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LOS MISTERIOSOS OLMECAS: Parece ser que la
primera civilización importante de Mesoamérica fue la de los olmecas, que ya en
el año 1000 antes de Cristo habitaban en las selvas de la costa del golfo de
México, en las cálidas tierras de Veracruz y Tabasco. El nombre de los olmecas
deriva de la palabra oh (caucho).
Al
parecer, el poderoso olmeca tuvo su cuna en el sudoeste de México, de donde se
extendió hacia el Este y. el Sur hasta alcanzar. su máximo esplendor en las
regiones próximas al golfo de México.
La
mitología olmeca hizo del jaguar el símbolo supremo de los espíritus de la
naturaleza, dotados de ominosos poderes. Existen numerosos ejemplares de tallas
olmecas que representan la figura del jaguar humanizado y en algunas ocasiones
alcanzan un alto grado de estilización.
Los
olmecas fueron maestros insuperables en la talla de la piedra, ya se tratara de
una pieza de jade del tamaño de una uña o de una enorme cabeza de basalto de más
de dos metros de altura. Por resistente que fuera el material, sus artistas
hallaban medios de modelarlo, comunicándole expresivos matices. Valiéndose de
brocas tubulares y macizas, los lapidarios horadaban las sutiles láminas y
cuentas de jade, perforando agujeros de varios centímetros de longitud, a menudo
tan angostos, que hacían casi imposible la tarea de ensartarlas.
El
jade, representado por una diosa, simbolizaba el cielo y el agua, y sólo a
nobles y personas de alto rango se les permitía usarlo en el adorno personal.
Como símbolo de vida eterna introducían una pieza de jade en la boca de sus
muertos. El material preferido en la talla de figurillas era la jade, piedra
translúcida de tonalidades azules, grises y verdes, que los lapidarios cortaban
y redondeaban con piedras pulidoras y abrasivos
pulverizados,
antes de proceder a su modelado, en el que empleaban sierras de piedra (con una
de estas herramientas esculpían finas estrías que sugerían los cabellos).
Para
señalar los detalles de las vestiduras, ornamentos y tatuajes, se valían de
herramientas de cuarzo o jade y, por último, pulían la estatuilla con un
instrumento de gran dureza.
Algunas de las esculturas más imponentes de la cultura olmeca fueron creadas en
la exuberante selva que cubre el istmo de Tehuantepec; son colosales cabezas de
basalto, que debieron transportarse por agua, puesto que la cantera más cercana
se hallaba a más de 100 Km. de distancia, hasta el lugar de su emplazamiento,
donde recibía probablemente los últimos retoques.
Una
de las imágenes más repetidas es la del varón rechoncho, corto de extremidades,
de manos y pies pequeños, cabeza piriforme artificialmente deformada y
completamente afeitada, ojos mongoloides, y boca grande, con las comisuras que
se curvan hacia abajo y el labio superior prominente.
Las
enormes cabezas de piedra de la cultura olmeca, de dos a tres metros de altura,
un peso de 15 toneladas, nariz chata, labios gruesos, halladas en La Venta y
Tres Zapotes, constituyen sorprendentes vestigios de esta misteriosa cultura
americana que desapareció hacia el 600 de nuestra era.
Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia
Argentina Fascículo I
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