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En 1927, el equipo de
reconocimiento aéreo de Perú no podía dar crédito a sus ojos. Debajo de ellos,
cubriendo el desierto hasta donde alcanzaba la vista, se extendía un enorme
zoológico bidimensional: las líneas de Nazca.

Imagen Una de la Líneas de Nazca
NINGUNO DE LOS INNUMERABLES misterios arqueológicos de Sudamérica supera los
extraordinarios dibujos del desierto de Nazca, en Peni. Las enormes dimensiones,
la belleza y el misterio de esas líneas, han fascinado tanto a arqueólogos como
a científicos y aventureros durante el medio siglo que ha pasado desde su
descubrimiento. Aunque son tan antiguas como Stonehenge, las líneas de Nazca
fueron ignoradas por el mundo hasta que Toribio Mexta Xesspe, integrante del
equipo de reconocimiento aéreo de Perú, voló sobre ellas en 1927.
Las
líneas de Nazca tuvieron que aguardar hasta la era de la aviación para ser
descubiertas, porque sólo pueden verse desde el aire. Incluso hoy, cuando las
líneas ya se conocen en todo el mundo, su visión desde el aire es imponente y
asombrosa. La meseta desierta de Nazca —unos 500 km2— está cubierta por
estilizados dibujos de pájaros y otros animales; colibríes que tienen 60 m de
una punta de ala a la otra, enormes arañas, un zorro, un tiburón ballena. Junto
a ellos, más de 100 espirales, grupos de líneas formando estrellas, triángulos
ahusados y más de 13 000 líneas totalmente rectas. Sin embargo, todo esto es
invisible desde el suelo.
La
carretera Panamericana se construyó cruzando estas líneas y nadie se dio cuenta
de que estaban allí. Al nivel del terreno, lo único que se ve, si se mira con
detenimiento, son unas depresiones poco profundas donde la superficie ha sido
rascada para poner al descubierto la tierra amarilla que hay debajo. Pero desde
el aire aparecen como un llamativo «zoológico» del desierto, pintado de
amarillo. Efectivamente, no hay ninguna duda que quien realizó estas líneas
pretendió que se vieran desde el aire: en conjunto da la impresión de que
quieren expresar alguna clase de código o mensaje. Algunas de las personas que
las han sobrevolado han visto en ellas gigantescas flechas, líneas y espacios
despejados que parecen pistas de aterrizaje.., pero, en todo caso, ¿pistas de
aterrizaje prehistóricas?
El
polémico arqueólogo Erich von Dániken (imagen) afirma que las líneas de Nazca
eran «carriles de aceleráción» de los antiguos
astronautas, pero muchas críticas han señalado, en primer lugar, que como las
naves, presumiblemente, aterrizarían y despegarían verticalmente, no
necesitarían de estas larguísimas «pistas de aterrizaje»; además, el terreno es
demasiado blando para que aterrice ningún vehículo de gran tamaño; finalmente,
como muchas flechas señalan hacia las laderas de las colinas, las naves
espaciales se habrían estrellado si hubieran seguido aquella dirección.
De
modo que, si las líneas de Nazca no se proponían guiar el aterrizaje de naves
espaciales, ¿cuál era su objetivo? Los dos investigadores que más han
contribuido a descubrir estas pistas son el difunto Paul Kosok, de la
Universidad de Long Island, y la astrónoma Maria Reiche, cuya dedicación
exclusiva a Nazca y sus misterios, durante 40 años, le ha ganado el afectuoso
título de «arqueóloga residente de Nazca».
El
profesor Kosok fue el primero que hizo un estudio sistemático de las líneas, 12
años después de su descubrimiento en 1927. Una tarde, durante los años 40, Paul
Kosok vio ponerse el sol precisamente en el lugar en que terminaba una de las
líneas. Era el 22 de junio, solsticio de invierno en el hemisferio sur. Esto
confirmó su teoría de que las líneas marcaban alineaciones astronómicas: de que
era, en palabras textuales, «el libro de astronomía más grande del mundo».
Para
Maria Reiche, (imagen) la idea de la existencia de una astronomía prehistórica
no era nueva. En la época en que era institutriz en Cuzco (la antigua capital
inca del Perú), antes de la segunda guerra mundial, había conocido la obra de su
contemporáneo, el astrónomo alemán Rolf Müller. Este había analizado la posible
alineación de la catedral de Cuzco, construida sobre el emplazamiento de un
templo secundario, y el Coricancha o templo de Sol, sobre el cual se construyó
la iglesia de Santo Domingo.
