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La oligarquía
se hace federal: En tanto Rivadavia representaba los
intereses locales de la provincias de Bs.As., la oligarquía porteña
fue unitaria. Cuando con el
Congreso Constituyente de 1826 Rivadavia decide la organización
nacional, la división de la provincia de Buenos Aires y la
capitalización de la ciudad de Buenos Aires, la oligarquía
bonaerense se hace furiosamente antirrivadaviana. ¡No era para
menos!.
La nacionalización de Buenos Aires
implicaba la nacionalización del puerto y de los derechos aduaneros,
privilegios hasta entonces de la oligarquía porteña.
"En realidad
—explica Mirón Burgin—, la
federalización de la ciudad de Buenos
Aires era para la provincia la pérdida, primero, de una parte
considerable de su territorio (comercialmente la más importante);
segundo, de un cincuenta por ciento de la población y una proporción
mayor de sus riquezas, y tercero, de casi todos sus ingresos". Como
comenta Enrique Barba: "A Anchorena más que
interesarle el problema de la Capital, le preocupaba el problema
del Capital".
La oligarquía porteña comprendió que
la política nacional de Rivadavia la despojaba de sus privilegios
locales, ya que no podía disponer a su arbitrio de la tierra pública
ni vender libremente sus productos a los ingleses ni mantener el
monopolio de la Aduana. La ruptura con Rivadavia era inevitable. A
partir de entonces adheriría al partido federal, capitaneado por
Dorrego.
Sin embargo, los antecedentes
políticos de la oligarquía estaban en una línea opuesta a la de
Dorrego: venían del saavedrismo, pasaron luego al régimen
directorial y, por último, al unitarismo. Dorrego, en cambio,
procedía del morenismo, había sido antidirectorial, y admitía como
antecedente directo a Artigas, en quien la burguesía porteña había
centrado todos sus odios. Esa especie de Robín Hood de las
pampas había tenido la osadía de promulgar una reforma agraria en la
que se repartía la tierra entre los gauchos.
La inusitada adhesión de la oligarquía
porteña, rabiosamente antiartiguista, al federalismo, fue observada
por López: "Algunos de sus nombres servirían para que se juzgue de
los elementos de acción que en su nueva forma había recibido el
partido federal; partido que por su denominación al menos se ligaba
a la insurrección litoral de los artiguistas, a quienes éstos habían
combatido a muerte, rechazándolos antes como bárbaros, y adoptando
ahora sus principios como necesarios y útiles a la provincia de
Buenos Aires: García Zuñiga, Arana, Aguirre, Cavia, Rojas, Anchorena,
Masa, Rosas, Ezcurra, Arguibel, Moreno, Balcarce, Escalada, Medrano,
Obligado, Perdriel, Wright, Del Pino, Echevarría, Terrero, Vidal
(Celestino), Izquierdo y .otros, en cuyo cómputo están todavía
entroncados gran número de familias afincadas y notables de nuestro
tiempo".
Pronto el grupo oligárquico
desplazaría del partido federal al sector democrático apoyado en las
masas populares urbanas. El federalismo democrático de Dorrego sería
reemplazado por el federalismo oligárquico de Rosas, Anchorena y su
pandilla.
El rosismo,
expresión de la oligarquía:
La línea "populista" del rosismo intenta mostrar a Rosas como
expresión de las masas populares. José María Rosa llega a hablar del
"socialismo de Rosas". Los historiadores clásicos de la burguesía,
en cambio, no se engañan al respecto, y nos muestran a Rosas como un
típico representante de la oligarquía terrateniente bonaerense. El
propio sobrino de Rosas, Lucio V., Mansilla, dirá:
"En sus primeros tiempos, ser rico significaba para él todo; es un
fin supremo. Todavía no ve que es un medio también. No hay
antecedente que demuestre que el estanciero podrá llegar a tener
gran ambición política. Despertóse esta después. En tal sentido,
Rosas no se hizo; lo hicieron los sucesos, lo hicieron otros,
algunos ricachones egoístas, burgueses con ínfulas señoriales,
especie de aristocracia territorial que no era por cierto la gentry
inglesa. Era hombre de orden, moderado, de buenas costumbres, con
prestigio en el gauchaje; tras de él, estarían ellos gobernando".
Basta ver los nombres que componían la
Legislatura que eligió a Rosas otorgándole las facultades
extraordinarias, para tener una idea cabal del contenido de clase
del gobierno rosista. Entre los legisladores estaban Nicolás y Tomás
Anchorena, Aguirre, Obligado, Irigoyen, García Zuñiga, Escalada,
Peña, Seguróla, Posadas.
Entre las familias que adornaban sus
casas en la celebración de las fiestas federales se contaban las de
Anchorena, García Zuñiga, Irigoyen, Escalada, Peralta, Elía,
Azcuénaga, etc. La Sociedad Popular Restauradora estaba compuesta
también por miembros prestigiosos de la oligarquía: Miguel de Riglos,
Miguel de Iraola, Saturnino Unzué, Francisco Obarrio, Francisco
Salas, Miguel Peralta, etc.
Pero será el propio Rosas quien en una
reveladora carta del destierro nos diga que toda su acción política
estuvo al servicio de los intereses económicos de los Anchorena:
"Entré
y seguí por ellos, y por servirlos en la vida pública. Durante
ella los serví, con notoria preferencia, en todo cuanto me pidieron
y en todo cuanto me necesitaron. Estas tierras que tienen en tan
grande escala, por mí se hicieron de ellas, comprándolas a precios
muy moderados. Hoy valen muchos millones, las que entonces compraron
por pocos miles. Podría agregar mucho más, si el asunto no me fuera
tan desagradable y el tiempo tan corto".
Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli - La Historia Popular Tomo 15 - Vidas
y Milagros de Nuestro Pueblo |