LOS MÚSCULOS DEL CUERPO HUMANO

HUESOS, ARTICULACIONES Y MÚSCULOS

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LOS MÚSCULOS. Los músculos lisos obedecen a la voluntad, sin que apenas nos demos cuenta de sus efectos, y están destinados a los movimientos de diversas vísceras (estómago, intestino, etcétera), mientras que los estriados son los de acción voluntaria, como todos los que forman el sistema locomotor. El hombre cuenta con 501 músculos, y en un adulto de 70 Kg. su conjunto llega a pesar unos 30.

El típico músculo estriado, o sea, voluntario; está compuesto de innumerables células o fibras musculares, unidas entre sí por tejido conjuntivo. Se encuentra envuelto en una membrana lisa y bastante resistente (fascia), que sirve para que los movimientos puedan efectuarse del modo más simple y sin rozamientos ni fricciones entorpecedoras. Los músculos están fijos, por regla general, a dos huesos diferentes.

Para conseguir una buena fijación, poseen en sus partes terminales formaciones de tejido mucho más resistente, denominadas tendones. Algunos de ellos son fácilmente palpables a través de la piel, como el llamado tendón de Aquiles, que sobresale en la parte posterior del tobillo. Mucha gente los denomina "nervios", si bien nada tienen que ver con ellos. Dicha confusión constituye un ejemplo de cómo algunos errores pueden conservarse durante muchos siglos.

Aristóteles no distinguía entre nervios y tendones, y por dicha razón los profanos confunden aún hoy estas dos estructuras. Pero no sólo son antiguos los errores, sino también algunas denominaciones, por ejemplo la de este tendón que recibió el nombre de Aquiles, debido a que este personaje mitológico sólo podía ser herido en el talón. Los músculos casi nunca se contraen aisladamente, sino que lo hacen por grupos. Así, podemos distinguir múltiples conjuntos musculares: hablamos de músculos masticadores, al referirnos a los que hacen mover la mandíbula y le permiten masticar los alimentos, mientras otros se encargan de abrir y cerrar los párpados, proporcionar movilidad a los labios y la boca, arrugar la frente y fruncir el entrecejo, etc.

El músculo cuyo nombre ha alcanzado mayor popularidad es el bíceps, que se hace prominente en el brazo. Por estar fijado al húmero y hombro por una parte, y al radio del antebrazo por otra, produce, al contraerse y por tanto al acortarse, la flexión del antebrazo sobre el brazo, es decir, el movimiento de doblar el codo. Por dicha razón forma parte de los llamados músculos flexores. En cambio, el situado en la parte posterior del brazo y denominado tríceps, produce, al contraerse, un movimiento de extensión (rectificación del codo). Pertenece, pues, al conjunto de los músculos extensores.

De este modo se distribuyen por todo el cuerpo grupos de músculos antagonistas, pues sus efectos se contrarrestan. Grupos parecidos al mencionado se hallan en la muñeca, la rodilla, el tobillo, etc. Siempre que se contraigan los flexores, deben relajarse los extensores para que pueda efectuarse el movimiento, lo cual presupone una perfecta coordinación a cargo de sistema nervioso. En el músculo siempre persiste cierto grado de contracción, o sea de "tono muscular". Su finalidad es que podamos persistir en diversas posturas, ya que si nos mantenemos en pie, tanto los músculos flexores como los extensores de la rodilla deben experimentar cierta contracción; de lo contrario, el cuerpo se doblaría a causa de su peso.

POR QUÉ NOS MOVEMOS. Mientras la máquina de vapor de un barco convierte en energía sólo un 10 % de su combustible y se pierde el resto en forma de calor, los músculos son capaces de utilizar entre el 20 y el 40 % de la obtenida a partir de las sustancias nutritivas, por medio de diversas reacciones químicas.

El resto se transforma en calor, el cual tampoco es desperdiciado por completo, pues sirve para el mantenimiento de la temperatura corporal. En la contracción del músculo se gasta gran parte del azúcar que almacena en forma de un compuesto denominado glucógeno. Por dicha razón, a los atletas sometidos a grandes esfuerzos se les alimenta con grandes cantidades de azúcar. En la obtención de la energía necesaria para la contracción, se utiliza también gran proporción de oxígeno, mientras que uno de los materiales de desecho más importantes, es el ácido láctico.

