LA OBESIDAD, causas y consecuencias

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HAMBRE INSACIABLE: Todos hemos tenido problemas de peso alguna vez. Pero ciertas personas sufren trastornos alimenticios, que a menudo tienen causas psíquicas y que sólo encuentran solución en el tratamiento médico. Cuando la difunta princesa Diana de Gales explicó en una entrevista de televisión que había sufrido de bulimia durante muchos años, es decir, de ansiedad por la comida y por vomitarla, la opinión pública se estremeció.

En nuestros días, los trastornos alimenticios ya no son ninguna rareza. Las mujeres en edades comprendidas entre los 15 y los 35 años resultan especialmente afectadas, y también aumenta de forma considerable el número de hombres que enferman por ello.

La cifra es elevada, pues las personas con ansiedad por comer y vomitar suelen llevar una doble vida. Comprenden que han de ocultarle a la sociedad su enfermizo comportamiento alimenticio mediante subterfugios, para no perjudicar su vida profesional y sus relaciones con familiares y amigos. Por miedo a aumentar su peso corporal se someten a una gran presión.

Durante los ataques de bulimia devoran de forma incontrolada y en poco tiempo grandes cantidades de comida, y después se esfuerzan por vomitarla. A esto le siguen unas medidas radicales de control de peso, como dietas, curas de abstinencia, exceso de actividad corporal y mal uso de los laxantes. De esta forma se introduce continuamente un estado de carencia corporal que desencadena de nuevo ataques de bulimia.

NI UN KILO DE MAS: En la sociedad occidental, la delgadez simboliza la juventud, el dinamismo, la buena forma física y la capacidad, y se exhibe especialmente como sinónimo de atractivo físico. Para incluirse en este ideal, muchas personas —en especial mujeres jóvenes— se vuelven anoréxicas. Llama la atención el hecho de que muchas personas anoréxicas procedan de familias en las que el sentido del deber, de la responsabilidad y de la adaptación se sitúan en un primer plano; los padres sólo proporcionan amor y afecto cuando sus hijos cumplen las más altas expectativas.

Algunos descubren en la adolescencia que con el rechazo de la comida se les presenta por primera vez la oportunidad de escapar al estricto régimen previsor de sus familias. Negarse a comer supone una protesta y una afirmación de personalidad. Pero caen en un círculo vicioso, ya que entonces aumentan las exigencias y se mortifican más a sí mismos. Los kilos se transforman en una idea fija, todo gira entorno a la comida, y pasar hambre se convierte en el sentido de su vida.

LUCHA CONTRA EL PROPIO CUERPO: La bulimia significa “hambre insaciable”, porque tiene mucho en común con el cuadro clínico de la anorexia. En ambos casos existe une obsesión por la comida y el peso, y los enfermos asumen una imagen distorsionada de su propio cuerpo, es decir, de forma irreal consideran que determinadas partes de su cuerpo son demasiado gruesas.

Mientras que en la anorexia se pueden apreciar las transformaciones corporales tras un periodo de tiempo, las personas con ansiedad de comer y vomitar conservan una figura normal. Las etapas desde la anorexia, que m términos médicos se denomina anorexia nerviosa, hasta la bulimia, o bulimia nerviosa, son rápidas, pues muchos anoréxicos capitulan en su lucha contra la sensación de hambre y se ven dominados por ataques de bulimia. Se estima que el  60 % de los anoréxicos se convierten en bulímicos.

Sin embargo, la mayor parte de los bulímicos se enfrentan a un curso distinto de la enfermedad, que en la mayoría de los casos comienza con múltiples dietas estrictas. Los afectados por la anorexia o la bulimia consideran muy difícil manifestar su enfermedad en público. Pero apenas hay esperar de curación sin ayuda médica por parte de terapeutas o grupos de autoayuda. El tratamiento psicoterapéutico trata de combatir los miedos al aumento de peso, los trastornos en la apreciación del cuerpo y el difícil comportamiento alimenticio. Sin embargo muchos pacientes se vuelven reincidente, otros sufren depresiones y mantienen dadas irreversibles, como alteraciones del metabolismo a consecuencia de años de alteración escasa o errónea. En cerca del 25% de los casos de anorexia, la enfermedad convierte en crónica, y el 10% de los anoréxicos mueren precisamente por culpa de la enfermedad.

MANZANA O PERA: Una relación alterada respecto a los sentimientos de hambre y apetito es también la causa más frecuente del extremo opuesto de la anorexia: la obesidad. Es frecuente que los afectados muestren un acusado exceso de peso, de forma que su silueta corporal se asemeja a una manzana o a una pera, según la grasa se acumule especialmente en el estómago o en las caderas. Se tabla de obesidad o adiposis cuando se supera en un 20% o más el peso corporal normal.

En los países industriales, uno de cada cinco hombres y una de cada tres mujeres son obesos, aunque, a diferencia de las personas anoréxicas y bulímicas, pertenecen a las capas de la población de mayor edad. La obesidad suele basarse en un comportamiento alimenticio alterado. Nuestro estilo de vida tan estresante induce  a comer aceleradamente y de forma insana. Se adquiere energía, pero el hambre y el apetito siguen sin aplacarse correctamente.

NECESIDAD DE COMER: Algunas personas tesas tienen tan alterada la relación entre las sensaciones de hambre y apetito, que toda su vida queda condicionada por ella. Sufren trastornos alimenticios frecuentes y timen de forma excesiva e incontrolada. Tal obesidad puede deberse a experiencias traumáticas y se refleja visiblemente en la gordura. A veces hay una alteración psíquica, por ejemplo de la libido, que es tan difícil de eliminar como en la anorexia o la bulimia. La situación del afectado es de desesperanza.

Por una parte, traslada todo el placer a la comida y, por otra, por este motivo, la persona se vuelve tan poco atractiva para el sexo opuesto que cada vez le resulta más difícil volver a entablar relaciones normales. Al igual que en la anorexia, aquí también subyace un sentimiento negativo hacia el propio cuerpo. Las consecuencias a largo plazo son perjudiciales, porque la salud de las personas obesas queda tan mermada que su esperanza de vida tiene un promedio de 10 años menos que las que gozan de un peso corporal normal.

FUERA LA GRASA Para curar la obesidad es indispensable un análisis y transformación de los hábitos alimenticios con ayuda del médico. En primer lugar es preciso rectificar el comportamiento hacia la comida. Una solución engloba la participación en terapias de grupo y de comportamiento, ya que la comida muchas veces tiene una función de tratamiento de sustitución. Los obesos han de volver a aprender a disfrutar de la comida y a satisfacer no el hambre sino el apetito.

El plan de dieta establecido por el médico se tiene que cumplir de forma consecuente. Además, se requiere mucho ejercicio para mejorar el estado de salud y recobrar un sentimiento positivo hacia el cuerpo. En casos aislados, si varios o todos los miembros de la familia son obesos, hay que considerar como posible causa de la adiposidad una propensión hereditaria a un metabolismo lento. En estas personas, la grasa se quema en el cuerpo a menor velocidad de lo normal. Otros motivos que condicionan la enfermedad pueden ser una hipofunción de la glándula tiroides, o determinados trastornos hormonales que repercuten de forma directa en la regulación del apetito.

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