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La Batalla de
Caseros
El progreso de la ganadería encontraba un obstáculo en el
estancamiento técnico en que la mantenía el saladero rosista. Se
hacía necesario realizar un cambio en los modos de producción
—introducción de razas finas, alambrado, selección zootécnica—, con
las miras puestas en el 'mercado europeo.
Estas reformas se imponían
primeramente en el mercado lanar, contraponiendo los intereses de
estos ganaderos más progresistas, por necesidad de su propia
producción, a la oligarquía vacuna, quien, ligada a la industria del
tasajo, seguía empeñada en mantener la estructura atrasada que había
determinado el tasajo.
Pero la industria del tasajo perdía fuerza a
medida que la esclavitud desaparecía de América, en tanto que la
demanda de lana iba en creciente aumento como consecuencia de la
expansión de la industria textil en Inglaterra.
Del mismo modo que el tasajo había
desplazando al cuero, ahora la lana desplazaba al tasajo. La
industrialización ganadera introducía en el seno del régimen
monolítico rosista un elemento de contradicción que le impedía
fijarse. Esta modificación de los modos de producción no podía dejar
del tener repercusiones políticas y social les.
Caseros sería el resultado de la
coincidencia de intereses entre el ala progresista de la ganadería
bonaerense y los ganaderos del litoral. La oligarquía bonaerense
estaba dispuesta a entrar en la nueva onda europea, pero Rosas no
estaba preparado mentalmente "para seguir la nueva corriente. El
hombre que había sido la expresión de un determinado momento
económico del país, no podía adaptarse a la nueva situación] cuando
la situación expresada por él era superada por los hechos.
Por otra parte, la dictadura empezaba
a resultar un gasto superfluo, había sido necesaria para afianzar a
la oligarquía en el poder, pero ahora podía solo en la vitalidad
inherente a la pujante fuerza económica de la ganadería. La refinada
oligarquía porteña empezó a ver con desagrado los métodos brutales
de Rosas porque la violencia, aunque se producía en el propio
interés de la oligarquía, no podía dejar de mancharle la ropa y
arrojarla a veces a situaciones ridículas y humillantes que
terminaron por irritarla.
Ya Anchorena exclamaba: "Ha entrado en
un camino (Rosas) en el que yo no debo seguirlo ni puedo
contrariarlo". Rosas había creado una situación en la que sus amigos
podían seguir gobernando sin necesidad de él. El rosismo había
agotado su función histórica. Perdido el apoyo de la oligarquía que
lo había levantado, ni siquiera intentó defenderse, y dejó el poder
en las mismas manos de quienes lo había recibido. No es difícil
imaginar cuál sería la actitud de los más notorios rosistas,
pertenecientes a la oligarquía bonaerense, con respecto al vencedor
de Caseros.
Al día siguiente, Nicolás Anchorena,
Perrero, Vélez Sársfield y otros miembros representativos de la
"clase decente" de Buenos Aires acudieron a Palermo a abrazar a
Urquiza. Alberdi cuenta: "Le oí decir a
Rosas que Anchorena, al acercarse Urquiza a Buenos Aires, le dijo
que si triunfaba Urquiza «no le quedaba más remedio que agarrarse a
los faldones de Urquiza y correr su suerte aunque fuese al infierno»
y que en seguida lo abandonó".
Es característico de la oligarquía
argentina no ser fiel a sus amistades políticas, sino tan solo a sus
intereses económicos más inmediatos. Rosas había servido de chivo
expiatorio, y cargó con la culpa de toda la tribu. Cuanto más
comprometida estaba con el rosismo, más visiblemente antirrosista
sería la oligarquía después de Caseros.
Para que los Anchorena, los Torres,
los Terrero, pudieran seguir en el poder era preciso que Rosas no
volviera nunca: "el tirano emigró sin la tiranía", como diría
Alberdi.
Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli - La Historia Popular Tomo 15 - Vidas
y Milagros de Nuestro Pueblo |