Cuanto menor sea la cantidad de oxígeno de que dispone el organismo, tanto mayor es la formación de dicho ácido. Si el esfuerzo corporal es efectuado de una manera masiva y rápida, la cantidad de oxígeno aportada a los músculos es casi siempre insuficiente, acelerándose, en consecuencia, la producción de ácido láctico. La acumulación del mismo en el interior de las masas musculares es lo que se exterioriza en forma de fatiga o "agujetas".

FRACTURAS Y LUXACIONES. Cada músculo posee una terminación nerviosa que le excita y le obliga a contraerse o relajarse. Sin esta "corriente nerviosa" el músculo, por sí solo, no puede crear movimiento. El accidente más vulgar que puede sufrir un hueso es que se rompa, produciéndose una fractura. A veces se percibe un chasquido seguido de intenso dolor, tanto espontáneo como por presión, imposibilidad de mover el miembro lesionado y aparición de varias manchas de color azul en la piel. No obstante, para asegurar la existencia de una fractura es necesario recurrir a los rayos X, excepto en el caso de que los fragmentos presenten grandes desviaciones.

Para curarlas, en primer lugar hay que reducirlas, es decir, volver sus partes a la posición primitiva, y luego inmovilizarlas por medio de vendajes de yeso, a fin de impedir que puedan volver a separarse, hasta que el propio organismo se encargue de soldarlas nuevamente. Esto se logra con la formación de un nuevo tejido, el conocido con el nombre de "callo óseo".

La luxación consiste en que un extremo óseo se sale de una determinada articulación. Así, cuando la cabeza del húmero salta de la cavidad en que la escápula lo retiene y a la cual está fijado por diversos ligamentos, hablamos de luxación del hombro. Su curación se consigue reponiendo el miembro en su sitio exacto, mediante maniobras adecuadas y, si es necesario, por medios quirúrgicos.

ENFERMEDADES DE ARTICULACIONES Y MÚSCULOS. Las articulaciones están sometidas a un intenso trabajo, pues sus superficies se rozan continuamente durante los movimientos, y algunas, como la de las rodillas, soportan de un modo casi permanente un peso muy grande en proporción a su tamaño. Este trabajo prolongado llega a desgastar el cartílago que recubre sus extremos y lo mismo puede sucederles a los huesos cercanos. Entonces la articulación degenera y se presenta una enfermedad llamada artrosis, que se produce con mayor frecuencia en las grandes articulaciones de la rodilla, la cadera o la columna vertebral. Los movimientos se hacen algo dolorosos, sobre todo al principio de la jornada hasta que las junturas se "calientan". Esta enfermedad transcurre durante años.

Lo más urgente es descargar en lo posible la gravitación sobre la articulación afectada. Así, se ha de procurar el adelgazamiento de las personas muy gruesas, cuyas rodillas artrósicas no pueden mejorar si soporta tanto peso. Los masajes, la administración de yodo, azufre y otros medicamentos, proporcionan mejorías notables. Desde hace muchos años se reconoce la gran eficacia que tienen algunos baños, sobre todo los de aguas azucaradas, para el alivio de dicha enfermedad. Y en último término se recurre a la cirugía, sustituyendo, por ejemplo, una cabeza de fémur artrósica por otra de material plástico. Los meniscos de las rodillas envejecen pronto, a partir de los 30 años. Su enfermedad más corriente es la ruptura, que se observa, sobre todo, en futbolistas y mineros, cuya profesión exige grandes esfuerzos de la rodilla, mayormente en el sentido de rotación. Sus manifestaciones son un dolor variable en intensidad, inmediato al accidente en que se ha producido, y aparece un derrame sinovial en el interior de la rodilla, que se traduce en la hinchazón de la misma.