Llegó
a la conclusión de que, sin duda, los incas habían alineado los ejes de sus
edificios según el solsticio. Después de la segunda guerra mundial, Maña Reiche
volvió a Sudamérica para trabajar con Paul Kosok en Nazca. Buena parte de su
trabajo tuvo un carácter eminentemente práctico: llegó a «limpiar» las línea
arrastrando los pies calzados con botas a lo largo de ellas, o bien con grandes
piedras atadas con sogas. Cuando el profesor Kosok abandonó sus trabajos sobre
el misterio de Nazca —murió en 1959—, Maria Reiche continuó sus estudios en el
desierto. Primero vivió en el modesto y único hotel de Nazca y después, cuando
empezó a ser conocida, le proporcionaron un alojamiento en los edificios de una
granja en Ingenio, un pueblecito cercano a la zona de máxima concentración de
líneas y dibujos. Durante casi 40 años, esta alemana solitaria ha vivido cerca
del «misterio del desierto» (éste es el título de su libro sobre Nazca). Y
aunque muchas de sus ideas originales se han modificado, sigue creyendo,
básicamente, que las líneas representan un gigantesco calendario.
Los
nazcas, afirma, eran en primer lugar y por encima de todo, agricultores que
necesitaban calcular el momento adecuado para plantar y cosechar sus alimentos.
Una línea dirigida al lugar donde aparecía una estrella o un planeta brillante
podía funcionar como una marca muy clara. Algunas líneas podrían indicar en un
extremo el punto donde se levantaba una estrella y en el otro el lugar donde se
ponía otra. Fraulein Reiche ha observado que muchas de esas líneas, algunas de
las cuales miden más de 40 Km., son extraordinariamente rectas: las hay que
presentan únicamente una desviación de dos grados. Esto parece indicar que
fueron trazadas para señalar al Sol, a la Luna o a las estrellas. Los críticos
han indicado que sólo unas cuantas líneas muestran ese tipo de alineación, pero
las que lo hacen son, sin duda, importantes. Algunos investigadores creen que la
disposición que presentan puede tener otra explicación desconocida. Sin embargo,
sea cual sea su propósito, la precisión y belleza de las líneas prueba que
fueron trazadas en el contexto de una sociedad culta y con gran sentido de la
estética.
Maria
Reiche cita otros elementos que lo confirman: hermosos objetos de oro finamente
labrados, tejidos muy perfeccionados, vasijas de cerámica; todos estos objetos,
hallados en el interior de las tumbas verticales que salpican el desierto de
Nazca, revelan una cultura artísticamente sofisticada. Pero Nazca no es un lugar
único, ni siquiera en América del Sur. Hay otros lugares que presentan un claro
parecido con Nazca. Se han hallado líneas, claros y figuras hasta a 950 km de
distancia. Y más
lejos
aún, en las zonas más remotas del continente, se dice que hay enormes líneas
grabadas en la superficie del desierto... Estos lugares donde se trazaban
líneas, ¿estarán conectados entre sí de alguna forma? Quizá, como creen algunos
investigadores, estén unidos por una especie de canales invisibles de fuerza
electromagnética que recorren la Tierra, sobre los que los hombres de la
antigüedad construyeron las pirámides, Stonehenge y otros monumentos «mágicos».
Pero se pueden encontrar otros vínculos más concretos. Cuando en 1976 se pidió a
Maria Reiche que clasificara las líneas de Nazca por orden de importancia,
colocó las líneas rectas a la cabeza de la lista. Aunque la mayoría de la gente
queda más impresionada por las representaciones de animales, ella insiste en que
la rectitud misma de las líneas —que atraviesan sin desviarse terrenos
difíciles, a veces vegetación espesa, colinas y barrancos secos de cientos de
metros de ancho— resulta, en sí misma, fascinante.
Pero
si sólo algunas señalan puntos de referencia astronómicos, ¿por qué fueron
trazadas con tanto cuidado? Una y otra vez, el porqué de las líneas de Nazca
parece estar al alcance de la mano y vuelve a alejarse. Pero quizás el cómo no
sea tan misterioso gracias a Maria Reiche.
Cuando llegó por primera vez a Nazca,
en 1946, le contaron que aún se recordaba un tiempo en que había postes de
madera que se levantaban a intervalos regulares a lo largo de las líneas. Esto
sugería un sistema de construcción adecuado a los medios limitados de que se
disponía en aquella zona.
Fraulein Reiche llegó a la conclusión de que quienes
dibujaron en Nazca trabajaban con pequeños modelos a escala, trasladando los
dibujos a la superficie del desierto, sección por sección, marcando cada una de
las mismas con un poste. María Reiche afirma que ha localizado las secciones
originales de las líneas y que las ha marcado con pequeñas estacas de madera. Y
atribuye la exactitud de la escala al empleo de alguna unidad de medida basada
quizá, como el codo bíblico, en las proporciones del cuerpo humano.
