.
Marilyn, ingenuamente, creía que
él se divorciaría para casarse con ella; pero la historia tendría un final
diferente. John F. Kennedy,
que sólo quería divertirse, ni siquiera pensaba en divorciarse y, como era su
costumbre, decidió compartir a su nueva amante con su hermano menor, Robert
Kennedy.
Así, Marilyn comenzó a tener
relaciones con el Fiscal General de la Nación y con el futuro Presidente de la
Nación.
MUERE UN MUJER Y NACE UNA LEYENDA:
Hay quienes dicen que los Kennedy le habían confiado secretos que ella,
despechada, estaba dispuesta a rebelar, y que ésa fue su sentencia de muerte.
Otros opinan que, abandonada por
los hermanos y en medio de una profunda crisis depresiva, decidió tomar más
pastillas de las que acostumbraba.
Lo cierto es que, la madrugada del
5 de agosto de 1962, se encontró el cuerpo sin vida de Marilyn, tendido en su
cama. Tenía treinta y seis años y aún era dueña de la escultural figura que
volvía locos a los hombres.
Se investigó poco y nada sobre su
misteriosa muerte, pues la rubia más famosa estaba implicada nada menos que con
el presidente de los Estados Unidos. Para el
funeral, el cuerpo de Marilyn fue colocado en un féretro de bronce,
forrado por dentro con terciopelo color champagne. Le pusieron un vestido verde
de Pucci y colocaron entre sus manos un delicado ramo de
rosas. Cumpliendo la promesa hecha años antes, su maquillador favorito se
presentó en la casa mortuoria con una modista y una peinadora, y trabajaron
arduamente con la idea de que su última imagen fuera la
más deslumbrante.
Joe Di Maggio, su tercer marido,
organizó su funeral y prohibió la entrada a la mayoría de los compañeros de
trabajo de Marilyn. Durante el velatorio, junto a su féretro, lloró y besó a su
ex-mujer, y la despidió para siempre con un simple “te amo”.
Joe Di Maggio siempre creyó que
los Kennedy eran responsables del trágico final de Marilyn. Tres años después de
la muerte de su ex-esposa, Robert Kennedy se acercó a estrechar la mano del
ex-beisbolista durante un partido de homenaje a los Yanquis; pero éste dio un
paso atrás y se negó a saludar al político.
Fuente Consultada: Romances Famosos de la
Década de los 50