La curación de las lesiones meniscales se consigue, a veces, con el reposo y masajes adecuados, aunque en ocasiones es forzoso operar y extraer quirúrgicamente el menisco enfermo o roto. Los llamados pies planos es una dolencia que se presenta con más frecuencia en hombres que en mujeres, sobre todo en aquellos cuyas ocupaciones les obligan a estar mucho tiempo de pie. Los ligamentos que unen los diversos huesos del pie no son bastante resistentes para sostener la carga casi continua del cuerpo y ceden con facilidad. Entonces las diversas curvaturas del pie se aplanan y surge la deformidad mencionada.

Sus manifestaciones son un dolor difuso de todo el pie, especialmente de su planta, que se hace más intenso al subir las escaleras que al bajarlas. Se puede conseguir su curación o mejoría mediante reposo, ejercicios gimnásticos adecuados, utilización de plantillas e, incluso, operaciones quirúrgicas que recuperan la posición correcta del miembro. Los músculos enferman con menor frecuencia que los huesos y las articulaciones, pero a veces presentan reumatismo muscular, caracterizado por la aparición de una serie de dolores y molestias, sin que en el músculo afectado se encuentre nada anormal.

Los cambios de tiempo, el frío, el golpe de aire, etc., se consideran como causantes de dichos dolores. Si se localizan en un solo lado del cuello, los músculos afectados suelen quedar rígidos y se produce la tortícolis. Con mayor frecuencia estos dolores aparecen en los músculos que sostienen la columna vertebral, especialmente en su porción lumbar y dan lugar al denominado lumbago.

Se trata de un intenso dolor en esta región, calificado a menudo de "dolor de riñones", el cual mantiene al paciente rígido, sin poder efectuar casi ningún movimiento con el tronco, como es, por ejemplo, agacharse, y menos aún, erguirse después. El calor aplicado sobre la zona dolorosa, junto a la administración de algún medicamento antirreumático, suelen aliviar pronto el sufrimiento.

culos que sostienen la columna vertebral, especialmente en su porción lumbar y dan lugar al denominado lumbago. Se trata de un intenso dolor en esta región, calificado a menudo de »

MANOS Y PIES ENFERMOS. Los panadizos consisten en la formación de pus, circunscrita a una determinada región de un dedo; su profundidad varía bastante y sus manifestaciones son, por regla general, hinchazón, aparición de una vesícula de pus, intenso dolor que suele presentarse en forma de latidos, y a veces de fiebre. Es esencial no menospreciar la importancia de esta afección, ya que a veces profundiza con gran rapidez hasta los huesos del dedo enfermo y los inflama también. Por ello es importante que todos los panadizos se abran antes de darles tiempo a que se extiendan, sobre todo si el dolor ha llegado a ser lo suficiente intenso para impedir el sueño nocturno. Sólo de este modo se evitará la necesidad de extraer una porción ósea, o incluso cortar todo el dedo enfermo. Los antibióticos, concretamente la penicilina, si bien ayudan cuando el proceso se ha extendido, no son capaces, por sí solos, de curar un panadizo bien desarrollado. Los tejidos aprisionados entre dos superficies duras, el hueso por una parte y los zapatos por otra, reaccionan mediante un aumento de espesor y de consistencia.

El endurecimiento que al principio es muy superficial, va creciendo, si sus causas persisten, hacia el interior y, en casos extremos, puede llegar incluso a perjudicar el hueso subyacente. Con mucha frecuencia, estos callos tan profundos presentan en su porción inferior una bolsa de pus que causa bastante dolor y, lo que es peor, provocan en el interior del hueso una inflamación que puede conducir a la pérdida del mismo. Hay que evitar su formación utilizando calzado cómodo, y si a pesar de ello aparecen, es necesario extirparlos antes de que profundicen. En ocasiones la punta de una uña, casi siempre la del dedo gordo del pie, se introduce en la piel y en la carne, es decir, se "encarna".

Ello da lugar a una especie de herida que se infecta fácilmente y presenta, además, mucha resistencia a curar, llamada uñero. Para lograrlo es necesario desprender la punta de la uña que se introduce en el reborde del lecho de la misma. Si la dolencia ha progresado y la infección es profunda, hay que extirpar una porción importante de la uña y tejidos afectados.

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