En 1976, María Reiche visitó Gran Bretaña, para intentar averiguar en los enclaves
arqueológicos los métodos empleados por los constructores prehistóricos y los
sistemas de medición que usaban La unidad empleada en Stonehenge, por ejemplo,
bien podría ser la yarda megalítica, descubierta por el doctor A. Thom.
Tiene una longitud de 83 cm., y parece haber sido la unidad básica de medida en
muchos sitios prehistóricos de Gran Bretaña y Francia.
Si,
como cree María Reiche, la yarda megalítica fue usada por los constructores de
las líneas de Nazca, ¿cómo puede haber sido tan conocida en tiempos tan
«primitivos»? ¿Y por qué las comunidades prehistóricas decidieron construir
monolitos tan duraderos a un lado del Atlántico, y al otro esos gigantescos
dibujos que sólo se ven desde el aire?
¿Cómo se trazaron las líneas y las figuras?
El gran tamaño de las figuras, sus perfectas proporciones y la increíble
rectitud de las líneas han dado lugar a múltiples especulaciones acerca del modo
en que los nazca lograron tal precisión. Es bastante sencillo trazar líneas
rectas con ayuda de tres postes de madera alineados a ojo: el primero es la
referencia inicial, el segundo se coloca a unos 100 metros y se mueve a un lado
y a otro hasta que queda alineado con un tercer poste más alejado. El misterio
reside en cómo se logró mantener tal precisión a lo largo de grandes distancias;
algunas líneas se desvían menos de dos metros por kilómetro.
Una
fascinante, aunque muy atrevida, especulación es que los nazca eran capaces de
remontarse por el aire en alguna especie de globo. Si los supervisores nazca
pudieron hacerlo así, les habría sido fácil comprobar que los operarios del
suelo mantenían las líneas rectas sin desviarse. El gran tamaño de las figuras
incita a pensar que, con el propósito de apreciar los diseños, era necesario
verlos desde el aire, al menos en algunas ocasiones.
La
creencia de que los nazca eran aptos para el vuelo se basa en dos tipos de
evidencias. La primera resulta de las decoraciones pintadas en las piezas de
cerámica halladas en la zona, que muestran imágenes semejantes a globos y
cometas. La segunda es el hallazgo de «pozos crematorios» circulares, que
contienen rocas ennegrecidas y que podrían haber constituido lugares sumamente
aptos para el lanzamiento de globos de aire caliente.
Con
el fin de comprobar la teoría de que los nazca pudieron haber practicado el
vuelo, Bill Spohrer, un estadounidense residente en Perú, construyó un
globo utilizando únicamente materiales y tecnología que, a su entender, eran
asequibles para aquel pueblo. Por cierto, en las tumbas nazca se han encontrado
telas que poseen una textura más fina que la empleada en la confección de los
paracaídas modernos, a la vez que son más impermeables que las que se suelen
utilizar en la construcción de globos de aire caliente.
En
noviembre de 1975 se hizo despegar el globo Cóndor I encendiéndose fuego debajo
del mismo en uno de aquellos pozos. El globo voló llevando en su barquilla roja
a dos experimentados aeronautas. Jim Woodman y Julián Knott,
que cayeron imprevisiblemente pero sin riesgos físicos en el momento en el que
una ráfaga de viento acercó demasiado el globo al suelo. El Cóndor I realizó un
vuelo de 5 Km., alcanzando una altura de 350 m. Por lo tanto, parece factible
que los ingenieros y supervisores nazca estudiaran desde el aire el trazado de
las líneas y las figuras. Tales demostraciones constituyen en la actualidad un
enigma.
Hay quien opina que pueden ser
caminos rituales
No obstante, ésta no es la última palabra. Los arqueólogos del siglo XXI siguen
trabajando intensamente en una zona castigada por los elementos.
El italiano Guiseppe Orefici
insiste en la posibilidad de que las líneas sean caminos rituales que recorrían
los habitantes de la zona para celebrar las fiestas. El alemán Markus Reindel
cree que sólo analizando la vida cotidiana de los habitantes de la zona podremos
saber la verdad, y por eso excava los alrededores en busca de restos, como
cerámica, collares, huesos, momias... Reindel cree que la civilización nazca
vivía en grandes ciudades con hermosos edificios, y que enterraban a sus muertos
siguiendo complejos rituales.
El agua era uno de los bienes más
preciados para esta cultura del desierto, y trabajaron mucho para lograr un
reparto justo de la misma. Reindel opina que lo consiguieron, y que curiosamente
fue el agua, en forma de lluvias torrenciales provocadas por un fenómeno
climatológico -El Niño- quien terminó con su civilización.
"Disfrute del vuelo y no busque
demasiadas explicaciones a esta maravilla", dice el piloto poco antes de iniciar
el descenso, "porque jamás sabremos la verdad: Nazca es un milagro".
Fuente Consultada: Lo Inexplicado
- Espasa Calpe - Wikipedia - Historia del Mundo
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