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LOS OCÉANOS
GEOGRAFÍA MUNDIAL: LOS OCÉANOS

EL OCÉANO ATLÁNTICO

 

 


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Océanos: características generales

En nuestro planeta, la mayor parte del agua existente en él, se encuentra contenida en los denominados océanos, es decir, en las grandes subdivisiones de masa de agua que separan unos continentes de otros. Estos representan el 64% de la superficie terrestre, ocupando una extensión aproximada de 361 millones de Km².

Es decir, que la masa oceánica es muy superior a la masa continental, por lo que cabría preguntarnos, ¿son relevantes son los océanos parar nuestro planeta? Rotundamente la respuesta es sí y sin lugar a dudas. Esto no sólo tomando en cuenta las cuestiones que atañen a sus dimensiones, sino también el papel que desempeñan como  fuente de alimento, regulador del clima y del ciclo del agua, y además como elementos notables en el mecanismo de la tectónica de placas.

Desde la antigüedad, el hombre descubrió que estas masas de agua podían llegar a ser fuente de alimentos. Esta práctica se continúo con el correr de los años hasta nuestros días, a tal punto que se extraen anualmente 10 millones de toneladas aproximadamente de pescado. Sin embargo, otros productos también son obtenidos de aquí; como ser aceites, pieles, algas y esponjas, entre otros.

Los océanos intervienen en el clima de una manera considerable. Esto se debe a que de ellos proviene la mayor parte del agua que se trasmite a la atmósfera por evaporación y de la que proceden las lluvias, elemento vital para el funcionamiento del planeta. Sumado a ello, las grandes masas de agua actúan como reguladores térmicos, logrando que en las regiones costeras las temperaturas no sean tan extremas como en el interior  de los continentes.

Sin embargo, la presencia de corrientes marinas

 Frías o cálidas intervienen en la aparición de zonas desérticas, la suavización del clima en regiones particulares, y en la creación de zonas favorables para la vida de animales marinos.

También, no debemos dejar de lado que los océanos participan en el mecanismo de tectónica de placas. Esto se debe a que en el centro de estas masas oceánicas encontramos cordilleras submarinas, con crestas dislocadas por grandes fracturas por la que sale a la superficie material procedente de la astenósfera, que contribuye a la renovación de los fondos oceánicos y por ende, al movimientos de placas de la corteza terrestre.

Nuestros océanos

La distribución de las masas oceánicas se encuentra en tres grandes unidades, con la particularidad de poseer una extensión muy desigual una con otra. El más grande de ellos se encuentra entre América, Asia y Oceanía; nos estamos refiriendo al océano Pacífico, cuya superficie es de 165.200.000 kilómetros cuadrados. Este además, abarca casi la mitad de la extensión de las aguas marinas. En segundo lugar, pero a mucha distancia de este, nos encontramos con el océano Atlántico (82.400.000 KM cuadrados), el cual separa el continente americano de Europa y África. En tercer lugar, se sitúa el océano Índico (73.400.000 KM cuadrados) que se extiende entre África, Asia y Oceanía. Sin embargo, nos encontramos con dos océanos de menor tamaño localizados en torno a los polos: estos son el océano Glacial Ártico (con 14.100.000 Km. cuadrados) y el océano Glacial Antártico.

Además de los océanos, existen otras subdivisiones de la masa oceánica de tamaño menor que se denominan: mares. Por lo general, estas pequeñas unidades están situadas junto a las costas de los continentes, pero pueden aparecer también en su interior, o bien en el espacio comprendido entre uno o varios continentes. Los primeros se suelen llamar mares exteriores, los segundos mares interiores y los últimos mares intracontinentales o intercontinentales.

Su salinidad

Un verdadero complejo químico, es el que constituye el agua de mar ya que en el se representan todas las sustancias minerales conocidas, tan necesarias para el mantenimiento de los fenómenos vitales. Esta variedad se hace palpable en su riqueza en oxígeno y en iones, y también en su contenido en cloro y sodio, que al combinarse, forman el clorurote sodio (sal común). Esto último, es la causante de que el agua de mar sea salada.

Entonces, podríamos decir que las sales disueltas en agua de mar es lo que se conoce como “salinidad”, la cual se expresa en partes por mil de masa. Por lo que 35 gramos de sales por kilo de agua, es el promedio de salinidad presente en las aguas marinas.

Sin embargo, la salinidad de un lado a otro no es uniforme, sino que varía de manera extraordinaria. Esto se debe fundamentalmente a diversos factores, el primero de ellos es la evaporación, por que es la causante de que las masas marinas y oceánicas pierdan agua, volviéndose en consecuencia más saladas. Otro factor relevante son las lluvias, ya que aportan grandes cantidades de agua dulce, lo que disminuye la salinidad en el mar.

De acuerdo a estos factores, se puede establecer que la salinidad es menor en los polos, ya que ahí existe menos evaporación, situación contraria a lo que pasa en las regiones tropicales. Y además será mayor esta salinidad en los mares que no reciben la desembocadura de ríos importantes, ya que estos reciben gran cantidad de aportes fluviales.

Temperatura y densidad

Dos valores que están en íntima relación son la temperatura y densidad, las cuales en los océanos son muy variables al igual que la salinidad.

Los océanos presentan grandes diferencias de temperaturas entre las aguas superficiales y las aguas profundas. Las primeras se encuentran afectadas por el calentamiento procedente de los rayos solares, evidenciando unos cambios térmicos similares a los continentes. Es decir, que en los océanos las temperaturas decrecen desde el Ecuador, donde se desarrolla un máximo calentamiento, hasta los polos. Por ejemplo se pasa de unos 29 °C. en los mares tropicales a – 1,9° C. en los mares polares, donde sus aguas permanecen heladas durante la mayor parte del año. Pero además, a mayor profundidad (más de 1.500 metros) la temperatura permanece estable entre los 4° C. y 1° C. ya que los rayos solares tienen la imposibilidad de llegar ahí.

Las variaciones térmicas tanto diurnas como estacionales de las aguas superficiales, son más moderadas que las del aire y de la superficie terrestre.

En cuanto a la densidad, este segundo valor es muy cambiante, el mismo es de 1,027 g/cm. cúbicos, esta varía en función de la temperatura y la salinidad, por lo que cuanto más frías y más saldas sean las aguas, mayor será su densidad. Es decir, que la densidad aumenta desde el ecuador, hacia los polos.

Ondulaciones de la superficie oceánica

La manifestación en el exterior en forma de crestas caracterizadas por su altura y por su longitud, de las oscilaciones rítmicas que afectan a la superficie oceánica, reciben el nombre de olas. Principalmente se originan por la acción del viento, pero además pueden deberse a la presión atmosférica en la costa o en sus alrededores.

De igual manera vamos a ser la distinción entre las olas de vientos, formadas en regiones oceánicas donde sopla el viento, y el oleaje, constituido por las olas que van consumiendo la energía generada por el viento. Por tanto, el oleaje aparece cuando el viento cesa o cuando la ola abandona su área de generación y se traslada a otras regiones.

Estas manifestaciones no superan más de 30 o 40 centímetros de altura, salvo en tormentas donde puede llegar a causar inundaciones y destrozos. La importancia de las olas radica en la navegación desde tiempos muy remotos. Esto se debe a que las partículas de agua que la forman no avanzan ni retroceden, sino que describen un movimiento circular o elíptico, con un diámetro que va disminuyendo conforme aumenta la profundidad.

Corrientes marinas

Las corrientes marinas son otros de los movimientos que experimentan las aguas de los océanos. Estas son grandes corrientes superficiales, que se desplazan a modo de grandes ríos, poniendo en movimiento grandes masas de agua a velocidades moderadas.

Estas dependen en gran medida de los vientos, y particularmente de los vientos constantes que soplan en latitudes tropicales, llamados alisios; y en las templadas, vientos del oeste. Pero además estas corrientes pueden explicarse según las variaciones de la presión atmosférica y por otros factores internos, como las diferencias de densidad entre las masas de agua.

Las mismas pueden dividirse en corrientes cálidas o frías, dependiendo por supuesto de la región planetaria en la que se origina.

Su importancia esta dada por el papel que desarrollan en los climas de algu8nas regiones de la tierra. Por ejemplo, algunas corrientes frías convierten en desiertos a las zonas litorales, ya que el aire húmedo y fresco que trasportan se recalienta y seca en contacto con las levadas temperaturas en el continente.

Así, es como tenemos dos corrientes cálidas en latitudes ecuatoriales, ellas son la norecuatorial y la surecuatorial, que se desplazan desde las costas occidentales de África a las orientales de América, y de las costas occidentales de América a las orientales de Asia. Estas al encontrarse con los continentes se desplazan llevando las aguas cálidas hasta regiones alejadas del Ecuador.

Dentro de las mismas latitudes tenemos unas corrientes de agua fría, como ser la de Benguela y del Perú (ambas en el Hemisferio sur) y sus réplicas en el hemisferio norte, llamadas Corrientes de California, y de las Canarias.

En cambio, en latitudes templadas ocurre lo contrario, porque las corrientes cálidas afectan a las costas noroccidentales de África y las suroccidentales de América del norte. Por ejemplo, en América del Norte y Europa tenemos las corrientes cálidas de Kuro Sivo y del Golfo, mientras que las frías son la del Labrador y de Oya Sivo.

Las Mareas

Las mareas, al igual que el oleaje constituyen un movimiento ondulatorio que afecta a la superficie terrestre. Su efecto es visible sobre las costas, donde se visualiza un ascenso y descenso de las aguas. Este nivel mínimo se denomina Bajamar o marea baja, hasta el nivel máximo llamado pleamar o marea alta.

Estas se producen por la acción perturbadora que ejercen sobre la gravedad terrestre el sol y la luna, ambos movimientos de origen astronómicos. La atracción que la luna y el sol ejercen sobre la tierra queda contrarestada en gran medida por la fuerza de la gravedad, que se dirige hacia el interior de la esfera terrestre.  Pero en ocasiones se produce un sobrante de la fuerza de atracción lunar, que es la que ocasiona las mareas.

Fuente: Atlas Mundial Clarín. Tomo 15. Oceanía y la Antártica. http://www.astromia.com/tierraluna/mares.htm


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